El momento Basket Lover de la jornada: Triggvi Hlinason

El momento Basket Lover de la jornada: Triggvi Hlinason

Antonio Rodríguez

              Tan solo se llevaban transcurridos 10 minutos en el Príncipe Felipe zaragozano. Y el marcador era concluyente: 27-15 y una dinámica ya marcaba en Casademont Zaragoza de agresividad defensiva y rapidez para marcar territorio de cara a su sexta victoria liguera (105-85) ante Urbas Fuenlabrada y salir de las complejidades de la parte baja de la tabla. Y Tryggvi Hlinason ya había marcado la línea del encuentro en esos 10 minutos. Llevaba 10 puntos en 5 canastas de 6 intentos, 7 rebotes -2 de ellos ofensivos-, 2 tapones, una asistencia y una falta recibida. Repetimos: en 10 minutos.

              Sus números finalmente se fueron a 24 puntos, la escalofriante cifra de 12 de 13 en tiros de campo, 9 rebotes y 3 tapones en 27 minutos. Un compendio más que justificado como para ser el jugador e imagen de esta jornada. La facilidad con la que dominó en la zona no es producto de una debilidad manifiesta del rival, simplemente que, sus diferentes adversarios, no supieron estar a la altura de las habilidades de un 2,15 de estatura que año tras año, hemos visto que evoluciona cada vez mejor en nuestras pistas de Liga Endesa.

              Hlinason asienta su posición en poste bajo, cierto es que ganaba un metro, un par de metros en el bote rentabilizando corpulencia y saber lanzar tiros cortos, tanto con la izquierda como con la derecha. Misma efectividad en ambas, casi un 100% (en este caso, un 92%). Sabía repartir con buenas asistencias a los cortes de un hiper motivado y activo Jonathan Barreiro, así como saber esperar el balón doblado, fijando sus pies en la zona como si fueran cimientos de una torre, hasta que recibía. Con fuerte oposición, sean uno, dos, tres jugadores. El fin de la jugada siempre daba el mismo resultado.

              Tryggvi Hlinason es alguien que ha trabajado muchísimo desde que las expectativas hace 5 años en Valencia, ya eran altas en él. La aclimatación desde una aldea -literal- perdida en Islandia, no debió ser fácil. El enorme trabajo que había que practicar sobre alguien de 215 centímetros, inicialmente nada rápido, debía ser paciente y progresivo. Y lo fue. No flaqueó en la cesión a Santiago de Compostela, con escasos minutos de protagonismo en Monbus Obradoiro y sí esperó su momento en Zaragoza. Con el tiempo, cuando vienen en Zaragoza las mayores ventiscas de los últimos años, él se erige como un producto terminado y con lazo.

              Porque ha aprendido a saber correr en las transiciones rápidas que encomienda Sergio Hernández. No es ningún “palomero”, con lo que su tarea es correr, llegar a su destino, parar, media vuelta y pedir balón. Una hercúlea amenaza a un palmo del aro. Porque ha aprendido a saltar en los bloqueos y recuperar, para lograr taponar con una punta más de velocidad que su voluminoso cuerpo mostraba hace pocos años y porque como su entrega es permanente, no deja respiro al rival. Que se olviden del rebote ofensivo cuando él protege su canasta. Que se olviden de tomar resuello, porque habrá ganado ya la posición y la partida en la jugada.

              Hlinason es un jugador hoy día extremadamente completo, como lo es Javier Justiz, que poco a poco entrará en dinámica tras sus graves lesiones. Titanes para celebrar a orillas del Pilar. De momento, el festín que se dio en el Príncipe Felipe, siendo figura y maestro de orquesta (que no suele serlo habitualmente), da para pensar en ideas optimistas entre los sufridos aficionados de Casademont Zaragoza. Abrir su manaza arriba, pedir el balón con una posición en las cercanías de la canasta y es como ver una puerta a otra dimensión. La de las victorias, trazadas entre los surcos de su palma como un mapa de libro de aventuras. Quizás eso sea lo que señalan sus líneas. El camino ya restablecido de un grande en nuestra competición.

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