Alberto Herreros, una odisea en oro y gualda (2ª parte)

Alberto Herreros, una odisea en oro y gualda (2ª parte)

Antonio Rodríguez

SI SALÍAMOS DEL “ANGOLAZO”, NOS METIMOS EN EL “CHINAZO”

 

              Borrón y cuenta nueva. La apuesta de la ilusión vino de la mano de Lolo Sáinz, nombrado nuevo seleccionador. Tras dar dos ligas a Badalona y dejar a la Penya con un subcampeonato en junio de 1993, la primera misión del bueno de Lolo fue la tarea de convencer a Juan Antonio San Epifanio para que regresase a la Selección Española. Epi, que oficialmente abandonó el Equipo Nacional tras los Juegos de Barcelona, acabó regresando como timón del rejuvenecido e ilusionante plantel.

              “De la nueva hornada que empezamos, Epi era fundamental para aquello, daba minutos de calidad. No jugaba mucho, pero sí los importantes. Y la verdad es que Epi… Yo creo que ha sido uno de los jugadores que más me ha ayudado respecto a la Selección. Me he llevado siempre muy bien con él. Jugaba en su puesto y para mí, ha sido una referencia dentro y fuera del vestuario. Imagínate para un chaval que llevaba poco tiempo jugando al baloncesto, lo que es encontrarte con Epi, que era el mejor jugador europeo de la década. Estamos hablando de un personaje al que admiraba muchísimo, en todo lo que hacía. Y la verdad es que tenerlo al lado en el vestuario, compartiendo minutos con él, entrenando todos los días… para mí era como para estar orgulloso y hacer que me acuerde de todos aquellos días siempre. Era espectacular. Y cómo se preparaba. Sobre todo, lo que más me llamaba la atención era, cómo calentaba para los partidos, su preparación previa. Una hora y media antes ya estaba estirando, haciendo sus ejercicios y tirando a canasta. Como profesional, Epi era intachable”.             

Suspensión elegante. Como todo lo que hacía.

Para nuestro nuevo bautismo, el Año I tras Díaz Miguel (27 en el cargo), la cita era el Eurobasket de Alemania de 1993. Y lo primero que se recuperó, fue la ilusión. Todos lo hicimos. La plantilla estaba muy bien confeccionada. Buenos y jóvenes bases (los hermanos Jofresa y Nacho Azofra) y un pívot dominante, porque Antonio Martín en su regreso, volvió a ser el líder interior de Roma dos años antes. A estas alturas, Alberto Herreros era titular indiscutible.

              Suecia, Bosnia Herzegovina, Rusia, Italia y Letonia fueron las víctimas de la primera fase con gran facilidad. Solo se perdió ante Grecia (75-76), donde el ya veteranazo Panagiottis Giannakis (22 puntos) fue decisivo. Pero era una derrota que no importaba. ¿Mejores equipos que España en ese campeonato? No los había. Porque el favorito era Croacia, anímicamente destrozados por el reciente fallecimiento de Drazen Petrovic y más pendientes del teléfono para sus futuros contratos, que de jugar al baloncesto. Todo estaba de cara para cortar oreja. Realmente se aspiraba al oro.

              “Antonio Martín hizo un Eurobasket espectacular. Sí, me acuerdo que fue componente del quinteto del campeonato. La verdad es que hicimos muy buen torneo. Pero, pasa que en el cruce de cuartos de final nos enfrentamos a Alemania, entrenados por Pesic. Tenían un buen equipo, con Christian Welp como el líder. Y perdimos frente a ellos en la prórroga, con una canasta de Welp sobre la bocina. Me acuerdo que íbamos ganando por uno, Nacho Azofra falló los tiros libres e hicimos al final todo, todo para perder ese partido, porque lo tuvimos siempre controlado. Y nos quedamos fuera de la lucha por las medallas. Mucha mala leche y además, que te ganen con un tiro de un pívot nato como Welp, en carrera, a seis metros… Acabamos muy fastidiados, porque aquel equipo tenía fuerza y nivel para luchar por las medallas. De hecho, el campeón de Europa fue Alemania, que mira cómo nos ganó y el subcampeón fue Rusia, al que ganamos fácil. Podíamos haber ganado el Europeo. Teníamos gente grande, que en aquella época era donde más diferencia había. Antes, éramos luchadores, con calidad, pero no gente grande. En Alemania, sí”.

En Barcelona'92, ante los venezolanos

              Ante tal decepción, debimos reponernos de un día para otro, porque tocaba derrotar a Francia y Estonia en la búsqueda de la quinta plaza, billete automático para el Mundobasket del año siguiente. En Canadá.

Alberto Herreros seguía creciendo en un Estudiantes, un fijo de las semifinales por quinto año consecutivo. Por entonces, era sin discusión el mejor jugador nacional. De hecho, en el verano de 1994, realizó entrenamientos individuales con los Indiana Pacers, realmente interesados en él.

“Pero me aseguraban más bien poco. Me dijeron ‘mira, no te vamos a engañar. Estamos muy interesados en ti, pero te queremos para que seas el sustituto de Reggie Miller, que es nuestra estrella y uno de los jugadores que más juega en la liga’. Claro, yo era joven todavía, tenía 24 años y a pesar de ser la NBA y todo lo que conlleva, lo que quería era jugar minutos y seguir progresando”.

Con los ecos aún resonando de aquellas pruebas, se incorpora a la Selección Española. Volvió a estar ausente Antonio Martín y se recuperaron hombres como Pablo Laso y Rafa Vecina. En la preparación hubo dudas, costaba arrancar, pero el pálpito era bueno de cada a la cita mundialista.

“En Toronto teníamos un buen equipo. Sí, se pensaba en semifinales como deseo. La meta era cuartos y a partir de ahí… Estaba Estados Unidos, donde jugamos en nuestro debut un partidazo contra ellos. Yo creo que al descanso íbamos igualados. Con aquel partido, logramos el récord de puntos, llegando a los 100 frente a un Dream Team (115-100 fue el resultado final). Repito, un partidazo. Allí me encontré con algunos de mis ídolos, como Reggie Miller o Joe Dumars, que para mí eran los dos mejores tiradores de la NBA. Y entonces, antes de aquel enfrentamiento contra ellos, se hablaba de Miller y de mí (Miller anotó 20 puntos y Herreros, 11). Me salieron bastante bien las cosas, creo que mis 11 puntos fueron casi seguidos y varias, defendidas por él. Es una anécdota que guardo y que jugar contra aquel Estados Unidos con Shaquille O’Neal, Shawn Kemp… Es que eran de otro planeta. Ellos tenían una defensa en la que cambiaban en todos los bloqueos, menos Shaquille. Y de esto que sales de un bloqueo con todo el esfuerzo, coges la pelota y ves delante a Kemp, haciendo el spagat con las manos a la altura del suelo y mirándote a la altura del pecho… y ¡joder, lo primero que quieres es soltar la pelota! Lo que no se me olvida es que, al descanso, la sensación en el vestuario es que estábamos disfrutando mucho, porque íbamos igualados (59-51), lo estábamos controlando jugando como sabíamos. Claro, luego con Miller, Dumars y Majerle, nos arrasaron en tiro exterior y ya no pudimos hacer nada. Era imposible aguantarles. Tenían un equipazo y de hecho arrasaron, porque no había color”. El promedio de diferencia USA en el marcador final con el resto de rivales, fue de 40,7 puntos.

Rafa Jofresa y Jordi Villacampa, hundidos tras la canasta de Welp �=J�

“Y se gana a Brasil al día siguiente haciendo un gran partido (73-67), contra un muy buen equipo. Hace poco recordaba este partido con Pablo Laso, que nos salieron muy bien las cosas. Metí 21 puntos. Felices, muy contentos, porque teníamos el pase en las manos, quedando ya tan solo China”.

Aquello bien pudo ser un dardo envenenado. Ramón Trecet comentaba para TVE que tenía un pálpito que, en la cita de Toronto, se pudiera lograr medalla. En España caímos rendidos al juego desenfadado de nuestro combinado. El aficionado, en mitad de una etapa de ‘vacas flacas’ con la Selección y una hambruna de éxitos considerable, se vio reflejado en la sonrisa de Juan Antonio San Epifanio a las puertas de su retirada -esta vez sí-, irradiando satisfacción mientras respondía, rodeado de periodistas. Las puertas estaban abiertas para hacer algo grande, justo en la retirada del gran mito.

Y llegó el día de China. Antonio Díaz Miguel recordaba que, tras los 15 puntos de diferencia al descanso, 17 al inicio de la segunda mitad, se fue a cenar con unos amigos, convencido que la clasificación entre los ocho primeros, estaba más que asegurado. Todos lo creímos.

“No sé qué pasó. Íbamos ganando al descanso, fácil. Pero empezamos a… no sé, no sé. Una ida de olla, bajada de tensión. No sé cómo llamarlo. Ellos empezaron a enchufarlas y meter triples desde todos lados y al final, pasó lo que pasó”.

Una zona 1-3-1 que nunca supimos atacar, una racha tremenda de sus tiradores, liderados por Hu Weidong, recortaba poco a poco pero de forma inexorable, la ventaja entre el desconcierto de nuestros representantes. Del 46-31 del descanso al 76-78 final. Si el “angolazo” fue una herida abierta, aunque quizás previsible, el llamado “chinazo” fue una daga directa al corazón, porque vino por sorpresa, cuando aquel combinado logró lo más difícil, la atención y el reclamo de todos.

.El contraste en el Mundial de Toronto tras el "chinazo".

“No hay nada peor que enfrentarte a un equipo inferior y que crea que te puede ganar. Porque al final tú tienes una presión enorme y a ellos no les pasa nada. Llegamos al final con el partido igualado y créeme, no supimos ganarlo”.

Por entonces, como un cruento parte médico, la lectura de la trayectoria de Alberto Herreros, definida por él, es desgarradora. “Es que ves que pasan oportunidades, oportunidades. Te empiezas a desesperar, porque ese equipo podía haber quedado perfectamente luchando por las semifinales. Lo peor es que pasan y al final, de verdad, acabas desesperado. Lo teníamos para agarrarlo y entre unas decisiones que no fueron buenas y yo qué sé qué más, al final perdimos”.

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