ARTÍCULO: SERGIO RODRÍGUEZ, EL ÍDOLO

ARTÍCULO: SERGIO RODRÍGUEZ, EL ÍDOLO

Antonio Rodríguez

Sergio Rodríguez es motivo suficiente por sí solo, como para que todos los que nos movemos en el entorno del mundo del baloncesto, tuviésemos la obligación de escribir todos los lunes “Sergio Rodríguez juega en la Liga Endesa”. Sergio Rodríguez debiera ser noticia todas las semanas. Pero todas las semanas.

La capacidad de sorprender ante nuestra mentalidad de no-sorpresa, la habilidad para hacer lo que hace sobre una pista, es para que fuese portada las más ocasiones. Es asombroso lo que este muchacho puede hacer con un balón, cuatro compañeros y cinco rivales. Porque hay que recordar que hay cinco rivales enfrente. Esto no es como los Washington Capitols, aquellos “titiriteros” que vestían de amarillo y que tenían enfrente los Harlem Globetrotters para poder realizar sus acrobacias. Aquí hay rivales delante. Pero también hay compañeros, con quienes emplea su juego.

Sergio Rodríguez encara un pick&roll. Su compañero en el bloqueo, los dos defensores en la jugada y los otros tres en la posible ayuda, están concentrados en la acción. Es más, once mil aficionados que llenan el Palacio de los Deportes, están pendientes de la resolución de la acción. Jaycee Carroll, desde la línea de fondo, al otro lado de la pista, se beneficia de un bloqueo. Pero sale por otro lado de lo que dicta la lógica, quizás para coger mayor ventaja en el futuro próximo. “El Chacho” es capaz de, sin haberle mirado en ningún momento de la acción, darle el balón exactamente a sus manos. Sabía dónde estaba y conocía sus intenciones. Triple de Carroll. Esto sucedió el pasado domingo frente al CAI Zaragoza.

Recibe un bloqueo con cierta virulencia y se queja al árbitro más próximo, abriendo los brazos. Ante las nulas atenciones dispensadas, mira al balón e intuye la jugada. Casualmente el balón caerá en las manos del pívot rival que tiene más cercano. Se queda quieto, casi agazapado y cuando reciba el balón, ¡zas! manotazo, hacerse con su posesión y sacar un nuevo contragolpe. Eso también sucedió el pasado domingo. Como un pase por detrás de la espalda en un contragolpe para un compañero. Como recrearse en lanzamientos triples con un simple bloqueíto, para reventar la zona del CAI Zaragoza, desesperados ante el acierto del canario.

Sergio Rodríguez nos brindó una jugada de fantasía a “lo” Jason Williams, fintando un pase en una entrada a canasta, ofreciendo el balón con tal descaro, para recogerlo nuevamente y acabar con bandeja, que si el balón, caprichoso él, no hubiese sido repelido por el aro, hubiese sido etiquetada como una de las canastas de año. Como una suspensión corta elevadísima, a “lo” Nikos Gallis, que nuevamente el aro se encargó de escupir. El azar también cuenta. Pero nosotros nos quedamos con su fantasía.

Decían que comenzó flojo la temporada. Es una cuestión de sensaciones quizás, porque no se ve refrendado en los números. Quizás las asistencias realizadas nos puedan dar una pista de aquello: 3,75 asistencias en las primeras 4 jornadas. 7,6 en las siguientes 5. Eso sí es una locura. Sobre sus porcentajes de tiro o de puntos, en un equipo como el Real Madrid, es totalmente aleatorio. Hay días que se le necesita, hay otros días que no. Depende de la función que tenga que realizar, sin los grilletes de exigencia de una anotación determinada para cumplir de forma más que sobrada.

El tipo es simpático, amable -también dentro de la pista-, ha vendido la característica imagen de la barba. Pero sobre todo, lo que ha vendido, son entradas. En estas connotaciones latinas que tiene el deporte en nuestra geografía y que nos invade a todos, en un país donde, como bien diría mi admirado Paco Torres, “en este país no nos gusta jugar: nos gusta ganar”, que un tipo por sí solo, por lo que desprende cuando los aficionados invaden los bares de alrededor tras el partido, sea la justificación de la sonrisa entre trago y trago de cerveza, que nos haga poseer esa sensación que por su sola estampa, ha valido la pena pagar una entrada, suena a auténtico milagro.

Pues todo esto es Sergio Rodríguez. Es el ídolo. Sin colores ni distinciones, resquebrajando cualquier límite de escudo o región. Es el ídolo. Tal cual.