La Historia Basket Lover de Antonio Rodríguez

La Historia Basket Lover de Antonio Rodríguez

Antonio Rodríguez

              Recuerdo con especial cariño los autobuses repletos de críos y adolescentes entre 9 y 15 años, tapando con chándales y ropa de abrigo sus uniformes, con esa fácil chispa a esas edades de asaltar el vehículo con alguna risotada, aun siendo las nueve de la mañana. Todos dispuestos a disfrutar de la matinal del sábado en un sinfín de partidos de baloncesto en pistas al aire libre. Sean benjamines, preinfantiles, infantiles y cadetes, ellos y ellas, a concentrarse en una población aleatoria, comenzando la jornada con los más pequeños en enfrentamientos con otros pueblos, tocándonos hacer ora entrenadores, ora árbitros, tan respetuosos con el contrario como honestos con los nuestros, hasta que finalizados sus partidos, sus pequeños protagonistas, raudos, te pedían permiso por perderse en las venas de aquellas rurales localidades en busca de la tienda de chucherías que les hacía amenizar el tiempo libre, junto a una sensación de independencia que tanto gustaba, de surcar libremente con los compañeros calles de lugares inexplorados.

              El baloncesto, como deporte de equipo, iba perfilando caracteres, ya sea el aspirante a comediante en el trayecto del autobús, la líder en las excursiones por las interioridades de los pueblos o la voz de la conciencia cuando alguien pretendía desmarcarse con una travesura, por el “que aquí no nos conocen”. Una amalgama de personalidades diferentes en formación que, tras el encuentro final de los cadetes (entonces, 14 y 15 años de edad), con la “gusa” propia de las dos del mediodía y las chuches a la altura de los zapatos, tocaba retomar viaje de vuelta. Mañanas como prácticos tutoriales de convivencia junto a otros 60 compañeros. Manejarles a todos, fácil no era, créanme. Todo une, todo marca. Por encima de la propia experiencia de jugar su partido.

              Ver tales caras ya conocidas dos veces más a la semana en el pabellón municipal en los entrenamientos (porque en el multiusos había más deportes y pocos días) y de repente, dos críos nuevos, que hablan entre ellos, con poca comunicación con el resto y la expectación de la novedad a su alrededor. En 1994, en mi pueblo, punto de diez mil habitantes en medio de la estepa toledana, aparecieron dos hermanos, Elvir y Median, resultado de un programa de acogida de refugiados víctimas de la guerra de Bosnia. La salvaje e inentendible crudeza de la guerra de Bosnia les trasladó a nuestro polideportivo.

              Alguien pensó que sería una buena forma de integración, introducirles en sociedad a través del equipo de baloncesto. Posiblemente ese alguien, también se aventuró a, puesto que procedían de Bosnia (aunque su lugar de nacimiento decía que eran croatas), interiorizaría el gen de maestría con el deporte de la canasta que el mago Mirza Delibasic atesoraba. Mi gozo en un pozo ya en los primeros ejercicios: jamás habían tocado un balón de baloncesto y las promesas de tener una cierta familiaridad con el deporte en breve, a sus 13 y 14 años, pírricas. Desconociendo el nivel de horror vivido, pero sí mostrando signos de normalidad en todo, tampoco es que les entusiasmase mucho este deporte al que no le encontraban la excitación del principiante a su edad.

Apenas estuvieron dos meses porque el resultado de los entrenamientos y sobre todo, los pocos minutos cuando se jugaba los sábados, no les convencía. Y dejaron de venir. Les perdí la pista por completo. Creo recordar que en el fútbol se desenvolvían mejor. No supe más de ellos ni de cuánto se alargó su estancia en el pueblo. Me hubiese encantado contar que trajeron gloria deportiva junto a su inquietud. Pero sí quiero pensar que, como punto de partida a su nueva convivencia, sus compañeros alrededor de una canasta en aquellas primeras fechas, lejos de casa, sirvieron y ayudaron.

El baloncesto como un instrumento más dentro de la labor social que el pueblo en aquel momento, se aventuró a dar. Es una historia demasiado vana, sin apenas dejar huella, pero fue la que viví. “HISTORIAS BASKET LOVER” regresa para que tú nos hagas llegar la tuya, esta vez sí, sea completa y de calado. La tienes, seguro. Que Endesa pueda ayudar a dar el empujón al proyecto que tengas entre manos. Tu historia puede ser la ganadora de una recompensa. Lo que nos marcó el baloncesto en nuestros primeros años lo que desarrollamos a continuación, enlazándolo con lo que podemos hacer en su nombre de cara a los demás.

Es tu momento, tu oportunidad. Con la presentación de la periodista Milena Martín, una institución en el mundo televisivo, Endesa, con sus HISTORIAS BASKET LOVER te prestará la ventana y el protagonismo para que nos cuentes lo que puedes ayudar a través del baloncesto, lo mismo que el baloncesto te ayudó a ti. Que es mucho.