Alberto Herreros, una odisea en oro y gualda (3ª parte)

Alberto Herreros, una odisea en oro y gualda (3ª parte)

Antonio Rodríguez

ESTANDARTE DE UN EQUIPO ABANDONADO

 

              Tras el Mundial de Toronto, se cierra una etapa de jugadores legendarios. Se decía adiós a la vieja guardia de los Andrés Jiménez, Jordi Villacampa, Rafa Vecina y sobre todo, a Juan Antonio San Epifanio. Alberto Herreros quedaba como líder del equipo. Lolo Sainz se ve obligado a un ‘plan renove’ con jugadores que cierto es, iban destacando desde hacía años en ACB. Y volvería a reencontrarse, al fin, con el nacionalizado Mike Smith, pieza vital en el Joventut que dirigió y daba un salto físico de calidad. Además, Nacho Rodríguez, Alberto Angulo, José Luis Galilea, Alfonso Reyes y Fran Murcia componían una de las mayores renovaciones de la historia, con un primer y claro objetivo en el siguiente Eurobasket’95 a disputarse en Atenas: reclamar atención en la herida ilusión del aficionado. El equipo era bajito, pero joven, combativo y con talento.

              “Para este Eurobasket, hubo un cambio generacional. Entraron los Alfonso Reyes, Alberto Angulo, Mike Smith, Nacho Rodríguez… y en la primera fase, tan solo perdimos ante Francia y Croacia y ganamos a Eslovenia, que tornó ser importante, porque era un partido parecido al de China. Íbamos ganando fácil, por 15 ó 16 y a falta de 3 minutos, nos vemos 3 puntos abajo. Empezaron los nervios y demás. Y encontramos la fortuna que pude anotar una canasta con adicional que nos dio la victoria (88-85). Creo que ahí cogimos moral, porque Eslovenia no era de grandes estrellas, pero había jugadores jóvenes destacados en su generación. Estaban Milic, Gorenc, Kotnik… Eran buen equipo”.

Herreros en la victoria ante Brasil en Toronto'94.

              Para lograr la clasificación entre los cuatro mejores del grupo, había que ganar a Rusia, el mejor equipo del grupo junto a Croacia, toda una hombrada. Si lo hacíamos por más de 3 puntos, España se clasificaría tercero.

              “Rusia venía de ser subcampeona, tanto de Europa como del Mundial. Era un equipazo. Si les ganábamos por más de 15, hasta nos metíamos segundos. Y ganamos por 16 (94-78) y todos hicimos un partido impresionante. Y recuerdo que, en Atenas, los griegos bien que lo celebraron, porque ellos querían evitar a Rusia en cuartos de final a toda costa y poder cruzarse con nosotros. Rusia era un equipo que tenía tanto físico y talento como los serbios. Siempre lo han sido. Gente gigantesca, anotadora, que se inventaba cualquier canasta. Tenían a Bazarevich, Babkov, Fetissov, Mikhailov… Pero les faltaba la mentalidad de los serbios, que cuando pueden ir a machacarte, lo hacen y no sales de ahí. Y los rusos, teniendo todo eso, no sé por qué no han ganado muchas más cosas. Es que lo tienen todo para ganar”.

              La alegría griega no fue para menos. Unos cuartos de final en el OAKA ateniense, con el aliciente de una victoria que les situaba directamente en los Juegos Olímpicos de Atlanta un año después.

              “El ambiente era terrible, muy hostil, un partido muy igualado. Otra vez apareció Fannis Christodoulou, que nos hizo muchísimo daño (5 de 7 en triples para 17 puntos). Entre Christodoulou y los árbitros, terminaron por ganarnos”.

              La derrota ante Italia (75-82) en la lucha por el quinto puesto, nos hacía ausentarnos de los próximos Juegos Olímpicos, 20 años después. Desde Montreal’76, España no estaba ausente de la cita olímpica.

              “El no ir a los Juegos Olímpicos de Atlanta lo tengo clavado en el corazón como no te puedes imaginar. Jugar unos Juegos Olímpicos en Estados Unidos… es algo que tengo ahí clavado”.

Decisivo en el difícil día ante Eslovenia.

              Se llega un punto en el baloncesto español en el que apenas transmite en el aficionado, sobre todo la Selección. Y esto es muy duro decirlo. De los últimos 15 años, estaba en su momento más bajo. Cierto es que hubo momentos puntuales de gran popularidad, como la final ACB entre el F.C. Barcelona y el Unicaja y el no-triple de Ansley en 1995 o la final Madrid-Barça de 1997 con la exhibición de Dueñas. Incluso las dos Copas de Europa ganadas por el 7Up Joventut y Real Madrid, hubiesen supuesto mucho más en otra época. Sin embargo, ni los clubes ni la Selección despertaban la expectación de antaño. Para muestra, el Eurobasket de 1997 que se celebró en España, concretamente en Badalona, Girona y Barcelona. El Equipo Nacional quedó en sexta posición, algo que poca gente recuerda.

              “Fíjate, yo ese Eurobasket lo tengo totalmente borrado, desconectado. Me acuerdo, eso sí, que fui con mi familia y las entradas eran carísimas. Y creo que el sentimiento que debía de haber allí, con nosotros, pues no lo había. En la fase previa, en Badalona, no se llegaba casi ni a un cuarto del aforo cuando jugábamos. Y en los cuartos de final, en el Sant Jordi, había más gente animando a Rusia que a nosotros. Fue muy triste”.

              Cierto es. Mala organización y en Cataluña, casi clandestino. En las manos de Mike Smith con un triple (¿?) se tuvieron las semifinales. No fue así y más que decepción, lo que había era indiferencia. Lo nunca conocido.

 

VER LA LUZ HASTA DESLUMBRARNOS CON UNA PLATA

 

              Cuando menos lo esperábamos, llegó una bocanada de aire fresco. Entre una atmósfera casi de funeral, cualquier mínima alegría sería muy bien recibida. Y la tuvimos, sorprendentemente, en el Mundial nuevamente a disputar en Atenas, de 1998. Tan lejos como se nos presuponía de la élite, se compitió con todos.

              “Éramos más equipo y ya llevábamos más tiempo juntos. Los jugadores jóvenes que se incorporaron en el 95, ya tenían su poso y peso. Hicimos un gran Mundial. Perdimos contra Estados Unidos por uno, sí. Pero ganamos a Australia y Lituania, rivales importantes y a gran nivel. Y otra vez el maldito cruce de cuartos, con Grecia otra vez, en el OAKA, nos dejó fuera de las medallas”.

              Sin embargo, nada que ver con la experiencia en ese escenario de tres años atrás.

              “Fíjate que nosotros a nivel atlético, otros años no dábamos el nivel frente a otras selecciones. Y creo que en esta cita, con Carlos Jiménez y Rodrigo de la Fuente debutando, nos ayudaron muchísimo a volver a darlo, porque eran dos jugadores jóvenes muy fuertes y sobre todo en la posición de “3” que, desde Andrés Jiménez, no teníamos esa potencia con un alero alto. Capaces de rebotear, de defender, de jugar al poste… de jugar realmente duro. Para nosotros fue importantísimo. Y al nivel exterior, podíamos estar luchando contra cualquier otro equipo, ya que antes, nuestros pequeños eran muy pequeños y nos lo hacían pasar mal. Estaba Roberto Dueñas, pero Roberto aún era muy jovencito y no jugaba tantos minutos. Que con Orenga y Alfonso Reyes, con toda su voluntad, no podías pegarte frente a Vrankovic y Radja”.

              Tanto Jiménez como De la Fuente, ganadores de medallas con la Selección en categorías inferiores, dotaron de físico e intensidad durante los 40 minutos, que nos valió para realizar un baloncesto muy rocoso y vivir entre la clase alta en medio de los años menos anotadores de las competiciones FIBA, añadiendo a Nacho Rodilla, otro buen baluarte defensivo. Alberto Herreros se transforma en el líder absoluto en la responsabilidad anotadora. Lo que cae en sus manos, va dentro. En Atenas, se acabó como tres años atrás, apeados en cuartos de final y jugando la final del 5º al 6º puesto, nuevamente ante Italia. Pero el cuento había cambiado: se les ganó (64-61).

              “Íbamos todos muy motivados con ese ambiente de ‘venga, chicos, que ya toca. Ya llevamos tiempo juntos, somos un equipo y tenemos que ir a por todas’. Grecia, era su Mundial, tenían un gran plantel y nos quedamos fuera. Yo era feliz porque tenía un peso importante en el equipo, porque… y esto lo he hablado muchas veces con Nacho Rodríguez, parecíamos un club. La sensación como de que llevásemos todo el año jugando juntos. Éramos compactos y fuertes. Esas eran nuestras virtudes”.

              Para los que disfrutamos dos décadas de éxitos posteriores, de medallas de forma permanente, hay que valorar en su justa medida que, un quinto puesto, sonase a éxito. Para nuestro protagonista, una dolorosa confesión que, de su boca, suena a triunfo.

              “También es verdad que había momentos en que España no daba más de sí. No teníamos el talento que tiene esta generación del 80 y los que vinieron después. Estar con Pau, con Juan Carlos, con Rudy o Marc… Me habría encantado estar más tiempo con ellos. Pero las cosas son así y no hay que por qué cambiarlas. Fui máximo anotador del Mundial, eso sí (con 17,9 puntos de promedio). Creo que hice un buen torneo e incluso en el último partido, me ayudaron mis compañeros. Porque recuerdo que el base ruso Vasili Karasev, que estaba en la lucha conmigo, jugaba el último partido, la final. Y estuvieron mis compañeros pendientes de que yo anotara ante Italia el último día, unas horas antes, puntos suficientes. Yo no me enteraba. Cuando acabamos, mientras se jugaba la final, nos fuimos a cenar todos juntos al puerto de Atenas, a celebrarlo a modo de despedida. Y llamó Roberto Hernández a Pepe Sáez, para decirle que Karasev no pasó de los 15 puntos -necesitaba veintitantos- y fui el máximo anotador. La gente se alegró bastante, me acuerdo”.

Flavio Carera anota ante Reyes y Smith. Italia nos relegó a la 6ª plaza.

              La escalada debía tener continuidad. El verano francés de 1999, bien que lo refrendó, aunque nos desesperara inicialmente. En el destino de Clermont Ferrant en la 1ª fase, vimos exhibiciones de jovenzuelos rivales totalmente desconocidos, que a punto estuvieron de amargarnos y torcer nuestras aspiraciones. En el debut, Robert Gulyas, un pívot húngaro de 2,14  muy pasado de peso, anotó 23 puntos, aunque se ganase a los magiares (85-74). Un novato Matjaz Smodis con Eslovenia, fue capaz de endosarnos 27 puntos y lograr que venciesen a los españoles (75-85). Y acabar la gran agonía, ganando contra todo pronóstico a Rusia (72-69), con un pelirrojo llamado Aleksander Petrenko, que materializó 19 puntos. ¿De dónde salían estos tipos? El caso es que el “hack attack” ante su pívot Vitali Nosov (3 de 12 en tiros libres en los últimos minutos), nos dio el pasaporte a la segunda fase, donde continuamos con malísimas sensaciones, sucumbiendo el primer día ante los anfitriones, Francia, en una descorazonadora tarde (57-74), sin llegar a dar una mínima imagen de competir. Por todo ello, al día siguiente frente a Yugoslavia, mejor ni hablamos (63-77).

              “Robert Gulyas era un buen jugador. Matjaz Smodis nos hizo cinco o seis triples y perdimos un partido que nadie pensaba que íbamos a perder. No nos quedaba más remedio que ganar a Rusia. Y otra vez frente a ellos, nos salió el partido, casi siempre por delante. Pero a falta de pocos minutos, nos empatan y toman la delantera. Y fue muy importante la aparición de Nacho Rodilla. Tranquilizó, jugó muy bien y sacamos aquello adelante.

              Luego, ya en Pau, perdimos con Yugoslavia y Francia y en la última jornada, tras ganar a Israel (88-74), teníamos que esperar a que Francia ganase a Eslovenia para clasificarnos. Y recuerdo que estábamos Alberto Angulo, Nacho Rodríguez y yo en el hotel a las afueras de Pau. Yo no quería saber nada, ya que la última información que tuvimos, la que nos dijo Roberto Hernández desde el pabellón, -porque en el hotel no había Canal+ para verlo-, era que ganaba Eslovenia por 16 al descanso. ‘Joder, no me lo puedo creer’, dije. ‘Pues nada, chicos’. Ya estábamos a punto de hacer las maletas e irnos para casa y nos llamaron al final del partido, diciéndonos que Francia había ganado por 4 ó 5 puntos (74-69). ¡Imagínate la que se montó en el hotel! Todos felices… Para que veas lo importante que es la cabeza. Con lo mal que habíamos jugado, a partir de ese momento, nuestras cabezas dijeron ‘hemos sufrido tanto, lo hemos pasado tan mal, que hay que ir a muerte cada partido y cada minuto. Vamos, como si fuese el último partido que jugásemos en nuestras vidas’. Además, me acuerdo que tuvimos una reunión en el hotel, lo hablamos todo, nos dijimos todos las cosas a la cara y creo que fuimos como aviones”.

              Tras el milagro ajeno, se llega al cruce -infausto cruce- de cuartos.

              “Jugamos la fase final en París, en el Omnisport Bercy. Nos enfrentamos en cuartos a la Lituania de Jasikevicius, Karnisovas, Stombergas, Sabonis… e hicimos un partidazo. Además, recuerdo que Iñaki de Miguel, debutante en ese torneo, se salió. Desquició a Sabonis y le hizo cometer cinco faltas. Conseguimos ganar el partido (74-72) y a partir de ahí, el equipo se lo creyó. Tras eso, a semifinales y para arriba. Además, aquella victoria ante los lituanos daba el pasaporte a los Juegos Olímpicos del año siguiente. Por eso era tan importante ganar”.

              Al fin un escenario diferente: jugar unas semifinales.

El día de gloria: Herreros anotando ante Sabonis.

              “Y todos pensando en la paliza que nos había dado Francia en la segunda fase. Por supuesto, agradecerle que hubiese ganado a Eslovenia. Pero… eran semis. Hicimos otro enorme partido, uno de los mejores que haya jugado España, por lo menos durante mi trayectoria. Ellos tenían un bloque espectacular, con mucho físico. Abdul-Wahad, Sonko, Digbeu, tíos de clase como Rigaudeau, Foirest… y les ganamos bien (70-63), pasando a la final. Impensable”.

              Los dos últimos encuentros habían arrastrado tanta expectación para el gran público, como los éxitos de los 80. Las victorias ante Lituania y Francia, fueron portada en periódicos de tirada nacional. España era un señor que llamó a la puerta con timidez, pero se presentó en la gran final, ante Italia. Como en el irrepetible Eurobasket -también francés- de 1983. Por desgracia, con mismo resultado final.

              “Y luego, en la final ante Italia, yo creo que aparte de tener un equipo importante, no olvidemos que habían dejado fuera a Yugoslavia en semifinales, con Bodiroga, Danilovic, Stojakovic y compañía, nosotros, tres partidos en tres días consecutivos, llegamos destrozados. Eran viernes, sábado y domingo los cruces. Nos presentamos contra Italia… que la reserva del depósito, era mucho. Yo, en particular, frente a Lituania, jugué 37 minutos y contra Francia, 40. Ellos también venían igual, pero nosotros no supimos quitarnos el cansancio de la cabeza. Después del esfuerzo que se había hecho, llegamos tocados e Italia nos ganó bien”.

              El fulgor de la plata se vio empañado con una actuación muy discreta en la final. La anotación lo dice todo: 56-64. Carlton Myers, Andrea Meneghin, Sandro De Pol y el resto de compañeros, supieron digerirlo mejor. Todos los jugadores eran conscientes que jugando una final, no se dio la talla. Si embargo, había que estar a la altura. Y alguien como Alberto Herreros, nuevamente el máximo anotador de la cita, con 19,2 puntos de promedio, lo sabía.

              “Ya sabes que la medalla de plata es la más triste. Y al final los más veteranos, viendo que todo el mundo estaba hecho polvo, nos reunimos en el túnel antes de la ceremonia de la entrega de medallas y dijimos ‘chicos, vamos a valorar esto, que es una medalla de plata. Que hace cinco días estábamos fuera, ¿eh? Os recuerdo que estábamos haciendo las maletas en Pau para irnos a casa. Aquí, caras felices, que la gente se sienta orgullosa de nosotros, como yo personalmente estoy orgulloso de todos vosotros’. Y fue una fiesta y una alegría. Habíamos perdido la final, podíamos haber ganado la medalla de oro. Pero ya veréis que esta medalla la vamos a recordar todos, todos. Porque hubo tanto sufrimiento y tanta dureza, tanta pelea, que se va a recordar”.

 

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