Devoción por Trey Thompkins

Devoción por Trey Thompkins

Antonio Rodríguez

              Nos gustaría arrancar esta historia con dos chicos de 20 años idolatrados en la universidad de Georgia. Uno, Travis Leslie, todo un portento físico. Escolta con una capacidad de salto como no había en todo Estados Unidos en 2010.  Leslie llenaba promos de la NCAA, cabeceras en los informativos de deportes con sus mates (os recomendamos que os metáis en youtube y probad a teclear su nombre) y mostraba toda su potencia encerrada en 193 centímetros de estatura. Explosividad y la fuerza física del baloncesto del siglo XXI. El otro, Trey Thompkins, era todo lo contrario. Parecía un jugador del siglo XX si nos atenemos a su físico. Y ante los rayos y destellos de su compañero, este era todo suavidad. El pívot que no hace mates, que nunca se iba por velocidad, pero sí el máximo anotador de su equipo. Tratados como reyes, ambos decidieron regresar a su universidad y cumplir un tercer año cargado de expectación en ellos.

              Actualmente, Travis Leslie está afincado en Francia. Esta sería su sexta temporada allí, en dos periplos diferentes. Trey Thompkins cumple también su sexta temporada, este de forma consecutiva, en el Real Madrid. Y en Europa lo ha ganado todo. Hace años escribimos en Endesa Basket Lover sobre él, con algunas pinceladas sobre sus orígenes baloncestísticos en Estados Unidos. En el Viejo Continente, siempre será recordado por un rebote ofensivo. Hay acciones que se transforman en logros y marcan carreras deportivas. Para muchos, el sueldo que cobre Thompkins en el futuro es pagar un rédito por un día de gloria, haciendo quedar a su club campeones de Europa. Aquel rebote en Belgrado, arrebatando el título a Fenerbahçe, justifica una tarde gloriosa en la historia del Real Madrid. Sin embargo, nuestro protagonista de obstina en que cada dólar que cobra de su sueldo, procede del rendimiento del aquí y ahora. Y aquí y ahora estamos en el 2021, en una temporada atípica donde posiblemente Trey esté jugando su mejor temporada a las órdenes de Pablo Laso.

              Lleva jugados 35 partidos esta temporada entre Liga Endesa y Euroliga, con 10,7 puntos de promedio, en poco más de 21 minutos de juego. Un excepcional 58,9% en tiros de 2 puntos y un no menos formidable 44,4% en triples. Él, un ala-pívot de 2,08 de estatura, llegando a esas cotas en el tiro de tres. Sí, conocemos de su habilidad en las esquinas, sobre todo ayudado por la atención que provoca Walter Tavares. También nos gustaría recalcar que está ayudando en el rebote como nadie y destapa una inmensa calidad en poste bajo, con su aterciopelado toque en los tiros cortos. El mismo que lucía en Georgia que, quizás ahora más que nunca, toca sacar a relucir.

Lesionado de gravedad Anthony Randolph, debe multiplicarse en hacer todo aquello que aprendió en sus años de formación, sacando a relucir el manual de los viejos tomos del pívot clásico, así como los pendrives con los tutoriales del jugador interior moderno. Apropiarse de un lugar para el rebote defensivo, anticiparse a los pases, ganar la posición en ataque tirando de trasero y de fijar unos pies inamovibles, engorroso trabajo previo antes de recibir. Porque el aficionado lo que ve es que Trey recibe, se gira y anota. Tan sencillo como eso. Los cimientos de la canasta son un prefacio oscuro que tampoco muere por mostrar. Lo hace y punto. Luego, sale al exterior y su presencia amenaza. Porque el rival saca la libreta y ve con pavor lo del 44,4% en triples. Y eso produce sudor frío y aplausos -virtuales- en el WiZink Center.

Trey Thompkins hoy día da lecciones de baloncesto. Dentro, fuera, en ataque y en defensa. Catón del baloncesto aprendido y ejecutado desde la primera a la última página. Y aunque la atención está en los triples de Carroll o los tapones de Tavares, siempre luce. Para los clásicos, es como hacer reverdecer a los pívots estadounidenses que marcaban diferencias en la década de los 80. Los sabios y “resabiaos” que aterrizaban en Europa y marcaban los designios de aquellos equipos italianos de coloridas camisetas con sponsors peculiares, que invertían en su grandeza millones de liras. Aquellos a los que hacían grandes y hasta campeones de Europa. Thompkins es la suavidad en el tiro de Marcelous Starks, como la clase de Jim Brewer o la inteligencia de Corny Thompson, abanderados por los que suspirábamos en España -y a veces llegaban aquí-.

Por ello, en Endesa Basket Lover nos gustaba detenernos en él. Y hacer el ejercicio de fijarnos cómo juega. Y degustarlo. Y es tanta la satisfacción de ver baloncesto bien hecho, como su sutileza al ejecutarlo. Pocas palabras, mucho éxito. Es la devoción que sentimos por Trey Thompkins.