ARTÍCULO: LA GESTIÓN DE LOS BANQUILLOS

ARTÍCULO: LA GESTIÓN DE LOS BANQUILLOS

Antonio Rodríguez

Cuando se van acercando las fechas de la celebración de la Copa del Mundo, siempre hay un gusanillo de expectación por su inicio, que nos lo calman los 45 partidos de la primera fase en un torneo de 24 selecciones como es éste. Y la celebración pasa a la disputa cuando se trata de dirimir el título y las eliminatorias (en este sistema de competición, desde octavos), van dejando al más fuerte. En este momento, en cuartos de final, viendo plantillas, van permaneciendo los que más fondo de armario poseen. A estos niveles, se echan de menos las bajas previas al campeonato. Y es que eso redunda en la profundidad de banquillo en mayor o menor medida. Algunos entrenadores deben poner entre sus quintetos, al que teóricamente debía ser sexto, séptimo u octavo hombre del plantel. Y eso hace que las rotaciones -de calidad- se acorten, que el número de hombres de confianza para su entrenador, disminuya. Y aquí entra la importancia de gestionar esos banquillos, los minutos y poder mantener a los titulares con mediana frescura en los minutos finales donde uno, parafraseando al gran Manel Comas, “se juega las habas”.

Hemos visto en estas eliminatorias algunos ejemplos de las consecuencias que provoca el no arriesgar o tomar decisiones que, inicialmente tomadas, nunca se sabe si son erróneas o no, hasta que no se ven las consecuencias.

En el encuentro disputado ayer de cuartos de final, entre Lituania y Turquía, Ergin Ataman vivió y murió con sus titulares muchos minutos en cancha: 33 minutos Keren Gonlum; 36 minutos Sinam Güler y Emir Preldzic, 37 minutos. Sobre todo este último, uno de los protagonistas de esta Copa del Mundo, el go-to-guy destinado a ganar el partido, se le vio totalmente exhausto. Perdió pases por el agotamiento que arrastraba y llegó el punto en que se paró desde la línea de tres puntos -que era lo único que le servía a su equipo para mantenerse con vida-, fintó a nadie y no lanzó. Llevaba ya con la reserva muchos minutos y esas fue la sentencia para que Lituania, que alguna poción debe tener intrínseca al éxito, llegó nuevamente a la semifinal en una Copa del Mundo.

Eslovenia ayer sufrió un resultado muy abultado en contra, en el otro encuentro de cuartos de final ante Estados Unidos (119-76), cuando la desventaja era de 7 al descanso (49-42). Vale que aquí el fin parecía claro, pero Juri Zdovc decidió (y creo que con buen criterio) el “vamos a ver hasta cuanto dura la fiesta” y permaneció la mayor parte de la primera mitad con sus pilares, los hermanos Dragic y Domen Lorbek, tremendamente respondones. Como era de esperar, hay un momento en que el fuel se acaba y el motor se para. De repente. Y claro, las decenas de puntos de diferencia se fueron sumando con una facilidad pasmosa.

Hubo un caso curioso en octavos de final, en el encuentro entre Croacia y Francia. Jasmin Repesa, que no parece que en su concepción actual de baloncesto predominen los pívots mastodónticos, tuvo en el último cuarto un pilar fundamental en Ante Tomic. El jugador del F.C. Barcelona anotó 11 de sus 17 puntos en este período, en cuatro canastas sin fallo, forzando tres faltas y anotando 3/4 en tiros libres. Desde poste bajo, fue la tortura para el equipo de Vincent Collet. Su esfuerzo era encomiable…y su fatiga, también. Pero, claro, ¿quien se atreve a sustituir a un jugador cuando se encuentra tocado por una varita, que sustenta a los suyos, en previsión de los últimos minutos? Repesa arriesgó y cuando su jugador no podía más, fue sustituido. El problema es que tan sólo restaban poco más de 2 minutos. Un triple de Thomas Heurtel y una asistencia del “dueño y señor” Boris Diaw para la canasta de Pietrus, puso la diferencia a 9 respecto a los croatas. ¿Cómo sacarlo en ese momento cuando lo que necesitaban en ese momento eran triples? Es cierto que a falta de 52 segundos pudo volver a rescatarlo, puesto que milagrosamente se pusieron 66-64 con el triple de Bojan Bodganovic, que debió jugarse -y fallar- el tiro decisivo a falta de 23 segundos, porque era el único con galones para hacerlo ante la ausencia de Tomic.

Pequeños o grandes detalles que hacen ganar o perder un partido, que tengas éxito o que caigas en el olvido en esta Copa del Mundo. Muchas circunstancias que se van al traste cuando todo parece a favor en ocasiones. Rotaciones, hombres frescos, hombres de los que ganan, de los que salen en los pósters y llenarán los libros de historia…que deben ser ayudados. Este torneo puede variar por muy poco y echar al traste trayectorias inmaculadas. O si no, que se lo pregunten a Fotis Katsikaris y la selección de Grecia al completo. Pero sí es cierto que los banquillos profundos, los hombres de confianza y su estado en el “clutch time” han dicho mucho y tienen aún más que decir en esta competición. Tengo el convencimiento que los españoles recordarán el cansancio, sobre todo mental, con el que afrontaron la final del Eurobasket que finalizó en Madrid, en el mismo Palacio de los Deportes que ahora les acoge. Será algo que ayude.