Ferrán Bassas, regresar a casa como un ídolo

Ferrán Bassas, regresar a casa como un ídolo

Antonio Rodríguez

              La Plana, el colegio Sant Josep, la posterior pista de Ausías March… geografía badalonesa representada en recintos emblemáticos, señalizados por el soniquete del “tap, tap, tap”. Un balón botando, en cualquier rincón de sus esquinas y un niño predestinado a tener etiqueta final de producto acabado. Con denominación de origen, por supuesto. Etiqueta verdinegra, tras pasar por la escuela del Joventut. Identificados con la pureza en los fundamentos, trabajos de perfeccionamiento tallados con cinceles de la misma finura que la pluma de James Naismith con las que escribió las primigenias 12 reglas de nuestro deporte.

              La Penya como bendita factoría en ofrecer un paso más en talento y una identificación por encima de los jugadores que les representan en el primer equipo. De Enric Margall y su coreográfica movilidad para un gigante de la época, a los gestos geniales de Artur Zagars dominando el balón hoy día, representación de lo que allí emana. 

              De entre todos ellos, los directores de juego han tenido su especial importancia. Es como un paso evolutivo más, certeros representantes de un escudo que entiende los entresijos de este deporte: los hermanos Jofresa, Iván Corrales, Raül López, Ricky Rubio… Alumnos salidos en sus calles en los últimos 40 años, maestros cuando expanden su sapiencia en edad adulta en otros parajes. Y como colofón al reconocimiento, claro, todos ellos formando parte de la Selección Española.

Ferrán Bassas en su anterior periplo verdinegro, temporada 11/12.

              A veces, tales privilegios tardan un poco más en descubrirse a ojos de los demás, pero lo hacen, porque la escuela verdinegra es inconfundible. En esta reciente Fase Final de Valencia 2020 hubo un jugador que hizo magia. Sí, creemos en Endesa Basket Lover que es hora de empezar a considerar a Ferrán Bassas como una estrella de nuestra liga. No se dejen engañar que, por su estatura y aparente fragilidad, parezca que no llegue a auparse al muro hacia donde están los elegidos. Sí lo hace, sí. A golpe de inteligencia y de triples. El “Zipi & Zape” junto a Vítor Benite del San Pablo Burgos que se llegaron a las semifinales e hizo soñar a una ciudad entera, regresa a su casa, a Badalona, como un ídolo.

El triple ante MoraBanc Andorra. ¡Qué triple! Unos tiradores exhaustos por la carga física de cinco partidos en diez días, por la presión de toda una ciudad poniendo sus ojos en aquel balón, deseando hacer saltar hasta su catedral. Y Bassas tuvo la dureza mental de dejar a un lado el agotamiento y echarlo todo a la suerte de esa muñeca mágica y un tiro. Con suspense, pero el balón cayó desde el cielo a la mullida capa de bufandas de San Pablo que había bajo ese aro. Y el júbilo posterior. Bueno, por dentro, que Pablo Aguilar y Augusto Lima se felicitaban con una mirada desde el suelo, incapaces ya de mover un solo músculo.

Un triple para la historia de San Pablo Burgos

Ferrán Bassas vuelve a casa. En verdad que nos parecía increíble que el Joventut llevase tantos años sin ser dirigidos por un base de la casa, de aquellos niños que corretean por los alrededores del Olimpic. Demon Mallet, Nico Laprovittola, Sarunas Vasiliauskas, Albert Sabat, Clevin Hannah… Tocaba importar adolescentes talentosos como Nenad Dimitrijevic y Arturs Zagars para darles el toque verdinegro de formación. Pero bien es cierto que desde Guillem Vives, el primer equipo no contaba con un sello tan característico en su historia. Por ello, deben estar de enhorabuena al recuperar a Bassas, el joven que debió emigrar a tierras LEB Oro, a asomarse y asentarse desde Tenerife, a ser reclamado en Burgos como base consagrado y cerrar el círculo nuevamente en Badalona siendo una estrella. Que repetimos: lo es.

La apuesta verdinegra para el siguiente curso es ambiciosa. Llega Pau Ribas y nombres que aún se van barajando para engordar la plantilla. Todos ellos buscarán la mirada de Ferrán Bassas, de la marca de jugada con su batuta, de apartarse cuando a su director de juego le dé por decidir. Que el chico es así.

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