ARTÍCULO: UN LUGAR EN EL MUNDO

ARTÍCULO: UN LUGAR EN EL MUNDO

Antonio Rodríguez

Una de las mayores delicias cinematográficas que jamás haya visto en una sala de cine, fue la película de Adolfo Aristarain “Un lugar en el mundo”. En ella, un joven residente en Buenos Aires viaja a una remota y olvidada zona campesina, donde transcurrió su infancia. En aquella infancia, se topó una vez con la visita de un geólogo español, interpretado magníficamente por José Sacristán, contratado por el terrateniente de la zona, quedando prendado de la humildad y humanidad de aquellos lugareños. Ambos, uno por el mero hecho de regresar a su infancia, para algunos la verdadera patria, y otro, porque de forma temporal y circunstancial encajó en aquel lugar, encontraron su lugar en el mundo.

El pasado domingo, en La Fonteta, Valencia Basket y Tuenti Móvil Estudiantes disputaron un partido realmente divertido. Es cierto que no hubo igualdad en él (84-67), sin embargo vimos arranques brillantes de los dos equipos, mostrando una cara amable que satisfizo las pretensiones de ambas aficiones. Los valencianos, ya con tres victorias consecutivas tras el traspié inicial ante UCAM Murcia, intentaron olvidar así, con alegría y buen juego, la mala vivencia en Estambul ante el Galatasaray en su última jornada de Euroliga. Los estudiantiles por su parte, enterrar su discreta imagen ofrecida ante su público frente a Iberostar Tenerife el pasado fin de semana.

Y si el partido estuvo vivo, fue porque tuvimos ocasión de ver arrancas individuales, muestras de talento de algunos jugadores ansiosos de mostrar sus habilidades, de encontrar ellos también, entre las tierras de la Liga Endesa, su lugar en el mundo.

Kresimir Loncar no realizó un encuentro destacado en estadísticas. Sin embargo en la primera parte, sí que repartió lecciones haciendo circular el balón desde poste bajo, para mayor gloria de sus compañeros. Diamond Simpson mostró su mejor cara, reafirmando que lo que tiene este ala-pívot, es un notable instinto reboteador (9 rechaces capturó, 4 de ellos ofensivos en la matinal del domingo), así como Guillem Vives, que ante la mala suerte de los valencianos, que obligados a que sus dos bajas perteneciesen a jugadores en la misma posición de juego (Romain Sato y Vladimir Lucic), obligara a Velimir Perasovic a utilizar a tres pequeños en su quinteto, haciendo lucir el desparpajo y el cada vez más acoplado juego de Guillem y el incremento de confianza entre sus compañeros. Junto a sus facetas destacadas en su juego, ensalzar su defensa: su facilidad para seguir a su rival, apoyado en una gran lateralidad, le hacen ser una cruz a su defendido, que por más bloqueos que pueda aprovechar, siempre lo tiene encima, con la amenaza además, de un tapón a su lanzamiento, por obra y gracia de sus larguísimos brazos.

Pero quienes más destacaron fueron Dwight Buycks y Jaime Fernández. Buycks recibió la primera sincera ovación de La Fonteta la primera vez que fue sustituido. El jugador estadounidense, desde la posición de escolta, ofreció a su equipo todas las virtudes de lo que puede ofrecer un tipo de rango NBA, por su explosividad y su velocidad de ejecución. Ya sea en lanzamiento exterior en triples o tras bote, como en entradas a canasta con gran determinación, que puede finalizar alzándose en una suspensión corta a mitad de camino de la penetración, para penurias de cualquier rival, Dwight reforzó la idea del referente ofensivo que puede ser. A Buycks, como el José Sacristán de la película, el pabellón valenciano le estaba pareciendo una estepa, por momentos hostil -el silencio aplastante que acompañaba a sus fallos en días anteriores-, haciendo complicado ser un superviviente. Desde su posición de escolta -mejor que la de base-, comenzó a ver en los aplausos, candor hogareño para empezar a mostrar todo el baloncesto que tiene.

Y por otro lado, Jaime Fernández. Jaime (19 puntos, 3/5 en triples), estuvo excelso. El joven producto de la cantera estudiantil -al igual que Juancho Hernangómez, que volvió a mostrar una polivalencia en su juego que nos hace frotarnos las manos para el futuro a cualquier aficionado del baloncesto español-, busca su lugar en sus orígenes, como el protagonista de la película. Remontarse a su infancia, cuando Jaime era un cadete y un junior que destacaba en la Comunidad de Madrid, en la Selección Española. La clase y ese tiro exterior demoledor, encerrados en un liviano cuerpo que obligaba a jugar como base, intentando amoldar, a veces esconder, las dudas que quizás ese cuerpo quede justo para la Liga Endesa. Son cinco temporadas ya en la primera plantilla estudiantil, producto mimado y que ahora sí, con actuaciones como la del pasado domingo, nos aseguran que tiene cabida y que puede destacar en nuestra competición, como escolta y cumplidor como base, donde ha aprendido a ser un buen jugador de bloqueo y continuación -repartió una magnífica asistencia el fin de semana-. Al fin, su enorme talento salió a flote en toda su magnificencia. Pilar de nombre y pilar de hecho en Tuenti Móvil Estudiantes.

Ya ven, es lo que las jornadas, como la caída de las hojas en este atípico y caluroso otoño que estamos teniendo, nos va descubriendo. Jugadores que se acoplan, jugadores que se reencuentran. Al fin y al cabo, su enorme calidad les asegura que todos tienen su lugar en esta lugareña Liga Endesa.