Nuestros All Stars NBA. Nº7: Ralph Sampson

Nuestros All Stars NBA. Nº7: Ralph Sampson

Antonio Rodríguez

Ralph Sampson fue estrella de las de verdad, de aquellas que no parecían tener techo ni fronteras. Era una estrella del mismo calibre que los NBA sin pisar ningún parquet NBA. Ídolo desde high school sin hype de youtube ni redes sociales, sino siendo portada de aquellas publicaciones que se tornaban en biblias semanales para los aficionados, de obligada peregrinación al kiosco. Fue elegido nº 1 en el draft en 1983, rookie del año en 1984 y Jugador Más Valioso (MVP) en el All Star Game en 1985. Sus 2.24 de estatura y su agilidad le hicieron encumbrarse a lo más alto, hasta donde él llegaba. Una canasta milagrosa en la final de conferencia de 1986 en el mismísimo Forum de Inglewood, el de los Lakers, dejaba a los angelinos fuera de las finales de un plumazo, alzaba a Houston Rockets a las finales NBA, cuando tres años antes fueron el hazmerreír y presentaba ante el mundo, junto a Olajuwon, aquel apelativo que tanto vendió: las “torres gemelas”.

“Sus números se hubiesen disparado con un base decente” afirma Anicet Lavodrama, sobre los años iniciales de Ralph en Houston. “Su tiro en suspensión era perfecto y los ganchos, te aseguro que eran desde muy, muy arriba” recuerda Rafa Vecina, posterior compañero suyo en Unicaja Ronda. Porque efectivamente, este portento como jugador, pisó las pistas de la Liga Endesa. En Málaga.

Era como ver el hombre perfecto del Renacimiento en el mundo del baloncesto. Botaba el balón pasándolo por detrás de la espalda, machacaba en contragolpes dando el último paso dentro del círculo de la bombilla y lanzaba suspensiones tras bote como los aleros. Es como jugar a ser científico de cómic, de diseñar un prototipo perfecto y darle el toque final de ampliarlo hasta algo exagerado. Y que siga siendo perfecto. Eso sería Ralph Sampson. El multimillonario Ted Turner pretende fortalecer su recién creada cadena Turner Network Television (TNT) con un golpe de efecto en los últimos meses de 1982. Emitir algo que tuviera el gancho y la seguridad que todos estarían delante del televisor. Y se fijó en el mundo del deporte. En particular, el deporte universitario. Y para ello, eligió a Ralph Sampson. Un encuentro de su universidad, Virginia, ante el otro gran bastión del baloncesto estadounidense que pudiese enfrentarse a él: Pat Ewing. El Georgetown-Virginia fue de los encuentros de baloncesto con más audiencia de la historia. Sampson logró 23 puntos, 16 rebotes y 7 tapones. ¡Ah! Y la victoria (63-68).

 

En Indianapolis’85, en el mismo All Star Game en el que debutaba Michael Jordan como rookie, Sampson, ayudado por Magic Johnson (eso sí que era un base de verdad), logró ser el MVP en la cita, con 24 puntos (10/15 en tiros de campo) y 10 rebotes. El día en el que se fantaseó “… ¿y si fuese el nuevo Jabbar?” Ganador del NIT en su año freshman con Virginia, en 1980, pasaporte para la Final Four NCAA un año después. Y claro Houston Rockets salivando mientras a golpe de “tanking”, para poder tener opción a elegirlo como número 1 del draft, hasta que lo consiguieron. Y llegó Akeem Olajuwon un año después, también como número 1 y los resultados se dispararon y la maquinaria del marketing comenzó a funcionar con “las torres gemelas”. En mayúsculas. Haciéndose un hueco en la liga y con dos años juntos, bastó para llegar a las finales NBA ante Boston Celtics. “Yo les vi hacer tres temporadas increíbles” confesaba su compañero Jim Petersen. “Pero la gente, aún así, quería más. Nunca puedes contentar a todos”. Y de repente, stop. Algunos dicen que tras la pelea en aquella final con Jerry Sichting, su carrera comenzó a ir en caída libre.

LESIONES, LESIONES

Llegaron las lesiones. Una operación en su rodilla en 1987. Broncas y disputas con su entrenador, Bill Fitch. “Fue víctima de la fama que le precedía antes de llegar a la NBA. Llegó a la liga con la pistola sin balas. Para lo que se esperaba de él, debió llegar con un tanque lleno de balas. Y él intentó, trabajando duro, ser alguien dominante. Pero no tuvo ese marchamo” declaraba un tipo duro de las zonas en la década de los 60, Nate Thurmond. El mítico entrenador de la universidad de Marquette, Al McGuire, apelaba a su falta de necesitar para agudizar el gen competitivo. “Él se crió entre una familia acomodada, en un barrio acomodado, Harrisonburg, donde los chavales conducían sus propios coches. Fue a una universidad de caballeros, Virginia, señorial. Y no necesitó ser un tipo duro. Además, él no trabajó como debía físicamente en aquellos años. Sobre todo, los músculos de sus piernas. En baloncesto profesional, cuando eres tan esbelto, debes fortalecer tus piernas, porque van a estar empujándote constantemente”.

La eterna sombre del jugador que se divierte jugando donde le gusta. Y Ralph, hombre de repertorio infinito, disfrutaba allá donde desesperaba al rígido entrenador Bill Fitch. Nuevamente Thurmond, más de la vieja escuela, recalcaba que “la diversidad en su juego está muy bien. Pero cuando mides 2.24, tienes que jugar dentro. ¿Quién te va a hacer una falta más allá de la línea de tiros libres? ¡Tira si quieres!”

Las lesiones y la mala relación con su entrenador, forzaron el traspaso a Golden State Warriors, en su quinta temporada en la NBA. Don Nelson, con una filosofía de juego basado en hombres pequeños, aunque un grande con sus capacidades pudiera ser un sueño, apuesta por él. Pero exceptuando algún encuentro puntual, ve con frustración que la rapidez de movimientos ya no existían en el gigante Sampson. En año y medio le operan de sus rodillas tres ocasiones más. Entrenaba con todas las precauciones, aunque ponía toda su dedicación. Con su compañero Tellis Frank (otro posterior ACB) disputaba unos contra uno ajenos a los focos, que mostraban exuberancia técnica y carencias físicas. Es traspasado a Sacramento Kings, hundidos en la clasificación, curiosamente por quien fue su recambio en sus años de Houston, Jim Petersen, para sufrir dos operaciones más en año y medio. Sus rodillas ya no respondían. “Él aparentemente corre bien” decía su entrenador Jerry Reynolds, “Ágil, coordinado. El problema es cuando tiene que parar. Ahí se le ve la inestabilidad y cuando parece que no planta bien. Su primer salto es bueno. El problema cuando debe hacer un segundo salto consecutivo”. Sampson en los Kings es postergado a hombre de rotación, promedia 20 minutos y supera escasamente los 6 puntos.

UN EQUIPO EN APUROS

Unicaja Ronda estaba en la cola de la clasificación de la Liga Endesa. Durante los meses de noviembre y diciembre tuvieron una racha de 8 partidos, de los que 6 se solventaron por 3 puntos o menos. Perdieron cuatro de ellos. Algunos, como la visita a Madrid ante Estudiantes, perdidos con un triple sobre la bocina desde medio campo. Uno de sus teóricos pilares, el colombiano recientemente fallecido Álvaro Teherán, no estaba siendo la solución de sus problemas. A pesar de sus 2,16 de estatura, su escasa gama de juego al poste no le daba para ser un referente ofensivo del equipo, que era lo que realmente necesitaban, para acompañar a Valery Tikhonenko. Tanto el entrenador José María Martín Urbano, como el máximo gerente del club, Alfonso Queipo de Llano, intentaban buscar soluciones inmediatas para cortar una trayectoria que les llevaba al abismo. En aquel ambiente, un viejo conocido de la afición española, Norman Carmichael -pívot del F.C. Barcelona en la década de los 70-, les sugirió el nombre de Ralph Sampson como sustituto de Teherán. “Sí, nos dijo que estaba en forma, que estaba entrenando todos los días con él y lo veía bien” contaba Queipo de Llano. La opinión de Martín Urbano era tan sencilla como práctica. “Sabíamos que Sampson no estaba bien físicamente. Pero después de perder tantos partidos tan igualados, si nos garantizaba 10-12 puntos y coger otros tantos rebotes, un tío con 2.24 como él, pudiera ser la diferencia de perder de dos a ganar de dos”.

 

Azuzado por la entidad bancaria que patrocinaba, que tenía un especial interés promocional en la venida de un nombre así, Ralph Sampson llegó a Málaga. Se le puso una alfombra roja en su presentación durante el primer partido, se hizo un pasillo con todos los jugadores de la cantera. Pero al poco, se dieron cuenta que sus problemas físicos eran mucho mayores de lo esperado. “El primer balón que recibe en poste bajo, pivota, lanza una suspensión y el balón da en el canto del tablero. Nos miramos unos a otros” confiesa Martín Urbano. “Tenemos un problema”. También vio cómo tras los entrenamientos y antes de los partidos, se le sacaban varias jeringuillas de líquido sinovial de sus rodillas. “Él se cuidaba mucho. Sus músculos, ni un gramo de grasa. Muchas pesas en el gimnasio…pero con esas rodillas, no podía”. El drama del descenso para Unicaja Ronda se acrecentaba con él.

“Creo que nunca asumió en las condiciones en las que estaba. Él era Ralph Sampson”. Y frente a Anicet Lavodrama en un encuentro frente al OAR Ferrol, vio que no podía seguir compitiendo. Asumió que no daba el nivel. Alfonso Queipo de Llano tuvo que lidiar con el mal trago. “Le citamos en el despacho y le dijimos que no podíamos seguir con él. Que lo cortábamos. Aunque intentó aguantar, se echó a llorar”. Ocho encuentros en total, 7 puntos y 7 rebotes de promedio fueron sus últimos números, porque tras Málaga, se retiró de la práctica activa del baloncesto.

A diferencia de George Gervin en Manresa dos cursos antes, Sampson nunca pudo ayudar a los suyos. Mostró trabajo, cuidados, humildad entre sus compañeros en una tierra tan desconocida como amable, pero sobre todo mucha frustración. Una leyenda NBA como él no podía entender que un compatriota de dos metros pelados, recuperado del Melilla, vinculado de 1ª B, Edward Amos, con la calidad justita, pero con plenitud física, iba a ser su sustituto y finalmente, la llave para la salvación del cuadro malacitano. Adjuntamos el cuadro estadístico de sus buenos años en Houston Rockets a modo de terapia del amargo sabor y la tristeza de verlo en nuestras pistas. Junto a Andrea Bargnani, ha sido el único nº1 del draft que llegó a jugar en Liga Endesa.

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