20 años de la copa estudiantil

20 años de la copa estudiantil
Alfonso Reyes (MVP de la Copa) y Chandler Thompson, con el trofeo.

Antonio Rodríguez

-          ¿Y para cuándo un Estudiantes campeón?

-          “Esa pregunta no tiene respuesta. Lo que sí es seguro es que Estudiantes trabaja para estar en disposición de llegar a lo máximo. No hemos estado dando tumbos, lo que demuestra que nuestro planteamiento es válido. No lo hemos conseguido hasta ahora, pero espero que llegará si consolidamos nuestro proyecto sin altibajos”.

(Pepu Hernández, entrenador de Adecco Estudiantes, entrevista publicada en la revista GIGANTES el 5 de octubre de 1999).

Hoy, 31 de enero de 2020, hace 20 años, tres meses después de aquellas declaraciones, Estudiantes se proclamaba campeón de la Copa del Rey. La competición del K.O., el mejor escaparate de la Liga Endesa, viajaba desde Vitoria hasta el Ramiro de Maeztu. Con un equipo especial, con la idiosincrasia y el encanto mantenido y, en según que casos, recuperado desde los patios del colegio. Minimizando hasta el extremo todos los argumentos rivales, se plantaron en la final ante Pamesa Valencia y vencieron (73-63). Vitoria fue el “que salgan los toreros” y la consecución de su tercera Copa del Rey del club. Rasquemos desde Endesa Basket Lover y viajemos en el tiempo. Busquen algún hit musical que sonase en aquellos últimos días de enero del año 2000, pulsen el “play” y viajen con nosotros.

Nacho Azofra superando a Rodilla. Un director de juego perfecto para los campeones

Más de colegio que nunca

              Estudiantes era fiel a sus aulas, incluso en tiempos en que la Ley Bosman estaba ya más que establecida, en su tercera temporada en vigor. Pero a ellos, haciendo caso omiso de posibles refuerzos, les daba igual. Su estandarte eran tipos de la casa y como mandaban las ordenanzas de cara a esa temporada 99/00, dos extranjeros por equipo (no comunitarios) en vez de tres, como hasta entonces. Y ahí, no se complicaban: mantenían a los ya conocidos Shaun Vandiver y Chandler Thompson. Gonzalo Martínez, Pedro Robles o Carlos Jiménez eran ya ‘adultos’ en el club. Pujante y hambriento venía ese chaval al que todos miraban de cerca por ser de los ‘juniors’ de oro, Felipe Reyes, luciendo 19 añitos todavía. Y en las últimas temporadas, a cuentagotas, fueron regresando algunos hijos pródigo, tras vivir experiencias lejanas. Nacho Azofra (Sevilla), Alfonso Reyes (en Málaga y París) o Juan Aísa (Pau Orthez) probaron suerte para volver al aroma añejo del parque de Magariños. Tenían la seguridad que podían aspirar a todo, hasta que un contratiempo en forma de ofertón económico, produjo una magulladura en una plantilla ya confeccionada.

Iñaki de Miguel ficha por Olympiakos: “Es el contrato de mi vida”

              Tanto Pepu Hernández como Chandler Thompson en sendas entrevistas, haciéndolo extensible al igual que resto de la plantilla, estaban convencidos que con Iñaki, podrían aspirar a todo. Una enorme actuación ante Arvydas Sabonis en el Eurobasket del anterior verano, abrió los ojos de Olympiakos para hacerle una oferta millonaria al pívot estudiantil. Los directivos apretaron y al final, ”por una diferencia de dos millones y medio de pesetas”, pero el caso es que De Miguel se fue al Pireo por algo más de 600.000 euros por temporada, de los de entonces.

              Sin plantear sustituto, Pepu Hernández pensó que con la cantera se podría suplir tal baja. Quique Bárcenas también dijo adiós al club y se fichó del madrileño Canoe al pívot Asier García, que con la efervescencia de Felipe Reyes y la ayuda de otro que volvía a la plaza, César Arranz, dieron por cerrada la plantilla.

Problemas iniciales

              Chandler Thompson seguía convaleciente de su grave lesión de la rodilla izquierda, producida la temporada anterior en un encuentro ante el Sunair Oostende. Aún le quedaban dos meses y medio tras el inicio de la liga y alguien bonito y barato que pudiera suplirle era Andy Toolson. Escolta experimentado de Andorra, Zaragoza y Badalona, vino a ocupar su plaza durante la recta final de sus 9 meses de recuperación. Por otra parte, en un control antidoping en un encuentro de pretemporada de finales de agosto, se detecta un positivo por nandrolona al pívot recién adquirido Asier García. La sanción podría ser de dos años, aunque su médico, que le estaba recetando un complejo vitamínico (de ahí la sustancia) sabía que estaban en la legalidad y apelando al Consejo Superior, acabarían dándoles la razón (como así fue). Cierto es que, con este contratiempo, no pudo empezar la liga.

              Carlos Jiménez se lesiona en la rueda de calentamiento del debut liguero en Lugo (nada grave), pareciendo mostrar que las meigas sobre los estudiantiles, existían. Y revoloteaban por los alrededores, puesto que el arranque, con derrotas en Cáceres y Valladolid en las cuatro primeras jornadas, a pesar de que todos estaban familiarizados entre ellos, no daban al equipo la consistencia que se suponía que tenían. Menos los dos americanos y Asier García (que no deja ser un jugador madrileño), todos eran de la cantera estudiantil. Pero su juego de columpio “ora en los puestos de Copa, ora fuera de ella”, la escasa anotación (aunque eso fue un mal general de todos los equipos en competición), daba ciertos quebraderos de cabeza. No era la liga ni del Real Madrid ni del F.C. Barcelona, sino del equipo sorpresa, el que era capaz de ganar todo contra todos: Pamesa Valencia.

              Los valencianos, de la mano recia y la cabeza sabia del serbio Miki Vukovic, arrasaban con todo. Capaces de vencer en La Fonteta a los madridistas, en el Palau al Barça y cualquier otro rival que se cruzase en su camino, tanto en Liga Endesa como en competición europea, llegaron a acumular ¡20 victorias consecutivas! De ellas, 12 en nuestra competición doméstica. Inabordables, con un quinteto que apenas tenía rotaciones, Nacho Rodilla, Nenad Markovic, Víctor Luengo, Bernard Hopkins y Tanoka Beard llegaron a realizar una sinfonía tan bien entonada, que nadie podía seguir sus compases. Adecco Estudiantes por su parte, que por fin pudo recuperar a Chandler Thompson un par de semanas antes, les recibía en el Palacio de los Deportes en la jornada 13, con un balance de 7 victorias y 5 derrotas.

Bernard Hopkins fue el único jugador de Pamesa inspirado en la final, defendido por Azofra y Vandiver. 

La antesala de la Copa

              Fue el gran día de Alfonso Reyes (30 puntos, con 14 de 18 en tiros de campo), una gran intensidad defensiva y en definitiva, aquella matinal de domingo salió todo en los locales para derrotar a los imbatidos valencianos (88-74), acompañado por el recién incorporado Thompson (26 puntos). Tras su victoria en Girona, este triunfo y un posterior en el Ciudad Jardín malagueño ante Unicaja (69-76) consolidó al equipo en puestos de Copa. Además, en las fechas previas a la cita vitoriana, el Palacio de los Deportes de la calle Goya vivió una de las tardes más extrañas, declaración de intenciones de lo que suponía la defensa de los estudiantiles: vencieron al F.C. Barcelona, al que dejaron en 45 puntos (56-45). Sin todavía tener un rebote sobresaliente como tuvieron en años posteriores, sí la defensa estaba siendo determinante.

              El sorteo quiso que el Real Madrid y el Barça se enfrentaran en cuartos de final, mientras que Estudiantes iba al otro lado del cuadro, aunque su emparejamiento era el peor posible dentro de los tres que le tocaron: los anfitriones Tau Cerámica.

A Vitoria encarando a los anfitriones

              Para Estudiantes eran fechas plácidas estas de la cuesta de enero, incluso dando lugar a aquella noticia hilarante del posible fichaje de Michael Jordan. Una acumulación de “y si…” en el que se movieron, sacaron a la luz esta descabellada historia. Resulta que un año antes, en las fechas navideñas de 1998, la NBA aún seguía con su lockout y, aunque todo indicaba que Michael Jordan se había retirado del baloncesto en activo, no había dado su confirmación oficial todavía. “¿Y si quisiera seguir jugando?” La agencia Adecco, que patrocinaba a los colegiales y tenían parte del accionariado (circunstancia, por cierto, nada bien vista por la Demencia, que provocó movilizaciones durante varios partidos en el palco de autoridades), reunió un montante de dos mil millones de pesetas (12 millones de euros) para que Jordan jugase en Estudiantes durante los 4 meses que restaban de competición. Y como gancho ante tamaña locura, para hacerlo más creíble y realizable, a través del hermano de Severiano Ballesteros, este parecía convencido en dar clases particulares de golf a la rutilante estrella cestista, todo un enamorado del palo y el green. El caso es que el lockout finalizó, la temporada arrancó y Michael Jordan dio una multitudinaria rueda de prensa para anunciar su adiós definitivo (que tampoco lo fue esta segunda vez).

              El frío de Álava esperaba, aunque las calles de Vitoria hervían de baloncesto. El remozado Araba Arena (aún no se llamaba Fernando Buesa Arena), sin los edificios ni polígonos que hoy cuento en su alrededor, en mitad del páramo, quiso que, con su soledad, los ecos de la sorpresa estudiantil se oyeran aún más. En cuartos de final, un Tau Cerámica sin argumentos, anulado Elmer Bennett por la gran táctica defensiva de ayudas, apoyando a Nacho Azofra y Gonzalo Martínez, sin tiro exterior (aciago día de Juan Alberto Espil, con 1 de 6 en triples) y poco bagaje interior, fue completamente dominado (65-79), enmudeciendo al nuevo entrenador Julio César Lamas (que un mes antes sustituyó a Salva Maldonado) y a todo el recinto. Quien más callado y con mayor cara de decepción se mostró fue Josean Querejeta, presidente del club, que tenía claro que había que dar un volantazo a la trayectoria del equipo. Los estudiantiles jugaron en bloque y Felipe Reyes (17 puntos en 20 minutos), evidenciando que sus progresos, eran cosa seria.

Desmontando argumentos

              Si fue Elmer Bennett el jugador que con mayor mérito supieron frenar un día antes, en semifinales, el director de todo y adversario más peligroso, se llamaba Andre Turner. Caja San Fernando era el vigente subcampeón de liga por entonces, pero opuso escasísima resistencia durante los 40 minutos, en un día aciago en el lanzamiento triple (3 de 18). La enorme defensa ideada por Pepu Hernández, alternando zonas con traps sobre el genial base de Memphis, obraron la trabajada victoria atrás. Por segundo día consecutivo, desmontaban la mayor baza rival. Además, contaron con un inspiradísimo Chandler Thompson (27 puntos), faro en los suyos que les llevó a la gran final (80-65). Ocho años después de aquella hombrada en Granada, Estudiantes se plantaba en el último día.

La defensa estudiantil en la final, fue perfecta. Nuevamente Thompson y Reyes, ante la mirada de Aísa.

Las finales son para ganarlas

              Alberto Herreros recordaba de 1992 que, una de las claves para ganar la Copa del Rey, era gestionar mejor el cansancio que el adversario. Como entonces, los colegiales habían jugado tres partidos en días consecutivos y a estas alturas, ya se notaba el cansancio acumulado. Pero era una final. Y lo que un día fue Pinone, ahora era Vandiver. Lo que fue Winslow, ahora era Thompson. En la cita copera del año 2000, Azofra era un veterano de mil batallas, al igual que Juan Aísa y Alfonso Reyes. Los veteranos cogieron el mando para saber lo que debían hacer ante sus rivales.

              Y ellos eran Pamesa Valencia, que nuevamente con la pareja de pívots Beard-Hopkins, amargaron la existencia a Pau Gasol, a todos los barcelonistas, venciéndoles en semifinales (75-73), cuando fueron los azulgranas los que dejaron fuera de combate al Real Madrid (73-68) en cuartos de final. El dúo mencionado Tanoka-Bernard llevaban promediando 37,5 puntos entre ambos en los dos choques anteriores y con la dirección de Nacho Rodilla y los balones que les hacía llegar, tuvieron argumentos para llegar a esta final copera.

              Encuentro igualadísimo donde las defensas otra vez, marcaban el tempo y rompían el ritmo. Sin embargo, había un tipo que supo buscar las cosquillas a su rival… otra vez. Como en el enfrentamiento en el que Pamesa perdió la imbatibilidad liguera, Alfonso Reyes amargó la vida de nuevo a Tanoka Beard (11 puntos), que esta vez no estuvo a la altura de estrella. Si aquel día en el Palacio, Alfonso consiguió 30 puntos, esta vez fueron 26 (11 de 15 en tiros de campo a base de ganar posiciones), tan desequilibrantes como los de entonces.

Varios triples consecutivos de Juan Aísa y Azofra en la 2ª mitad, abrieron por primera vez una brecha (59-51 en el minuto 33), que tanto Azofra como Gonzalo Martínez supieron gestionar como nadie. Ya no perdieron el norte, vieron a los valencianos forzar triples sin ningún santo de cara (3 de 24) y con el temido cansancio en el olvido y la veteranía acumulada de los actores principales, Estudiantes se proclamó campeón de la Copa del Rey de Vitoria’00, por 73-63.

La alegría del equipo de patio de colegio, sin ser esta vez un apelativo que adorne, sino una definición precisa, fue… solamente ver sus caras, la de unos jugadores que supuestamente no tenían derecho a ganar aquella edición y lo hicieron. De la celebración, mejor no les contamos. La pregunta lanzada a Pepu Hernández sí tenía respuesta. Estuvieron en disposición de dar lo máximo y esta vez sí, fueron campeones de la Copa. Consolidando el proyecto y ganando. Veinte años ya. ¡Cómo pasa el tiempo!