De ovaciones agigantadas

De ovaciones agigantadas

Antonio Rodríguez

              Porque lo merecieron. La 32ª edición de la gala GIGANTES DEL BASKET tuvo sonadas ovaciones a sonados galardonados. Por simbología y por discurso. Por historia y por futuro. José Manuel Calderón echó el cierre al recibir el último premio, el GIGANTE de Leyenda. “Nunca imaginé que lo pudiera recibir tan pronto, a los 38 años de edad”. Su discurso fue magnífico. Él nos transportó en un viaje desde el niño con un aficionado, absoluto devoto de este deporte, como es su padre, a su posterior carrera y éxito. El paso a paso a ver qué era lo siguiente por lograr. De hojear las revistas que estaban en casa a una carrera de 14 años en la NBA, un prodigio para alguien que pasaría desapercibido por la calle.

              La ovación hacia él fue atronadora. Se despachó en un discurso que se merecía dar ante la concurrencia, ante tantos colegas/admiradores que tenía delante. Con la sencillez de siempre. Por eso llega tanto a tantos. Como minutos antes, el guiño del actual entrenador del Real Madrid, Pablo Laso, que se ofreció a entregar el premio GIGANTE Entrenador de Leyenda, a Lolo Sainz. Y otra vez las emociones en esta Gala, perfectamente dirigida y presentada por Quique Peinado y Elena Cascales desde las instalaciones de la casa del baloncesto, como bien tratan de recordar siempre en Endesa. Lolo Sainz se acordó de la revista, del respeto a unos años en los que él estaba en primera línea del circo cestista, cuando más atronadores sonaban los botes del balón en este país y “los periodistas atizaban más”. De todos aquellos quienes le dieron la oportunidad de estar en el candelero, siendo entrenador del Real Madrid, el Joventut de Badalona y la Selección Española, ganando y alcanzando metales con todos ellos. El respeto a todos nombres que mencionó es directamente proporcional y elevado a la enésima potencia por el que se le profesaba en aquella sala, emocionando a los que fueron testigos de aquel periplo por el que se le reconocía.

              Sin embargo, la ovación más prolongada vino en el momento de seguir recordando, con el premio GIGANTE In Memorian, a la figura tristemente desaparecida de Cándido Antonio Sibilio, el gran “Chicho”. Un nudo en la garganta de quienes subieron a recoger el premio, su hija Aroha y su compañero Manolo Flores, que fue compartido por todos. Palabras entrecortadas de quien puso el talento y la sencillez para jugar a este deporte, en la cúspide de nuestra historia.

              Los tres mencionados, pasado más o menos reciente, según sea el caso, han dado paso a los galardones del que más orgullosos nos sentimos, con todos los éxitos de la Selección Española, tanto masculina como femenina, actuales campeones del Mundo y de Europa, respectivamente. Estar en la cúspide ha sido un trabajo de todos los que han venido detrás, trabajando durante muchos años y cómo se mantiene la máquina en funcionamiento. Y como resultado dan tipos como CarlosAlocén, uno de los puntales para seguir soñando próximamente, galardonado con el premio GIGANTE al Jugador Más Espectacular, como la lesionada Anna Cruz, representante de la Selección senior femenina. Todos pedíamos un esfuerzo para que subiera y recogiera el premio, a pesar de sus problemas con las muletas debido a una lesión en su rodilla. Ambos jugadores son el principal exponente de la perfección técnica, la alegría y el entusiasmo por jugar y la ambición por ganar. Es como si debía haber transcurrido un siglo nuestro baloncesto patrio para sacar un elixir, un producto tan perfecto como ellos (porque, no me negarán, que son perfectos jugando).

              Premios y elogios. Emociones y sonrisas para todos. Esta fue la gala y aquí tenéis a sus protagonistas.  Nuestro agradecimiento a la revista GIGANTES DEL BASKET y ¡enhorabuena a todos! Y en sus páginas lo seguiremos leyendo por mucho tiempo.