El espectáculo televisivo del baloncesto

El espectáculo televisivo del baloncesto

Antonio Rodríguez

              En la era ochentera más de papel que de imágenes en televisión, un reconocido periodista, John Feinstein, decidió basar uno de sus libros en la experiencia de seguir a uno de los hombres más emblemáticos y pintorescos del deporte estadounidense. Bob Knight, el irascible entrenador de la universidad de Indiana, había pasado de ser un semidiós tras la consecución de la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Los Angeles’84, a intentar sostenerse sobre un lodazal meses después, al no poder clasificar a su equipo en el Torneo Final de la NCAA, debiendo conformarse con jugar el más modesto NIT, que ni tan siquiera ganaron. Feinstein pensó que la siguiente campaña, la 85/86 era el momento perfecto para su proyecto. El entrenador le dio permiso y acceso a todo lo que quisiera durante el curso al completo. De ello, salió uno de los mejores libros de la historia del deporte, “The season on the brink (La temporada al límite)” que al propio Knight no gustó y sirvió para no hablarse en los años posteriores. Sin embargo, como ensayo, es magnífico.

Con el curso de los años y con la imagen predominando ya desde finales del siglo XX, se llega a un acuerdo para grabar y entrevistar abiertamente a los jugadores de Chicago Bulls durante la temporada 97/98, que entremezclado con entrevistas actuales, ha dado lugar al serial documental que todo el planeta ha estado mencionando durante esta pandemia. “The last dance” es un ejercicio perfecto de plantearse cómo afrontar un contenido, con qué medios y hasta qué límites. Puede llegar a ser sorprendente la calidad de imagen que conservan del primer trienio de éxito de los Bulls, desde el primero hasta el último de sus títulos. La explicación es tan sencilla como costosa: ¡porque lo graban con cámaras de cine! Es algo que llevaban ya haciendo décadas, porque en momentos estelares como una final, su cultura les dice que hay que exhibir y conservar esos momentos. Y es curioso cómo esas imágenes tienen más calidad que las exhibidas en las plataformas audiovisuales hoy día. Les recomendamos que viajen por youtube y busquen sobre la final NBA de 1974 y verán con qué calidad tienen tratado el 7º partido de esa serie entre Milwaukee Bucks y Boston Celtics, asumiendo las limitaciones del pabellón, sobre todo la escasa iluminación de entonces. La segunda pregunta, son los límites. ¿Hasta dónde se puede y se deja grabar y operar? Esta mentalidad se encierra con una palabra: tradición.

¿Tenemos en España esa tradición? Hoy día se está exhibiendo en diferentes plataformas digitales, productos audiovisuales muy interesantes. Tanto trabajos de “arqueología” como los reportajes sobre la carrera de Diego Maradona, Ayrton Senna o los “Vintage” de Teledeporte, en los que se intenta montar junto a declaraciones actuales de sus protagonistas, con las imágenes que hay, un producto de la mayor calidad posible. O por otro lado, algo a la carta, como el documental a Sergio Ramos que, previa acuerdo y gratificación económica, se permite un futuro acceso y durante tiempo limitado a lugares no vistos hasta entonces. Me cuentan que con los clubs de fútbol de la Sociedad Deportiva Huesca o el Atlético Club Osasuna se están haciendo cosas muy interesantes. Parece que, aun sin haber tradición, se está creando un aura que está empapando, sobre una muestra del escaparate y las interioridades, que en el fondo no deja de ser algo promocional. Y eso va calando y todos los aficionados al deporte lo disfrutan.

Recuerdo que como bienvenida al recién contrato firmado por Canal+ con la ACB en 1999, la plataforma televisiva pactó con la liga grabar con un operador de cámara, motivos de la final de liga de 1999 entre F.C. Barcelona y Caja San Fernando, cuyos derechos aún pertenecían a TVE. Y Canal+ grabó aquello en cine, para hacer una muy interesante pieza de 15 minutos a modo de mini documental mostrando, tanto atractivos planos de juego con esa embriagadora definición, como el momento matutino de Aleksander Djordjevic al levantarse e ir al baño. Era un paso más a la mentalidad audiovisual del deporte, que en su mayoría cubría partidos y entrenamientos. Claro, ver cómo TVE llegó a tener oportunidad a grabar el acuerdo entre Ramón Mendoza y Vicente Calderón por el fichaje de Hugo Sánchez en un restaurante madrileño, era un paso más a las marchas de aficionados, entrenamientos y partidos, iniciativa a lo que todos los televidentes nos sumábamos.

Así que, es tiempo para las dos cuestiones: ¿Es posible hacer un “The last dance” hoy día en uno de los clubes punteros en España? ¿Dónde están los límites y hasta dónde permiten? Hay dos momentos del documental de NETFLIX que en Endesa Basket Lover nos llamaron poderosamente la atención. Uno, cuando llaman a la puerta de la habitación de Michael Jordan y entran para charlar con él, cuando estaba descansando en el sofá de su suite y lamenta la presencia de terceros cuando confiesa abiertamente que estaba disfrutando del relax y la soledad, con un puro en la boca. Incordio, pero es lo pactado y lo respeta al máximo. Me cuentan que la pieza sobre Maradona en Nápoles y durante las entrevistas que le hicieron en la actualidad de aquello, el director confiesa que el genio argentino se revolvía con algunas conflictivas preguntas sobre temas delicados de mafia y drogas. Y tenían pactado -y abonado en la cuenta bancaria del ex futbolista- poder hablar de todo. El otro momento impactante al que nos referimos en la pieza de NETFLIX fue el de ocultar a Dennis Rodman por túneles nada habituales del United Center, a su vuelta de Las Vegas, en la escapada que hizo durante el 3º y 4º partido de la final NBA de 1998, por evitar a los medios. El cámara estaba allí y eso es algo digno de sorpresa y casi alabanza. Tuvo un trato de favor en el que fue informado del “quédate aquí, que por aquí pasará” como un privilegiado o como simple profesional que tiene que hacer un trabajo sin cortapisas a posteriori. Y lo anecdótico es que también filmó cuando algunos reporteros vieron a Rodman a lo lejos y tras un “¡por allí va!”, salieron corriendo. Ese trato de favor y facilidades nos embaucó, repetimos.

Y pensemos que fue por todo un año el seguimiento y la grabación, con las molestias y el incordio -indudable- a sus protagonistas. Seguro que habría cierta fricción, pero el material está ahí y lo hemos visto. Es maravilloso. ¿Hasta dónde un club o las propias agencias de jugadores ponen los límites? La tendencia es que, con intereses económicos de por medio, la mentalidad se va abriendo porque los productos cada vez son de más calidad. Claro, ser protagonista en un “Informe Robinson” es, como un representante de una agencia de jugadores define “poseer un Oscar”. Y eso alimenta la expectación y el deseo de la celebridad por dejar hacer algo con él. También la agencia de representación cuenta, porque indirectamente es un escaparate de su forma de trabajar. Todo esto se complica cuando el objetivo es un equipo al completo. Por eso hay tanto mérito y por eso, la pregunta y la ambición de, no ya querer recrear una épica historia pasada o abrir las puertas a un escenario en las próximas semanas, sino poder cubrir un evento, sea liga o Mundial sin cortapisas, está en el aire.

A eso añadan la apuesta real por la industria audiovisual, entre la propia competición y la plataforma televisiva, de poner los mejores medios posibles. Vistas algunas instantáneas de cómo entrevistaban en la actualidad a Jordan, son mareantes. El mercado llega… hasta donde los protagonistas quieran. Aquí, en Endesa Basket Lover dejamos el debate para la reflexión y vuestras conclusiones.

 

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