ARTÍCULO: LAS 700 GLORIAS DE AÍTO GARCÍA RENESES

ARTÍCULO: LAS 700 GLORIAS DE AÍTO GARCÍA RENESES

Antonio Rodríguez

Un partido en el viejo pabellón Virgen del Val, en Alcalá de Henares, entre el Cajamadrid y el Ron Negrita Joventut. Bueno, no era tan antiguo en la temporada 84-85. En aquellas primeras jornadas, el Joventut entrenado por Aíto García Reneses estaba dominando la liga, tras derrotar al Real Madrid en la mismísima Ciudad Deportiva lindando con el Paseo de la Castellana jornadas antes. Y aquella sorprendente “Penya” se adueñaba de la zona, con la tripleta interior Mike Schultz, Gerald Kazanowski y Andrés Jiménez. No es que el jugador de Carmona jugase de “3”, sino que Aíto lo usaba para completar un triple poste devastador. Y aquello funcionaba. Enfrente, Tomás González, entrenador del Cajamadrid, quiso replicar con la misma moneda, intentando sacar del desespero del mal arranque a sus aficionados, con otra tripleta formada por Juan Fermosel (pívot menos tosco de lo que se piensa), más los americanos Bob Thornton (el actual assistant coach de Memphis Grizzlies que dejó una imagen de discreto jugador y peor carácter) y Orlando Phillips. Y a pesar de la movilidad de este último, aquello, pues no funcionaba. El trasiego y la falta de espacios en la zona, asfixiaba a los jugadores cajistas.

Aíto García Reneses siempre pareció un entrenador aventajado de los que, más que encontrar respuestas, se adelantaba a buscar la siguiente pregunta. Un semblante que nunca ha dejado de lucir a lo largo de las 700 victorias que consiguió este fin de semana en triunfo del Herbalife Gran Canaria, su actual equipo, ante el Río Natura Monbus Obradoiro (72-57). Diferentes proyectos, mismos caminos -nunca atajos- para el éxito. Son muchos años ya, como para saber de la vereda correcta. Aquel joven que los “veteranos de guerra” me cuentan, quizás mitad certeza, mitad “radio macuto”, que Raimundo Saporta vio en él el relevo perfecto en el Real Madrid para Lolo Sáinz cuando éste decidiera marcharse, y que el talento de nuestro personaje estaba para mostrarse, no para esperar, y por ello decidió permanecer en tierras catalanas para hacer allí una carrera, de momento, de 700 glorias en ACB. Porque el trabajo, la búsqueda de retos, ya las tenía mucho antes. De cómo en aquel Cotonificio de principios de los 80, podíamos encontrar compartiendo pista a Miquel Pou y Andrés Jiménez como pívots y usar como aleros a Jordi Freixanet y Brian Jackson como aleros (ambos con movilidad, ambos superando sobradamente los 2 metros), y pensar que por allí pudiera presentarse un nuevo capítulo del futuro del baloncesto, que su privilegiada capacidad nos presentaba a modo de fascículos. Con el desenfado y la inocua claridad que siempre mostró. “Si trabajas, vas a jugar. Tengas la edad que tengas”. Confesión de Rudy Fernández, como una de las frases que más grabadas se quedaron a lo largo de su carrera por parte de un entrenador, en sus primeros años en el Joventut. Y así Aíto ofició también con Montero, Jofresa, Julián Ortiz, Jordi Soler, Dueñas, Juan Carlos Navarro Navarro, Pau Gasol, Ricky, Kristaps Porzingis…Oriol Paulí.

En la actualidad, inmerso el ambicioso proyecto en Gran Canaria, lanza pinceladas de lo que es su baloncesto, que lleva implícito la libertad y la exigencia de toma de decisiones a sus jugadores, como sucedió en Sevilla en los dos años que regaló a la afición hispalense de buen baloncesto. Conceptos modernos extraídos de los libros más antiguos. Capítulos que él ya escribía. Y es que Aíto, hombre que tampoco es infalible, sí ha sabido rectificar como el sabio que es. No pudo ganar una liga (temporada 99-00, aquella del Real Madrid con Scariolo y la exhibición del Alberto Angulo, que curiosamente el aficionado recuerda como la aparición de Djordjevic), dándose cuenta que en su plantilla, entre Goldwire, Gurovic, Digbeu, Elson…había muchos soldados con poca “sesera” y había que reconducir aquello. Y por ello se trajo, oculto en el Olimpia Ljubljana, a la mente más clarividente del baloncesto europeo, un tal Sarunas Jasikevicius, que justo lo que necesitaba su equipo.

Aíto García Reneses, desde el poder económico que daba el club azulgrana, instauró en el baloncesto español aquello de las rotaciones, tan básico en nuestros días (a nivel de clubes. Que Díaz Miguel ya lo utilizaba en la Selección), que siempre fue seguido por la polémica de sus defensas y el juego duro que imponía, del no conseguir ganar una Euroliga. Quizás la perspectiva del tiempo de ahora en pensar que se alzó al estrado de una Final Four en 1989, 1990, 1994, 1996, 1997 y 2000. Que eso es la élite, donde pocos llegan y menos se mantienen.

700 glorias para Aíto García Reneses que seguirá sumando. Que esto en definitiva, no son números de afanado contable rellenando casillas en inventarios, sino exhibiciones ordenadas en un parquet para que en Las Palmas se deleiten, todos disfrutemos y haga a la Liga Endesa más grande.