La ira y gloria de Zeus

La ira y gloria de Zeus

Antonio Rodríguez

        Ioannis Bourousis es dios. Y sobre tal premisa, comenzamos este artículo. Es un jugador con un conocimiento y una capacidad tal para jugar a baloncesto, que hay que considerarlo dentro un olimpo que, quienes lo vemos tan a las claras, debemos mostrarlo a la mayoría de aficionados que ven una enormidad de reticencias ante tan contundente afirmación. Pero sí, es dios. ¿Qué jugador sin pasar de los 20 minutos por partido es capaz de realizar tales estadísticas? Estamos hablando de 16,7 puntos por partido, con un 66% en tiros de campo y 40% en triples. El center del equipo, el lento y lastrado por las lesiones pívot del Herbalife Gran Canaria que no ha fallado aún ninguno de sus 14 tiros libres intentados en la Fase Final de Valencia’20. Exceptuando los 16 puntos que promedia Robin Benzing, nadie más, ni por aproximación, se acerca a tales estadísticas. Lo que ocurre, que como todos los dioses helenos, donde protege y da seguridad a “su pueblo”, también tiene ataques de ira y pecados de soberbia. No por ello se humaniza, no se crean.

              “No, a mí no me gusta hablar de mi aportación individual, sino de lo que significa para el equipo” declaraba en una entrevista televisiva tras la importantísima victoria de su equipo ante San Pablo Burgos, en la prórroga, por 91-87. A regañadientes accedió a ella, porque como a los dioses, no gusta dejarse ver. Eso sí, 25 puntos, 7 de 13 en tiros de campo y 9/9 en tiros libres, como sus 2/2 en triples en el día que tenían que ganar. Hoy se enfrentan a Casademont Zaragoza para seguir aspirando a una de las dos plazas de semifinales en juego en el grupo B. Cuando salta a la pista, ya se cuenta con su ritmo al trote, la parsimonia en sus gestos con el balón parado, pero su cabeza permanentemente funcionando. Y empieza a ordenar y mandar a sus compañeros. Y es cierto, hay que tener carácter para soportar las órdenes de un compañero, porque ni es habitual ni es fácil. Y mucho menos, sus reprimendas. Porque es un continuo. A John Shurna se abronca porque no cortó a canasta cuando Bourousis estaba en poste bajo sufriendo un dos contra uno. Es difícil pensar que tenía opción de pase. Pero es tan excelente jugador que el norteamericano debía entender que sí, que sería capaz de pasarle la pelota. Y a veces, toca momentos de ira y aguantar la que le cayó a Xavi Rabaseda de forma injusta, porque según él, no le avisó de alguien que entraba al rebote cuando el alero catalán estaba a otros quehaceres. Y toca soportarlo, porque son letra pequeña dentro de un marco que, si se le hace caso, te llevará a la gloria.

              Este señor fue capaz de ganar la partida a la pareja interior que más pavor dio en 2016 en toda Europa, Jan Vesely y Ekpe Udoh, en una tarde berlinesa que recordaremos por siempre. En aquella semifinal de Final Four, Bourousis tocó el cielo, mandó y minimizó al rival. ¡A Fenerbahçe! Y en Endesa Basket Lover creemos que nunca perdonará a Darius Adams que se atreviera a lanzar el triple decisivo -que falló- en las condiciones en las que lo hizo. Bourousis quería que pasara el balón por sus manos en la jugada, porque puestos a que la tirase Adams, ya se encargaría nuestro protagonista en pasarle el balón en las mejores condiciones. Que esto es baloncesto y es un arte fácil dominado para él. Porque lo entiende y porque tiene ese pecado de soberbia de sentirse todopoderoso en todo lo que hace, con hechos. Pero ¿no es cierto, cuando llevó a Baskonia a un lugar donde ni Real Madrid ni F.C. Barcelona llegaron aquel curso?

              En Valencia anima a Beqa Burjanadze cuando el georgiano siente la sintonía con él, pide a los aleros que corten por la zona hacia el otro lado, porque en pocos segundos recibirán un regalo con su firma: el pase en el momento oportuno para sus tiros exteriores. Ioannis Bourousis se siente más sano que en ningún otro momento de la temporada, donde asumimos que lo ha pasado mal. Y no le gusta decepcionar, ni a su equipo ni a él mismo. Malos meses fueron los de la liga regular 19/20. Vanos intentos de su entrenador, quien mejor lo entiende, Fotis Katsikaris, en darle protagonismo y viéndose superado. Frente al Real Madrid en esta Fase Final, hizo un pivote por línea de fondo en uno contra uno ante Tavares, que éste, sorprendido, se lo quedó mirando con un “pues sí, me la ha hecho”. Y aunque la acción no acabó en canasta porque, como ya decimos, sus pies no son los de hace 5 años y no respondieron con la fuerza que necesitaba, su baloncesto quedó patente. Y la última posesión en tiempo regular ante los burgaleses fue un uno contra uno que estaba convencido que anotaría de gancho. Falló. Y sí, eso lo humanizó un poquito, pero se encargó de solventar en la prórroga a base de tiros libres. Que repetimos, 14 de 14 en los tres partidos jugados hasta este momento.

              Como aficionado, sacando la lupa, podemos disfrutar de él, de su cuidado en la zona ante penetraciones rivales, de su bloqueo del rebote para que otros lo aseguren, de sus pases y su concierto, como pocas veces lo hacemos con un jugador. Por eso, claro que es dios. ¿Cómo no va a serlo?

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