Nuestros All Stars NBA. Nº2: Luka Doncic

Nuestros All Stars NBA. Nº2: Luka Doncic

Antonio Rodríguez

              Cuando LeBron James te llama “bad mutherf*cker”, es que en la NBA tienes todos los galones. Jugar con las cartas de ganadores, jugarlas entre campeones. De eso va rechazar un bloqueo y decidir jugarse un uno contra uno ante el propio Bron, ejecutar un paso atrás y lanzar el triple, para sentenciar un partido en el mismísimo Staples Center. El de los Lakers. Esas cosas de campeones. Esas cosas de Luka Doncic.

              Doncic nos ha maravillado en su segunda temporada en la NBA. ‘Tan bueno, tan pronto’ a modo de reflexión que no solamente se hacían en Estados Unidos durante este curso, donde tras los 54 encuentros disputados (de los 67 de su equipo hasta el abrupto parón sufrido), promediaba 28,7 puntos, 9,3 rebotes y 8,7 asistencias en la probable búsqueda por ser el tercer jugador en la historia de la NBA en promediar un triple doble. Y lo más importante, que había revertido en ganadora la dinámica de la franquicia. Del 27-40 de la temporada 18/19 en los primeros 67 partidos, al bagaje en este curso, exactamente los mismos dígitos cambiados de orden: 40 victorias y 27 derrotas.

              Cuentan que el propietario de Dallas Mavericks, Mark Cuban, no lo conocía el día de la ceremonia del draft. Sin embargo, la única certeza es que sí tenía una confianza ciega en su general manager, Donnie Nelson Jr. Y a decir verdad, tampoco el aficionado medio estadounidense tenía a Luka como referencia, embelesado en los mates de Zion Williamson de sus múltiples “mixtaped” (recopilación de jugadas colgadas en la red) de high school, que copaban gran parte de la atención hacia cualquier joven que fuera a irrumpir en un futuro próximo en la NBA. Esa suerte tuvimos en Europa, que sabíamos perfectamente quién era el ‘golden boy’ esloveno. 

              Y miren que la famosa publicación mensual “SLAM Magazine” viajó a mediados de abril de 2018 a Madrid con la misión de hacer un reportaje a Luka, sesión fotográfica incluida, para presentarlo en la portada de su siguiente número. El desembarco en el draft de aquel próximio verano y manejar su nombre en las quinielas entre Phoenix, Atlanta y Dallas, justificaba todo. “Cuando lo reclutamos con 15 años, nosotros éramos conscientes que teníamos un jugador diferente en nuestras manos” afirmaba para la publicación su agente, Quique Villalobos. “Que en un futuro iba a ser otra cosa respecto a los jugadores que habíamos tenido antes en España. No estábamos del todo seguros, pero sí teníamos el convencimiento que teníamos oro entre las manos”.

              Desde aquella primera Minicopa vitoriana en 2013, donde se presentó en sociedad promediando más de 24 puntos, a su primera gran actuación en Bilbao con 16 años y 6 meses, sentenciando con un triple la difícil visita a Miribilla, todo era subir peldaños a velocidad de vértigo. El Real Madrid contaba con un chaval capaz de asimilar el juego profesional y sobre todo, capacidad para asumir responsabilidades con toda naturalidad. Ya no era el crío que había que mimar (que en el club se hacía) sino que se le podía exigir y reprender ante los errores. Tal era su carácter. Eso sí que era ser especial. “Talento y sabiduría, con esa mezcla, es uno de los mejores jugadores que he visto“ añadía su compañero en el Real Madrid, Anthony Randolph. “A nada que él mejore, siga trabajando y siendo humilde, el cielo es el límite”.

 

              No queremos redundar en todo lo que hemos vivido en primera persona en Liga Endesa, con dos ligas siendo claro protagonista, un título en la Turkish Airlines Euroleague o la consecución del Eurobasket de 2017 para Eslovenia, en una de las mayores sorpresas en la historia del campeonato. Solo que su entorno, primero en la Ciudad Deportiva del club, conviviendo en sus primeros pasos con las promesas e intentando aprender un idioma nuevo, siendo tutelado por los veteranos en los viajes y comiendo de la cocina de su madre una vez se instaló su familia en Madrid, han sido unos argumentos perfectos que ayudaban al desarrollo de un carácter campeón, con unas condiciones privilegiadas para este deporte.

              Es evidente que en su segunda temporada en la NBA ha sufrido un desarrollo físico para poder afrontar esta locura de calendario, sobresaliendo a cada partido, siendo el responsable de maniobrar el timón de los Mavericks. Porque eso es un punto a favor del cuerpo técnico dirigido por Rick Carlisle: que a Doncic le han dejado hacer. Abajo esteriotipos, olvidándose de etiquetarle, Luka ha tenido la libertad para ser quien es sobre el parquet. Poder disfrutar de la dirección del equipo y que decida libremente lo que desee hacer. Eso, acordándonos de otros casos muy cercanos a nosotros, que no han tenido tal oportunidad, es muy importante.

Siempre han rechazado cualquier hándicap que quisieran inventarse para minimizarlo, como el de ser un jugador grande y lento para posición de base. La protección que hace con su cuerpo del bote hace que, incluso las manos más rápidas del planeta que allí habitan, puedan arrebatarle el balón. Y eso es un ejercicio de maestros, que ha ido mejorando y perfilando en su convivencia con el firmamento NBA. Porque Luka sabe que si recibe el bloqueo a ocho metros del aro, es más peligroso que a diez. Claro, que las defensas son diferentes y más agresivas en el primer caso. Y tiene esa santa paciencia en forma de sangre fría de seguir adentrándose, llegar a los seis metros botando, donde el tráfico ya es mucho mayor, sin perder el balón en el bote mientras piensa la mejor opción. Detalles detectarlos y luego refinarlos.

              Por otra parte, la gran diferencia del Doncic-NBA al Doncic-Real Madrid viene dada por su efectividad en el tiro exterior tras bote y paso atrás. Sobre todo la dificultad de ejecutarlo en el triple de 7,24 de allí. Es terriblemente difícil lograr sus porcentajes con ese gesto, lanzando equilibrado tras cuadrarse con un paso atrás, que suele  ser largo y muy exigente. Entre todo su arsenal de juego, ha sido su salto más cualitativo. Porque su lectura del dos contra dos, poder decidir entrando a canasta (volvemos a reiterar la protección del balón en su bote) o dar asistencias a quienes continúan bloqueo, era algo ya más que aprendido de su etapa en España. Y ha sido uno de sus grandes apoyos para convertirse en uno de los máximos anotadores de la mejor liga del mundo, rozando la treintena en el promedio. La treintena. Es que es una locura solo pensarlo.

              Aquellos malos augurios de analistas NBA que, previo a las fechas del draft, volvían a recordar las carreras de europeos como Jan Vesely, elegido como nº 6 del draft o la de Dragan Bender, todo un número 4 (creemos que, por no hacer mucha más sangre, se privaron en recordar el número 1 de Andrea Bargnani), se esfumaron en las primeras actuaciones de este privilegiado de la canasta, llegando a ser uno de los grandes favoritos de la competición (y claro candidato a MVP esta 19/20).

En Dallas están encantados con él. Es faro y guía, teniendo claro que no querían volver a cometer el error de rechazar la opción de Giannis Antetokounmpo, que en 2013 y teniendo la elección nº 13 del draft, entre que era un jugador sin tiro exterior, procedente de una liga muy menor y se dejaron guiar por las pretensiones presentes dereforzar el plantel para ya, para reeditar el título obtenido por la franquicia dos años antes. Se decantaron por Kelly Olynyk, enviado inmediatamente a los Celtics y aligerar masa salarial en la búsqueda de arsenal veterano. Ellos, que apostaron por Dirk Nowitzki y este pasado año, por el letón Kristaps Porzingis, Luka Doncic encaja perfectamente con la franquicia.

Y jugó su All Star Game. Y como muchos jóvenes a quienes se les ven proyección de disfrutarlo multitud de ocasiones más, su debut fue discreto en minutos (diecisiete y medio). Llegará su momento. De momento y con 21 años, tenemos claro que será un fijo en años venideros. Un chico ganador forjado a la medida de un club con un conocimiento tan grande como su historia. El Real Madrid y la Liga Endesa fueron privilegiados de contar con él y artífices de lo que Luka es hoy día. Y lo que queda.