Carlos Alocén, perla en nuestro baloncesto

Carlos Alocén, perla en nuestro baloncesto

Antonio Rodríguez

              “Es la perla de nuestro baloncesto nacido en el año 2000”. Con casi dos años menos que el resto de compañeros, Carlos Alocén nos cautivaba en Endesa Basket Lover. “Se equivocaba, cometía errores y perdía balones. Pero no pedía perdón. Seguía a su tarea sin arrepentimiento, con el descaro que en la próxima ocasión lo haría bien. Y lo hacía. Y esa actitud es una bendición en un jugador que tiene que brindar grandes tardes de gloria a su club y más que probable, a la Selección absoluta”.

              Este verano se cumplen cuatro años de aquella afirmación que… íbamos a decir que nos aventuramos a exponer. ¡Qué va! Aventura no había ninguna. Se ve cuando un jugador va a ser una estrella, aunque esté en ciernes. Carlos Alocén era el mejor jugador de la Selección Española “juvenil” en la Copa del Mundo sub-17 disputada en Zaragoza en 2016. A pesar de su inexperiencia, pues aún era un niño de 15 años. Alejandro Martínez, el seleccionador español entonces, le usó en cuatro encuentros a lo largo de la competición.

              El niño creció, se creó un escaparate desde Zaragoza, se hizo importante y cuando fue fichado por el Real Madrid, se tomó la temporada de cesión para ser el líder del equipo, llegando a la élite y cristalizando un producto, otro más, de la prolífica cantera de esta bendita ciudad a lo largo de tantos años. Ahora toca vivir un nuevo episodio, esta vez a las órdenes de Pablo Laso. A bordo de un nuevo buque de gran tonelaje. El que supone ser candidato año tras año en quedar campeón de la Euroliga y casi tener la obligación de serlo en Liga Endesa. Lugar donde se miden muy mucho las incorporaciones y gusta que el armazón que sostiene el peso del proyecto sea nacido y criado aquí, para identificación de su exigente afición, de su presidente luciendo éxitos con la sección de baloncesto, sacando pecho porque un buen puñado de los suyos, regresen además con una medalla colgada del cuello conquistada con la Selección Española en los últimos días de verano. 

              En estos cuatro años hemos disfrutado de la evolución del jugador, pasos firmes, uno tras otro. Nos acostumbramos a que su viva mirada calcada de su madre sea ávida para aprender, para comprobar que año tras año, ofreciera algo nuevo. Todo sujeto a las ambiciosas riendas de los genes competitivos de su padre, Alberto, que nunca daba un paso atrás en la ACB de hace 30 años, ni para tomar carrerilla. Y así, al chaval lo vimos cómo era capaz de penetrar a canasta cuando veía opción, hasta dentro, como los convencidos, susurrando al oído del aro que sumase una canasta más mientras la ornamentaba con toda gama de recursos.  Y claro, el pabellón Príncipe Felipe estallaba. Porque tales entradas suponían arrodillar al Barça, al Real Madrid o al Baskonia, disfrutando minutos finales de autohomenaje, porque los encuentros ya estaban sentenciados a esas alturas.

Que Carlos Alocén ha mejorado el tiro exterior como para ser uno de los tiradores más destacados en España, eso es un hecho. Su gesto natural, acompasando todo el cuerpo al ritmo de sus estilizados brazos, tan solo tenía la asignatura de repetirse en sesiones miles y miles de veces para destacar. Cuestión de tiempo y sudores. Y lo que al principio era ver los primeros resultados tras infinidad de ejercicios de recibir y tirar, hoy día es un paso más: misma eficiencia en suspensiones tras bote, buscando exigencia en la oposición.

Estamos hablando de un base que, con su 1,94 de estatura, superará en muchos casos a sus pares por altura y capacidad física. Que los rivales mirarán desde ahí abajo cuando decida levantarse, incapaces de igualar su explosividad en un cuerpo grande para su posición en pista. Su decisión en las suspensiones a media distancia aprovechando bloqueos, resquebrajando las dudas en los adversarios si decidirá penetrar o doblar el balón, pueden tener un valor incalculable en él. Bueno, su decisión en definitiva. En todos los aspectos del juego.

La evolución de Carlos Alocén es tan natural como el curso de un río. Ya ha tenido minutos como joven, ya ha destacado y liderado a su club del alma como uno de los grandes talentos de nuestro baloncesto. Pero la progresión debe continuar y ahora toca medirse entre la mayor élite europea cada día, el Real Madrid, en cada entrenamiento, en cada partido. Sellar un nuevo lenguaje que supone moverse en ese status de pocos clubs elegidos. De privilegio y de exigencia. Mejorar bajo el marco de estos nuevos condicionantes con la sal y pimienta que siempre dio con su imaginación, su infantil brillantez que siempre dio a su juego en atreverse a lo que toque. Que su juventud (nacido el 30 de diciembre del 2000, aún con 19 años) siga proyectando la perla que es. En su club y en nuestro baloncesto.