Nuestros All Stars NBA. Nº3: George Gervin

Nuestros All Stars NBA. Nº3: George Gervin

Antonio Rodríguez

Cuenta la leyenda que Johnny “Red” Kerr, tras fichar a George Gervin por los Virginia Squires de la ABA, fue invitado a ver un partido en su pabellón, desde la grada. Cuando éste finalizó, ambos bajaron a la pista. Gervin le preguntó a Kerr que por qué no tiraban más de 3 puntos. “Coach Bianchi no cree que sea un tiro con buenos porcentajes. George, está realmente alejado”. El recinto estaba semiapagado, aunque aún se veía. Gervin pidió un balón y vestido con una camiseta, unos vaqueros y un par de zapatillas, comenzó a tirar de tres puntos. Uno tras otro. Dentro, dentro, dentro. Realizó 20 lanzamientos, anotó 18. Kerr, lo único que se le ocurrió decir fue “vámonos, para asegurarme que la tinta de tu contrato está seca”. Este será el All Star NBA nº 3 de nuestro serial, un mito que hizo las delicias en Manresa.

 

UNA LEYENDA QUE FLORECE

 

George Gervin fue visto y descubierto por -cómo no- Sonny Vaccaro, que habló de tal perla al entrenador de los Virginia Squires, Al Bianchi. Éste, tras presenciar una actuación en directo jugando con los Pontiac Chaparrals -perteneciente a la Continental Basketball League- quedó más que convencido del futuro estrellato del joven. Con su mediación, Johnny “Red” Kerr, jefe de la franquicia de en la ABA, se hizo con sus servicios tras cerciorarse que, el incidente por el que tuvo que dejar la NCAA, fue un hecho aislado. El chico era humilde y tratable.

Retrocedamos algo en el tiempo. Jerry Tarkanian, el mítico “tiburón”, le quiso echar el guante para la universidad de Long Beach State, donde entrenaba por aquel entonces. De hecho, Gervin pasó unos días allí. Pero decidió quedarse en casa, en los “hurones” de Eastern Michigan. Y con tal -pequeña- universidad, un partido disputado en Evansville en 1972, dio un puñetazo a Joe Piccola, jugador de Roanoke College, por el que fue sancionado, apartado y tras dos años, Gervin pensó que estaría bien ganarse la vida jugando al baloncesto. Y firmó por los Chaparrals. “En Pontiac, ganaba 500 dólares mensuales. Tenía para vivir, un buen coche… Era feliz”.

Un genio en los Virginia Squires.

Lo que Gervin jamás pudiera imaginar es que, con su marcha desde los Virginia Squires a los San Antonio Spurs -también de la ABA-, cambiaría tanto su vida. Decir adiós al estado de Virginia “donde estaba con Julius Erving. Cuando fui traspasado, no tenía ni idea de que allí hubiese baloncesto”. Nos saltamos el capítulo en el que 1976 supuso la muerte de la ABA. Ni tampoco que los cuatro supervivientes de tal liga (New York Nets, Indiana Pacers, Denver Nuggets y los propios San Antonio Spurs), fueran prácticamente desvalijados por la NBA, debiendo pagar a la liga una costosísima cantidad como “ingreso”. Pasaremos por alto que muchas de las estrellas de los equipos desaparecidos fueran repartidos entre las franquicias NBA en modo semejante a un draft, sin que los supervivientes de la ABA tuviesen posibilidad de hacerse con alguna de ellas, cuando hasta días antes, eran suyas.

El caso es que los Spurs, liderados por George Gervin, Larry Kenon, James Silas o Billy Paultz (terrorífico equipo), lograron entrar en los playoffs NBA desde su primera campaña en 1977 hasta 1983 de forma ininterrumpida (solamente otros 3 equipos pueden decir eso). George Gervin era delgado. Muy delgado. Y con sus dos metros hacía absolutamente de todo con un balón en las manos. Superó la depresión que padecieron todos los ABA de disputar una nueva liga sin línea de tres puntos. Tres años duró aquella rareza. Y a base de seguir anotando, de entrar a canasta, usar su “finger roll”, acabaron patentándolo como uno de los gestos más icónicos de la liga, junto a la suspensión de Jerry West, el gancho de Abdul Jabbar, las bandejas por extensión del “Doctor J”.

Con su mirada como que la cosa no iba con él, con su suavidad ejecutando jugadas, su frialdad aparente… había que buscar apelativo: ”Iceman”, claro. “Intentar parar a Ice, es hacer que Ice se crezca” ya decía George Karl, compañero suyo en los Spurs. “Él sabe cuando vas a saltar, por lo que te finta, y no le vas a molestar lo más mínimo”. Norm Van Lier -estrella y gran atleta en Chicago Bulls- le picó tanto las dos últimas veces, que le endosó 37 puntos en ambas ocasiones. Pero 17 de 18 en tiros, ¿eh? “¡Ja, ja, ja! Es un chiste para él. El tío juega con la NBA entera”. Lo que Karl no cuenta es que el día anterior, anotó 42 puntos a los Kings (19 canastas de 25 intentos) y en que la anterior actuación, en New York, se fue a los 35 (14 de 20). Números que le dieron hasta 4 veces ser el máximo anotador de la NBA (1978-79-80-82). De sus participaciones en los All Star Game, os adjuntamos el cuadro. Poco más que añadir. Bueno sí, que fue MVP de uno de ellos, en 1980, el mismo en el que debutaron Magic Johnson y Larry Bird.

En 1985 fue su última aparición en un All Star (como titular incluso) y a la siguiente temporada, fue traspasado a Chicago Bulls, donde tuvo más protagonismo del esperado, tras la prolongada lesión de Michael Jordan. Y se acabó su historia NBA. ¿Cómo era posible, siendo un año y medio antes uno de los favoritos de los aficionados? Sus problemas con las drogas le sumieron en un pozo, incluyendo su paso por Roma. Tras la lesión de Scott May, el Banco di Roma se hizo con sus servicios, formando con Mike Bantom. Jugó en el equipo de ‘la ciudad eterna’ 27 partidos, con una media de 27.3 puntos, aunque no se podían ocultar sus problemas con la cocaína. Y dejó de jugar al baloncesto. Tuvo al menos su día de gloria cuando en mitad de su infierno particular, en la temporada 87/88 fue reunido junto a su familia, porque los Spurs lo retiraron el número 44 que tantas ovaciones arrancó. Dos temporadas después, volvió a los Quaid Rapid Thunder de la CBA, en el estado de Iowa, a ganar algunos dólares jugando ante su precaria situación financiera.

UN EQUIPO EN APUROS

Una leyenda en Manresa.

Como suele pasar en estos casos de jugadores tan carismáticos, encontró un equipo con problemas. En la segunda temporada del entrenador portorriqueño Flor Meléndez, TDK Manresa perdía un partido tras otro, incluso en la fase de la A-2, con los equipos que buscaban la salvación en el furgón de cola. Los bagesanos apostaron aquel año por una pareja de yugoslavos como dúo extranjero, Obrad Sarancic y Boban Petrovic. Y éste último fue cesado, con el club buscando algo diferente. “Petrovic es una gran persona, un gran jugador, al que le ha faltado suerte para triunfar” según las palabras del histórico presidente del cuadro manresano, Carles Casas. Casas tenía en su bolsillo una lista de 8 posibles sustitutos del serbio. Y fue su hijo mayor Carles cuando vio la lista, que pegó un respingo y pasar a quedarse lívido. En ella, se encontraba nada menos que George Gervin. Quedando advertido por su hijo, pues el presidente no conocía de las excelencias de Iceman, se habla con su agente, que lo había ofrecido en Francia y en Bélgica. La operación era más que arriesgada, Gervin tenía 37 años y unos problemas con las drogas que según el mítico Walter Szczerbiak, estaban superados tal y como contaban algunos medios USA. Basquet Manresa pidió una prueba previa. pero como dijo su agente “es como si vas al concesionario a comprarte un Roll Royce y pides probarlo antes”. Ante las dudas, el riesgo. Los Thunder de la CBA quieren hacerle una extensión de contrato por lo que restaba de temporada. Toca decidirse y con premura. Y un 16 de enero de 1990, aterrizó por Barcelona, de la mano y sonrisa de su nuevo presidente, Carles Casas.

Debutó en la jornada 20, anotando 31 puntos, con 23 ya al descanso. En un Congost más que abarrotado, con algo más de 3000 espectadores -casi se doblaba su aforo-, en la segunda parte estaba asfixiado. Perdieron el choque ante Cajacanarias (79-92) y entre los compañeros, pareció claro que aún no habían asumido el tener que ser mucho más intensos en defensa, pues su nuevo componente estaba más para tareas anotadoras. El entrenador Flor Meléndez tenía un enfado importante por tal motivo, pero… En el segundo choque, en Málaga ante Mayoral Maristas, anotó 31 puntos, pero volvieron a perder (87-84).

George tuvo que regresar a Estados Unidos para arreglar con la justicia tejana un problema, pues estaba en libertad condicional tras ser detenido por conducir ebrio. No había comunicado había abandonado el país. El “presi” Casas, antes de solventar tales problemas desde la embajada estadounidense en Barcelona, prefería que regresase a su país y de paso, venir acompañado con algunos componentes de su familia, todo con tal de encontrar comodidad. Ese viaje duró 72 horas.

Luchando por un rebote con Ray Smith. Iceman fue clave para la salvación.

La plantilla manresana parecía estar sumida en una depresión de juego, a pesar de su nuevo compañero, envueltos en una racha de 10 derrotas en 11 partidos. A los 38 años recién cumplidos en Manresa, George Gervin fue cogiendo la forma con un partido a la semana, sin sobrecargar calendario. Relativa forma, eso sí. Optimizaba esfuerzos como un veteranazo. No corría transiciones como hacía en los Spurs, apenas tiraba triples, pues lo que quería era asegurar porcentajes de tiro, sobre todo con la cantidad de balones que se jugaba, e intentaba la finta, el bote, segundo bote y, eso sí, pillar por sorpresa al rival en la suspensión, por muy pegado que estuviese. Aún levantando poquito sus pies del suelo, la rapidez de ejecución del tiro a media distancia seguía siendo asombrosamente la misma. Y los tiros entraban. Cuando se atrevía a entrar a canasta, digamos que se quedaba a mitad de camino de lo que se le había visto un puñado de años antes, pero soltaba su mítico “finger roll” con la misma destreza. Unos cuantos palmos más alejado, pero igual de efectivo. Aquí no había un Jabbar o un Olajuwon para taponar, al fin y al cabo. Y en su octavo encuentro, ante el Grupo IFA Granollers, a pesar de la derrota (86-107), Gervin se fue hasta los 42 puntos. Ya jadeaba menos en los entrenamientos y tenía oxígeno suficiente como para estas exhibiciones.

Esto no quitaba ningún síntoma de tragedia en el club, pues seguían perdiendo. La racha continuó hasta el final, porque ya en el playoff de descenso, claudicaron en la primera eliminatoria ante Valvi Girona. Sin embargo, en la segunda, ya a vida o muerte -quien perdiese, descendía de categoría- ante el Tenerife Nº 1, el club naútico sufrió y fue testigo de sus mayores exhibiciones en España, durante los 4 partidos de extensión de tal eliminatoria. Gervin logró en el tercer choque 43 puntos (tirándose hasta las zapatillas, dicho sea de paso) y en el cuarto, con el que concluyó la eliminatoria, 31 puntos y un excelso 11/16 en tiros de campo, para lograr sendos triunfos y salvar una temporada dificilísima para los manresanos. La meta estaba conseguida.

Y Gervin, tranquilo, amable, aunque no muy comunicativo con sus compañeros, había cumplido con lo que se le había requerido. Aquí en España vimos a una de las mayores estrellas de la historia del baloncesto. Andando, eso sí. Pero por tal razón, más asombroso. El baloncesto no conoce de velocidades y sí de sapiencia. Sus partidos apenas fueron televisados, al margen de los que pudiese emitir TV3 a nivel autonómico. Unos documentos de gran valor con el paso de los años. Hoy día, su aventura, nos sigue pareciendo fascinante.