ARTÍCULO: CAJÓN DE SASTRE (II): HISTORIAS ALREDEDOR DE JUGADORES DE NUESTRA LIGA

ARTÍCULO: CAJÓN DE SASTRE (II): HISTORIAS ALREDEDOR DE JUGADORES DE NUESTRA LIGA

Antonio Rodríguez

Marcus Landry, un tipo organizado…y ocupado

El actual jugador del CAI Zaragoza, Marcus Landry, es un tipo al que hemos ensalzado desde que la pasada temporada recalase en Sevilla (de su paso por Manresa, aún no existía Espacio Liga Endesa). Su capacidad de trabajo es encomiable. Procediendo de una familia en el que su hermano, Carl Landry, todo un portento físico, está haciendo una interesante carrera en la NBA y con una hermana que jugó a baloncesto en la universidad de Temple, Marcus, cuando fue reclutado por la universidad de Wisconsin, no era precisamente un atleta. Sus “goggles” (gafas con protecciones para poder jugar a baloncesto), quizás era lo que más llamaba la atención de este ala-pívot bajito (rabiando llega a los dos metros), gordito y con poca capacidad de tiro exterior y anotación (tras su segundo año universitario, promedió 5.9 puntos por partido).

¿Qué sucedió en los dos años posteriores, para que este tipo pudiese encontrar acomodo y hueco en plantillas NBA como Lakers y Celtics? Capacidad de trabajo y disciplina. Baloncestísticamente, su cuerpo se fue estilizando, su mecánica de tiro ganó en rapidez y eficacia a base de muchos entrenamientos, logró entender este juego un poco mejor de la mano de su entrenador universitario, Bo Ryan. De hecho, sus promedios se dispararon a más del doble, logrando licenciarse en su cuarto y último año con 12.7 puntos y un 49% en tiros de campo, conscientes que Wisconsin es una universidad que juega aun tempo lento de partido. Trabajo, notables sensaciones durante los veranos en la summer league y contratos NBA le catapultaron para poder tener una carrera como jugador, que bien disfrutamos en la actualidad en la Liga Endesa.

Lo más curioso de su caso es que, en su periplo universitario, su orden y disciplina debían ser tajantes en sus horarios y forma de trabajar. Landry se levantaba a las seis de la madrugada -“too early, man”-, acudía al campus al primer entrenamiento matutino con sus compañeros y llegaba a casa a las ocho de la tarde tras clases, horas de estudio y nueva sesión de entrenamiento por la tarde, y tenía que atender junto a su esposa…¡a sus tres hijos! Casado con Efueko Osagie, antigua jugadora de la universidad de Marquette, precoces padres -y numerosos-, tienen tres niños: Marcus Jr., y dos niñas, Moriah y Makaylah.

Hospedados en un apartamento durante su etapa universitaria, pagado entre parte de la beca de Marcus, ayuda de sus abuelos y de la familia Landry, en lo que no había ayudas era en la hora de criar a los niños. Cuando los jugadores de Wisconsin se retiraban a sus habitaciones, exhaustos por toda una jornada de exigencias académicas y deportivas, nuestro protagonista llegaba a su apartamento, donde su hijo corría a echarse en su espalda, tenía que enseñar a la pequeña Moriah a descifrar el asombroso mundo de las cuerdas de la guitarra de su padre que tanto le llamaba la atención, mientras que la más peque, Makaylah, se despertaba y saltaba en la cuna, buscando el reclamo de su papá. “Él es el disciplinado” recalca su esposa Efueko. Se conocieron cuando ella acudió a la iglesia donde el abuelo de Marcus ofrecía sus homilías. Se casaron el 22 de Abril de 2006 y un mes después, nació Moriah. Esfuerzos por licenciarse y dedicarse profesionalmente al baloncesto, tienen mucho mérito en la figura de Marcus Landry.

Ethan Wragge, de casta le viene al galgo

Con la finalización de este año 2014, si Ethan Wragge tiene que echar la vista atrás y hacer balance de estos doce meses, lógicamente no olvidará el día de Enero en el que logró encadenar hasta 9 triples en la victoria de su equipo, la universidad de Creighton, propinó a la universidad de Villanova. Son días que no se deben olvidar.

Aquella mañana antes del partido, tras el entrenamiento, los padres de Ethan estaban al borde de la pista, acompañando a su hijo. Y con el ambiente distendido, tras los últimos tiros, ambos se animaron a lanzar en alguna ocasión a canasta. Kari, la madre de Ethan, falló sus primeros lanzamientos. Pero se situó a unos 4-5 metros del aro y comenzó a encadenar un acierto tras otro ante la mirada del entrenador de Wragge, Greg McDermott (padre del actual jugador de los Bulls, Doug McDermott). Quien tenía delanta era Kari Kramme, antigua estrella baloncestista, en Iowa, toda una estrella en el instituto. “Nunca la he visto jugar -declaraba Greg McDermott-, pero alguien que ha crecido en Iowa como yo, sí he oído su nombre y de lo buena que era jugando”.

Kari llegó a jugar y destacar en baloncesto, voleibol y softball hace más de 30 años. Su mecánica de tiro era perfecta y bien que le inculcó todos esos conocimientos a su hijo, al que le tenían -sus padres- terminantemente prohibido lanzar desde la línea de tres puntos hasta la edad de quince años, para que no deformase su mecánica correcta de tiro, en busca de un impulso que en menor edad, es difícil tener.

Ahora, en Bilbao, saben de las características de tiro de Ethan Wragge, todo un bombardero desde la línea de tres puntos para la Liga Endesa. Y ya saben, si en alguna ocasión ven a sus padres pasearse por las gradas, es más que probable que si les solicitan una fotografía conjunta, no les sea desconocido, pues más de un autógrafo habrá firmado Kari Kramme -hoy día Kari Wragge, como manda el protocolo- a lo largo de su vida.