Pierria Henry, la calma que va con él

Pierria Henry, la calma que va con él

Antonio Rodríguez

              De ir a la deriva a, en poco más de dos horas, recuperar la identidad entre ellos y sobre todo, de cara a sus aficionados. Con el WiZink Center como escenario y testigo de cómo KIROLBET Baskonia consigue que volvamos a leer su plantilla al completo. A pensar que ‘si es que este equipo es muy bueno’ olvidando aspectos pasados de lesiones, rachas negativas o la ausencia de la Copa del Rey. A tenerles en consideración de puestos de élite, lo que por algunas fechas olvidamos. Una victoria ante el Real Madrid (94-95), bien vale pensar ello.

              Tornike Shengelia lo bordó en su canasta final con un mate. Quizás nadie, en toda la temporada, encaró a Walter Tavares con la importancia del momento y con ese desenlace. Entre el fragor de los momentos decisivos y la tensión de pensar que, una canasta más, les dejaría fuera de combate, Tavares quiso frenar lo que parecía un duelo personal con el ala-pívot georgiano. Y arriesgó y se adelantó un paso para dificultar la suspensión. ‘Toko’ vio unos pies mal colocados y se lanzó hacia el aro sin esperar respuesta rival. No la hubo y los resoplidos en la grada se hicieron sonoros cuando el balón se incrustó entre las redes. Game over.

              Para llegar a todo eso, tras un 25-10 inicial para los blancos, había que variar la dinámica por completo. Y aquí es donde entra nuestro protagonista. Pierria Henry siempre muestra toda la calma que pueda dar la fluidez de su juego. Sin grandes alardes físicos ni saltos explosivos, su juego es fluir, como bocanadas que se pierden en el aire, en torsión con la atmósfera mientras se desvanecen. Suavidad, paz y quietud, como su mirada cuando baja a defender en cada una de las 6 canastas (13 puntos en total) que anotó en el segundo cuarto y volcaron el marcador de un 32-18 al final del primer cuarto a un 38-39 al descanso.

              Muestrario de todo tipo, con entradas hasta bajo el aro, triples hilarantes al borde de la posesión y suspensiones sabiendo aprovechar bloqueos. Todo con sus ramalazos amortiguados. Es un jugador con ritmo de playground, llevando su elegancia de bailarín a las pistas europeas, de las exigencias tácticas y la importancia mayúscula de cada posesión. Y él entiende eso. Como cuando fue un destacado wide-receiver en el instituto jugando a football (fútbol americano) con 2 campeonatos estatales -y en su segunda final, MVP del partido por el título-, donde la táctica prima en un juego complejo como ese y la posesión del cuero, es vital. Como cuando debía hacer también de e intuir ataques rivales, juega hoy día a pasar los bloqueos muy cerca del gigante rival, rodeándole y poder llegar a tiempo a entorpecer el presumible tiro de su defendido. Gestionar su cuerpo a las necesidades, sorteando lo que se tercie.

              Un coágulo de sangre que necesitó operación en el muslo tras un fuerte rodillazo, le obligó a perderse las competiciones entre los mejores jugadores seleccionados de football del país y no recibir ninguna oferta en firme de ninguna universidad de Division I, a modo de beca. El baloncesto, ese otro deporte que dominaba, era el camino para el tipo que, cuando se oyó con mucho agrado entre los estudiantes de la universidad de Virginia Commonwealth que ingresaría con ellos, leyó en algunas columnas de diarios que se llamaba “Perry Henry”. Finalmente, a quien hizo felices fue a los 49ers de North Carolina Charlotte.

              Pierria, aparte de exasperos que forzó en el banquillo madridista el pasado domingo, mostraba su exhibición como una rutina y sobre todo, como un compromiso, el que daba no poder sentarse en ningún momento del partido en la primera mitad. Hasta que una canasta con un traspiés, le forzó a retirarse por un latigazo que notó en su bíceps femoral, que le impidió andar de inmediato. Era el resultado de 6 minutos y 17 segundos tan solo de banquillo entre los 80 que disputaron en los dos encuentros de Euroliga esta semana en tierras rusas. Su cuerpo, momentáneamente dijo que no podía más. Unos masajes en el vestuario y a volver y aportar. 7 puntitos más y liderar una victoria fundamental en los baskonistas.

              Quizás su mirada entreabierta, su parquedad de palabras en entrevistas, lo heredó de una madre cansada tras cumplir con dos trabajos cada jornada para sacar una familia adelante sin la figura del padre que desapareció. Quizás fuese el ejemplo de disciplina para que hoy, ante los mandatos de Dusko Ivanovic, cumpla con total profesionalidad para sacar a flote la nave baskonista. Con las bajas de Granger y Vildoza, sin quejas ni protestas, sino mirada quieta y la voluntad de la vuelta ‘al tajo’. Pierria Henry es el carácter a modo de receta del baloncesto alavés en estas complicadas fechas: la calma y la constancia que van con él.