El atronador silencio de un escenario

El atronador silencio de un escenario

Javier Ortiz Pérez

              Aunque no lo crean, uno de los momentos más reconfortantes en cualquiera de los pabellones de la Liga Endesa, es el silencio y la calma que se respira dos horas antes del inicio de cualquiera de sus espectáculos. Aun semiapagado, ultimando pequeños detalles para la que se avecina: azafatas colocando los programas cuidadosamente en cada asiento, operarios ajustando las pegatinas publicitarias del parquet, avisos a los encargados de seguridad que en breve llegará el autobús con el equipo visitante… Desde el parquet, echar un vistazo a las gradas, todas despobladas, es realmente impactante por lo que significa. Es de una gratificante solemnidad.

              Y lo es por lo que se supone que sucederá en poco más de cien minutos. Apenas se fuerza ruido alguno hasta el punto que se habla en voz baja para no romper esa liturgia. Recintos tan grandes con esa quietud, en verdad impresionan. Poco a poco todo aquello se va rompiendo. Salen los jugadores más madrugadores a tirar a canasta junto a un ayudante que les pase balones, las cheerleaders comienzan a ensayar coreografías con música y las pruebas de bocina en mesa de anotadores producen punzantes golpes de sonido que sobresaltan. Más tarde, los aficionados van llegando y todo comienza a tomar color.

              Del 17 al 30 de junio, la Fonteta valenciana estará preparada para acoger toda esta parafernalia descrita hasta ese momento. Y quedará ahí. Equipos preparándose en la adyacente Alquería, trabajadores dejando en perfecto estado de revista el parquet y operadores de cámara ajustando y probando sus herramientas, exclusivos ojos para la riada de aficionados que habrá delante de las televisiones para disfrutar del espectáculo que se avecina en esta próxima “Final a 12” de la Liga Endesa, del que saldrá el campeón en el ejercicio 19/20.

              Nos vamos informando que los equipos ya van entrenando con toda la normalidad. Permitidos los contactos, benditos contactos, los ejercicios en colectividad y los partidillos van ganando en ritmo, en intensidad de esta nueva puesta a punto. “Hace tres semanas, ni imaginaba que la temporada pudiera reanudarse” confesaba abiertamente el jugador del Herbalife Gran Canaria, Beka Burjanadze. El tedio de estar preparándose en casa, sin familia le hizo pensar que “estos dos meses me han parecido dos años”. Él, viendo las medidas de seguridad que se están tomando, resta temores y alza sus deseos de competir. Hay que ir elevando el listón de intensidad. No hay mucho tiempo y como el alero del F.C. Barcelona Adam Hanga reconoce “quien esté mejor preparado mentalmente, será el que obtenga ventaja”.

              Desde Málaga, vemos las primeras fotografías de forcejeos por la posición bajo los aros. Este es un deporte de choque en la pintura y ya lo estamos viendo. Manolo Rubia, importante figura en los despachos del club, vaticina “una experiencia muy bonita. Será un torneo totalmente diferente, nunca se ha vivido y puede dar oportunidad a todos a dar sorpresas”.

              Y es que esto es así. Los favoritos, a partido único en la fase de grupos, como en las semifinales y final, tienen una mayor carga de incertidumbre que inquieta. Dusko Ivanovic, entrenador de KIROLBET Baskonia, declaraba tras poder acceder al Buesa Arena y dirigir los primeros entrenamientos “volvemos al trabajo, con la aspiración de ganar”. ¿Por qué no? Esta competición convierte las quinielas más abiertas que nunca. Un mal día, puede echar al traste todas las opciones. Al fin y al cabo, este torneo está calcado de los Eurobaskets que se disputaban a principios de los 80 y quienes tuvieron ocasión de vivir aquello, saben la incertidumbre que provoca una temprana derrota de cara a la clasificación final (los dos primeros de ambos grupos de seis equipos). Eso, suponiendo que aún se siga con vida.

              La espera ha hecho que la expectación sea máxima. Eso sí, con diferente banda sonora. El atronador silencio de los pabellones, se romperá únicamente con los gritos y las indicaciones de los jugadores en pista. Podremos escuchar en su máxima intensidad toda la oratoria de los protagonistas en la cancha, intuir el grado de concentración por estar pendiente de todo y de entusiasmo al gritar, animando al grupo. Habrá mucho de eso. Y añadan la guerra desde los banquillos. Ocultando instrucciones en la medida que sea posible, siempre llegará ese salto desde el asiento, azuzado por el deseo de ordenar corrección y bramar defectos en los pupilos. Y así se puedan delatar ciertas tácticas, que en otros momentos, con el fragor del público, acaban ocultos. El mismo fragor que sentirán los aficionados, porque en definitiva, la espera ha sido excesiva. 

LA HUELLA DE JAYCEE CARROLL