ARTÍCULO: CRÓNICA ESPAÑA-FRANCIA 1/4 DE FINAL

ARTÍCULO: CRÓNICA ESPAÑA-FRANCIA 1/4 DE FINAL

Antonio Rodríguez

Se acabó el sueño español de quedar campeones en casa, en lo que siempre pensamos como “oportunidad única”. En cuatro ocasiones que hemos sido anfitriones, en dos Mundiales y dos Eurobasket, el mismo resultado: caer derrotados en la fase de cuartos en los primeros y llegar a la final, acariciando el oro, en los europeos. Claro, que hay matices. La alegría desbordante que supuso llegar a la final en Barcelona’73, dio paso a una enorme decepción en el Mundobasket’86 cuando se aspiraba al oro, porque se podía lograrlo, aún asumiendo que había tres selecciones superiores a la nuestra. El problema es que tanto en el Eurobasket’07 como en esta ocasión, parecía todo encaminado para lograr el oro. En nuestra Copa del Mundo, al menos llegar a la final y encarar a unos estadounidenses que, en esta ocasíón sí, nos veíamos superiores.

España disputó el peor partido que se le recuerda, donde no se podía fallar. Mal acaba lo que mal empieza. Y se empezó tan mal, con un 0-8 de inicio, se fue a trompicones, a base de arreones, forzando marchas, tiros y situaciones durante los 40 minutos, que así era complicado que el final fuese otro. Francia, por contra, con una preparación magistral del encuentro, dio una lección en muchos aspectos. Por encima de los tácticos, que ahora desgranaremos, de templanza y saber estar, incluso cuando España apretaba, el público apretaba y por qué no decirlo, hasta los árbitros “apretaban” al inicio del tercer cuarto, en nuestros mejores minutos. No perdieron los nervios y siguieron leyendo su mapa, sin inmutarse que las balas y las bombas estallaban a su alrededor.

En antinatural inicio

Para empezar el encuentro, salimos de una manera antinatural en nosotros. Con el quinteto base que ha instaurado Juan Antonio Orenga a lo largo de este campeonato (Ricky Rubio, Rudy Fernández, Juan Carlos Navarro, Marc y Pau Gasol), lo que hemos repetido en tantas y tantas ocasiones, en todos y cada uno de los partidos, poner las bases con nuestro juego interior, nuestro juego entre los pívots, excelentes pasadores y generadores de canastas, no sucedió así en esta ocasión, sin entender muy bien por qué. Tiros exteriores errados, Navarro y Rudy Fernández, buscando unos contra sin resultados palpables, poca decisión de los Gasol que intentaban anotar en continuaciones a los bloqueos como si tuviesen inferioridad física y se debiera sacar partido así, ellos, maestros del cada vez más extinto arte del juego en poste bajo. A pesar de remontar ese 0-8, con la respuesta de un 12-11 a favor, era una mala puesta en inicio que tenía de bueno que era eso, un inicio con zancadillas, pero del que se supo salir.

En defensa tampoco pintaba mejor la cosa. Más bien a peor. Vemos que el recién incorporado a pista Antoine Diot ganó la espalda en dos ocasiones a su defensor casi de forma consecutiva, para cortar hacia canasta, recibir y anotar bajo el aro, a pesar de su corta estatura. Ahora que estamos en Septiembre con la salida de multitud de colecciones por fascículos, esas dos acciones fueron la primera entrega y el regalo inicial. Vincent Collet mostró una de las claves, en mi opinión la de más peso, para ganarnos: su extraordinario juego partiendo desde lado débil. Pusieron mucho énfasis ahí. Tras bloqueos o con algo tan sencillo como ganarnos la espalda, siempre tenían un corte a canasta, una remontada por línea de fondo o una posición ganada para el triple, de recibir y tirar. Hacía años que no veía tal dominio desde esa faceta. A eso añadimos la diferencia en el rebote, de la que profundizaremos más adelante, porque en el último cuarto fue devastador.

Al final del primer cuarto se llegó con la igualada a 15. Con el segundo cuarto se muestra que nuestra camiseta parece descolorida. Pau Gasol anota en una suspensión en una meritoria asistencia de Calderón, el empate a 21. Era la segunda canasta de Pau siendo ya el minuto 14. Lo dicho, descolorido. Entre medias, ellos marcan un claro dominio en el rebote (se llegó al descanso con 13 a 25 en esa faceta. De sus 25 rechaces, 9 ofensivos). A Pau le sustituye Ibaka. A Marc le sustituye Pau. Los pívots fuera de cualquier protagonismo y además, esa resta era para sumar intentos triples. Triples infructuosos. Los del primer cuarto: 0/6. Lo acumulado al descanso: 1/11. La insistencia en ellos mostraba la tensión y la enorme responsabilidad que sofocaba a nuestro Equipo Nacional.

Triples infructuosos, naufragio entre nuestros pívots

Marc Gasol, feliz con su reciente paternidad, parecía ser un manojo de nervios lanzando infructuosos ganchos nada más recibir. Algo inédito en él, capaz de chequear situación de compañeros, rivales, volver a sacar el balón, volver a ganar la posición… mientras que Serge Ibaka, tras una primera suspensión anotada, sin tan siquiera aproximarse por la zona, se pierde en lanzamientos exteriores que no llevan a ninguna parte (a Antoni Daimiel tal situación le pareció “inaudita”. Tan inaudita como 2/14 entre ambos pívots, ellos que superan con creces el 50% en tiros de campo). Se sigue buscando el uno contra uno en ataque, se siguen perdiendo balones forzando pases y búsqueda de “alley-oops”, sin nada que se parezca a una mínima circulación de balón. Entre despropósitos, se llega al descanso con 28-35. Al vestuario, a calmar unos jugadores con exceso de presión y salir con esperanzas renovadas, porque los 28 puntos al descanso eran inconcebibles entre nuestros representantes.

Al Palacio de Deportes madrileño se le pidió ruido, presión ambiental y eso ayudó al tercer cuarto. Salida en tromba con una primera canasta de Pau Gasol tras recibir un buen pase, de esos que andamos tan escasitos en los primeros 20 minutos. Ricky Rubio roba un balón y vuelve a ser Ricky. Y Sergio Llull lo culmina en un contragolpe y España vuelve a ser España. Para completar, en la defensa forzamos que Francia agote los 24 puntos de posesión. Momentos de intensidad, de clima infernal para los franceses, que se quejan de algunas faltas no señalizadas -no sin motivos- y en vez de crisparse y sucumbir, solicitan tiempo muerto con 34-35 en el electrónico. Vincent Collet, con flema casi británica, se ajusta el casco de combate porque ahora las bombas son incesantes. Pero impertérrito, sigue consultando su mapa. Y su mapa era una nueva canasta de Antoine Diot en un gran corte desde lado contrario al balón. La respuesta fue un nuevo lanzamiento forzado de Marc Gasol en poste bajo. Fallo otra vez y vuelta a una mentalidad de presión excesiva, de tensión y agarrotamiento en las acciones, porque los franceses aprietan las tuercas, con canasta de Boris Diaw (13 puntos, 5 rebotes, 3 asistencias para decidir).

La Selección Española da un nuevo arreón, con un triple de Navarro se empata a 39, se consigue un tapón a una suspensión de Heurtel a posteriori y en el contragolpe, gran pase de Pau Gasol para una canasta fácil de Marc Gasol, que al intentar anotar a aro pasado, falla la bandeja, premonitorio. Hay días que parecen marcados. Se produce una bronca en el Palacio, parándose por minutos el juego tras empujones de jugadores de ambos equipos y Llull, Marc Gasol y Florent Pietrus siendo sancionados. No sabemos si eso cortó el ritmo, pero no ayudó. Aún así, un mate de Rudy Fernández en “alley-oop” de espaldas da fe al Palacio, pues España vuelve a ponerse por delante en el marcador (43-42), que se asegura con un contundente tapón de Pau Gasol a Heurtel para cerrar el cuarto.

El último cuarto de la agonía

Con los últimos 10 minutos, repasamos las estadísticas que están comenzando a erosionar las aspiraciones españolas, sobre todo porque no se ve cambio de rumbo ni dirección, tanto en la pista como desde el banquillo. Se sigue jugando a lo mismo, a lo más-bien-poco entre un +15 en rebotes de ellos (hasta este partido, España superaba en 5 el promedio de rebotes de los franceses) y ese 2/16 en triples, que asustan. Si de buscar alternativas se trataba, tampoco en el juego interior, en forzar faltas, se destacaba. 10 pírricos tiros libres intentados hasta ese momento, con 7 aciertos.

Francia siguió con una tranquilidad congelante, que les hacía responder a cada uno de nuestros arrebatos -nuestro ataque quedó reducido a eso-, hasta que el partido empieza a tomar un oscuro definitivo cuando con un triple de Boris Diaw culminan un parcial de 2-9 en 03:20 transcurridos en el último cuarto, situando el marcador en 45-52 y fuerza tiempo muerto en los españoles.

De nuestro desalentador acierto en el triple (2/22 final), se intentan dar balones desesperados balones a Pau Gasol (17 puntos, 7/12 en tiros de campo y 8 rebotes) y que resuelva, sin la más mínima circulación de balón para facilitarle el trabajo. Se resopla en la pista, en el banquillo, en las gradas. Los aficionados, en estado de shock por lo que estaban viendo, eran incapaces de asimilar lo que estaban viendo. Además, Pau Gasol sufrió el fuerte marcaje de un rival que había pasado desapercibido en este torneo: Rudy Gobert promete tardes de gloria en sus equipos, pero aún está muy verde. Pero ayer, su trabajo en defensa ante el mayor de los Gasol, fue encomiable. Su enorme envergadura le hizo capturar rebotes de calidad (al final, la sangría acabó en 50 a 28 a favor de Francia), Pau tuvo que lanzar una suspensión ante él, que bajó nevado del cielo, para anotar el 52-55 en los últimos minutos. Tuvo respuesta en una entrada de Heurtel (52-57) en una gran entrada a canasta. Siempre tuvieron respuesta, orden y el control del partido. El remate fue un triple del propio Heurtel a falta de 01:04, que dejó el electrónico en un 52-60, que ya sentenciaba. De ahí al definitivo 52-65, se dejó transcurrir el tiempo, culminando entre los españoles un último cuarto con 3/16 en tiros de campo (0/6 en triples). 52 puntos finales, que hay que remontarse a la tortura que significaba jugar frente a Estados Unidos y sus defensas, en los Juegos Olímpicos de Mexico’68, para encontrar una anotación más baja en un partido oficial de nuestra Selección.

La sensación de vacío, de oportunidad perdida, de hastío pensando en ver una final el próximo domingo entre Estados Unidos y “cualquier-otro”, es enorme. Entre los jugadores y el cuerpo técnico, la decepción es mayúscula. Pau Gasol en rueda de prensa recuerda Atenas’04, por una marcha inmaculada para caer en el cruce de cuartos, reviviendo uno de los momentos más duros de su carrera deportiva para asemejarlo con este. Juan Antonio Orenga achaca a los 22 rebotes de diferencia que hubo entre ambos, a que no se pudo correr ni que los franceses dejaron que fuese España en ningún momento. Juan Carlos Navarro, el gran capitán, nada más acabar el partido, habló sin tapujos de “fracaso”, de no haber preparado especialmente este partido, “preparamos lo mismo de siempre, pensando que íbamos a ganar”. Deja entrever que nunca hubo exceso de confianza, pero sí un sentir que con nuestras armas, se llegaba hasta la final. Y es que son muchas. Eso quizás es lo que frustre más.

España nunca estuvo bien dirigida, eso es cierto. Pero también es cierto que si hemos ensalzado la capacidad de nuestros jugadores en su tremenda inteligencia, en saber leer todas las situaciones. Hablábamos de entrenadores en pista, por sus constantes conversaciones en el campo, limando errores y aclarando el camino a seguir. Pues en esta ocasión se ofuscaron tanto como el banquillo, estuvieron en una angustia constante, rallando la histeria. Y sobre todo, lo que más lamento es que ayer, en ningún momento, se divirtieron en pista. Ellos, que son la bandera de ‘cómo se divierten estos chicos’, se vieron en un Palacio con una carga tan sofocante, que hubo miradas perdidas y resoplidos donde tenía que haber convicción y sonrisas.

¿Esta puede ser la última actuación de muchos de esta generación maravillosa? Es más que probable. El futuro a corto plazo de la Selección, lo que parece marcar es un camino más largo del deseado hasta los Juegos de Río de 2016. Poco a poco, esta profunda sensación de decepción se irá pasando y con ella, con ideas más claras, se irá decidiendo el futuro próximo. Pero se acabó de forma abrupta una travesía. Una maravillosa travesía.

ESTADÍSTICAS DEL PARTIDO