Una maravillosa excepcionalidad (Editorial)

Una maravillosa excepcionalidad (Editorial)

Antonio Rodríguez

              No, no éramos muchos los que creíamos sobre una Fase Final para dirimir campeón en el ejercicio 19/20. El mes de abril del pesimismo dio paso a un rayo de esperanza en su vigésimo día. Se presentaba un formato que decidiría en un futuro si jugar o no, a expensas de leyes gubernamentales. El pasado 30 de junio, la Liga Endesa tenía campeón: KIROLBET Baskonia. Qué lejos quedan ahora esos días de abril en el recuerdo. Qué lejos sonarán en el tiempo los ecos de esta Fase Final Valencia 2020 de finales de junio.

              La satisfacción es enorme. Esta competición cuajó, su run-run era mayor cuanto más se acercaba y la disputa de los 33 partidos en 12 jornadas han dado uno de los momentos más icónicos de la historia de la Liga Endesa. Por lo extraño de la situación y por su desarrollo ¿O no es icónico el gesto de Achille Polonara subiendo las gradas, en un exultante arrebato de no-saber-qué tras verse campeón, algo que quedará en nuestras retinas a saber por cuánto tiempo? Es difícil digerir esos primeros segundos de éxtasis.

              Ahora todo son palmadas y bendiciones. La ACB dio un paso tan arriesgado como valiente. Empezaron levantando el telón a un sistema de competición atractivo, una sede con todos los exigentes condicionantes, aparte de depender de un exhaustivo control sanitario que, por muy perfecto que fuese, siempre entraría el factor suerte. Y todo se dio para bien: la llegada al acceso, con numerosas medidas en La Alquería, piso desinfectante, detector facial y corporal de temperatura, dispensadores de líquidos … y pasar por donde no podían pasar los jugadores. Y viceversa. Equipos que ante el retraso de algunos partidos por prórrogas, alargaban calentamiento en las pistas de La Alquería como una muesca más de todas las facilidades de un recinto que da para sentirse orgullosos. Y luego, a “la burbuja” de hoteles para los participantes y organizadores. Sin traspiés alguno, la base sobre la que se pudo construir esta Fase Final Excepcional, resultó todo un éxito. Ya podemos pensar en el aspecto deportivo.

              Ahí sí que entraban las dudas, sobre todo tras la sensación ofrecida en la primera parte del primer encuentro. El Barça, sin forzar ninguna marcha, volteaba a un Joventut que se le veía falto de ritmo de juego, como unas cuantas velocidades menos y sensación de cámara lento. ¡Uf, si eso era lo que nos esperaba! Los propios verdinegros en la segunda parte se encargaron ya de negar esa cara. Y a partir de ahí, ver a San Pablo Burgos exultantes, a Ioannis Bourousis sintiéndose sano con ganas de ganar, a Unicaja con alegría, RETAbet Bilbao respondón y los jóvenes de Casademont Zaragoza con un hambre por competir, que nos encanta ensalzar a estas edades. Los miedos iniciales, disipados.

              En la segunda jornada todos nos dimos cuenta que este libro no era de bolsillo, sino que había que engalanarlo con tapa dura y sacarlo lustre para la estantería de lujo. Primer traspiés del Real Madrid ante los burgaleses, que parecen supermanes. Que Baskonia se toma esto muy en serio, aunque no aguanten al F.C. Barcelona hasta el minuto 40. Y jugadores que destacan como no solía ser habitual. Iberostar Tenerife, equipo al que más le costó encontrar el rodaje, da la alternativa a quienes rodean a las estrellas, porque estas cuentan con problemas físicos. Y con Nick Zeisloft a la cabeza, ganan dos encuentros consecutivos para decir adiós con la cabeza bien alta. Jonathan Rousselle animaba a sus compañeros y guiaba allá donde parecía que no podían llegar. Alberto Abalde es el principal estandarte -¡al fin!- de los suyos, con las ideas tan claras como las de un veterano de lo que hacer y sacar provecho a cada momento. Vítor Benite y Ferrán Bassas fueron el “Zipi y Zape” de esta Fase Final, con el respaldo de Rivero y Lima, que se les veía en el parquet alguna ocasión que otra, porque decidían que estaba bien aterrizar en suelo firme de vez en cuando. Dejan Todorovic crecía a golpe de triple… Muchos, muchos argumentos para disfrutar de la competición.

              El drama y el cataclismo del Real Madrid cuando Guillem Colom les golpea con triples, Frantz Massenat pierde cualquier temor para entrar hasta el mismísimo aro, porque de Tavares ya se encargaba de frenarlo su sufrido compañero de nombre impronuciable. Dejémoslo en “Tunde”. Es difícil valorar una situación como la de los vigentes -hasta entonces- campeones de Liga. Faltos de disposición mental que quizás les llevó a no tenerla física tampoco, durante la preparación.

              Y todo acaba con el título de KIROLBET Baskonia, en una final emocionante como un buen puñado de partidos hemos tenido en esta Fase. Pero esto era la final. Y apreciar una tensión y presión enormes. Sí, eso también se crea en un escenario vacío de público, excepto por eufóricos directivos y banquillos que ponían su grito de ánimo en el techo del recinto. Una caldera de gradas vacías. Tan tremendo como cierto. Un “pincha” que es un fuera de serie en algo tan difícil como es la ambientación en un pabellón así, una calidad de sonido para el televidente de impresión (las instrucciones desde el banquillo, el estallido metálico del impacto ante el aro) y con el corazón en un puño, que dio como resultado la canasta de Luca Vildoza y el trofeo que se va para Vitoria. Increíble, pero fue así. Se lo merecieron.

              Y decir adiós a este maratón de baloncesto, es difícil. Toca digerirlo y valorarlo. Creemos en Endesa Basket Lover que ha sido algo histórico y que todavía no alcanzamos a saber cuánto. Lo recordaremos por mucho tiempo como un regalo que el destino y unos directivos decididos, se atrevieron a ejecutar. Y ya ven, dar paso a los protagonistas, que son los equipos. Y ellos nos brindaron lo que ahora nos mantiene en una nebulosa, 48 horas después, en un no-sé-qué… Qué casualidad, como Polonara.

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