Kobe Bryant, In Memoriam

Kobe Bryant, In Memoriam

Antonio Rodríguez

              Sigue nublado a la mañana siguiente. El dolor no pasa con estas horas, ni con este día, ni con dos más. El fallecimiento de Kobe Bryant es algo que parece un túnel en el que nos sumergimos, una nebulosa amenazante en quitar el sentido a todas las horas que pasamos durante 20 años leyendo artículos sobre él, deleitándonos con sus fotografías, viendo sus partidos. Como si todo ese tiempo invertido nos cayera encima de golpe, una losa que nos hunde. Eso, como aficionado. No queremos pensar lo que debe significar a rivales, amigos, familiares. Para ellos, ahora sí es difícil pensar.

              Quizás siendo seguidores, tengamos este privilegio. Si el cuerpo no nos deja reaccionar, nos mantiene inertes, hundidos, al menos la cabeza sí da muchas vueltas a ritmo de vértigo, absorto en recuerdos y pensamientos, sin dar tregua ni detenerse en nada en concreto. Y si toca escribir, tan siquiera concede un momento de calma para pensar, aunque sea tan solo el título a esta columna. Por ello, agarrándonos a la experiencia de Paco Torres, director entonces de la revista Gigantes del Basket, cuando tuvo que encarar la tragedia de Fernando Martín, “lo único que me parecía más solemne y propio, fue el ‘in memoriam’. Y te aseguro que le dimos miles de vueltas”. Porque también entonces, el nublado no pasó ni en aquella noche, ni en un día ni en dos.

              Oír a Gregg Popovich hablando sobre “la tragedia de Kobe” como una de las muchas personalidades que declaró tras saberse la noticia y ver cómo su nombre sale de sus labios, nos lleva a aferramos a un presente, resistiéndonos a abandonar su existencia. “La tragedia de Kobe”. Con el fallecimiento de su hija Gianna, junto a otras siete personas, se nos resquebrajó el corazón y la sensación que el baloncesto a estas alturas se minimiza, apenas tiene sentido ante tamaño suceso. Y entra el valor de las personas, como recalcó Kareem Abdul Jabbar en su mensaje. 

              Sin embargo, nos engañaríamos si minimizamos el baloncesto. El valor a la personalidad de Kobe, a llegar a ser el deportista que fue, lo dio su amor a la pelota y al cesto. Y se ‘oscarizó’ una carta, a modo de cortometraje, guionizando lo que sentía por este deporte. Cada trazo de los miles de dibujos que lo componían, era la comunión perfecta en la que todos nos vimos reflejados, para invertir horas viendo sus partidos, disfrutando de sus fotografías, leyendo sus artículos. Y sí, entonces cobran todo su sentido.

              Kobe Bryant ha sido, para los muy aficionados al baloncesto nacidos en los 90 -y todos en general-, como una columna vertebral en nuestras vidas, un álbum de recuerdos en el que las horas de clase, los ratos de ocio, giraban entorno a él y lo que representaba. La NBA llevó muchos años su sello, tanto en los momentos de anillos, como en los que debía arrodillarse a otros campeones. Siempre la silueta de su estampa. Desde sus inicios como profesional, en la que se jugaba un tiro decisivo sin tocar al aro ante Utah, a proclamarse cinco veces campeón de la NBA. A ser el adolescente altivo y exigente, a reconducir su ambición, transformándola en generosidad de saberse incapaz de volver a ser campeón sin ayuda, tras los años de Shaq. 

              Y por ello acogió a Pau Gasol como la llave que abría todas las puertas. Y con ello, todos los aficionados españoles salimos ganando. Un tipo inteligente venido desde Barcelona, con el que sabría darse la mano en una nueva aventura a la cima. No había actor más cualificado para ello. Y el nombre de Los Angeles Lakers, volver a seguir siendo dinastía, a ganar anillos de forma consecutiva para recibir la nueva década. Y puntos imposibles y actuaciones impensables, entre el “8” y el “24”, entre el amor por el baloncesto y la exigencia extrema a la que conducía su ambición. Y por supuesto, entre el deleite de los aficionados. De cualquier aficionado.

              Kobe Bryant ahora es dolor. Mucho dolor. Dejemos pasar unos días y que afloren con más calma sus recuerdos. Los de todos nosotros, para que sea eterno. “In memoriam”.