Nuestros All Stars NBA. Nº5: James Donaldson

Nuestros All Stars NBA. Nº5: James Donaldson

Antonio Rodríguez

James Donaldson estuvo nada menos que 14 temporadas en la NBA. Sus 2,18 ayudaron mucho en ello, obviamente. Un pívot de otra época, de finales de los 70, disfrutó en los últimos años del siglo XX de una trayectoria curiosa en nuestro país, inicialmente en el Caja San Fernando sevillano y posteriormente, emigrar a tierras lucenses, para llenar de prestigio el “libro de visitas” del Breogán, en la LEB. Contaba con Eran 40 años entonces y poco recorrido ya le quedaba.

James Donaldson fue All Star en la NBA en el que, para los aficionados españoles, fue el “Año I de Cerca de las Estrellas”. De hecho, el All Star Game en el que participó, Chicago’88, fue el primero que tuvimos ocasión de ver en directo, una quimera para todos los aficionados solo meses antes. En los últimos coletazos de dominio de verdad de los centers en la NBA, los entrenadores solían elegir dos pívots más entre los hombres del banquillo, al margen del designado titular por votación popoular, completando así sus planteles. Y en la Conferencia Oeste, un sólido Steve Johnson sostenía el juego interior de los Blazers de Portland aquel curso 87/88 e incluso, hacía olvidar por momentos la baja de la estrella Kiki Vandeweghe. Sin embargo, Johnson iniciaba su amarga travesía de lesiones ininterrumpidas que significaron su ocaso final. En fechas previas a la cita de las estrellas, volvió a recaer de una de ellas, lo que valió por otra parte, la irrupción impensable en la liga de su sustituto, un desconocido Kevin Duckworth. Y Pat Riley, entrenador del Oeste, buscando soluciones, llamó en los días previos a James Donaldson, pívot de Dallas Mavericks, a que disfrutase de tal festín en Chicago, porque al fin y al cabo, era el pívot defensivo que daba consistencia a unos muy gallitos entonces Mavericks

Jugando para quien lo eligió en el draft, Seattle Supersonics.

Donaldson no era ningún virtuoso bajo los aros (sus estadísticas, en el cuadro inferior, así lo muestran), pero Dallas estaba siendo una de las sensaciones en la competición. John McLeod optimizaba como nunca al dúo anotador Rolando Blackman-Mark Aguirre y se les había unido en galones, el base Derek Harper, con lo que tenían uno de los tríos exteriores más peligrosos de la liga (hasta el punto que forzaron 7 partidos en la Final de Conferencia a los Lakers aquel año). Como center, intimidador, defensivo, una auténtica pared para los rivales cuando ponía bloqueos a sus tiradores, James Donaldson. Con el equipo en el candelero, nuestro protagonista fue designado para el All Star Game. Jugó 8 minutos, anotó 2 puntos, pero sí le dio tiempo a capturar 6 rebotes nada menos.

Donaldson, a pesar de su estatura, comenzó tarde a jugar al baloncesto. El comenzar en su último año de high school le hacía que, su movilidad fuese más bien pobre. Pero su entrenador en la universidad de Washington State, George Raveling, hablaba de su rápida progresión en escaso tiempo. Todo ello le valió para ser elegido en 4ª ronda del draft (nº 73), por Seattle Supersonics, ninguna bicoca, por cierto, en 1979. Lo que podría ser una carrera europea, bien mirados esos 2,18 de estatura, quizás pudieran ser útiles y los Sonics le otorgaron una oportunidad para suplir a sus pívots Jack Sikma y Lonnie Shelton. Y vieron que acercarse en la zona, no era cosa fácil para los rivales. Traspasado a los Clippers y posteriormente a los Mavericks (en intercambio con otro ex-Liga Endesa, Kurt Nimphius), era una fuerza interior que podía aguantar en defensa a los Ewing, Olajuwon o Jabbar de turno, afianzando esa posición en la plantilla. Y es que para su entrenador Dick Motta, el pueso de “5” era un quebradero de cabeza, que venía de muchos años atrás en la franquicia: hasta 7 centers titulares (jugando con regularidad como tal) en las 7 primeras temporadas de existencia del equipo desfilaron por el Reunion Arena sin mucho éxito. Desde el mencionado Nimphius, a Pat Cummings, a Wallace Bryant, o un reconvertido Sam Perkins como center, que recuperó su posición natural de ala-pívot gracias a la llegada de nuestro protagonista. Él dio esa estabilidad. “Cuando hablas de nuestro éxito” replicó Rolando Blackman a un periodista, “tienes que hablar también de James”. 

La decadencia de Donaldson en la NBA fue de la mano de los Mavericks. Una grave lesión de rodilla en la temporada 88-89 (con las repercusiones que tiene medir 2,18 y ser tan pesado), comenzó a ser también el declive del equipo. Mark Aguirre fue traspasado a Detroit, Roy Tarpley fue suspendido de forma indefinida por la liga debido a sus problemas con las drogas y todo el que podía, se iba escapando. Ese ambiente llegó a degenerar en un entrenamiento, cuando llegaron a las manos James Donaldson y el hombre que hace unas líneas -y unos años atrás- lo piropeaba, Rolando Blackman. Todos huyeron de una franquicia que vivió a principios de los 90 una de las etapas más aciagas de las últimos 3 años en la NBA, porque aquello era un erial (si los jugadores más destacados llegaron a ser Terry Davis y Mike Iuzzolino, imaginen). Y nuestro protagonista vio su salida al Iraklis griego. 

En el Iraklis, con su característico gancho, ante Stojan Vrankovic

En el equipo afincado en Salónica, alguien de corte defensivo como él, promedió 13 puntos y 12 rebotes, formando pareja de extranjeros junto al esloveno Juri Zdovc. No anotaban mucho (algo normal en la liga griega de entonces), pero también encajaban pocos puntos con la presencia de Donaldson en la zona y “leñadores” como Brougos y Papakhronis. La paradoja sucedió con el cambio de mentalidad para la siguiente temporada. Iraklis quería más anotación y sacrificaron a Donaldson (que regresó a la NBA, a los Utah Jazz), por, nada menos que Walter Berry

En Sevilla fue fichado en el verano de 1996, cuando aquel agosto, James cumplía 39 años. Y en el Caja San Fernando mostraba un óptimo rendimiento, puesto que era un tipo extremadamente cuidadoso con su cuerpo. Él era fisioterapeuta, tremendamente sensible y estricto con su alimentación, manteniendo proporción no solo de calorías ingeridas, sino de qué tipo de vitaminas. Practicaba taekwondo para mayor flexibilidad y cuidado de sus músculos. Sensibilizado con los animales hasta el punto que, siendo socio de una peletería en su estado de Washington natal, tras tener una conversación con la presidenta de una asociación protectora de animales en Dallas, se unió con ellos, dejando el negocio de las pieles. 

Junto a su compañero Iker Urreizti, en su periplo en Lugo. 

La recién estrenada Ley Bosman hizo que Donaldson aterrizara en la Liga Endesa, pues él, hijo de un militar de las Fuerzas Aéreas estadounidenses destinado en Gran Bretaña, nació en tal país, con lo que siempre mantuvo el doble pasaporte, pudieron jugar como comunitario en un club que afrontaba, por primera vez en su historia, disputar la Euroliga. Nos hubiese gustado decir que su aportación a Sevilla fue notable, pero no fue así. Exceptuando su primer mes de competición, donde sí entraba en los esquemas del equipo y aportaba intimidación, en octubre, fue apartado por dos partidos por decisión técnica y el entrenador de entonces, Aleksandar Petrovic, pidió que se le diera de baja definitiva. “Aquí se está para defender los colores, se tenga 19 ó 40 años”. Donaldson, curtido en mil batallas, no entendía nada. Caja San Fernando fue poco a poco perdiendo el rumbo y con el entrenador llegaron a tener problemas casi todos los jugadores.

Tras no estar convocado durante un mes, Donaldson evidencia que puede ser útil, logrando 12 puntos y 12 rebotes ante el Festina Joventut en un buen encuentro, declarando el propio Petrovic “James es un profesional y me ha demostrado un cambio de actitud importante”, para pasar a apartarle nuevamente, junto a la estrella del equipo, Mike Anderson más César Arranz. Una balsa de aceite no fue aquel año, no. De ahí que solamente disputase 20 partidos con 16 minutos de media y 3,9 puntos. Fue una mala experiencia para él y tras su paso posterior por Montecatini y el Olimpia Larissa, regresó a España unos meses después, con 41 ya de edad, para jugar los playoffs de la LEB con el Breogán de Lugo en la recta final de la campaña 97/98, donde se quedó la siguiente temporada para jugar 9 partidos más.

              Quizás allí, en los albores de su retirada, es donde pasó algunos de los mejores días en Europa, donde se mostró afable como era, haciendo notables amistades. Un jugador de estampa imponente que pocos auguraron tanta permanencia en la NBA, mucho menos aún un All Star y que, en España, encontró un rincón para alargar aquello que más le gustaba: jugar al baloncesto.