ARTÍCULO: EL REENCUENTRO PERSONAL DE ROMAIN SATO

ARTÍCULO: EL REENCUENTRO PERSONAL DE ROMAIN SATO

Antonio Rodríguez

Si el pasado domingo hubo un bálsamo que calmó al menos recientes decepciones, europeas en este caso, fue la victoria por 85-70 de Valencia Basket ante Laboral Kutxa. Victoria no solamente reflejada en el casillero, sino que supone dar mucha más moral, pues justamente es el próximo rival con el que se medirá el cuadro taronja en su intento -único para subsistir- de ganar el resto de calendario que debe afrontar en Euroliga. Sí, fueron 85 puntos que pudieron suponer paños frescos en la frente para ir perdiendo su estado febril y recuperar sensaciones.

Si de retomar palpitaciones positivas hablamos, a quien espera La Fonteta que vuelva a reencontrarse con su juego, es al centroafricano Romain Sato. 19 puntos, 8/12 en tiros de campo y 3/5 en lanzamientos triples en la matinal dominical, hicieron que al menos por ahí, los aficionados suspirasen volviendo a ver el jugador que la pasada campaña saltaba a la pista y hacía su trabajo, brillante trabajo siempre, seña identificativa de aquel Valencia Basket casi indestructible de hace pocos meses. Es cierto que Laboral Kutxa no resultó ser el equipo más combativo de los que ha llegado a la capital valenciana. Rentas de hasta 25 puntos (69-45, minuto 31), no fue la mejor exposición de un club, el vitoriano, que solamente mostró pinceladas individuales y saber estar en los últimos minutos para recortar diferencias.

Aún así, de lo que más urge la plantilla dirigida por Velimir Perasovic es de sensaciones particulares -y coletivas, por supuesto-, independientemente del rival que haya enfrente. Y en esta ocasión, sí se llevaron la alegría de Sato. Sus 19 puntos fueron producto del juego que ha ido maniobrando siempre, de hacer daño desde la posición de poste bajo, de buscar la ventaja física, de perpetuar su media vuelta en suspensión desde ahí, de verle cómodo en un puesto que parecía suyo, de recibir el balón en la línea de tres tras un cuarto, quinto pase. Que dieron 26 asistencias, de esas que se computan como asistencias. Que de buenos pases se vieron multiplicados por muchos más. Que Pau Ribas repartió nada menos que 7. Que Guillem Vives dio 4, a pesar de una bronca que se llevó en un momento puntual al correr un contragolpe sin la convicción necesaria para que un pase, en vez de convertirse en asistencia, fuese un balón perdido. Es lo que están buscando en todos: la convicción en las acciones, en todas ellas. Y eso es lo que fue encontrando Romain Sato. El aplomo del trabajo previo de todos como para poder culminar con la solvencia ya conocida.

Sato no necesita de los 19 puntos del pasado domingo, pero sí de convencerse de la capacidad que, si se pueden conseguir, hay que ir por ellos. Es volver a ver el tipo con confianza de siempre, él que fue el pasado año estandarte de la Liga Endesa. Por encima de los 12 puntos que anotaba en el pasado ejercicio en contraste a los 9.1 de éste. O de los triples (donde si ha mejorado porcentajes, es cierto que de los 1.47 que conseguía por partido, ahora lanza 1.12), es volver a ser Sato, simplemente eso. La búsqueda de un reencuentro personal donde todos los elementos (muchos nuevos elementos), vuelvan a dar la suma de lo que se grabó en letras muy brillantes como Valencia Basket.