Sibilio, triples desde el Olimpo

Sibilio, triples desde el Olimpo
Chicho Sibilio

Antonio Rodríguez

El Olimpo existe. Claro que existe. Y allí van aquellos que, no por el hecho que hicieran algo extraordinario, sino que nos transmitieron sentirnos dichosos de verles hacer algo extraordinario. Y eso ya queda para siempre. Camino señalizado hacia nuestro particular Olimpo… no tan exclusivo cuando en la era de redes sociales, vemos que son centenares de miles quienes comparten aquellos pasados tiempos de dicha y presente devoción. La Selección Española de los 80 forma parte de este Olimpo.

 

Ellos ganaron donde se suponía que los nuestros no podían ganar nunca, por una sinrazón histórica tan fuerte como parecer no tener derecho a ello. Mientras saltaban por un balón en el aire, nosotros levitábamos un metro del suelo delante de la tele. Socialmente marcaron su tiempo y no hay vídeo recopilatorio, en el que salga Felipe González ganando unas elecciones por primera vez, ni Miguel Ríos dominando escenarios en sus conciertos, sin tener adjunto el pódium de Los Angeles. Son el Olimpo de muchos, la historia de todos.

Chicho Sibilio

Por ello, son intocables. O parecen serlo. Y cuando el destino quiere que alguno desaparezca, se resquebraja una parte de nosotros. Con el fallecimiento de Cándido Antonio Sibilio a los 60 años de edad, se abrió una grieta en nuestro alma. Más expuestos en la vida pública como nuestro querido Itu o en el lejano anonimato de “Chicho”, fantaseamos que los tronos que ocupan tales elegidos, son imperecederos… hasta que su muerte azota. Y nos paraliza.

 

“Chicho” Sibilio fue aquel tipo que hizo añicos una final de liga ante la Penya, marcándose tres triples casi consecutivos, en contragolpe. Sí, en contragolpe. Cuando la línea de tres puntos se fue “haciendo adulta”, pasando de ser un recurso en situaciones comprometidas a una jugada ensayada (gran paso en el baloncesto). Tal irreverencia estallaba las cabezas del más pintado. Sibilio era esa clase de tirador, elegante verticalidad que daban dos estilizados metros, de elevarse con sencillez, brazos muy arriba y el suave golpe de muñeca acompasando todo el gesto natural, hasta las redes. La falta del respeto al triple hace 35 años.

 

“Chicho” jugaba al baloncesto porque fluía en su sangre, armonioso como los bailes en las salas de su tierra, República Dominicana. A su lado y en la búsqueda de la precisión del gesto mecánico a base de tozudez baturra, Juan Antonio San Epifanio, porfiaba e insistía, consciente que no poseía tal sencillez. Quizás por ello, “Chicho” se tomó el baloncesto como la clase de arte que intrínsecamente poseía, fácil como un chasquido de dedos. Y la defensa, iba menos con él. Entendía más de su ballet que de su esfuerzo. Aunque sí hubo una tarde en la que, pensando en semifinales, Antonio Díaz Miguel lo cogió aparte y le espetó un rabioso “ese Schrempf será primera ronda del draft y dicen va a ser muy bueno. Lo vas a defender y te lo vas a comer con patatas”. Y funcionó.

Chicho Sibilio en acción 

 

Suspensiones que atemorizaban tanto que, a sus fintas, todos caían. Pivotes, cambios de dirección, botar con la maniobrabilidad de un base, buscando la cruz marcada al lugar destinado para machacar al contrario. A cuatro metros, a dos, o bajo el aro, ante los gigantes. Porque “Chicho” no era solamente un tirador. Injusto e ignorante sería catalogarlo de ello. Los gritos de Lolo Sáinz durante los entrenamientos a “como defendamos así, ¡esos dos cab… nos van a coser!” temeroso en los días previos, ante el recibimiento en los grandes duelos Barça-Madrid, Madrid-Barça, significaban demasiado miedo para ser solo tiradores. Hasta que ambos no llegaron vistiendo de azulgranas, nunca habían ganado en la Ciudad Deportiva del Real Madrid, haciéndolo dos veces consecutivas (1979 y 1980).

 

“Chicho” Sibilio fue F.C. Barcelona y Selección Española (sin olvidarnos de Baskonia), ambos con la grandeza de la mano a su llegada. ¿Casualidad? Debutó con nuestro Equipo Nacional en calidad de nacionalizado -y jugando de ala-pívot-, en una sombría Moscú, a pesar de los aros olímpicos, en un grupo llamado a irradiar el optimismo que se venía encima. Cuartos clasificados. Usó su toque mágico para golpear en las soleadas tardes de Nantes y alcanzar una medalla de plata en 1983. Tocar el cielo. Y como todos los grandes, sus detractores (porque asumir con naturalidad la calidad de alguien tan bueno, es complicado) se cebaban en una tarde romana, perdiendo la final de la Recopa ante la Squibb Cantú. Y más tarde, otra jornada más infausta aún en Ginebra, la ocasión de oro del Barça, ante Banco di Roma, en la finalísima de la Copa de Europa. Verse en la obligación a decidir siempre los mismos, por sistema, sin apenas contar con los americanos en ataque, tenía estas consecuencias. Y Sibilio, que tanto se reía de la vida, sintió mella en aquellos dedos acusadores, como para bordar la siguiente final europea ante Sabonis y su tropa, acabando el encuentro de rodillas en el parquet y dando gracias, al fin, a su estrella.

 Chicho Sibilio con la Slección Española

La misma que le dio facultades para ser un privilegiado del baloncesto y susurrar al oído del destino que su sitio, estaban en Barcelona, en España. Y hacernos felices descubriendo un poco más este deporte con privilegiados como él. La estrella que le hizo disfrutar de partidas de dominó con los amigos en un rincón humilde de República Dominicana, su tierra, la que ha querido llevárselo a los 60 años de edad. A uno de nuestros intocables, de nuestro Olimpo. Cándido Antonio Sibilio, “Chicho”, la estela de tus triples nos seguirá deslumbrando.