SPONSORS, REFLEJOS DE UNA SOCIEDAD

SPONSORS, REFLEJOS DE UNA SOCIEDAD

Antonio Rodríguez

En tiempos de una de las crisis más implacables que ha conocido nuestro país, con los fríos de abrigos, gorros y ojeadas a escaparates, llega la fiebre por lograr un decimito de lotería que aplaque penurias. Y en tales tiempos es cuando las colas son más interminables. Austeridad y escasos gastos en ocio, pero cuando se trata de la magia de tener el boleto entre las manos, se hace el esfuerzo. Es el refugio, de los escasos resquicios donde la gente de la calle puede soñar. En definitiva, fiel reflejo y lectura de lo que se está viviendo. Casi un estudio sociológico. Pues aquí entra en escena La Bruixa d’Or, para hacerse notar, publicitarse y que un nombre, por qué no decirlo, tan pegadizo, impregne todas las tablas de clasificación de la Liga Endesa, en todos los medios, patrocinando un equipo. Es la atracción de nuestra liga, son el sustento monetario de gran parte de esta competición, en clara simbiosis. Qué podemos decir en una web llamada “Espacio Liga Endesa”.

Y es que la vinculación de las marcas publicitarias con el baloncesto, tiene ya un arraigo de exactamente ahora, medio siglo. Aquel electrodoméstico llamado televisor, que comenzó poco a poco a adueñarse (tal cual) de los hogares españoles, hizo ver en propietarios de empresas, que ese era un escaparate excepcional, tras la firma gracias a Anselmo López, de un contrato con TVE para la retransmisión de un puñadito de partidos, abriéndose las cámaras a algún otro deporte que no fuese fútbol. Que sus logos empresariales en las camisetas de los equipos cestistas, quedarían más que pintones. Y créanme que aquellos dineritos, para unas plantillas que exceptuando algún grande, eran semiprofesionales -la gran mayoría de los jugadores, cursaban estudios o tenían sus trabajitos matutinos, y entrenaban por las tardes-, supuso una revolución que les dio opción de fichar.

Art Housey lanzando un gancho. Ron Negrita Joventut, expresión ochentera de sponsor (ACB Photo).

A todo esto, ¿saben quien fue el primer equipo de nuestra liga nacional en llevar sponsor? El Iberia zaragozano (nada que ver con la compañía aérea), que llevó el nombre de los colchones Flex por toda la geografía ya en 1958, aunque fue un caso espontáneo y único que quedó en el olvido. En la temporada 64-65, llegaron a puñados -lo dicho, medio siglo, justito, justito-, con el Picadero barcelonés siendo patrocinado por la cerveza Damm o el Mataró con la empresa de calcetines y textiles Molfort’s. Poco a poco les siguieron el Hospitalet Pepsi, el Kas vitoriano o el Atlético San Sebastián de Josean Gasca, llamado Fagor, llegando a los 70 con los Manresa La Casera o Joventut Schweppes, entre otros muchos. Ramón Trecet me recordó hace tiempo, que precisamente el gran Josean Gasca, presidente del Askatuak, le confesó en los albores de la década de los 70, que “los equipos, ya verás cómo acabarán denominándose Banco tal o Seguros cual”. Genio, figura y visionario.

La llegada de la Asociación de Clubes y el boom bajo el brazo

Nace la ACB. Temporada 83-84, ya saben. Revolución en muchos sentidos y aquello que comienza a coger mucha enjundia. Los ochenta pre-ACB comenzaron con sponsors que iban tímidamente dando nombre, no sólo apellidos a nuestros equipos, como los complementos de cuartos de baño Areslux, la empresa textil Cotonificio o la entidad de ahorros Caja de Ronda. Pero no había todo el respeto que se le debía. Recuerdo una editorial de Franco Pinotti en la mítica revista “Nuevo Basket”, en la que, titulado con un “La leche de la liga, con café”, cuando unas anchas tiras adhesivas en el suelo con la publicidad de Cola Cao en el Huerta del Rey vallisoletano flanqueando las líneas de fondo, fiel colaborador en todas las pistas por aquel entonces, decidieron ser quitadas por su mal pegado en los bordes en vez de solventar el problema. Faltaba sensibilidad ante los dineros que ofrecían. Pues bien, llegó la ACB. Y no solamente eso. Llegaron las bofetadas entre Iturriaga y Mike Davis, el que la liga comenzara a copar los informativos, que unos chicos bastante majos en la Selección Española, que resultaron ser muy buenos, logran una medalla de plata impensable en unos Juegos Olímpicos y a partir de ahí, se desató la más absoluta locura. ¿Y las casas publicitarias? Se unieron en tal frenesí.

Hablamos del final del primer lustro de los 80. La sociedad española, ya desperezada tras la Transición, comienza a saborear los primeros bocados de cierto confort económico, saliendo de la crisis económica de inicios de tal década. El tiempo de ocio se instaura y se diversifica. Y uno de los ocios más atractivos era indudablemente, el baloncesto. Las casas comerciales tiran de ese concepto de ocio, ponen sus ojos en el aficionado, lo que disfruta y lo que consume en esos ratos de placer. El sábado tarde parece que está reservado para el baloncesto (el fútbol seguía siendo cosa de domingos) e ir a los pabellones, aquellos pequeños recintos a reventar, que no se veían preparados para tal avalancha de público. Y después del partido, pues a salir a tomar una copita acompañado de un cigarrito de rigor. Y por ahí salta la vertiente de esta sociedad más desenfadada, más receptiva en disfrutar. Ron Negrita Joventut se pone de moda, entre otras cosas porque esos chavales de la Penya, jovenzuelos en su mayoría, con el “papi” Margall, llegan a la final de liga ante todo un Real Madrid. Y lo de la marca del ron, es vox populi incluso en las colas de la carnicería, porque el baloncesto es deporte simpático entre las amas de casa. Licor 43 en Santa Coloma, Lucky Canarias en Tenerife, Gin MG Sarriá, Dyc Breogán, son claros ejemplos de aquella vertiente que en la época, se veía de lo más natural, pues no estaba atado a prohibiciones. Incluso los árbitros, con sus austeros uniformes grises, tienen su toque de color con una banda roja a sus espaldas, donde se lee la marca de tabaco “Condal”. Como lo era Winston cada vez que la ACB se vestía de gala en sus primeros All Stars o combinados de americanos que algún agente -Richard Kaner en su mayoría- juntaba para jugar frente a clubes en pretemporada o en post temporada, para rodar a la Selección Española. Larios fue otro apelativo que ayudaron a que jugadores como Kenny Simpson o Tom Scheffler, recalaran en la ACB.

Ramón Rivas luce en el pecho uno de los patrocinios más fieles en la historia de la liga, Taugrés (ACB Photo).

Los publicistas también vieron niños en las gradas. Invasión de niños y adolescentes en aquellos pabellones, que soñaban con ser Epi, Villacampa, Essie Hollis o Wayne Robinson. Y esa ecuación que daba producto infantil = producto lácteo, se hizo patente en nuestra liga. El mencionado Cola Cao de manera indirecta, Cacaolat Granollers, Clesa Ferrol, Ram Joventut (tras un breve intento de Ram Collado Villalba), Leche Río Breogán, Hospitalet Ato, más el Real Madrid, que sin constar en el nombre, sí llegó a tener Alfaro, Parmalat y Reny Picot.

El Real Madrid no dejaba de ser un caso curioso, pues a diferencia del otro gran poderoso club de fútbol, F.C. Barcelona, no llevó publicidad hasta que no dio la bienvenida a los 90, los blancos sí que utilizaron de tal sustento, aunque nunca acompañando al nombre. Impoluto como Real Madrid, sí que llegó a tener hasta dos patrocinios, sea la tarea en liga (electrodomésticos Zanussi), o en competición europea (la compañía aérea Iberia).

Sobre la mesa sí que iban dejando sus buenos dividendos, en una clara apuesta por nuestra competición. Ante la posibilidad de nacionalizar español a todo un ídolo como Nate Davis, circunstancia que revalorizaría enormemente su cotización, la empresa láctea Clesa que patrocinaba al OAR Ferrol, club del mítico alero, confesó a su presidente Juan Fernández, “no te preocupes, que Nate de aquí no se va. Pagaremos lo que sea necesario, pero de Ferrol no se irá”.

Aunque como bien vaticinaba Gasca, los dineritos estaban en los bancos y entidades financieras y ahí que salieron a la palestra. Caja Canarias, Cajabilbao, Caja Inmaculada (cuyas siglas, CAI Zaragoza, inmortalizó Kevin Magee), Caja de Álava, Bancobao Villalba, Caja de Ronda o el posterior Unicaja, Estudiantes Caja Postal, Breogán Caixa Galicia, como Fórum Filatélico y tantos otros, estaban acolchados sobre los billetes de entidades financieras. Destacar -y es curioso en estos días- la entidad Cajamadrid, que antes de dispendios y escándalos que les envuelven en la actualidad, apostaron por el Juventud Alcalá -de Henares-, dándoles nombre y una fuerte inversión económica incluso cuando descendieron de categoría, apenas bajando sus emolumentos durante los tres intentos consecutivos por ascender a la ACB, hasta que se rindieron en un infausto playoff de ascenso en 1989, tras perder un quinto encuentro en casa, tras dos prórrogas, ante Caixa Ourense, en una de las mayores tragedias vividas en la historia de nuestro baloncesto.

Con el baloncesto en todo su fulgor económico, las cantidades recibidas comenzaban a ser mareantes al inicio de la década de los 90, buscando los éxitos deportivos a golpe de talonario y fichajes de grandes jugadores. Montigalà apadrinando al Joventut, les hizo poder acceder en el mercado a nombres que les llegó hacer campeones de la ACB en dos ocasiones consecutivas, junto con el tirón de una ciudad que vive por y para este deporte. Años de ficticia bonanza que hacían pagar por muchos americanos cifras cercanas al millón de dólares. Sin embargo, se acabó el verano de 1992, la Expo sevillana, los Juegos Olímpicos de Barcelona y de repente fue como sostener el matasuegras en mitad del salón tras la fiesta, con el local patas arriba. Tales excesos -que ya no iban acompañados por éxitos de la Selección Española desde hacía tiempo-, se pagaron.

Hubo sponsors que sonaban bien. ¿Qué les parece Bose? Con Rickie Winslow, incluso se veía bien (ACB Photo)

Los patrocinios llegaron a ser mucho más reticentes a la hora de sponsorizar y solían ser casos esporádicos (Festina Andorra, Ferry’s Lliria, Coren Orense o BFI Granollers). Los había fieles, eso sí (Valvi Girona, Elosúa León, Taugrés Baskonia, Caja San Fernando), otros cambiaron por diferentes marcas que aportaron menor liquidez (Argal Huesca, OAR Pescanova o Grupo Libro Valladolid) o los que empezaron de vacío (Joventut de Badalona, Baloncesto Zaragoza, Baloncesto Valencia, C.B. Cáceres), que poco a poco fueron “recolectando apellido” (Marbella, Banco Natwest o recuperar el histórico Pamesa que tanto ha hecho junto al presidente de la entidad valenciana). Era un nuevo escenario en el baloncesto, espejo del escenario social. Y darían igual los resultados deportivos, pues a la filial de Pepsi, 7Up, no les dolieron en prendas dar un enorme tijeretazo a su patrocinio verdinegro a la temporada siguiente, aún llegando a ser el Joventut, bajo su nombre, campeón de Europa.

A partir de ahí, siempre con el predominante de los bancos, cajas y aseguradoras, las ramas de sponsorización se fueron diversificando, ya que se había bajado el listón de pretendientes. De hecho, por intentar engordar un poco más la minuta, se dieron polémicos casos como el del Joventut badalonés en 1998. Resultó que la empresa Pinturas Bruguer puso apellido, pero también a condición de eliminar el nombre de “Joventut”, santo y seña, y quedar en “Bruguer Badalona” como nombre oficial.

La diversificación de Manresa y la burbuja inmobiliaria

Basquet Manresa ha sido quizás el club con dos polos diametralmente opuestos. Por un lado, tuvieron el honor de llamarse de la misma manera durante nada menos que 15 campañas consecutivas: TDK fue un “señor” fiel desde su aterrizaje en 1985 hasta que descendieron en 2000. Ellos, que previamente habían sido Velázquez Manresa (seguros) o camiones (Ebro Manresa), se movieron en tierras LEB con otro nombre, más institucional, minorisa.net. De volver a tener la garantía con la empresa de material para oficinas e impresoras Ricoh, a volver a “motorizarse” con Suzuki. De las infraestructuras Assignia a la actual empresa de loterías La Bruixa d’Or.

Y es que, con Assignia, ellos también tocaron el palo de las construcciones y la burbuja del ladrillo. Con ella, tanto bancos, que por fusiones o decisiones empresariales (Baloncesto Sevilla llegó a llamarse Cajasol y Banca Cívica en la misma temporada), como compañías aseguradoras que iban por barrios (MMT, ahora Real Madrid, ahora Estudiantes), como por inmobiliarias y constructoras (la ya mencionada Assignia, Gran Canaria Grupo Dunas, Polaris World Murcia, el “Ciudad de la Luz” en el Lucentum Alicante como la sorprendente e infausta Akasvayu, que hizo elevar hasta sus cotas más altas y desaparecer a un equipo en un chasquido), fueron una oleada de champagne que se evaporó como sus burbujas, hasta la situación actual.

Víctor Sada en Akasvayu Girona, claro ejemplo del boom inmobiliario y sus consecuencias (ACB Photo).

Y ahora, ¿qué?

Pues con más o menos fidelidad, más o menos nombre y rigor, entre desatinos como los de Bilbao con sus últimas experiencias o buscando campos nuevos (Tuenti Móvil, Monkatit o Herbalife), pues se van llevando estos tiempos de dificultades. Las instituciones públicas ven pocos caudales en sus arcas (aquello de Magia Huesca, Ciudad de Huelva, Cáceres Patrimonio de la Humanidad, ya ha pasado) y en definitiva, con modernos estudios de marketing, atraer a nuevos clientes, ser el objetivo de ellos aunque sea la liga entera, de producto que pueda dar repercusión (la novedosa incorporación de Liga Endesa desde hace 3 años), y si no, buscar en la suerte, que por ella, por La Bruixa d’Or, pudiera venir el salvoconducto para tiempos mejores.

Para que encontréis nombres pintorescos, los patrocinios más estrambóticos y pintorescos (por supuesto que mencionamos aquello de chicasdetuciudad.com, cómo no), en Espacio Liga Endesa esta semana, tenemos el ranking tras elegir 10 de ellos. Estampa tu opinión.