ARTÍCULO: ESTADOS UNIDOS, DECÁLOGO DE UN CAMPEÓN.

ARTÍCULO: ESTADOS UNIDOS, DECÁLOGO DE UN CAMPEÓN.

Antonio Rodríguez

Creo recordar que, cuando George Karl confeccionó el equipo que representaría a Estados Unidos en el Mundobasket de Indianapolis, en 2002, de entre todas las estrellas de la liga, pensé que habían cogido justo los jugadores para no ganar. Era un equipo. o al menos me lo parecía, extrañísimo, que iba a chocar de frente con las virtudes del baloncesto FIBA, al que claramente dieron la espalda, concentrándose en sus ombligos. Un base de uno contra uno y doblar, como Baron Davis, al que intuía problemas para leer una defensa zonal, unos pívots con pocos recursos en ataque (Ben Wallace, Brad Miller y Antonio Davis) aún siendo grandes reboteadores, mezclados con otros, como el caso de Lafrentz, buen tirador exterior, pero con poca movilidad y poca agresividad -hasta el punto que un imberbe Felipe Reyes le superó en su emparejamiento directo- y sí, tiradores buenos, pero que los mezclaban con tipos como Shawn Marion, que no tenía muy claro para qué lo querían. O el trío Andre Miller-Paul Pierce-Elton Brand solucionaban eso, o pasarían apuros. Y así les pasó. Argentina les dio un fuerte cachete, se vieron eliminados en cuartos dos días depués por Yugoslavia (compuesta por Serbia y Montenegro) y como guinda, España les desplazó del quinto lugar.

Desde entonces, han aprendido mucho. Son 12 años, no dan la espalda a lo que ellos llaman el “baloncesto internacional” y ahora sí que escogen los jugadores justos, justos, para hacer mucho daño a las selecciones FIBA, para ganar. Estados Unidos ha sido campeón, para empezar, por elegir los jugadores adecuados y poder utilizar sus virtudes con una simpleza en el juego que no despistaría a ninguno de sus miembros. Mike Krzyzewski sabía lo que tenía entre manos, sabía cómo jugaban los rivales y así ha obrado. Los 129 puntos de la final son la culminación de que absolutamente todo ha funcionado, dando el ritmo que sus pupilos querían y en vez de sudar ante rivales FIBA, ha logrado que el resto sufriesen y ardiesen a la manera NBA. Campeones sin contemplaciones. Cojamos una lupa:

- Por un lado, tenían tiradores. Hoy y siempre, fundamentales en el baloncesto FIBA. Además, tiradores, no ya de recibir y tirar, sino que son capaces perfectamente de generar sus propios tiros. Finta, bote y tiro, a la manera de Stephen Curry, de James Harden o Klay Thompson. O el simple recibir y lanzar, porque ¡qué capacidad más extraordinaria tienen de lanzar con altos porcentajes tiros con exigencia (con defensores delante). Es una faceta que me maravilla, no lo niego.

- La figura del pívot. Mike Krzyzewski siempre ha gustado de pívots polivalentes y con un rango amplio de peligro. Si repasamos los más destacados que ha tenido a lo largo de su carrera en Duke, desde Jay Bilas y Mark Alarie, pasando por Danny Ferry, Christian Laettner, Elton Brand, Carlos Boozer o Mason Plumlee, siempre han sido jugadores que podían salir y jugar a campo abierto. En sus citas con la selección USA, prefería a tipos como Chris Bosh por encima de Dwight Howard. En Duke, el tipo de “5” nato lo ha tenido en pocas ocasiones, y como importantes, no han pasado más que Alaa Abdelnaby y Brian Zoubek. Pues para esta cita mundialista en España, pudo contar con el privilegio de ambos tipos de hombres altos. Le encantaba un señor como Anthony Davis, verdadero intimidador en defensa, rápido, que puede aguantar en uno contra uno a cualquiera, ya sea pívot mastodóntico o rápido y atlético. Este Anthony Davis sí que se acerca a aquel tipo de hombre que Larry Brown pronosticó el día del draft que “puede hacer ganar 20 partidos más a la franquicia que se haga con él”. Su peligro abarca un radio de 5 metros respecto al aro. Hasta Rudy Gay, con sus 2.06 y brazos interminables, le ha valido como falso pívot (como sucedió en Turquía hace cuatro años). Pero también ha dado minutos -más de los que yo esperaba-, al típico “5”, en este caso Demarcus Cousins, que ha realizado una labor de tapones e intimidación muy importante. Asegurando la canasta, a costa de recibir alguna falta de más que no preocupa, y siendo contundente en poste bajo en uno contra uno, porque claro, a ver quien se atrevía a ayudar a este equipo.

- Kenneth Faried. Es pívot, el ejemplo más claro de la polivalencia gusto de “coach K” que he mencionado, pero he decidido dejarle aparte, porque es el jugador que mejor se lo ha pasado de todos. Faried era la viva imagen de un tipo que se ha divertido sobre una pista de baloncesto. El tío corría transiciones, desafiaba en uno contra uno a su par y cuando continuaba bloqueos, si no se era duro con él y encontraba el pasillo, eran como fuegos artificiales. Su hiperactividad, su melena al viento para coger rebotes ofensivos, para palmear, era el estado de un tipo feliz. En defensa era uno de los valedores de Krzyzewski. Como se cambiaba de asignación en los bloqueos casi siempre las más ocasiones, Faried se encontraba defendiendo a un pequeño, que ignorantes ellos, “¡ah!, de éste, más alto, me voy por velocidad y hasta la canasta”. Y se ha hartado a poner tapones. Se ha pegado un festín de los de relamerse de vuelta a casa. Es que llegaba a todos. Es que hay que ver la lateralidad y la rapidez del angelito. Lo dicho, disfrutar como un niño chico, y nosotros con él.

- El base. Quien se hizo con los galones de mariscal y dirigir el “combo”, ha sido finalmente su chico de confianza, Kyrie Irving. Es tal el respeto que profesa “coach K”, que si una estrella NBA como Irving, tenía que dirigir y hacer jugar, lo hizo sin rechistar. Y cuando prepararon la final ante los serbios, había que ser más incisivo ofensivamente y atacar las debilidades serbias, que comenzaban por la floja defensa de Teodosic, pues se marcó una final de 6/6 en triples, que se lo debió grabar en el reverso de la medalla de oro, para nunca olvidarlo. Tremendo. Pero encomiable la humildad del jugador de los Cavs, sabedor que sus posibilidades eran mucho mayores.

- Su defensa. Es cierto que no eran perros de presa en las primeras mitades y de hecho, han dejado a sus rivales en marcadores muy decorosos, rondando la decena. Como NBA’s que son, digamos que los 20 minutos iniciales, los tomaban al ralentí, como puesta a punto, para luego romper. ¿Y cómo lo hacían? Pues todo lo que al contrario le valía en el primer tiempo, cierta circulación de balón, meter balones dentro, en la 2ª mitad era cortar balones y salir en contragolpes, para disparar las diferencias hasta la treintena habitual. Los dos-contra-unos se hacían más notorios y se tendía más a la inversión de balón. Con las manos tan rápidas de estos hombres, tales pases se convirtieron en un riesgo, en recuperaciones y bandejas fáciles y desesperantes. Mover el balón no era buena receta.

- Cómo atacarles. En cambio, quienes sí encontraron una mejor receta, como ya dijimos en una columna aquí, fueron los turcos. Su ataque era central, con lo que prohibía el dos contra uno, frontal y mucho más rápido y agresivo, pues era un ataque directo: pick&roll central. Como Papaloukas y Schortsianitis, aquel manual de cómo ganarles que ya va cogiendo polvo desde 2006. Tiene unos riesgos enormes, pero funcionaba. Arslan y Asik hicieron buen trabajo (y la pena que no contaron con Enes Kanter, que les hubiese venido de lujo). Claro que se necesitan más alternativas, pero los turcos tuvieron en esa jugada su columna vertebral y de hecho, fueron quienes más en problemas les pusieron. Otros equipos como Lituania o Serbia, buscaron otras alternativas -lógicas- acorde a sus virtudes y no tuvieron opción alguna.

- ¿Fue el camino esperado? Para un elenco de estrellas como es éste, sí. Es cierto que a causa del sistema de competición, por su lado del cuadro, se encontrarían rivales más flojos. Y sin mirar mucho el rival en la fase previa, sino más bien haciendo su baloncesto y con la sorpresa de no vérselas con España, tuvieron argumentos más que sobrados para avasallar a todos. Superioridad, repito, precedida por un estudio metódico antes de salir de su país del “¿qué tenemos? ¿qué nos podemos encontrar? ¿qué necesitamos?”.

- Mike Krzyzewski. Estas tres preguntas anteriores, fueron las que su entrenador se hizo en la sede de USA Basketball. Ya vino con los deberes hechos. Si además, puede contar con los jugadores que ha tenido, con una hornada interesantísima de jóvenes valores NBA muy, llamémosles “global game”, añadió tipos de su confianza y con la mente abierta a lo que se iban a encontrar. El resultado fue KO por aplastamiento.

Y para acabar, sobre todo la delicia que es verles jugar con la alegría con la que lo hacen. Sistemas a raíz de ventajas que estos jugadorazos puedan crear. Ensalzamiento y optimización al talento sin remilgos. Si tenían tiradores, pensaron que era más fácil tener mejores posiciones en transiciones rápidas que en pastosos ataques de no-sé-cuantos-bloqueos. Con atléticos hombres altos, a forzar en el contragolpe, que “el angelito éste viene de trailer”. Y si contaban con bases que entraban a canasta como demonios, pues ya hay tres cuartos de sistema hecho para desestabilizar. Dos pinceladas y a correr. Y eso hicieron. Dejarnos a todos una sensación de baloncesto como juego dinámico, rápido y divertido. De decidir quedarse en esa cadena de televisión cuando estás zapeando sin criterio. Esa, precisamente esa, ha sido siempre la esencia del baloncesto.