Nuestros All Stars. Nº1: Jeff Ruland

Nuestros All Stars. Nº1: Jeff Ruland

Antonio Rodríguez

              En Endesa Basket Lover repasaremos los jugadores que han tenido el tremendo honor de ser All Stars en la NBA y que, antes o después, pasaron por la Liga Endesa. Por regla general y a excepción de nuestros representantes, Pau y Marc Gasol, aterrizaron con posterioridad en la liga, sobre todo si eran estadounidenses. Pero comenzamos este serial con un curioso caso, cuyo camino fue al contrario. Recalar en la NBA, llegar a disputar un All Star Game cuando su paso previo, dejó más indiferencia que seguidores en nuestro país. Les presentamos la curiosa historia de Jeff Ruland.

Mágica fue la cita del All Star Weekend en Denver’84. Allí se recuperó el concurso de mates, donde Julius Erving rememoró elde la línea de tiros libres, pero Larry Nance hizo fantasía para llevarse el trofeo. Allí se disputó un fantástico encuentro, sentenciado tras prórroga con Isiah Thomas como MVP con el marcador más alto para la época (154-145). Y en ese encuentro, un ex jugador de liga española, Jeff Ruland, fue partícipe de todo aquello. Componente de los Washington Bullets (hoy Wizards), como sustituto por lesión del mejor pívot en aquel momento de la NBA, Moses Malone, que no pudo viajar a las montañas de Colorado, tras el céltico Robert Parish, que ostentaba la titularidad y Bill Laimbeer, Jeff Ruland formaría parte del trío de centers entre los doce de la Conferencia Este. Tan sorprendente verlo en nuestros televisores, como su trayectoria en el equipo quien lo contrató, el F.C. Barcelona, aunque esta vez, sorpresa negativa.

El dúo junto a Rick Mahorn fue terrible. 

Ruland fue en España, más sinsabores que buenos recuerdos. Estrella de high school en Estados Unidos y élite nacional en el momento de su ingreso a la universidad en 1977, a la misma altura que Magic Johnson, Danny Ainge, Herb Williams, Albert King o Kelly Tripucka, fue apuntado como el hombre alto con mayor proyección de su generación. Ante deseos de reclutamiento por parte de Indiana, Kentucky, North Carolina o Notre Dame, Ruland eligió la pequeña universidad de Iona College, ubicado en New Rochelle, New York, con no más de 5.500 matriculados, por el mero hecho de estar cercano a casa y querer “ir a un sitio donde no hubiesen ganado nada y poder ganar un título para ellos”, lo que destilaba un carácter algo fanfarrón que también sacó a paseo en la Ciudad Condal.

Esa cierta fanfarronería se convertiría en melancolía, tristeza y una sensación de estar de paso en nuestro baloncesto, cuando recaló con 22 años en el F.C. Barcelona en la temporada 80-81, por mucho que su agente, George Kalafatis, afirmara que “con Ruland, tienen buen americano para muchos años”. Por suerte para él, no fue el caso. El juego físico al que estaba acostumbrado, en España no cuajaba mucho. Acribillado a faltas personales, por no permitir la mayoría de los contactos que en USA sí se daba (los arbitrajes eran muy diferentes a los actuales), su desilusión se fue acrecentando hasta que fue sustituido a mediados del mes de diciembre, por el “otro americano”. Nuestros clubes que jugaban en Europa, contaban con un segundo extranjero (solamente se permitía uno en España) para tales competiciones continentales, donde sí se admitían dos. Curioso que los dos grandes del baloncesto español, F.C. Barcelona y Real Madrid, se vieron afectados por la misma causa: mientras el Real Madrid suplía a su americano Jim Abromaitis por Randy Meister (aunque, realmente el elegido inicialmente, hasta que se recuperara de su lesión, era Meister), los azulgranas hicieron la misma jugada, relegando a nuestro protagonista a jugar poco más de una decena de partidos en la Recopa de Europa, en beneficio de su compatriota Mike Phillips.

No eran estas las expectativas cuando llegó con su enorme fama desde Estados Unidos. Anunciado como una estrella en USA (más sonoro, si cabe, por el desconocimiento general que se tenía del planeta americano), tal fama venía precedida tras su periplo en la universidad de Iona. Sus cortos brazos, verdadero lastre con lo que tuvo que luchar a lo largo de su carrera, no fue un obstáculo, aunque cierta incredulidad entre sus compañeros, como su compañero en los Bullets, el base John Lucas, que desde un “con esos brazos, no podrá jugar”, pasó a un “pero veía que noqueaba a toda la gente a su alrededor. Creo que hay dos jugadores en la NBA cuyo trabajo no es suficientemente valorado: el de Moses Malone y el de Jeff Ruland. Jeff es nuestro Moses” llegó a decir el posteriormente entrenador NBA.

En Iona College tuvo como alma mater a un jovencísimo, locuaz y parlanchín de origen italiano entrenador, llamado Jim Valvano, con el que tuvo una relación muy, muy estrecha. Muchos días, tras el entrenamiento, se iba a su casa y acababa jugando en la canasta del patio trasero con la hija de Valvano, Nicole, de 7 años. A nivel deportivo, Jeff Ruland creyó que a su universidad no se le respetaba como debían. Entraban de forma esporádica en el Top-25 de la nación, aún teniendo actuaciones memorables como una victoria por 17 puntos ante la universidad de Louisville en el mejor escenario posible, el Madison Square Garden. Era 1980. Si echan un vistazo a Wikipedia, verán que ese año, Louisville fue el equipo campeón. “Es que les pateamos el culo” dicho por esa ‘dialéctica humilde’ que acompañaba a ruland.

Siendo élite nacional, es extraño que no recalase en la NBA y sí fuese a parar a manos de Antoni Serra y en las tripas del Palau Blaugrana. Ruland trató y negoció con un agente, Paul Corvino, durante su etapa colegial -algo terminantemente prohibido-, que de cuando en cuando, le daba algunas cantidades de dinero, supuestamente escasas. “Si hubiese querido ganar dinero en la universidad, me hubiese ido a alguna más grande, donde sí tendría oportunidad. Simplemente, así podía pagar la colada”. Jim Valvano lo trataba como a un hijo -el padre de Ruland, antiguo jugador de béisbol, falleció de un paro cardíaco cuando Jeff contaba con 7 años- y algo se rompió, cuando sin comunicárselo a sus jugadores, Valvano firmó el 26 de Marzo de 1980 por la universidad de North Carolina State. Ruland se sintió traicionado. Ese detonante, más polémicas de amaño de partidos y cobro de dinero por parte de los jugadores en la universidad -que nunca se pudieron demostrar-, hicieron que su nuevo agente, Larry Fleisher, le convenciera para dar el salto a la NBA tras su tercer año universitario (algo muy extraño en aquellos años y que necesitaba de ciertos permisos).

<Bloqueando el rebote a Dino Meneghin, en un enfrentamiento de Recopa,  Barcelona-Turisanda Varese. 

Ruland fue elegido en 2ª ronda, con el número 25, mucho más bajo de lo que se le presuponía. Digamos que los scouts no habían seguido aún de cerca las evoluciones de tal jugador, esperando a su cuarto y último año en college, fueron pillados por sorpresa. Es,o unido a esa imagen de bracicorto, le hicieron caer hasta el mencionado puesto 25, elegido por Golden State Warriors, que lo traspasó por otra segunda ronda (Sam Williams) a los Washington Bullets. El equipo de la capital, con Wes Unseld, Elvin Hayes y Mitch Kupchak en sus filas, recientes dominadores de la NBA, aunque ya veteranos, no vieron nada claro su futuro y le insinuaron Europa pues en un futuro próximo, sí lo necesitarían.

En Barcelona hubo polémicas y hubo lesiones. Mal empezaba el asunto cuando su agente recibió 8.000 dólares en pesetas, como adelanto, que en la aduana se los requisaron. Ruland confiesa no haber visto jamás ese dinero después. Más tarde, se marchó un 20 de Diciembre a Estados Unidos a pasar las navidades, además de casarse, con un permiso hasta el 2 de Enero. Y regresó el 9, con las controversias suscitadas y una posible rescisión de contrato. Finalmente, la sonrisa perenne de su agente en Europa, George Kalafatis, hizo llegar a un acuerdo para que finalizase la temporada en el club de la Ciudad Condal. En la Recopa consiguió notables actuaciones, más aclimatado en el equipo, con su mejor noche en Zagreb ante la Cibona, enfrentándose a todo un mito como Kresimir Cosic, con 28 puntos, ayudando a sentenciar la eliminatoria semifinal y lograr el pasaporte para la finalísima de roma. Allí, en un ambiente de lo más hostil ante la Squibb Cantú, en una gran disputa con los pívots estadounidenses Bruce Flowers y Mike Bantom (palabras mayores), bregó hasta conseguir 17 puntos.

De los pocos que le defendieron fue su entrenador, Antoni Serra, que veía unos movimientos muy fáciles en poste bajo, para un hombre de tal corpulencia. Y con quien hizo mejores migas fue con Ed Johnson, el estadounidense que un año antes había jugado en el Joventut y que residía en Barcelona. Claro, es que si hablamos de migas, el bueno de Ed era un trozo de pan.

Tras esta experiencia, regresó a Estados Unidos, a unos Washington Bullets que ya sí lo esperaban. Y lo que fue salir desde el banquillo en sus primeros partidos como suplente de Spencer Haywood (otro que regresaba de su aventura europea), la azarosa vida de éste -llegó a quedarse dormido en el banquillo durante el calentamiento previo a un partido- así como sus constantes lesiones, le dieron una titularidad que bien aprovechó, haciendo pareja con Rick Mahorn, nada menos. John Lally, el trainer del equipo, les llamaba a ambos “McDirty & McFilthy” (algo así como “McSucio & McInmundo”). Pocos se atrevían a pasar por la zona ante tales angelitos. En un encuentro muy igualado ante los Pistons, Ruland fue a taponar el último tiro a un rookie de cara aniñada, llamado Isiah Thomas. Lo hizo con tal contundencia y brusquedad, que tras taponar, cayó encima del pequeño base, haciéndole una buena ‘avería’. Como príncipe de la diplomacia, se despachó en declaraciones post partido con un “intenté mandarle luego al hospital infantil”.

De la furiosa eliminatoria que tuvo frente a los Celtics en los playoffs en 1982, en semifinales de conferencia, Johnny Most, el famoso speaker en los partidos de Boston, bramaba e insultaba a la pareja (con Mahorn también lo haría años más tarde, con los Pistons), escandalizando a la mismísima mamá de Ruland, que escuchaba tales partidos a través de la radio y lo definía como un “deslenguado”. Most, en toda su genialidad, llegó a decir en antena, en uno de los últimos partidos de tal playoff, “soy Johnny Most, comentarista de los Celtics. Señora Ruland, si a partir de ahora no quiere oír lenguaje rudo ni blasfemias, apague la radio”.

Y en la temporada 83-84, Jeff Ruland consiguió el sueño de poder jugar un All Star Game, compartiendo curiosamente equipo con Bill Laimbeer, otro jugador que pasó por el mismo proceso de emigrar a Europa y demostrar en Italia que tenía sitio en la NBA como excelso reboteador (el caso de Laimbeer fue algo diferente al de Ruland, porque antes de recaer en Italia, fue desechado por los azulgranas). Los números de Ruland aquella temporada fueron estos:

Unos excelentes promedios y un galardón más que merecido. Poco más duró su andadura en la NBA en un estado físico óptimo, pues las lesiones hicieron mella. Llegó a ser traspasado a los Sixers a cambio de, nada menos que Moses Malone, con vistas a que fuese el maestro veterano a instruir al chico que tenía toda la pinta se ser le elección de Philadelphia como número 1 del draft en 1986, Brad Daugherty. Ruland pasó cuatro años consecutivos en el dique seco y obviamente, a su vuelta, todo era diferente. Ni sus condiciones eran las de antes ni los físicos de principios de los noventa eran los de diez años atrás. Retirado de las canchas en la campaña 92/93, acabó siendo asistente en los propios Sixers de Philadelphia y entrenador jefe en su universidad, Iona. Para el aficionado español, quedará aquel respingo desde el sofá, cuando “Estadio 2” emitió un resumen de 20 minutos de aquel All Star Game del 84 y Pedro Barthe mencionó “… y ahí tienen a Jeff Ruland, el antiguo jugador del Barcelona, que hoy pertenece a los Washington Bullets”.