José Manuel Calderón, el firmamento en manos del tipo normal

José Manuel Calderón, el firmamento en manos del tipo normal

Antonio Rodríguez

José Calderón es la estampa del tipo normal. Bien parecido, sencillo, de mirada tímida, en nada refleja la importancia de su figura. Y como tipo normal, iba a visitar a sus ex compañeros en la presentación de la Selección Española una cita más, cuando él ya estaba retirado de tales compromisos veraniegos. Verlo y tener la ocasión de conversar a solas con él, parecía inducir a charlas de día a día, rutinarias. Nueva franquicia, nueva ciudad y “¿cómo lo lleváis con los niños y el colegio? Nada, ya lo encontramos y ahí el equipo, nos ayudó bastante…”. Lo que cualquier persona de la calle, que era lo que parecía y por carácter, transmitía.

Siempre “Mister Catering” según le apodó Andrés Montes, su vida era un reparto hacia los demás: a sus compañeros, distribuyendo el balón; a su equipo, ofreciendo toda la entrega en esfuerzos TODOS los días; al aficionado, haciendo ver cómo logros impensables, los podía conseguir alguien como él. Jugador español, salido de Villanueva de la Serena, de uno ochenta y muchos más que uno noventa y pocos -se ajusta más al cliché del base nacional-, que… catorce temporadas en la NBA, señores, dicen mucho. ¡Catorce! 895 partidos nada menos. Y hubo un momento en el que pensamos que se merecía ser All Star militando en los Raptors. Porque a sus 12,8 puntos, le sumaba casi 9 asistencias (8,9) y aquel 98,1% en tiros libres mareante durante toda la temporada 08/09. Los 87 tiros libres consecutivos sin fallo, ¿recuerdan?

 

Todo ello dentro de un marco en el que sobrevivió a pesar de los caprichos de sus entrenadores, de titularidades de T.J. Ford, de Jarrett Jack, nombres que no dejaron finalmente ninguna huella como sí hizo él en la frontera canadiense, aunque no formase parte durante años del cinco inicial. Calderón siempre ha sido un camino de forja y constante superación, convencimiento de que el tiempo haría caer del burro a detractores. Sin aspavientos ni protestas. Porque llega a Vitoria para jugar en Baskonia cuando Elmer Bennett ya causaba más días de baja que partidos disputados. “¿Y éste, lo hará olvidar?” Porque muchos le negaban la élite, mientras militaba en Lucentum Alicante y Fuenlabrada, con aquello del que no era tirador exterior, que abría mucho el codo y así era imposible triunfar. Reiteramos los 87 tiros libres consecutivos en NBA.  Y la perorata del “es que no es base”, maldito cartel que tantos años lo persiguió y que le pesaba como un yugo. Que dicho sea de paso, cada vez que nuestros queridos aficionados se reafirman en lo de “no es un base” como años más tarde hicieron con Sergio Llull, es que sube en pan, oigan. Y “sin ser base”, resulta que es convocado para la Selección Española en Indianapolis 2002. Y desde entonces, insustituible, mientras quiso y pudo.

Supuestos obstáculos para todos… los demás. Porque en el equipo, sus compañeros, en los entrenamientos de todas las plantillas en las que militó en Liga Endesa, a este joven se le veían cosas asombrosas. Aquellas piernas que podían machacar desde parado bajo el aro, sus arrancadas de uno contra uno, cambios de dirección y suspensiones, que dejaban como única opción al defensor de mirar arriba, a su imagen elevada. Hubo que verlo triunfar en Tau Cerámica y dejar volar la imaginación, que aquí, tanto para denostar como para ensalzar, nos hemos pintado siempre solos. Llegó el día en que los comentarios en la calle tornaron en “es que tiene las piernas de Corbalán, sabe dirigir y anota más”. Pues sí, aquí acertaron, porque él tenía todo eso. Y una tarde desacertada de todos, en Moscú, no le hizo proclamarse campeón de la Euroliga. Y un triple de Herreros, de serlo en la ACB, antes de su marcha a la NBA.

 

Estandarte en la dirección del combinado nacional, que nos hizo secarnos las lágrimas por las rodillas malditas de Raül López, Calderón era el base que nos llevó a ser campeones del mundo en Japón, con aquel dominio que tenía del bloqueo y continuación, las transiciones y su lanzamiento de tres y le hicieron ser el mejor de los nuestros en el Eurobasket español de 2007, aunque el pesar por la final, haya difuminado tal recuerdo. “Atenas fueron los Juegos Olímpicos que tuvimos que ganar”. Y tenía toda la razón. Pekín y Londres fueron los de la gran madurez de la Selección, pero Atenas (y ya lo intuíamos en aquellos días de agosto de 2004) fue el momento. No se dio, pero no resta ni un ápice de grandeza a José Calderón.

Ahora dice adiós. Tras larga travesía por varios equipos desde 2013 a la actualidad (Detroit, Dallas, New York, Lakers, Atlanta y Cleveland) mostrando lo que es la importancia del grupo y saber ser veterano en todos los planteles como broche, como un legado, cierra su gloriosa etapa deportiva en las canchas. Dejó un gesto con las manos celebrando sus triples, sus ojos abiertos atentos a la siguiente defensa cada vez que lograba un canastón y la seriedad en el trabajo, siempre algo serio para él. Las sonrisas, regaladas a todos quienes le rodean, para fuera de la pista, donde fríamente podrá observar todos sus hitos logrados, tras surcar el mayor firmamento baloncestístico durante catorce años. Y cerrar la maleta diciendo adiós, como si tal cosa, como un tipo normal.