Abdul Jabbar y su historia en una reserva Apache

Abdul Jabbar y su historia en una reserva Apache

Antonio Rodríguez

Este pasado verano topamos con una pequeña noticia a modo de esquela, que se perdió entre todos los fallecimientos por COVID 19 en este trágico 2020: Edgar Perry, 82 años de edad, fallecía a causa de complicaciones a raíz de este virus. Sin dar muchos más detalles que su origen apache y su estado natal, Arizona.

              Hay historias que sin duda marcan. Y trascienden, aunque apenas lo hagan a la luz pública y más de dos décadas después, caigan casi en el olvido. Hoy día, podemos rebuscar entre peculiares libros olvidados de una biblioteca, una edición de bolsillo de “A season on a reservation: my soujourn with the White Moiuntain apaches”, escrito por Kareem Abdul Jabbar. Una leyenda del deporte escribiendo algo para nada relacionado con su mundo, sino rascando en la historia, como lo había hecho con libros anteriores. Incluso puedes encontrar algún pequeño vídeo en youtube. Poco más. Para los habitantes de la reserva apache de White Mountain, hubo una luz que se posó en sus vidas. Y su fulgor todavía permanece.

              Mientras Michael Jordan se afanaba en conquistar su sexto anillo con los Bulls, el jugador más laureado de la historia, el máximo anotador de la NBA, Kareem Abdul Jabbar, puso su mirada en pequeños núcleos de población salpicando la más importante, White River, sumando en total 13.500 habitantes de una antigua reserva de apaches en el estado de Arizona. La vida de Kareem en aquel momento y su ánimo le hicieron decantarse por decir sí a una extraña llamada de teléfono que le sugirió algo diferente a lo que buscaba.

              Abdul Jabbar, a pesar de ser alguien que intentó evadir a la prensa a lo largo de su larga carrera profesional, tras casi una década retirado, vivía de sus logros. Un viaje a Rusia de promoción como embajador de la NBA, mostró la cara sombría en “The big fella”. El funeral de su madre apenas había sido una semana antes. “No piensas mucho en tu madre hasta que no la tienes contigo. Cuando está viva, das por hecho que estará cuando la necesites. Sin embargo, cuando falleció, fue un terrible shock” cuenta nuestro protagonista. Largas horas de vuelo sirvieron para reflexionar “cómo quería tomar mi vida en una dirección diferente”. Tal impacto le hizo retroceder en los recuerdos, echar un vistazo al camino recorrido hasta ese momento, quién es y sobre todo, por qué. Sus logros y su legado siempre tuvieron un dorsal en la espalda como jugador de baloncesto. Y sintió la necesidad de verse acunado por él de nuevo. “Me di cuenta lo mucho que lo echaba de menos”. pretendía ser entrenador.

              Para un mito como él, llamar a las puertas de franquicias NBA, ofreciéndose como asistente de sus entrenadores y que lo que no eran negativas, eran evasivas, debía resultar duro. Algunos incluso achacaban tales respuestas a su comportamiento de tipo aislado durante su carrera profesional o un problema que tuvo meses antes, en el aeropuerto de Toronto, donde le fue incautada una bolsa con marihuana, que trascendió como suelen hacer los nocivos rumores sobre las ‘celebrities’. Las justificaciones al agente de aduanas sobre su uso farmatológico para combatir sus terribles migrañas, algo que todo seguidor medio al deporte conocía de manera sobrada, cayeron en saco roto. Sin embargo, la experiencia unos años antes, entrenamientos personales a Shawn Bradley, el pívot de 2,28 de Philadelphia 76ers, le hicieron recapacitar todo lo que echaba de menos el baloncesto.

              En el verano de 1998, recibió una extraña llamada telefónica. Era desde Arizona, pero para nada los Phoenix Suns, sino de un superintendente del condado llamado John Clark, desde la oficina del distrito 20 de Whiteriver Unified School. “Usted no nos ayudaría a entrenar al equipo de chavales de la zona, ¿verdad?”. Abdul Jabbar, el 6 veces MVP de la NBA, 6 anillos logrados a lo largo de su carrera y MVP de unas finales con 37 años de edad, dijo “sí”.

              “Los habitantes de esta reserva siempre han sentido una devoción especial por el baloncesto” reconocía Mike Smith, entrenador del Round Valley High School en Springerville. Todo sobre baloncesto de instituto. “A veces, pienso que es así porque aquí, tampoco hay mucho que hacer. Puedes estar muerto de frío en invierno, que los chavales apartan con los pies la nieve y se ponen a jugar en la calle”.

              El instituto que se atrevió a realizar la llamada fue Alchesay High School. Y algo conocía Abdul Jabbar de todo ello. Unos años atrás visitó la zona, una reserva de más de 500 años de existencia. Allí puso el ojo en sus investigaciones para uno de sus libros sobre las raíces de los de raza negra en Estados Unidos, recopilando información sobre una sección de soldados afroamericanos que cayeron en Arizona durante la Guerra Civil, los “Buffalo Soldiers”. Allí se instalaron finalmente y allí vivieron varias decenas de años. La 9ª y 10ª División de Caballería, que tuvieron su cuartel en Fort Apache, a 5 millas al sur de Whiteriver. Como estudioso del tema, Jabbar compró varias fotografías hechas a finales del siglo XIX y hasta algo semejante a una zamarra de un antiguo guerrero indio, que le costó 20.000 dólares.

              Mientras exploraba aquella reserva llamada White Mountain, hizo buena amistad con Edgar Perry, un consejero cultural, nieto de un scout apache que, tras varias fechas de colaboraciones, le presentó una piel de águila como ofrenda para aceptarlo en su familia, símbolo de enorme valor. De hecho, tiempo después, se presentó en Los Angeles, en la residencia habitual de Jabbar con otros nativos apaches, en el que realizaron danzas ceremoniales para regocijo del pívot de los Lakers. Fue el propio Perry, 60 años entonces, quien insistió a un concejal de la zona, Nolan Clay, que se atreviera a llamar a Abdul Jabbar, mostrándole el interés del instituto Archesay por contar con él. De aquella estancia en la reserva apache, Abdul Jabbar no solo escribió el libro mencionado en el inicio del artículo, sino otro libro motivacional sobre el éxito en la vida, como enriquecedor testimonio de aquellos meses. Todo, mientras se convirtió en el ‘coach Jabbar’.

              Ivan Lamkin era el pívot titular del instituto Archesay. Medía 1,98 y se sentía “como un enano ante un tipo que me sacaba 20 centímetros”, cuando era él quien sacaba tal trecho a los demás. Kareem, con 51 años entonces, fue presentado por el entrenador del equipo, Raúl Mendoza, a la veintena de chavales que formaban parte del equipo. Aquel noviembre de 1998, el impacto inicial sigue permaneciendo como algo imborrable en sus memorias. Los trucos y recursos de una leyenda, al servicio de unos chicos que seguían sin salir de su asombro. Y quienes no eran muy conscientes, ya se encargaban sus padres de ponerles en situación.

              El pasado 12 de agosto, con 82 años de edad, Edgar Perry, quien obró aquel pequeño milagro, falleció. Este maldito 2020 seguía erosionando con heridas nuestras vidas. De aquella veintena de chavales que entrenaron y jugaron los designios bajo el gran Kareem Abdul Jabbar y de otros de los 60 presentados y que se quedaron fuera, hoy se sustenta el baloncesto del colegio Archesay.

              Hay miles de historias en nuestro alrededor que contar. Anónimas, casi fantasiosas, conmovedoras y cargadas de la emoción que emana de nuestro deporte. En HISTORIAS BASKET LOVER nos hacemos eco de todas. Si tienes la tuya, ¡participa!