Nikola Mirotic, la mano que apunta al cielo

Nikola Mirotic, la mano que apunta al cielo

Antonio Rodríguez

              Son muchas horas, casi de laboratorio, en formar la estampa de jugador de baloncesto que hoy día es Nikola Mirotic. De todo lo que hace, de la perfección con la que lo hace, hay un sesudo estudio por todos aquellos que se vieron involucrados en la formación de lo que hoy es este producto final, la estrella del actual Barça. Uno de sus gestos es, elevar los brazos muy arriba cuando lanza en suspensión (orgulloso estaría un gran especialista en el tiro de nuestro país, Wayne Brabender). El seguimiento al tiro certero con sus extremidades, brazo arriba, la mano apuntando al cielo… Es como una premonición de las aspiraciones del jugador.

              Nikola Mirotic dio un recital de todos estos detalles, en la última jugada en el encuentro de ayer en La Fonteta ante Valencia Basket, en la nueva jornada de Euroleague Turkish Airlines. Maurice Ndour había sufrido ya una acción similar desde el poste bajo en el tercer cuarto, en la que el hispano-montenegrino se arrancó en una entrada de claro uno contra uno, lo esperó, le hizo una finta y fue capaz de anotar la canasta y forzar tiro adicional. En esta ocasión era una nueva prueba, con 75-74 en el marcador en la que, el marfileño, en la jugada final del choque, podría resarcirse. Pero no. Respondiendo tarde a una nueva finta, vio cómo no llegaba a la media vuelta en suspensión que Nikola parecía ejecutar, tan típica en él, tan efectiva en todo lo que llevamos de curso. Y el marfileño, lleno de pavor, saltó para obstaculizar el tiro, con la precaución de no cometer falta. La calidad del azulgrana tenía un dardo envenenado: añadir un pivote más, con el que anotaría una canasta definitoria y con la clase del que parece hacer las cosas fáciles. Encuentro solventado.

              Mirotic es un jugador de los diferenciales, porque gana este tipo de partidos. De los que, nosotros como espectadores tenemos el ejercicio obligatorio de ser conscientes que lo que tenemos delante, de poder disfrutarles en Liga Endesa y Euroliga. Son una especie de regalo, como lo pudo ser la última temporada de Luka Doncic en el Real Madrid, tras ganar el Eurobasket con su país o como lo fueron Sabonis, Norris, Petrovic o Epi. Son bocados de cardenal que van más allá de camisetas y colores y debemos conscientes que, cuanta más es la calidad del jugador, mayor es el nivel de alegría o desespero, según la deriva de cada afición, pero levantan sensaciones muy profundas. Una absoluta bendición.

Ver a Nikola Mirotic jugar es maravilloso. De la primera mitad que se marcó ayer, con 16 puntos al descanso, con su efectividad en los triples, dañando hasta el límite al rival cerca de la zona, anotando tiros libres, tuvimos buena cuenta. Para el rival, no se puede hacer nada más que disfrutar y seguir enfrascado en el reto de “cómo paro a este tío”. Hasta el extremo de arrancar una tímida ovación a los aficionados taronjas, al ser capaz de anotar un triple contra tabla. La resignación en las gradas de La Fonteta, mostrando la expresión “es muy bueno”, lo define.

Y es que Mirotic, no permite descanso. Es el primero en correr en transición rápida, obligando a hombres altos rivales a ser los primeros en bajar a defender. Y gana una posición en poste bajo, con la misma contundencia como hace 25 años hacía Alfonso Reyes para culminar el contragolpe. Si no recibe, aguanta un poco más,siempre brazo arriba, siempre marcando el objetivo, en busca de las cosquillas del defensor con un pivote para poder recibir al otro lado. En caso que no reciba, se enfrasca en jugar el sistema, sale fuera y ya con el esférico en sus manos, tiene un rango de amenaza de casi ocho metros, porque puede tirar desde cualquier posición. Con la mecánica de tiro que posee sacando el balón desde tan arriba, digna de estudios biomecánicos, obliga a arriesgar mucho a sus defensores en puntear, en estar encima. Campo abonado para las fintas. No conocemos ningún jugador de la Euroliga en la actualidad, cuyas fintas de tiro muestren el balón tan arriba, pareciendo realmente que va a tirar. ¡Es que son perfectas! Y vamos con otro punto diferencial: marcar los pasos. Los dos pasos en las entradas a canasta tras bote, son larguísimos, interminables. “Las botas de las siete leguas” que diría el narrador de Movistar+, Fran Fermoso.

Los 26 puntos de ayer son la novena ocasión en la que supera la veintena de puntos en Euroliga esta temporada. Excepto en un solo encuentro, en todos los demás superó la decena, certificado con sus 18,8 puntos de promedio por encuentro. Pocos jugadores existen tan letales como él. Examinemos una estadística curiosa, para ver hasta qué punto los tiradores que más frecuentemente utilizan la línea de 3, son capaces de forzar tiros libres. De la quincena de jugadores hoy día en Euroliga que superan los 5 intentos triples de promedio, solamente el base de CsKA Moscú, Mike James supera a Nikola Mirotic en el equilibrio entre intentos triples e intentos de tiros libres. James lanza 9 tiros libres por cada 10 triples intentados (exactamente, un 91,5 por cada 100). Mientras que tanto Shane Larkin como nuestro protagonista, por cada 10 triples, intenta algo más de 8 (85,7 por cada 100, para ser exactos), compartiendo porcentajes con el ala-pívot del Barça. Solamente que Larkin ha intentado 147 triples y 126 tiros libres, mientras que Mirotic está en 133 triples y 114 desde la línea del 4,60.

La exigencia para poder destacar en una liga tan atlética como la NBA, ha convertido a Nikola Mirotic en un jugador de mecánica rápida de lanzamiento, de gran efectividad en distancias muy largas y extremando la notabilidad del gesto técnico, ante jugadores más rápidos que él. Además, es más contundente en el rebote ofensivo como ya hemos visto, le gusta mostrar debilidad en los contrarios cuando les fuerza tantas faltas de tiro. Este el jugador que nos hemos encontrado en su vuelta a España y repetimos, ver su constante actividad sobre la pista, es un regalo para nuestros ojos y nuestro deporte.