George Karl, un yanqui en la corte del Real Madrid (Cap.04)

George Karl, un yanqui en la corte del Real Madrid (Cap.04)

Antonio Rodríguez

              Y así, llegamos a un 3 de diciembre donde todo cambió. Fernando Martín fallece en accidente de tráfico en la madrileña M30, la tarde en la que iría a ver la actuación de sus compañeros en el enfrentamiento ante el CAI Zaragoza. Sin él, todo se desmoronó. Ver aquellos dos nuevos americanos recién llegados, asombrados ante tal vorágine, las lágrimas de un escudo y a quienes representa, rivales como Epi y Audie Norris, al que Manolo Lama recordaba que “lo vi llorar como a un niño”.

              Sin ahondar más en la tragedia de la que 30 años después sigue siendo una fecha de referencia en la historia de nuestro baloncesto, hizo cambiar el panorama… de todo.

La capilla ardiente de Fernando Martín.

Luis Gómez: “(columna publicada en la Gigantes del Basket del 18 de diciembre de 1989) Fernando Martín dotó al baloncesto español de fuerza de choque, de infantería acorazada. Del punto diferencial que necesitaba para intentar el asalto a los grandes éxitos. Fue la causa que España pudiera alcanzar así sus primeras medallas europeas y olímpicas de una forma indiscutible (…) Su definitiva ausencia deja al aficionado huérfano de un hombre carismático, sobre cuya espalda rondaba el resultado final de una liga. La liga, el baloncesto nacional, ha empobrecido repentinamente con su muerte, ha perdido categoría de forma irremediable. Pero el baloncesto español debe imperiosamente resucitar su espíritu, su agresividad, su carácter en la cancha, su ambición, su valor, su instinto. Porque su testimonio era su mejor herencia, su huella en el deporte español”.

Incluso vino Piero Costa al funeral, aquel general manager de la Phonola Caserta, que por su enorme lamento, parecía saber algo que la mayoría ignoraba. “Ya lo teníamos, ya lo teníamos” gemía con toda la tristeza ante un testigo, Miguel Ángel Paniagua.

 

LA DIFÍCIL VIDA DESPUÉS DE FERNANDO MARTÍN

 

              Precisamente, de la herencia de Fernando, su ambición y valor que hablaba Luis Gómez, de una forma más explícita, se debió usar en el vestuario al descanso durante el partido ante PAOK Salónica. 48 horas después de su fallecimiento, 7 horas tan solo tras darle sepultura, con los ojos enrojecidos tras las emociones vividas, los jugadores se retiraron con un 33-46 adverso, sin estar centrados. Lo que sucedió en aquel vestuario antes de la reanudación, quedará para ellos. Una salida en tromba de 9-2 encauzó el partido como para acabar con un parcial en la 2ª mitad de 59-25 y la veintena de diferencia final (92-71, para ser más exactos), tal y como gustaba a Fernando, con su hermano Antonio como principal protagonista.

Parte de la familia Martín Espina, en el funeral por Fernando.

              “Quiero que pase ya este 1989”, sonaba como un desconchado deseo en George Karl, tras la tragedia de Fernando Martín, la enfermedad del padre de Biriukov y los problemas del suyo, debido a una depresión. “Mis hombres están capacitados para ganar a los mejores, porque a mí me han demostrado que son extraordinarios”. La prensa habla del interés en contratar un pívot, pues sin Fernando, el agujero en la zona es grande. “No existe tal posibilidad. Con Fernando (Romay), Antonio, Pep y Anthony, tenemos cubierta la cuestión del rebote”. Pero el azar siempre es susceptible de empeorar aún las cosas más.

              Se entra en una complicada dinámica de derrotas en liga. Previo a las navidades, el RAM Joventut se aúpa a la primera plaza derrotando en Badalona a los blancos (76-71), que aprovechan el Torneo de Navidad (rebautizado como el “I Memorial Fernando Martín”) para hacer debutar a Dennis Nutt, al que claramente le falta rodaje. Con la filosofía de jugar con pequeños y dar rapidez, lograron vencer al Maccabi Tel Aviv y a la Jugoplastika, cediendo ante el Aris Salónica. Se busca una nueva identidad sin Fernando, pero conlleva un triste reverso: siendo el equipo que más rebotes capturaba de la competición liguera, ahora es rebasado casi como hábito bajo tableros. Fueron avasallados en el Palau Blaugrana (113-89), pierden dos días después en su cancha ante el CAI Zaragoza (el partido aplazado del infausto accidente de Martín, por 93-94) y ante el Caja de Ronda (84-86), en lo que supuso el debut de Dennis Nutt.

              Antonio Martín es baja por un esguince de tobillo, dejando a Fernando Romay como único pívot y aunque se vence al Valvi Girona (96-84) asfixiándoles a carreras, la carencia reboteadora se vio plasmada a las claras en la visita a La Casilla, perdiendo ante un Cajabilbao (85-76), que ese año vagaba con muchos problemas. Se tiran pocos tiros libres y mal, se cogen menos rechaces y hasta el discreto pívot en tareas ofensivas Granville Waiters, se marca una notable actuación, con 6 de 7 en tiros de campo. “Estoy buscando un pívot como un desesperado” pregona a los cuatro vientos Lolo Sainz. Pero la cara B de todo este affaire fue la contestación de George Karl finiquitando una reunión privada entre entrenadores y gerencia. “Perfecto, fichamos un pívot. ¿A quién?” Y se hizo el silencio. 

Anthony Frederick no fue lo que se esperaba finalmente.

La prensa pone en el objetivo de las críticas al propio Karl, que no muestra debilidad ante sus preguntas, yendo a muerte con sus jugadores. Él sabía perfectamente que necesitaba alguien interior, que el equipo estaba a falta de un baluarte importante bajo los aros (dos, si contamos la baja de Ben McDonald). Pero su lenguaje, entendido por unos pocos tan solo, era diametralmente opuesto a los que llenaban columnas en periódicos y horas de radio y televisión. Y no era de su gusto compartir explicaciones que, o no entenderían o no querrían entender. ‘El equipo está pensado para los tiradores’ aclamaban. Y sí, pero los tiradores no solo tiraban. Con sus sistemas, podían conseguir muchos puntos en la zona, penetrando. ‘Con Antonio Martín jugando por fuera, se pierde mucho potencial interior que no sobra’. Sí, pero Karl veía en la muñeca privilegiada de Antonio un arma decisiva desde el exterior, además de la comodidad con la que tiraba, ya que pocos pívots se arriesgaban a salir tan a fuera. Lo que era normal en Ferrán Martínez, usar su media y larga distancia, era atípico en Martín. Lo que se ensalzaba décadas atrás, la facilidad que Carmelo Cabrera tenía para jugar al poste cuando era defendido por su par, parecía una locura en el caso de Mike Anderson. Repetimos, lenguajes muy distintos. Al resto de entrenadores, en cambio, les parecía un dibujo muy atrayente.

Lolo Sainz: “No tenía una noción clara de lo que era el baloncesto europeo. Yo a veces le tenía que poner en su sitio, decirle lo que no estaba bien. Y por eso, algunos medios dijeron que no nos llevábamos bien. ¡Qué va! Teníamos muy buena relación. De hecho, recuerdo que nos volvimos a encontrar en el Mundobasket de Indianapolis de 2002. Yo acompañé a la Selección y él era el entrenador de Estados Unidos. Cuando me vio, dio un grito enorme y me dio un abrazo que casi me desarma”.

              El propio George Karl declaró a final de temporada que “a pesar que han intentado enfrentarnos, Lolo ha sido mi mayor apoyo en España. Hemos tenido diferentes criterios en situaciones determinadas, pero la relación ha sido muy cordial. Si hubieran sido pacientes, podríamos haber hecho grandes cosas. Formamos un gran tándem. Espero que la persona que lo reemplace tenga la pasión por el baloncesto que tiene él”.

Pep Cargol: “La impresión inicial dentro del grupo era algo totalmente nuevo, distinto, fresco. Él hacía cosas totalmente distintas. A la manera de entrenar clásica, introduce más sistemas cortos y específicos, pensados para crear ventajas de un jugador y después establece un juego de pases por conceptos, mezclados con situaciones específicas para cada eventualidad. Nos pide agresividad, con el uso de manos, el uso del cuerpo para romper cortes de rivales. Él nos exigía familiaridad con el scouting y nos da hojas escritas de su puño y letra con sistemas para ejecutar frente a quienes jugábamos. Estaban escritas en inglés y Ángel Jareño, su ayudante, era el encargado de hacernos las fotocopias. Lo que teníamos que hacer específicamente con cada jugador, ahí lo teníamos todo anotado. Yo conservo algunas de esas hojas y mira, repasándolas, frente al Joventut, nos pide que, para controlar su contragolpe, empujarles hacia las bandas en la subida del balón. Aquí hay un scouting detallado, lo que hoy es básico”.

José Biriukov bregando ante el CsKA Sofía, en la Recopa.

 

José Biriukov: “Nosotros no conocíamos a George Karl. Aquí, ni los árbitros, ni la afición ni, por supuesto, los periodistas vieron lo que era. Yo recuerdo un comentario televisivo, que lo tomamos en el vestuario a modo de broma. Lo que hoy es tan habitual, que el base marca la jugada echándose la mano a la cabeza, lo hizo Llorente. Y Pedro Barthe, que era el comentarista, dice ‘mirad cómo estará jugando el Real Madrid que hasta Jou Llorente está sufriendo jaqueca’. ¡Y lo decía completamente en serio!”.

Parecía como si los medios fuesen un enemigo. Pero no eran los únicos.

 

LA BATALLA CON LOS ÁRBITROS

 

George Karl: “(Extraído de la revista Gigantes del Basket del 19 de enero de 1990) Mis declaraciones no eran precipitadas. Simplemente manifesté algo que es palpable y además lo hice muy pronto, cuando al equipo no le afectaba ningún problema, por lo que no me pueden llamar oportunista. Lo único que pido es más responsabilidad”.

Declaraciones que llegaban de un recién llegado y no gustaban. ¿El motivo?

Lolo Sainz: “Cuando veía los vídeos de los partidos, no entendía cómo los árbitros pitaban una cosa en unos que, en otros, permitían. Y yo le volvía a repetir que esto no era todavía la NBA. En tono de sorna, él me decía ‘yo tengo unos enemigos, que son los árbitros’.

Sin Fernando, la importancia de Biriukov aumentaba

José Biriukov: “El arbitraje ahora ha mejorado. Pero treinta años atrás, había arbitrajes de traca en ocasiones. Es que no puedes coger manía a un entrenador. Es un entrenador. ¿Que si creo que lo cogieron manía? Totalmente. No le perdonaban ni una. Aíto, al que yo respeto mucho, podía discutir con los árbitros y casi nunca le pitaban técnica. A George Karl, levantaba la mano y ¡pam!, ya la tenía. Eran muy injustos. España o el baloncesto español ha sido muy injusto con Karl. Le volvían loco. Ahora es falta, ahora no es falta. Los americanos tienen una educación de baloncesto que a nosotros nos faltaba. Claro, lo han inventado ellos y nos ganaban en eso. Hoy día sí, pero en aquella época faltaba. Él viene de una escuela de baloncesto con cosas establecidas. Y aquí, de establecido, no había nada”.

Miguel Ángel Paniagua: “También he de decir que el George Karl aquel, no era el de sus últimos años como entrenador. Tenía treinta y ocho tan solo. Con treinta y tantos y su carácter, le costaba entender algunas cosas”.

 

CAPÍTULO 5 y último: Un yanqui en la corte del Real Madrid

 

CAPÍTULO 1: Un yanqui en la corte del Real Madrid

CAPÍTULO 2: Un yanqui en la corte del Real Madrid

CAPÍTULO 3: Un yanqui en la corte del Real Madrid