Burgos, el esperado idilio con la élite

Burgos, el esperado idilio con la élite

Antonio Rodríguez

              Para empezar, a Hereda San Pablo Burgos, ¡enhorabuena! Con todo nuestro cariño desde Endesa Basket Lover. En España, si una afición o mejor dicho, una ciudad (porque toda ella es afición), merecía un título y más siendo continental, es Burgos. Porque en este 2020 extraño y dramático para todos, llevaban una trayectoria que debía trascender. De alguna manera a nivel deportivo, debían hacerlo. Dejar huella y marcar el camino futuro entre los grandes y por muchos años. Y lo ha hecho. Semifinalistas de la Liga Endesa, campeones de la FIBA Champions League. Campeones.

              Con la enorme exigencia que significa una Final a 8, con tres partidos de forma consecutiva, con el dardo envenenado de los anfitriones en la gran final, los burgaleses supieron acometerlo y salir victoriosos como los grandes, dominando de cabo a rabo con la veintena en el horizonte, limado al final (85-74). En un segundo cuarto que pasará a la historia por el parcial de 35-12 a favor, por los cuatro triples consecutivos de Omar Cook y por ese 15 de 30 en triples en la primera mitad, el entrenador Joan Peñarroya estaba encantado viendo, además, una excelsa defensa de los suyos. Tan buena, que ni tan siquiera la charla en el vestuario entre los aturdidos adversarios, sirvió para poner orden en su desconcierto permanente. El anfitrión, AEK Atenas, sufrió en acciones individuales, la perdición de no saber encontrarse nunca. Tyrese Rice, Jonas Maciulis, Marcus Slaughter, Nikos Zisis, Keith Langford… un plantel con muchos veteranos, más curtidos y con más nombre para disputar una final como esta, minimizados ante el empuje de unos intrusos burgaleses. El entusiasmo puede con todo. Solamente Matt Lolejski y una sucesión de triples consecutivos, dieron cierta inquietud en el último cuarto. Pero cuando se juega de forma tan sobresaliente durante 40 minutos, es difícil perder el rumbo y naufragar en parciales adversos.

          

    Hereda San Pablo Burgos se merece todas nuestras felicitaciones por su dureza mental y por su sapiencia a la hora de jugar. Es realmente emocionante ver un tipo que lo ha visto todo en el mundo del baloncesto, Omar Cook, disfrutar de este éxito. Él, que era una leyenda en los parques de su New York natal en el pasado siglo, saltando como un niño con unos compañeros de diversas nacionalidades, defendiendo la silueta de una catedral de ochocientos años, ubicados en lugar en mitad de la fría estepa. De los playgrounds de Brooklyn a orillas del Plantío, en su Coliseum donde vuelan los sueños a golpe de canastas. Sus cuatro triples serán historia del club, al lado de la editorial del presidente, cuando se imprima en letras de oro las hazañas de este equipo.

             

             

 Él forma parte de las adquisiciones de este verano de cara a un plantel muy bien diseñado, muy equilibrado y que todos y cada uno de sus componentes, a la hora de la verdad, han aportado de una manera u otra. Thad McFadden y sus 18 puntos (7 de 11 en tiros de campo) fueron la continuación de lo que llevábamos meses viendo: el ‘no fear’ de los auténticos ganadores. Que Miquel Salvó anotó triples y aquel rebote ofensivo para dejar sin argumentos a los helenos. Alex Renfroe, una de las incorporaciones más destacadas, con sangre de hielo, se anticipaba a los momentos de preocupación y entraba a canasta como los ángeles para seguir añadiendo frío a la coctelera. Y Ken Horton. Sí, anotó dos triples. Pero lo mejor fue su actividad defensiva como para llegar a la ayuda sobre Langford, recuperar el dominio de la zona al instante y correr hasta el otro lado a puntear el tiro. Fue decisivo en los minutos defensivos más brillantes.

           

   Es un equipo que tiene disciplina, tiro exterior, dirección en pista y en el banquillo, contundencia bajo los aros (¿les hablamos de la contundencia de Rivero y Kravic?)… algo muy bien montado, bajo la exigente batuta de Joan Peñarroya. Joan es de los que se afana en el trabajo día a día, sin detenerse un momento y asomar la cabeza en el horizonte, buscando la dirección de la gloria, porque sabe que bajando el lomo, llegará. Tan sumergido en tal tarea que, con la cabeza choca con el cartel que le indica la Tierra Prometida. Para empezar, el título de campeones de la FIBA Champions League. ¿Maldición de novatos? Zarandajas. Esto va de creer. Y este Hereda San Pablo Burgos lo hace. Y lo celebra. Que también saben de eso.