Nuestros All Stars NBA. Nº4: Domantas Sabonis

Nuestros All Stars NBA. Nº4: Domantas Sabonis

Antonio Rodríguez

              “Esto funciona”. Domantas Sabonis siempre ha sido un jugador paciente, de los que el trabajo correcto le acabaría trayendo frutos. Por madurez, con el tiempo. Su única obligatoriedad es seguir creciendo. Auto imposición hasta llegar a ser NBA All Star en este 2020. Hasta que tres años sintiéndose a gusto con Indiana Pacers, hayan dado resultados asombrosos: de 24 minutos el pasado curso a 34 en este, no finalizado, de 62 partidos (con 18,2 puntos de promedio, un 54% en tiros de campo y 12,4 rebotes). Son los diferentes estadios de aclimatación en la mejor liga del mundo. Dos interiores de la movilidad de Myles Turner y él, eran un deseo de Nate McMillan que Billy Donovan en Oklahoma City no supo ver. Lo que nos maravilló cuando Sports Illustrated lo etiquetó entre los 100 mejores jugadores del planeta, ahora se queda corto con su reciente participación en el All Star de Chicago.

              Pero vayamos hacia atrás en el tiempo. Más allá de Indianapolis, de jornadas de banquillo en los Thunder y de sus estudios en Spokane, en la universidad de Gonzaga. Más allá incluso de sus días de Euroliga con Unicaja. Vayamos al Domantas de 15 años, a bordo de un vagón de AVE de regreso a Málaga. Con el trofeo MVP en sus manos al mejor jugador del recién creado Torneo Fundación Leucemia y Linfoma, en el parquet del mítico Magariños, Unicaja quedó campeón entre los equipos cadetes de primer año. “Hemos quedado campeones de un torneo frente al Real Madrid, frente al Joventut, Estudiantes… y hace unos meses, en el campeonato de España infantil, perdimos contra todos. Esto funciona”. Su liderazgo hizo que, esa reflexión “fuese importante para mí y para el equipo” recuerda su entrenador en aquel tiempo, Rafael Piña. “No era el más alto del equipo, si ves las fotos, hay un par de ellos más altos que él, pero sí era un gran reboteador, quedando el primero en varios torneos que disputamos”.

Domas Sabonis era un jugador que imponía su físico entre críos de 15 años, “con deficiencias técnicas aún, que cogía el balón con la mano izquierda como uno de balonmano cuando intentaba pasar desde poste alto” añade Rafael Piña. “Y le decía ‘cuando llegues a la élite, no podrás hacer eso, porque serán más fuertes que tú y tendrás que buscar otros recursos técnicos’. Y trabajamos con él a conciencia y estar encima de él en la técnica individual. Entendía muy bien las cosas y si veía que eso le iba a repercutir en positivo, aun siendo a largo plazo, lo hacía”.

Forja y paciencia viendo un potencial poco habitual, llegando a quedar campeones cadetes de la provincia de Málaga, siendo aún todos sus componentes de primer año, superando incluso al Unicaja de segundo año, algo que nunca antes había sucedido. Acabaron la temporada sextos en el Campeonato de España. Y como junior de segundo año, asciende al primer equipo de Unicaja, disputando tanto en Liga Endesa como en Euroliga, unos 10 minutos de promedio en pista, de la mano del entrenador Joan Plaza.

UN TAXI HASTA MARÍN

              Recordado fue en el club el fin de semana entre el 8 y 10 de mayo de 2014. Domas iba convocado regularmente por el primer equipo, en unas fechas complicadas por cuestiones académicas, de ausencias, puesto que él estudiaba en un colegio americano con vistas a hacer en Estados Unidos su carrera universitaria. “El lío que montamos para que el niño estuviera allí” adelanta en la anécdota Rosa Mariscal, directora de comunicación del club. El día 8 viernes, en jornada entre semana, Unicaja juega partido de Liga Endesa en Valladolid, con Domantas jugando 16 minutos y anotando 8 puntos. “Y tuvo que coger un taxi de Valladolid a Marín -provincia de Pontevedra- para que jugara la final del Campeonato de España junior en el que nos habíamos clasificado, frente al Real Madrid. Jugó la final por la mañana (siendo el máximo anotador en los suyos, con 14 puntos) y sin recoger la medalla de consolación, porque no le dio tiempo, cogió un vuelo para regresar a Málaga y enfrentarse al Real Madrid, mientras sus compañeros se quedaron allí”.

              La pasión por el baloncesto del padre, aunque el mito Arvydas siempre confesó que no inculcó a ninguno de sus hijos el deseo que jugasen a baloncesto. “Pero sí recuerdo de niño verle en sus últimos años en la NBA” declaraba Domas a su llegada a tierras estadounidenses y eso ayudó para inclinarse por el balón y los aros. Del padre también adquirió su carácter tranquilo. “Cuando llegó al primer equipo con 17 años, era un niño tímido, calladito, que nunca hacía ningún ruido. Vivía con su madre y sus hermanos en Torremolinos, porque su padre estaba constantemente viajando entre Kaunas y Málaga. Pero, como el resto de sus hermanos, eran de un comportamiento muy correcto, muy normal, contando que vivían en diferentes condiciones a la gente normal”. Rutinas de gente como nosotros, como recuerda Rafael Piña. “En aquel torneo en Magariños que ganamos en 2010, hubo unos sorteos y a mí me tocó una videoconsola. Y le pedí a Domas algunos juegos, que estaba convencido que él tendría multitud de ellos. Y ante mi sorpresa, me dijo que no, que él tan solo tenía uno y que cuando lo dominaba y se cansaba, lo regalaba y es cuando le compraba otro”.

              Domas jugó en la primera plantilla una sola temporada, la 13/14, con 7 titularidades en los 35 encuentros disputados, promediando 2,7 puntos y un 47,6% en tiros de campo, casi siempre desde la posición de “3” en la que insistía Joan Plaza.

SPOKANE, COMO VOLVER A CASA

              No olvidemos que Domantas Sabonis nació en Estados Unidos, a los seis meses de estancia de su padre en los Trail Blazers y que tiene también nacionalidad estadounidense. La decisión de criar a los chicos en Torremolinos venía tras esa idea familiar de “con apellidos Sabonis en Kaunas, hubiera sido casi un estigma para ellos”. Ambiente agradable, tranquilo, buen clima y un gran club de baloncesto en la ciudad. Para el siguiente paso, elegir Gonzaga como universidad para cursar sus estudios en el estado de Washington, era un paisaje muy similar al de su originario Oregon.

              Allí los entrenadores, sobre todo el principal, Mark Few, ven en él unas notables habilidades técnicas para este juego. Domas es capaz de jugar cercano al aro, muy habilidoso reboteando, aunque para sus 2,11 de estatura, lo que gusta es su capacidad de abrirse tras los bloqueos y anotar en suspensiones de larga distancia. Capaz de dominar el balón de una forma atípica como para ser interior, pareciendo desconocer que en Unicaja, él jugaba de alero, lo ven un excelente jugador con el hándicap que, la estrella del equipo -el ex Unicaja posteriormente- Kyle Wiltjer, juega en su misma posición. Esto hace que su promedio de minutos por encuentro no sea más que de 22, conviviendo entre un gran plantel que perdió ante el futuro campeón, Duke, en la Final Regional (cuartos de final) del “March Madness”.

              Hace muy buenas migas con el pívot titular, otro ex ACB, el polaco Przemek Karnowski, donde a ambos se les ve regularmente en sesiones de tiro a las nueve de la noche, en unas “sesiones golfas” que se montaban muy frecuentemente. Lo que llama la atención de nuestro protagonista, es que el gimnasio esta abierto las 24 horas para quien pretenda entrenar de forma individual. En su segunda temporada, Domas da el salto de calidad -ya sin Wiltjer- y se afianza en posiciones más interiores. Mucho más fuerte físicamente, gana minutos en pista (31) y sus 9,7 puntos como freshman se convierten en 17,6 en este curso 15/16, afianzándose como uno de los hombres interiores más atractivos de la nación. Juego en poste bajo, ganchos en suspensión y la misma voracidad por el rebote (11,8 de promedio) es el estereotipo de un jugador, diferente a su padre, pero preparado para la NBA. Y así lo hizo saber, declarándose elegible para el draft de 2016, donde salió en puestos de lotería, más en concreto el nº 11, elegido por Orlando Magic.

              De su historia NBA ya todos saben. Si había en Estados Unidos una “Kaunas”, esa es la ciudad de Indianapolis. Pequeña, tranquila, donde el baloncesto es religión y donde las prioridades de la franquicia pasan por crecer, haciendo del baloncesto un arte a la sencillez, a la pulcritud en la técnica, a la competitividad. Muchos pensaron que perderían en el intercambio de Paul George para que llegaran Victor Oladipo y Sabonis. Pero, ya lo ven: uno ha sido All Star y el otro, debido a su lesión, no ha podido serlo (aunque disfrutó de tal evento en 2018).

              Domantas Sabonis es de ese tipo de jugadores que, habiendo disfrutado de su padre en nuestras pistas -y de qué forma-, fue una suerte que pudiera criarse y brillar entre nuestras fronteras. Que pasase con sordina por la Liga Endesa debido a su juventud, no quita para sentirnos dichosos con su presencia y la oportunidad que se le brindó para despuntar tan joven.