ARTÍCULO: ARGENTINA, ADIÓS MUY SENTIDO

ARTÍCULO: ARGENTINA, ADIÓS MUY SENTIDO

Antonio Rodríguez

Era una ovación con mucho sentimiento. La despedida a la selección de Argentina de esta Copa del Mundo llevaba mucha carga emocional detrás. Y se fueron actuando como lo han hecho siempre: haciendo del baloncesto un arte y dejando todo lo que tenían.

El equipo dirigido por Julio César Lamas mostró una vez más lo que el conocimiento de este deporte puede convertir en sencillez y a su vez en arte. Su primer cuarto, con 21-13 a favor ante Brasil, con muchos menos recursos físicos que la “canarinha”, fue quizás la última lección de estos Scola, Prigioni, Nocioni Herrmann o Leo Gutiérrez. Su movimiento supersónico de balón, los espacios tan grandes en los que se movían, la capacidad para decidir con pases y encontrar posiciones claras, en una manifiesta expresión de “estamos viejos para correr. Que corra la pelota”, que ya se estila bastante poco y que tanto nos gusta, fue la última joya que nos dejaron. Su estudio previo al rival, cómo les negaban los pases entre pívots, una lección más. Pero llegaron las faltas, el cansancio y los recambios y un último cuarto primoroso de los brasileños, que todo hay que decirlo, que dejaron el marcador final en un 85-65 más cruel de lo que debiera.

Sí faltaban Delfino y sobre todo, el gran Emanuel Ginobili. Pero este combinado argentino fue de los de no quejarse nunca, ni con ausencias ni con lesiones. Ellos a lo suyo. Así fueron siempre. Pocos se acuerdan ya del esguince de tobillo que sufrió “Manudona” en la final de Indianapolis en el 2002, aquella que quedó como que los árbitros, digamos que no les dejaron ganar (otra cosa que lo lograsen). En la misma cita en la que apalizaron a Estados Unidos unos días antes (llegaron a ir 19 puntos por delante), mostrando un camino que ellos siguieron dos años después en Atenas, atizándoles también en semifinales, en el Olimpo donde parecían ser una parte de sus habitantes y para no olvidarles nunca, aquella magnificencia tuvo la benevolencia para dejar a España el relevo en la historia con aquel no-triple de Nocioni que dice nuestro “presi”, José Luis Sáez, que tiene la instantánea en el móvil para nunca olvidar.

Un adiós muy sentido porque se irán jugadores a los que tenemos como parte de nosotros, como parte de nuestros pabellones, de nuestra historia, de nuestra Liga Endesa. Unos jugadores que mostraron el talante que siempre les caracterizó en el Palacio de los Deportes madrileño hace dos tardes, entremezclado con mucho descaro y menos orden de Facundo Campazzo y Safar, y a la espera que Marcos Delía apriete un día los dientes y se impregne de esa rabia intrínseca en sus antecesores, que tantos partidos les hizo ganar.

Se va la albiceleste más grande de la historia. Dicen adiós, y desde Espacio Liga Endesa, nos sumamos al aplauso. Como Gardel pareció homenajearles en algunos versos:

“Adiós, muchachos, compañeros de mi vida,
(…) me toca a mi, voy a emprender la retirada,
(…) Dos lágrimas sinceras derramo en mi partida
(…) y a darles a mis amigos el adiós postrero.