ARTÍCULO: EL MILAGRO DE SERBIA

ARTÍCULO: EL MILAGRO DE SERBIA

Antonio Rodríguez

Todo eran parabienes y felicitaciones después de la semifinal de ayer entre Serbia y Francia. Y es que fue asombrosa la victoria de los hombres de Aleksandar Djordjevic ante Francia, teniendo que soportar incluso una locura de aciertos francés que les llevó a anotar hasta 39 puntos en el último cuarto, culminando así el que posiblemente haya sido el mejor partido de toda la Copa del Mundo. Y aún así, ganaron. El milagro de Serbia coge más trascendencia cuando en la fase previa solamente pudieron superar a Irán y Egipto. No creo que se conozca a una selección que clasificándose con semejante bagaje, se disponga a disputar una final. Bueno, de hecho, desde que se juegan finales y no se dilucida el campeón a través de una liguilla, ya les digo yo, que no lo ha habido.

Leí por algún sitio que levantarse de un bombazo sonado en forma de victoria, es también extremadamente difícil, al igual que hacerlo de una derrota. Y a Francia parece que fue lo que el destino les deparaba. Por momentos, parecía que estábamos viendo el España-Francia, pero al revés. Joffrey Lauvergne totalmente inoperante, es sustituido ¡a los 2 minutos y 44 segundos de juego! porque no se enteraba, Francia jugaba a lo que no está acostumbrado y no hacía más que fallar, Gobert recibía los balones a 4 metros del aro en vez de a 2, para levantarse y machacar como hizo frente a los nuestros, mientras que Serbia les ganaba con el mismo arma que los franceses utilizaron para derrotarnos dos días antes: el juego desde lado débil. Siempre aparecía un jugador serbio al corte, para recibir un centelleante pase y acabar en canasta y siempre había un tipo abierto en el otro lado para recibir y anotar un triple. Siempre.

Claro, que todo esto con Milos Teodosic en estado de gracia, todo es mucho más sencillo. Y se dio cuenta cuando a su primer tiro acertado, le acompañó un segundo acierto, un tercero y lograr acabar el primer cuarto con tres canastas de dos y un triple, sin error alguno, a la finalización del primer cuarto (21-15). Y sintiéndose grande, enorme en esa tarde, siguió insistiendo, apoyado en el excelso movimiento de balón de sus compañeros para seguir martilleando las aspiraciones francesas. 7/8 en tiros de campo al descanso, con tan sólo un triple errado, para irse con 18 puntos el angelito. Y lo más importante, para que su selección se fuese con 46-32 al descanso, sin dejar de pisar el cuello al rival en ningún momento para que no respirase.

Aleksandar Djordjevic preparó el partido de maravilla, como ya lo hizo frente a Brasil. Si en el encuentro de cuartos, su arma principal fue Nemanja Bjeljca y su juego exterior, para volver locos a los pívots brasileños, en esta ocasión necesitaba más contundencia, teniendo enfrente pívots más bajos. Y ahí que Miroslav Raduljica encontró su momento de importancia desde poste bajo, continuando bloqueos hacia canasta y haciendo un destrozo mayor que los 7 puntos al descanso que llevaba (11 al final), porque desestabilizó la defensa rival y centró muchas de sus atenciones, formando parte del espeso entramado de buenos pases que tenían que defender y con los que se sentían incapaces. Una primera mitad de “chapeau” y no en francés, precisamente. Más bien en serbio.

En la segunda parte, Francia intentó jugar más agresivo sobre todo en defensa y lograron parar algo la eficiencia rival (a los 21 y 25 puntos que anotó su rival en el primer y segundo cuarto, en el tercero les dejaron en 15). Clave fue el que Nicolas Batum cogiese en defensa a Milos Teodosic, que bajó claramente su eficiencia (6 puntos en la 2ª mitad). Pararon un poco su locura de tiros errados de tres para jugar más interior, pero seguían sin mucha eficiencia ofensiva, excepto Batum que asumió también responsabilidades ofensivas de manera individual, nunca consecuencia de un buen trabajo colectivo. Aún así, no recortaban distancias y veían con impotencia cómo Serbia seguía teniendo el control de manera que invitaba a la sentencia, con un 61-46, 15 puntos que para un último cuarto sonaban inalcanzables.

Y llegó este último cuarto. La mayor locura de baloncesto que hemos tenido la ocasión de presenciar en esta Copa del Mundo. A situaciones desesperadas, medidas desesperadas. Y ahí que vemos a los franceses lanzándose a tumba abierta por conseguir reducir distancias a golpe de triple, con circulación de balón, sin circulación, en contragolpe…como fuese. ¡9 triples de 13 intentos! lograron los hombres de Vincent Collet, que cambió su cara de desesperación contra sus jugadores a verse esperanzado con el recorte en el marcador, pues a falta de 5 minutos, estaban en partido (68-61).

Sin embargo, Serbia, para culminar los abrazos finales a la conclusión del partido, debía mostrar inteligencia y carácter. Y de ambas cosas tuvo. El gran acierto (ya lo dijimos tras la machada ante Grecia) de recuperar a Nenad Krstic, que sea el eje interior del equipo en ataque, una amenaza ofensiva que sepa distribuir el balón como él lo hace, me está resultando decisiva para sus éxitos. Y a eso había que añadir un arrebato más de algún jugador que se erigiese como protagonista. Y salió. Bogdan Bogdanovic realizó un último cuarto de locura, cogiendo el testigo de su compatriota Teodosic, anotando canastas decisivas y sumando 10 puntitos en el último cuarto que acabaron ahogando al contrincante, porque se anotaban en momentos culmen. Testigos de la locura y el acierto de los franceses, Bogdanovic se arrancaba con una entrada a canasta, con un triple… para que sus rivales vieses que no recortaban distancias o a lo sumo, un puntito que era insuficiente. 29 puntos de los serbios también tienen un mérito extraordinario en los últimos 10 minutos, rúbrica de su estado de gracia. Francia nunca les supo detener en defensa y por ahí se les escapó el triunfo, a pesar de soñar con una vena anotadora como no habíamos visto hasta ahora en este torneo.

Y así se llegó al final con 90-85 para Serbia, que culmina su milagro llegando a la final. No creo que estuviese entre las 10 favoritas para llegar a esta gran final de mañana. Pero así ha sido. La resaca de la machada de Francia se pagó cara. Casi ningún hombre estuvo a la altura, exceptuando Nicolas Batum, que curiosamente tras recibir un golpe en la cabeza en el segundo cuarto que le dejó KO, se reincorporó para entrar en una vena de aciertos sin parangón. Los abrazos de Djordjevic eran elocuentes. Volver a su país en las más altas esferas era algo impensable y que con lo que han hecho toda la vida, con jugar a baloncesto, les ha servido para que el día de la final vuelvan a escucha