Burgos, desde la catedral se toca el cielo

Burgos, desde la catedral se toca el cielo

Antonio Rodríguez

              Joan Peñarroya no daba crédito ante una de las técnicas más inexplicables sufridas a lo largo de su carrera como entrenador. Apenas medió palabra y vio el gesto arbitral de la “T” a un palmo de distancia. Con los dos tiros libres anotados, la ventaja ante Happy Casa Brindisi parecía verse amenazada a falta de poco más de 4 minutos (76-66). La impotencia del entrenador de Hereda San Pablo Burgos, en su segundo partido de FIBA Champions League este curso, le recorre el cuerpo hasta quitarle las ganas de seguir en la banda y optó por sentarse en el banquillo. Sin embargo, su enfado caló en sus jugadores a modo de mensaje. Una defensa de bulldogs en las siguientes posesiones en los suyos, de jirón de ropa del adversario en la boca si lo escenificáramos en cómic, feroz, coordinada, fantástica, tenían su consecución posterior en los siguientes cinco ataques, con un 2+1 de Alex Renfroe, un triple de Omar Cook, otro triple de Cook, un tercero de Thad McFadden y un cuarto de Ken Horton. 91-68 en el electrónico y las miradas de asombro de unos con otros. En tal estado de gracia, hacer fácil algo tan difícil, provoca vértigo. En el banquillo contrario, hasta miraran mal al colegiado que señalizó la técnica, maldiciendo su atrevimiento y la consecuencia de haber despertado a la bestia. Esto y no otra cosa es Hereda San Pablo Burgos al día de hoy.

Joan Peñarroya, sapiencia exigente de cara al éxito.

UN ENTRENADOR QUE HA CONSEGUIDO LO QUE PRETENDÍA

              Joan Peñarroya sabemos que es un técnico exigente. “Yo no grito. Es el tono. Yo grito poco. Es mi tono elevado de voz en algunos momentos. Aquí, lo importante no es el micro ni la cámara, sino lo que transmites día a día” reconocía hace unas semanas en el show de Endesa Basket Lover ‘Colgados del aro’. No desfallecía en su etapa como jugador, tipo infatigable sin temor al esfuerzo y eso se extiende en su periplo como técnico. Por ello consiguió meter a BAXI Manresa en Playoff. Desde el título de liga del histórico TDK en 1998 –“me tuve que ir yo para que quedaran campeones de liga” bromea-, jamás se habían disputado las eliminatorias por el título en la ciudad del Bages. Y en 2019, recién ascendidos, el premio. Ahora, en Burgos, no hace falta ni recordar su machada en la Fase Final de Valencia el pasado junio. Exigencias que conllevan alegrías en la parroquia. “Está yendo todo relativamente muy rápido. Es un club muy nuevo. El primer ascenso lo consiguió la ciudad en El Plantío, cuando yo era el entrenador rival. Luego, Félix Sancho, el actual presidente, creó un club nuevo… Cuatro temporadas con esta en ACB y a la tercera, ya eres semifinalista”.

              ¿Y qué ha conseguido ahora? Que el plantel que dirige sea su propia esencia, sueño con el que cualquier entrenador se encamina a la cama cada noche. En Burgos ya lo tienen. El texto del prólogo es un claro ejemplo de lo que pretendemos exponer. En los últimos días de este mes de noviembre, la radiografía de su juego es muy precisa y lacrada con su firma. ¿Quieren conocer sus mimbres? Aquí los tienen:

-          Salir “pitando”. Con Alex Renfroe en la dirección, el equipo juega rápido. Y no nos referimos a contragolpes, sino a crear transiciones con más velocidad de lo habitual. La búsqueda por encontrar el error en sistemas defensivos rivales que aún no están montados, les incita a ello. De hecho, las estadísticas nos dicen que son el 2º equipo de Liga Endesa con mayor número de posesiones por partido (79,2). En unos jugadores bregados en mil batallas, es fácil detectar el filón para hacer daño.

-          Excelencia en movilidad defensiva. Es de los conjuntos con mayor eficiencia en ese aspecto. De hecho, el 3º en cabeza si evaluamos sus puntos encajados por cada 100 posesiones (100,2 puntos), solamente superados por Real Madrid y F.C. Barcelona. Constantes movimientos, fintas y recuperaciones, evitando así más rotaciones y cambios de asignación de los deseados. Sobrecargas al lado balón que conllevan ‘traps’ y cortes en los pases, a las complicaciones que han creado. Nunca hay un jugador al que se le etiquete de lento. Aleros como Xavi Rabaseda o Miquel Salvó son esenciales. Son muy grandes y activos. Ni tan siquiera los pívots flaquean. ¿Jordan Sakho? ¿Jasiel Rivero? ¿Ken Horton? Ese último, pieza de última hora en verano para completar el plantel, es un maestro del posicionamiento, de plantarse en una línea en la que deniega el pase a dos jugadores al mismo tiempo, mientras sus compañeros arriesgan en 2 contra 1. Olfato privilegiado para prohibir cualquier juego por línea de fondo. Un fenómeno cuyo trabajo no se verá en estadísticas convencionales, pero que deja gotas de su huella.

-          Del minuto 1 al 40. Máxima concentración. En este mes de noviembre se ha visto un equipo sin altibajos, al que recuperarles puntos se ha tornado una tarea imposible. Con o sin rotaciones, los cinco en pista siempre han mantenido una armonía sin que nadie se desconcentre o desfallezca. Todos saben dónde está el listón de esfuerzo.

-          Capacidad de pase. El pase es “la madre del cordero” en el juego ofensivo de Hereda San Pablo Burgos. Es una delicia verlos circular el balón. Los bases son los primeros en trazar el dibujo y las bases a seguir. “Reconocemos que era la posición que más temíamos en verano” nos confiesan desde dentro del club. “Claro, se van dos jugadores tan contrastados como Ferrán Bassas y Bruno Fitipaldo que, cualquier otra opción, supone un riesgo. Sin embargo, lo increíble es que los actuales, Cook y Renfroe, lo están mejorando”. Sea balones a los tiradores, las continuaciones tras bloqueo de Dejan Kravic o pases al poste a Rivero, manejan toda la gama. Para el aficionado, el juego en estático oficiado por el equipo es una bendición, porque el balón pasa de unas manos a otras a una velocidad endiablada. En los días malos, los errores que más se cometen -y no es casualidad-, son las pérdidas en el pase, como les sucedió en la victoria en Santiago de Compostela el pasado sábado (18 pérdidas que se antojan excesivas. Claro, ellos provocaron 19). Si esos son los mayores inconvenientes y se da como producto de la excelencia en el juego colectivo, bienvenido sea.

La defensa burgalesa, clave en sus resultados.

NO HAY DISCUSIÓN: ALEX RENFROE ES UNA ESTRELLA DE LA LIGA

              No debiéramos dudarlo. Sus 31 puntos en 22 minutos en la victoria en Santiago ante Monbus Obradoiro (63-78), su máxima anotación personal en la historia de la Liga Endesa, es un sobresaliente accidente sobre actuaciones más que notables. El rendimiento a este nivel de Alex Renfroe viene desde muy atrás, desde aquel milagro vallisoletano en 2012 que él dirigía en pista, a ser fichado por el Barça para reconducir la nave dirigida por Bartzokas que irremediablemente iba a la deriva o sus actuaciones con Basquet Manresa hace dos temporadas, el principio de su milagro de Playoff.

              Renfroe lleva al equipo a un ritmo NBA, porque a esa velocidad encuentra -o fuerza- respuestas en sus compañeros (6,2 asistencias por partido). Añadan un acierto impropio en su tiro en suspensión (53,1% en triples) y ahora, lo que más nos gusta: su capacidad de entrar a canasta. Como gane el primer paso y espacio por la izquierda, el rival está muerto. Es un fenómeno en proteger con su cuerpo las entradas que sean por su lado fuerte, zurdo como es. Pero lo mejor es su lectura del pick&roll central. Aprovecha el bloqueo y las posibilidades son infinitas: amenaza con el tiro exterior, puede pasar a la continuación o penetrar marcando tiempos, acercándose poco a poco, viendo cómo se mueve el rival. Como posee esa habilidad innata de lanzar “bombas” a dos metros del aro con acierto, cuando el rival parece sentenciado por ahí, mira al tendido y da un pase al compañero bajo el aro. Es como si jugara con el tiempo, lo ralentiza o lo acelera a su antojo. Su comunión con Joan Peñarroya, tras la experiencia conjunta en Manresa hace dos cursos, es perfecta.

Alex Renfroe, una estrella en nuestra liga.

JASIEL RIVERO, EL IMPACTO CARIBEÑO

              Detengámonos en uno de los mayores impactos de la Liga Endesa esta temporada. “Yo no contaba con Jasiel el año pasado, porque cuando llegué, el equipo estaba hecho y para las plazas de extracomunitarios, nos decidimos por Earl Clark y J.P. Tokoto” recuerda Joan Peñarroya. “Solo podía jugar en Europa y eso era un problema para su desarrollo. Viene de Sudamérica, de jugar 35 minutos, ser un referente y llega aquí y no juega. Supo sufrir unos meses y ahí está ahora”.

              No ha debido ser fácil para este joven de 27 años recién cumplidos tener su primera aventura europea y esperar pacientemente su oportunidad sin apenas jugar. Tras él hay una curiosa historia que saltó estos días en redes sociales, de cuando el prestigioso periodista Antoni Daimiel alertó a clubes españoles años atrás que, en Cuba, estaba floreciendo un jugador de gran nivel. “Por viajar a Cuba a menudo, sigo el deporte allí y especialmente el baloncesto. Y algún día me acercaba a ver el equipo de Capitalinos. La primera vez que lo vi fue en directo. Creo que era 2014, que era muy joven. Lo vi con muy buena pinta y creo recordar que anotaba 14 puntos por partido en una liga que es muy dura, que no se penaliza mucho el juego físico y dejan jugar. Me quedé con el nombre. Vuelvo a tener ocasión de verlo, esta vez a través de la aplicación de FIBA en el Torneo de las Américas en 2015. Allí se clasificó Cuba, con Javier Justiz y Yoan Luis Haití, un jugador muy fuerte, dos metros y un gran reboteador. Y aunque Cuba estuvo fatal y perdía sus partidos por muchos, Jasiel Rivero jugó bastante bien. Tenía 21 años y superaba la veintena en cada partido. Y en aquel torneo estaba Gustavo Ayón, Nocioni, Anthony Bennett, Augusto Lima, Olynyk… jugadores interiores muy importantes. Y un tipo así, con su estatura, promediando 19 puntos y 7 rebotes superando el 50% en tiros de campo, es ya como para que hubiese sonado en España. Y ahora te voy a contar una pequeña curiosidad estadística que descubrí. Si tú entras en la web del archivo de FIBA, te vas a ese 2015 al Torneo de las Américas y buscas los máximos anotadores, ya sea puntos totales o promedio, entre los 50 primeros no aparece Jasiel. No aparece. Debe ser porque no contemplaron los equipos que cayeron en la primera fase. No hay ningún cubano. Su representante andaría listo y lo colocó en Uruguay, que piensas que no pudo colocarlo ni en Argentina. Allí se lesionó y por esas fechas, recuerdo que lo comenté en un par o tres de equipos de Liga Endesa y uno de LEB Oro, a quienes les di su nombre. Incluso les facilité el contacto con la presidenta de la Federación Cubana, por supuesto por afición y por el gusto de ver un cubano jugar aquí. Luego firmó por Estudiantes en Argentina y ahí sí que tuve un contacto bastante fluido con su entrenador, Lucas Victoriano, por el que me preguntó previamente y yo posteriormente, por su evolución. Le faltaba madurar algunos aspectos, pero me hablaba muy bien de él. Y en Burgos estuvieron listos, lo ficharon, cediéndolo un año en Boca y ahora, lo tenemos aquí. Me alegra mucho que le vaya muy bien. Es educado, un tío feliz, involucrado en el vestuario y me alegra un montón que le vaya bien”.

Jasiel Rivero, la maestría de saber ser pívot.

              Con él llegaron las mejores cualidades de un pívot. Sapiencia desde viejos tomos de tratados a las más recientes, hasta poseer las enseñanzas sobre las exigencias actuales de movilidad en baloncesto. Es un permanente dolor de cabeza del rival, al que no da un respiro. Es de los primeros en correr la pista para ganar una posición, por lo que ya no permite calma ni en la transición defensiva. Y gana la posición como los clásicos, de tener todo el trabajo hecho antes de recibir el balón, como los míticos portaviones en las zonas. Su contundencia y rapidez de pies lo hacen muy peligroso en poste bajo, así como cuando decide jugar a campo abierto. Con espacios, cuando se arranca, es muy difícil detenerlo. Y sus buenas manos, hacen el resto.

              “Yo lo veo que aparece cada día con un color de pelo diferente” bromea Peñarroya. “Como entrenador, le pido que siga trabajando, que no se relaje. ¿Lo de los tiros libres? Eso está pactado (aunque ha mejorado respecto a la pasada temporada, desde un 56,4% al actual 63,8%). Si los metiese, aquí vendría todo el mundo para llevárselo”.

              Son 13 puntos de promedio en Liga Endesa, amplificados por los 25 logrados en la victoria en La Fonteta valenciana o los 20 ante Movistar Estudiantes recientemente. Una joya que ha sabido encontrar su lugar y su firma en nuestro baloncesto.

Thad McFadden, el talento natural en ataque.

LA “BOMB SQUAD”

              Una de las tristes estampas durante los dos últimos partidos es presenciar a Vítor Benite sobre una bicicleta estática en la esquina del pabellón y no en el parquet anotando triples. Molestias en los isquiotibiales nos han privado de su sobresaliente 44,8% en triples en esta temporada 20/21 (sumando ACB con Champions League). Él es uno de los representantes de una línea exterior amenazante, con un tiro de 3 que resquebraja cualquier igualdad. Hablando de estadísticas, acumuladas en ambas competiciones (ACB y FIBA Champions League), Alex Renfroe está en un 51,4% en triples, Thad McFadden en un 41,2% (¡ojo!, intentando casi 7 tiros por encuentro) y Miquel Salvó en un 36,6%.

              Pero lo más impactante es que, a esta escuadrilla de bombarderos, se les han unidos dos figuras interiores, el ala-pívot Ken Horton (46,6%) y el empecinamiento caribeño de Jasiel Rivero, que ya está en un 40%, para formar hasta 6 hombres que pueden hacer que el “descoloque” rival sea evidente, cuando tienen que defender tantas amenazas en los triples.

 

LA PRECISIÓN EN LOS DESPACHOS

              Se llama Albano Martínez y es el director deportivo del club. Cargo en el que se sufre más que se disfruta, entre otras razones, porque el anonimato es grande y su trabajo está a la vista de todos. Su gran asignatura para esta temporada era renovar un equipo tras bajas importantes. Bruno Fitipaldo, Javi Vega, Dragan Apic, Ferrán Bassas, Augusto Lima, el eventual Pablo Aguilar y este curso, Goran Huskic, debían ser sustituidos en un año muy diferente al resto. “Ha habido cursos con tantos movimientos que parecía esto el mercado de la NBA”. Aquí, tocaba acertar. Las dificultades económicas debido a todo lo que la pandemia arrastra, hacía que había que hilar muy fino, poco margen al error. En perfecto entendimiento con el cuerpo técnico “al que tengo que agradecer que siempre han acogido perfectamente las nuevas adquisiciones”, su mérito no es ya el hecho de evaluar la calidad de jugadores que aterrizan en Burgos, sino extrapolar lo que pueden hacer en el equipo. Es muy complicado asumir que tras Renfroe, Omar Cook, hombre que por su edad (38 años) ya no pueda resultar tan atractivo en el mercado, se tenga la certeza que es exactamente lo que necesitaba el plantel. O que Jordan Sakho sea la respuesta a la contundencia reboteadora justa para el éxito que el entrenador demandaba. Ostentando el cargo desde que el club ascendió a Liga Endesa, ha tenido que lidiar con bajas de hombres estelares a mitad de temporada (Deon Thompson), tomar riesgos en otros cuyo efecto positivo sería inmediato, pero no tan claro a medio plazo (Dominique Sutton) y arriesgarse en otros que, tras un largo período de inactividad, se les daría la oportunidad de recuperar su calidad (Paul Zipser). Cambiar el dibujo táctico descartando pívots como Viacheslav Krastsov e incorporando otros más móviles y acordes con las virtudes de los demás (Augusto Lima), como descartar jugadores que no encuentran su sitio (J.P. Tokoto) y tener el oportunismo de fichar para un momento histórico, alguien tan consagrado como Pablo Aguilar.

              Hay claros y sombras en todos. Pero el balance final es la historia de un recorrido que ha sido permanentemente ascendente, con resultados que saltan a la vista. La capacidad de crear ídolos a la afición, empieza por un nombre escrito en un portafolios, en una llamada de teléfono, un ofrecimiento, mucho riesgo y esperar unos resultados posteriores. Albano Martínez, con el respaldo de la directiva, trabaja para el éxito actual. Y ya lo ven. Sobra cualquier comentario.

San Pablo Burgos, esa unión tan especial. 

LA ALEGRÍA DE TODOS… Y UN PELLIZCO DE LAMENTO

             

              Hereda San Pablo Burgos sufrió los caprichos del COVID 19 de una forma más cruel que muchos otros. Catorce días sin jugar un encuentro (desde el 17 de octubre al 1 de noviembre) e intentar, con la plantilla en cuadro, competir frente a Urbas Fuenlabrada. Siete días después fueron capaces de vencer a Valencia Basket a domicilio. Con esa victoria, llegaron cuatro más y una sola derrota por la mínima en Oostende (99-98). Todo ello, tras el mayor éxito de la historia del club, lograda en la Final a 8 de Atenas, para proclamarse campeones de la FIBA Champions League. El nivel de juego del equipo es altísimo y todos disfrutan de una ciudad que, a pesar de confinamientos, su amabilidad es patente.

Tipos asentados en ella como Alex Barrera, que conocieron los últimos días del club en LEB Oro, tras cinco temporadas saben lo que es el entusiasmo de esta ciudad por el club de sus amores. “La afición, aquí, nunca falla. Siempre me he sentido muy querido y eso se nota en pista”. Y las incorporaciones, desde el primer día, son conscientes de ello. Kravic, Renfroe, Cook, Horton y Sakho saben de la familiaridad en la que se mueven por las calles de la urbe. Si no, sería imposible jugar tan bien al baloncesto. “Cuando los centros de estética estaban abiertos, nos contaban que Cook era un habitual” confirman desde el club. “Una vez a la semana, toca sesiones relajantes”. Se abre en abanico lo afable del entorno. “El otro día, nos aparece Ken Horton en el pabellón disfrazado de Elsa, el personaje de ‘Frozen’, con peluca y todo. Por lo visto, su hija, aunque está en Estados Unidos, se disfrazó de Anna y él quería corresponder. Con toda naturalidad, llegó al vestuario, se cambió de uniforme deportivo … y a jugar. Aquí a todos les cogemos cariño. De hecho, algunos lamentamos que no pudiésemos despedirnos de alguien como Goran Huskic, en mitad del confinamiento. Cinco años y ya era parte de nosotros”. Joan Peñarroya, por otro lado, marca su apunte sobre Jasiel Rivero. “Es un tío muy querido. Sin tener ni idea de hablar inglés, se lleva de lujo con los americanos”. Horton, Cook o Renfroe, hombres cuyos cuentakilómetros están repletos, cada vez que tienen que golpear el parquet y ponerse a bailar como colofón a cualquier victoria, se sienten identificados como parte de algo grande.

“Poder conseguir un título y no poder celebrarlo con la afición, tener el mejor año de la historia del club y el peor de la humanidad en el último sigo, pues sí, es una tragedia. Pero es lo que hay”, nos cuentan desde el departamento de marketing de club. “Con lo que estamos jugando ahora, mucho mejor de lo esperado, Burgos sería una fiesta los 365 días del año. Eso sí, estamos muy agradecidos de lo comedidos que son en celebraciones y que cada uno lo haga desde casa. De ahí que, como decía Vítor Benite hace unos días, poder hacer feliz a la afición en un tiempo tan complicado, supone una enorme satisfacción”. Se sigue rindiendo pleitesía a esos solitarios carteles de “Sauki”, “Bochanos” y la peña “Andrés Montes” en el Coliseum.

“Burgos es un espectáculo” alardea de forma tajante Peñarroya. “La gente, lo agradecidos que son… Es muy poco habitual que pierdas cuatro partidos seguidos y que te apoyen como lo hacen aquí. Esta ciudad le viene muy bien a la ACB. Y resulta que cuando ganan, no pueden disfrutarlo en el campo, como en estos días”.

El juego de Hereda San Pablo Burgos traspasa fronteras más allá de su región. Desde Endesa Basket Lover estamos entusiasmados por ver las evoluciones del equipo este noviembre. Son un regalo para la vista. Veremos dónde acaba la aventura este curso -recordemos que son actuales semifinalistas ligueros-, siguiendo la estela de aquel proyecto de hace un puñado de años de Félix Sancho, su presidente, por hacer algo grande. Pasos tan firmes como ruidosos. Y alzarse altos, muy altos. Tanto como enseñan en sus camisetas. Que desde la catedral se toca el cielo. Y ahí permanecen.