Mil quinientas felicitaciones

Mil quinientas felicitaciones

Antonio Rodríguez

Nuestra felicitación desde Endesa Basket Lover a la publicación GIGANTES del Basket, que con el número de este mes cumplen mil quinientos ejemplares fieles en los kioscos desde, “gensanta”, el otoño de 1985. Que sean mil quinientas enhorabuenas, de todo corazón, de sus más agradecidos lectores.

Tantas ediciones impresas dan para interminables prismas a lo largo de su historia. Muchos eventos a cubrir, muchas noticias a opinar, muchos reportajes a rascar, entre la infinidad de redactores, motivo del mayor de los orgullos de sus directores, por las brillantes carreras posteriores a su permanencia en la publicación. Ligas, Euroligas, medallas de nuestra Selección, el nacimiento baloncestístico y posterior dominio de iconos como Shaq, Kobe o LeBron... infinitos homenajes por infinitas coberturas.

En este caso y ante el infantil “puchero” de tristeza por no tener este verano los tan deseados Juegos Olímpicos, vamos a indagar en cómo trataron cada uno de los Juegos Olímpicos que siempre tocaron con el mayor de los mimos, incluso cuando vinieron mal dadas.

Porque el “Bravo, España”, cuando ganamos a una selección claramente superior, Brasil, se quedó en aires de profunda decepción en la lejana Seúl, donde hasta allí fueron a cubrir el primer gran evento olímpico desde su nacimiento, en 1988. La derrota en los malditos cuartos de final ante Australia nos dejó fríos, en el escenario en el que el baloncesto cambió para siempre, con la victoria de los soviéticos ante los estadounidenses.

Y eso fue solo el preludio a lo que vino a continuación. Esta publicación fue la primera en reivindicar abiertamente que el último relevista de la antorcha olímpica en la soñada cita de Barcelona’92, fuese uno de los nuestros: Juan Antonio San Epifanio. Y lo consiguieron. Y vestidos de chaqué para la ocasión, con una excelsa cobertura... llegó el castañazo ante Angola, aunque si esperábamos unas horas en el Olimpic badalonés, podíamos volar cual Peter Pan viendo al Dream Team. Tan dura fue la travesía que, algo inédito desde Montreal’76, España por primera vez no participaba en unos Juegos Olímpicos en la edición de Atlanta’96. Huérfanos, GIGANTES hubo de conformarse con el “Yugoslavia puso el brillo, Estados Unidos el oro” para justificar algo palpable: Dream Team solo había uno. Tan solo cuatro años después, el glamour había desaparecido, a pesar de los esfuerzos de Shaquille O’Neal.

Los noventa, al fin, acababan (si nos referimos a nuestro Equipo Nacional). La plata un año antes en Francia, nos hacía sacar pecho a todos, con la portada previa de la pugna de Iñaki de Miguel con Kevin Garnett por un rebote, en un encuentro amistoso disputado en Saitama. “La final soñada” en Sidney’00 parecía la cita del “esta vez sí”. Fantaseábamos en jugar como los USA, pero al final lo acabamos haciendo como los coreanos, con nuestro líder, Alberto Herreros, silenciando enormes dolores por su maltrecho pie y muriendo a base de triples errados ante nuestro poco peso interior. Claro, que el trampolín de nuestro baloncesto en el 99 no estaba en la plata francesa, sino en el oro lisboeta de los “juniors de oro”, cuya luz ya iluminaban Raül López y Juan Carlos Navarro hasta donde les dejaron en las pistas australianas. El noveno puesto final era para que la revista pensase “nos ha mirado un tuerto” con los Juegos Olímpicos.

Y sí, debieron pensarlo, pues la verdadera oportunidad del oro (de ser novenos a pensar en el oro en solo cuatro años. Eso sí que da vértigo) llegó en Atenas’04, en el escenario perfecto. Pau, Felipe, Navarro, Rudy... Jóvenes, pero suficientemente preparados. Siendo superiores a todos: a Serbia, a los dos posteriores finalistas (Argentina e Italia)… excepto el día de cuartos frente a Estados Unidos. La portada de José Calderón gritando con la cabecera de “Rabia” era lo más explícito para definir una séptima posición final. Y repetimos, convencidos que éramos los mejores.

Por eso llegó el oro del Mundial de Japón. Porque se asumía que ser los mejores no servía de nada, si se acababa perdiendo en los cuartos y las exhibiciones ofrecidas no garantizaban nada. Y por eso, con Aíto García Reneses en la dirección, en el periplo más corto de cualquier otro seleccionador (apenas mes y medio), en la redacción de GIGANTES debieron descorchar las botellas de espumosos, tantos años reservadas en el almacén, cuando se jugó la final olímpica de Pekín 2008. ¡Y qué final! En escasísimas ocasiones las portadas han sido apaisadas. Pero tanta era la grandeza no cabía en el formato original. “Gloria olímpica” fueron las primeras palabras a nuestras oraciones de agradecimiento. Aquel mito de la plata de Los Angeles’84 se igualaba y hasta se superaba.

Y bañados en plata, pues a seguir en ello, esta vez con la vertiginosa aspiración de alcanzar el oro. Con Sergio Scariolo al mando. Porque se estaba convencido de superar a los yanquis en Londres’12. Decir que los Kobe, LeBron, Carmelo, Durant, Harden … no asustaban ya, eso sí es pensar a lo grande. Porque ir por delante 64-65 o comenzar el último cuarto con todo por dirimir (83-82 en contra), era para ello. Se perdió (107-100) y el verdadero síntoma de la grandiosidad de los nuestros se vio en sus caras con el pitido final:  estaban jodidos por perder. Tanto que todos y cada uno de los componentes del cuadro estadounidense, fueron a consolar a Pau Gasol. Y cada vez que se recuerda, nudo en la garganta.

En Río 2016, la última cita olímpica, fue de ELLAS. Entraron a hurtadillas en unos Juegos en Barcelona’92 y llegaron a centrar las miradas de todo el país, hasta conseguir su primera final olímpica ante las imbatibles estadounidenses a la sombra del Corcovado. La Selección Española femenina dio luz a nuestro baloncesto, por encima del bronce masculino, que pagó un renqueante arranque con dos victorias. “Gracias por hacernos soñar” era un canto alegórico a ambas selecciones por todo lo que nos habían dado impreso esta vez, en formato mensual, generoso y entregado en sus páginas, como los aficionados delante de la tele.

Y ahora toca esperar pacientemente a Tokio. Y degustar estos 1500. Pongan la columna vertebral a su trayectoria que prefieran. Esta vez, hemos echado la vista a los Juegos Olímpicos. Ocho ediciones nada menos. Y gracias a la cobertura de GIGANTES del Basket, para los éxitos y los sinsabores, con la revista en nuestras manos, siempre nos hemos sentido importantes.

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