Spurs, rebuscar su identidad en el futuro

Spurs, rebuscar su identidad en el futuro

Antonio Rodríguez

 

             

              A Dejounte Murray, base y titular en la mayoría de los 185 partidos que ha disputado con San Antonio Spurs, le habrán dicho en más de una ocasión que en el mes de septiembre de su nacimiento, en 1996, los jugadores de su equipo se encaminaban confiados al training camp e iniciar los primeros trotes de cara a la campaña 96/97, inesperadamente aciaga para ellos. La grave lesión de su estrella David Robinson, que solo pudo disputar 6 encuentros, más las de Charles Smith y Sean Elliott, dejaron a un equipo élite en la liga, de un plumazo sin su “3”, “4” y “5” titulares. Y por si fuera poco, revuelto aún más con la problemática destitución del entrenador, Bob Hill, autoimponiéndose en el cargo el general manager que lo apartó, un tipo autoritario y con pocas simpatías -aún- en su entorno, llamado Gregg Popovich. Una suma que dio como resultado con una temporada cargada de penurias y sinsabores, de tan solo 20 victorias, que vio como curiosidad que el máximo anotador del equipo fuese un recuperado para la NBA, Dominique Wilkins, con 21,1 puntos de promedio, tras proclamarse campeón de Europa con Panathinaikos.

              Pues bien, los padres de Dejounte Murray podían cambiarle los pañales en su primer año de vida al mismo tiempo que esperaban descargarse del ordenador una fotografía, en ese proceso de ver en el monitor del PC de casa, unos folios volando de una carpeta a otra, cuando recibían una imagen para descargarla, algo desesperante en su duración. Que posiblemente tenían que desconectar el cable del teléfono y llevarlo hasta el ordenador, imposibilitando recibir llamadas, en los primeros pasos de internet en domicilios particulares -hablando de estar en pañales-. Así eran nuestras vidas la última vez que San Antonio Spurs dejó de jugar Playoffs. Hasta nuestros días.

Tim Duncan, Gregg Popovich y Becky Hammon en el banquillo.

Adiós a un maravilloso sello “Spurs”

            Desde que en el verano del 97 llegó Tim Duncan a la franquicia tejana, todo cambió en San Antonio. Los Spurs solamente han tenido opción a elegir el número 1 del draft NBA en dos ocasiones. En 1987 fue David Robinson, que debutó con 56 victorias y 26 derrotas, primeros en la Midwest Division, tras penar un año antes con 21 victorias y 61 derrotas. Y en 1997 el citado Tim Duncan, cuya cartilla de presentación como rookie fue repetir el récord de 56-26, viniendo un curso antes del 20-62 ya mencionado. Y lo mejor estaba por llegar: solamente un año después, campeones de la NBA.

San Antonio fue modelo de gestión, de perfeccionamiento en el juego y de conocimiento del mercado internacional, como para apoyar sus éxitos en tipos llegados allende los mares (Tony Parker, Manu Ginobili, Fabricio Oberto, Tiago Splitter, Boris Diaw, Nando de Colo…) y con mayor descaro que ningún otro para usarlos. Una muestra de que eran los jugadores ideales es que todos ellos, a la hora de disputar Mundiales y Juegos Olímpicos, lideraban a sus selecciones a medallas. Y solidificar eso del juego de la excelencia, embellecer el baloncesto y asombrar al mundo. “Es más fácil para las audiencias del resto del mundo apreciar y entender lo que los Spurs están haciendo” declaraba otro ex jugador de la franquicia, el alero australiano Andrew Gaze. “Es un fiel reflejo, muy perfeccionado, de lo que ellos pueden ver en sus ligas”. Todo un ejemplo de cómo echar raíces en una tierra que ni por asomo es mercado importante en Estados Unidos y ser capaces de ganar 5 anillos en el siglo XXI, solamente igualado por Los Angeles Lakers.

Un canto a la perfección táctica y técnica como motor de todo, jugadores con un marcado concepto de equipo, manteniendo la robustez de una columna vertebral de muchos años y añadiendo incorporaciones con los años, a modo de retoques para seguir ganando. Gregg Popovich trajo consigo unas directrices, ordenó a sus jugadores leer su libro y no tuvieron ni que repasarlo jamás. Compraron su discurso y las nuevas incorporaciones, sabían dónde llegaban. Excepto Duncan, sin estrellas rutilantes del draft ni sonados agentes libres, esa estructura permanecía sólida, cincelando una filosofía de juego que parecía tan indestructible como imperecedera. Defensa, dureza en la zona y su sinfonía de pases. Tipos inteligentes que se sientan en butacas entorno a su entrenador y divagan discursos brillantísimos, en la grabación de un famoso documental televisivo, de cómo era aquello que tenían y el resto no.

              Pero los jugadores se fueron jubilando y con el traspaso de Kawhi Leonard y Danny Green a Toronto Raptors, se esfumaron los últimos protagonistas de los días de gloria, de los títulos. Tocaba trabajar, volver a crear sobre el sello impuesto, esta vez con jóvenes actores secundarios y dos estrellas que venían desde fuera, DeMar DeRozan y LaMarcus Aldridge, en ambientes muy diferentes a los que se respiraban a la sombra de El Álamo. Consecuencia: en los dos últimos años hemos visto que el equipo ha perdido la identidad por la que sacaban pecho allí. Las recetas de Popovich hace tiempo que no se leen y él, cocinero de guisos a fuego lento, ha tenido que echar mano de manuales de cocina para microondas. Mientras, acumula especias en una despensa, no se crean.

DeMar DeRozan, la estrella de los actuales Spurs.

Un ataque cargado de buen criterio

              Esa es la mayor herencia y lo que ha podido inculcar su entrenador con más acierto: la selección de tiro. No sabemos hasta qué punto el baloncesto cambia porque baloncesto, en definitiva, es baloncesto. Lo que sí han cambiado es el tipo de jugadores de los que ‘Pop’ dispone. Y ahora tiene una estrella, DeMar DeRozan, que va dando pasos en su intento por liderar a sus compañeros en los ataques más coherentes, los que conllevan mayor acierto. San Antonio Spurs es el 5º equipo de la NBA en porcentajes, con un 47,2% en tiros de campo, por delante de Utah, Miami, Philadelphia, Clippers, Dallas o Boston, entre otros. Esto puede tener su explicación en que es el 3º que menos intentos triples realiza (aunque su porcentaje es extraordinario, con un 37,6%, el cuarto de la liga), algo que no debe ser ningún condicionante negativo. Los equipos que dominan el tiro a media distancia, el denostado “mid-range”, son algunos de los que dominan la liga (Milwaukee, Miami, Indiana, Toronto o Clippers). Bien ejecutados pueden tener altos porcentajes de tiro y en ello se afanan los Spurs, ya sea en suspensiones de su center titular, LaMarcus Aldridge, con su prodigiosa muñeca, o del citado DeRozan, cuya sabiduría en el pick&roll es excelsa.

              Para lograr eso, el conocimiento y dominio de jugadas con pocos protagonistas, uno contra uno, dos contra dos, debe ser grande. Y lo es. San Antonio Spurs guarda para su memoria la embriagadora circulación de balón de antaño, de genios como Parker, Ginobili o su líder, Tim Duncan. No, los actuales son peores pasadores y por ello se afanan en sacar rédito en jugadas con menos gente involucrada. Las alegrías futuras de los tejanos pasan por la naturalidad de resolver en uno contra uno de sus jóvenes talentos, como Dejounte Murray, Bryn Forbes o Lonnie Walker IV. O también los puntos que arranca desde el poste bajo DeMar DeRozan, uno de los jugadores que más dominan esas áreas, a la altura de los maestros en la liga como Joel Embiid o Carmelo Anthony. La peculiaridad de esta franquicia es que, su fortaleza en el pick&roll no viene de potentes jugadores continuando a canasta o balones doblados para triples, sino de las suspensiones. Al menos, ahí siguen conservando un sello propio.

              Durante esta última temporada regular, su porcentaje de triples aumentó en unos 6 intentos en la segunda mitad de campaña, con Aldridge, Forbes y Trey Lyles rozando el 39%, lo que les hizo más fuertes en ataque. Quizás falta algo de liderazgo, que haya un jugador con carácter para arrastrar a los suyos, aunque su disciplina ofensiva les hace tener pocas desconexiones en ataque. El problema no es, ni de lejos, este.

Dejounte Murray, una de las jóvenes promesas.

La defensa, su potro de torturas

              Este ha sido el motivo por el que los Spurs se han diluido y han perdido partidos, su pasaporte para los Playoffs y sobre todo, la esencia de quiénes eran. Y suponemos que Gregg Popovich sabe de lo que dispone hoy día, porque raras veces le hemos visto montar en cólera ante graves errores de sus pupilos (quizás se haga mayor en ese aspecto). Su línea exterior está formada por buenos jugadores en la defensa del uno contra uno. Son rápidos, de buenas piernas, avispados y rapidez en sus manos. El problema llega cuando se ven en la tarea de frenar las ventajas del atacante con un bloqueo.

              Este equipo físicamente no es de los más destacados. Utiliza un quinteto bajito (básicamente Murray, Forbes, DeRoZan, Lyles y Aldridge) y con poca capacidad atlética. Con lo que el rebote para ellos y proteger su aro casi siempre fue una asignatura de difícil aprobación. Ni los hombres interiores, Aldridge, Lyles, Jakob Poeltl o Rudy Gay (alero reconvertido a ala-pívot por necesidad) son buenos reboteadores ni los exteriores, altos y atléticos. En un ejercicio colectivo de bloquear y cerrarse lo más posible, han conseguido ser novenos de la NBA, aunque con un caro coste. Sus centers (Aldridge y Poeltl) no se aventuraban a salir mucho del área cercana al aro y en los pick&roll rivales, puesto que son lentos, reculaban y daban un espacio inmenso para maniobrar a los portadores del balón. Eso era mortal en su juego y la mayor causa de desánimo en el cuerpo técnico. De hecho, en esta “Disney-burbuja”, Popovich comenzó a usar a cuatro bajitos y un interior (colocando al teórico escolta DeRozan, que ha tenido que jugar de alero todo el añ, hasta de ala-pívot), a modo de prueba, para al menos encontrar movilidad defensiva.

No es posible que en infinidad de partidos veíamos a los Spurs jugando muy bien en ataque y con buenos porcentajes, estar por detrás en el marcador. En la racha que sufrieron a finales de noviembre, con 8 derrotas consecutivas, la defensa tocó fondo y supuso la desesperación entre sus protagonistas. Han superado los 115 puntos encajados de promedio y cuando recibían parciales, les costaba horrores remontar, porque nunca podían frenar varias posesiones consecutivas. Y repetimos, siempre disponiendo de más que notables ataques. Algo tan inédito en la historia de la franquicia de los Spurs, dejaba perplejo al aficionado.

Necesitan hombres altos que intimiden, atléticos y rápidos, que sepan crear temor en círculos amplios en el campo. De saltar a ayudas y recuperar, básico en el catón NBA de hoy día. Es fácil decirlo.

La derrota en Philadelphia fue tocar fondo. 

El futuro

              La burbuja les ha dejado una positiva sorpresa en la figura del joven Keldon Johnson. El base que llegó “de rondón” como elección de draft, junto a DeRozan y Poeltl en el intercambio de Kawhi a los Raptors, se ha marcado dos últimas actuaciones con 24 puntos y una titularidad final que promete próximamente, facilidad anotadora y desparpajo jugando. Como sustituto de Patty Mills (muy discreto este año. Le resta un año de contrato) y seguir fortaleciendo con juventud la línea exterior, es esperanzador. Como debiera ser la obligada renovación a Bryn Forbes.

              Este draft tampoco promete grandes cosas y San Antonio no es que haya sido una franquicia descollante en la agencia libre, precisamente. Para sus urgencias interiores más acuciantes, un jugador muy rápido y móvil como el ala-pívot de la universidad de Memphis, Precious Achiwua, en la órbita de su radar como número 11 en la elección del próximo draft, les puede venir francamente bien. Claro, ha sido freshman este año y por lo tanto, como los jugadores con más talento que poseen (al margen de DeRozan y Aldridge, vitales en su composición), todo tiene que hacerse a fuego lento en ese equipo. Como recurso, descongelar un plato precocinado en un momento dado, está bien. Jugadores atléticos en las posiciones de alero, ala-pívot o center les vendrán muy bien. Pero Popovich sabe que no se trata exclusivamente de eso. Se necesita tiempo, el dios al que todos veneran allí. ¡Ah!, que no podemos pasar por alto la rumorología. Cada vez está más extendida en Texas la voz que ‘Pop’ pueda mudarse a Brooklyn, a los Nets. El general manager, R.C. Buford, hombre con mucho trabajo por delante, sigue pidiendo calma a sus seguidores, aunque no descarta nada.

Y en Endesa Basket Lover, menos todavía. Sabemos que pocas franquicias en la historia han ensalzado la celestial palabra allí usada, “DINASTÍA”, como los San Antonio Spurs, seis anillos en quince años. Un camino de éxitos guiados por un estilo que querrán retomar. ¿Será con el motor de su protagonista, Gregg Popovich? ¿O deberá continuarlo uno de sus pupilos? Y aquí entra nuevamente esta franquicia, en el momento de hacer historia: ¿apostamos por Becky Hammon, la primera mujer dirigiendo un banquillo NBA? Son seis años ya a la sombra del maestro y como asesor, una leyenda del equipo que se incorporó este curso en el staff técnico, Tim Duncan.

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