ARTÍCULO: VOLVIENDO A ARRODILLARSE

ARTÍCULO: VOLVIENDO A ARRODILLARSE

Antonio Rodríguez

Cuanto más se recuerda, más increíble parece. Aquella mañana (en España), en el que veíamos a Grecia venciendo a Estados Unidos (101-95), creo que no éramos muy conscientes de lo que significaba aquello. Claro, no les culpo. Si en el anterior Mundobasket llegamos los españolitos a ganar a los USA-guys y les relegamos al sexto puesto, veníamos de verles perder tres encuentros en los Juegos Olímpicos de Atenas -y que uno de los que ganaron fuese…nuestro oro olímpico-, pues era algo que parecía posible. Ya Kevin Durant y Derrick Rose dejaron clarito en Turquía, que de sorpresas a partir de ese momento, como que no. Y en esta Copa del Mundo celebrada en España, no era cuestión de mirarnos por encima del hombro, sino que nos miraban desde tan arriba, que nos veían la “cocorota”, un poquito “zidanetil” sin pelo ya, porque van pasando años y años sin que podamos echarles mano.

Ahora viene el quejido de lamento por la no presencia de la Selección Española en esta final. Porque aún friéndoles a críticas estos días, han sido los únicos que han cruzado la mirada, a la misma altura (dos veces), a lo largo de este periplo. Y todo esto significa…¿qué? Pues que el planeta USA vuelve a estar muy, muy lejano para el resto. Que el 129-92 de la final de esta Copa del Mundo nos vuelve a situar en otra realidad diferente a la de hace 8 años. Que son los mejores y con mucho. Volviendo a arrodillarse.

El espectáculo brindado ha sido extraordinario e inalcanzable. Los 129 puntos son algo tan estrambótico como los 137 aquellos que el “Dream Team II”, aquel que vendieron hasta en la sopa y que ni fue Dream ni Team, logró en el Mundobasket de Toronto en 1994 a base de utilizar su físico de forma hasta abusiva. Que a propósito, algo tienen en común estas dos anotaciones. Se produjeron ante un finalista sorprendente. En 1994, la imberbe Rusia de Bazarevich, Babkov, Koudeline, Kissourine, Mikhaikov, Fetissov y Nosov, dirigidos por un mito, Sergei Belov, llegaron a la final donde se suponía que debía estar la Croacia de los Kukoc, Radja, Vrankovic o Komazec. En 2014, Serbia obró el milagro, también jóvenes y dirigidos por otro genio como jugador, usurpando un puesto de finalista a otros candidatos. Sobre todo a uno.

Estados Unidos, en el Palacio de los Deportes madrileño, quiso dejar claro quien era el único favorito a la medalla de oro. Vieron cómo Milos Teodosic podía hacerse como dueño, amo y señor (con su asistencia, 7-15 con tiro libre adicional de Raduljica tras canasta), y por ahí no pasaban. Comenzaron a defender, a hacer cambios de asignaciones, a taponar con el recién incorporado Cousins y a ser más duros, aún a costa de ser señalizados con constantes faltas personales a sus hombres altos. Pero el mensaje estaba ya mandado. Al otro lado de la pista jugaron con la alegría y la eficiencia que les caracteriza. Muchos de los jugadores que componen la selección de Estados Unidos son capaces de lanzar triples delante de un defensor con altos porcentajes. En 61 segundos, convirtieron ese 7-15 en un 15-15 y siguieron anotando. Aleksandr Djordjevic tuvo que solicitar tiempo muerto, porque en 02:20 de partido habían encajado un parcial de 15-0. Kyrie Irving, tipo sacrificado para el equipo, se dedicó a cumplir su papel estelar que le tocaba este día, pues tenía a Teodosic en defensa y sabían que era faceta más débil del base serbio. Tocaba jornada de martilleo. Logró 15 puntos en el primer cuarto, con tres triples (del 5/5 que llevaba su equipo) y el final del primer cuarto con un 35-21 con palmeo de Jovic sobre la bocina.

Una vez cogida la ola, no la iban a dejar. Robos de balón, contragolpes, mates (3 recuperaciones en los 02:45 primeros minutos del segundo cuarto que ya pueden imaginar cómo terminaron) y a divertirse producto de su gran trabajo defensivo previo. Sinfonía de triples (llevaban 11/16 al descanso) para llegar al descanso con un escalofriante 67-41. Irving 18 puntos y Harden 17.

En el vestuario durante el descanso, estoy convencido que Djordjevic dijo a sus jugadores que ya que estaban ahí, que al menos, se divirtieran. Y siguió cayéndoles la riada de puntos (35, 32 y 38 en los tres primeros cuartos), pero con el convencimiento que intentasen anotar, que recuperaran la sensación grata de jugar una final. E incluso fueron capaces de ganar el parcial en el último cuarto (24 a 25) para ir con la mejor de las sonrisas al podium, que se lo habían ganado. Que las tres machadas consecutivas realizadas en Madrid, ante Grecia, Brasil y Francia, en la mejor versión de su baloncesto hasta el día de hoy, no podían caer en el olvido. Más que orgullosos que recogieron sus medallas de plata.

Y el último párrafo, se lo merece Estados Unidos. Desde que llevan jugadores NBA a sus selecciones en los Mundiales, opino que este es el equipo menos potente (me niego a llamarle flojo) de las ediciones de 1994-2002-2006-2010. Y es conveniente recordar que dos de ellos, no fueron campeones. Pero es de justicia decir que este combinado estaba muy compensado con Anthony Davis y Demarcus Cousins en el interior, con excelsos tiradores, magníficos bases y hombres polivalentes que pueden ocupar muchas posiciones como DeRozan, Faried y Gay. Su rápido movimiento de balón, sus triples y las finalizaciones del pick&roll con la contundencia con la que lo hacían, han sido una tónica habitual en toda la Copa del Mundo. Si a eso, añadimos que han tenido la humildad para ir mejorando según pasaban las jornadas, que aquí escribimos una columna hablando de las debilidades defensivas que mostraron ante Turquía, y no perdieron el tiempo en paliarlo, pues hace que este equipo haya sido justo campeón, casi sin despeinarse. En esta final, hasta 8 jugadores lograron o superaron los 10 puntos, destacando los 23 puntos de James Harden finales y los 26 de Kyrie Irving, con su inmaculado 6/6 en triples, siendo designado para su gran sorpresa, el Jugador más Valioso de esta Copa del Mundo y volver a recordar los mareantes 129 puntos anotados en una final.

Y así acaba esta Copa del Mundo, tras 15 días de enorme intensidad. Fue un sueño para muchos de nosotros durante mucho tiempo. Y los sueños en ocasiones acaban con la mejor de nuestras sonrisas (lo hemos conocido en varias ocasiones, para nuestra fortuna) o con despertares abruptos (que en esas estamos). Broche de oro para Estados Unidos, con las sorpresas de Serbia y Francia, con el chocante compromiso de Andray Blatche en su nueva selección (o profesionalidad por los dineritos que cobró. Llámenlo como quieran), la imagen de Gustavo Ayón ante los ojos estadounidenses, un nuevo y extraño “angolazo”, en esta ocasión con Australia como protagonista, y el tirón de orejas que les dio el destino con un triple de Emir Preldzic. En fin, que una Copa del Mundo siempre es una maravillosa experiencia. Digámosla “hasta la próxima” siempre con alegría. A pesar de ser una ocasión tan, tan propicia…

ESTADÍSTICAS DE LA FINAL ESTADOS UNIDOS-SERBIA