ARTÍCULO: UN LUGAR EN LA HISTORIA: YUGOSLAVIA EN ARGENTINA’90

ARTÍCULO: UN LUGAR EN LA HISTORIA: YUGOSLAVIA EN ARGENTINA’90

Antonio Rodríguez

Drazen Petrovic era sustituido cuando restaban pocos minutos para la finalización del partido. La de un partido casi perfecto, de los que hacen que la historia del baloncesto tome una dirección. Gracias a choques como éste. Al retirarse al banquillo, Drazen Petrovic da un beso a su entrenador Dusan Ivkovic a modo de felicitación, muy típico entre los balcánicos, con la satisfacción que, a lo que habían ido a Argentina, se había cumplido. Que allí pusieron su pica. Caminos que toma la historia y que hacen que el baloncesto actual sea como es.

En el banquillo contrario, Mike Krzyzewski sigue cambiando jugadores, sintiéndose desbordado. No había manera posible con esos hombres, de redirigir de rumbo aquel partido en el que iban 15 puntos por debajo. En toda la década de los 80, cuando Estados Unidos se tomó en serio los Campeonatos del Mundo -con las limitaciones que ellos se autoimponían: jugadores universitarios, nunca de último año o recién elegidos en el draft NBA, algo que sí permitían en los Juegos Olímpicos-, nunca tuvieron esa sensación de no poder competir con el rival de enfrente. De hecho y exceptuando torneos a los que mandaban equipos excesivamente flojos, a lo largo de la historia con sus selecciones, siempre habían competido. Podían ganar (Mundobasket España’86) o podían perder (Colombia’82). Pero nunca, nunca, esta sensación que existiera un equipo fuera de sus fronteras que fuese materialmente imposible abordar. “No podemos enviar a niños a competir contra hombres” fue su lapidaria frase de Krzyzewski en la rueda de prensa tras esa semifinal perdida ante Yugoslavia. No era una cuestión física o de madurez: simplemente que eran mejores que ellos. Y ese tipo de rivales, nunca los habían encontrado hasta ese momento. Tras lo visto en Argentina, en silencio, en su país, una maquinaria que respondía al nombre de “USA Basketball”, aceleró su ritmo de trabajo. Pero eso ya era otra historia.

Argentina quedó para los anales como la victoria, oro y dominio de la mejor selección de Yugoslavia de la historia en el planeta FIBA, al asalto de los estadounidenses NBA. Para algunos, la mejor selección de la historia de la Copa del Mundo. Para otros, simplemente, la mejor selección. Repasemos en un serial de 4 entregas lo que fue aquel Mundobasket argentino, tan desastroso organizativamente, tan maravilloso cuando estos jugadores tomaban la pista.

Memorias desde el sillón. Capítulo 1: los Goodwill Games

En Seattle, un par de semanas antes del inicio del Mundobasket argentino, se utilizó como preparación una cita que una vez vista, resultó un perfecto banco de pruebas. Se trataba de un evento realmente atractivo, los Goodwill Games (los Juegos de la Buena Voluntad, una especie de Juegos Olímpicos en pequeño), en esta ocasión, en el estado de Washington. Aquel invento de Ted Turner para afianzar sus relaciones comerciales USA-URSS, que habían tenido una primera edición en 1986 en Moscú, esta vez se trasladaron a Estados Unidos. Emitidos por la TNT y TBS, cadenas propietarias del multimillonario, enviando señal a todo el mundo, con 2300 atletas acreditados de 54 países diferentes, tuvo para el torneo de baloncesto a los 8 equipos punteros y por primera vez, la participación de la Selección Española. El escenario era, aunque algo viejo, una delicia: el Seattle Coliseum, la casa de los Supersonics. Y allí ya, en un despliegue televisivo en nuestro país sin precedentes (del que más adelante hablaremos), con varios enviados especiales de diferentes cadenas autonómicas españolas, recién nacidas y ávidas de competiciones así, pudimos deleitarnos con las lindezas de la selección yugoslava. Vamos con algunos detalles:

- En estos Goodwill Games se podían convocar hasta 14 jugadores, en ese espíritu del torneo de ser una preparación. Por Estados Unidos, a los 12 que fueron a Argentina, se les unieron Bobby Hurley y Clarence Weatherspoon. Por España, Manuel Aller y Silvano Bustos, que junto con Rafa Vecina por lesión en un pie, fueron los descartados de Díaz Miguel, y por los 12 magníficos de Yugoslavia (donde no se encontraban en la cita de Seattle, ni Drazen Petrovic ni Vlade Divac), Zoran Jovanovic y Sabahudin Bilalovic.

- Por la Selección Española, decir que quedó en 8º posición, ganando a Australia en la segunda jornada y perdiendo en el debut con una muy potente Brasil aquellos días, Yugoslavia, Puerto Rico y en el partido final, en la prórroga frente a Italia. Aquella España en proceso de transición, convocando veteranos y gente joven, con poco poderío en los pívots, tenía en Andrés Jiménez el alma y espíritu. En sistemas cogidos aún por alfileres, Jiménez tiraba desde fuera, corría el contragolpe, reboteaba y era un fenómeno con sus 2.05 que sí es cierto que encontraba pocos espacios para decidir en su uno contra uno, en ese afán que jugase como “3” a semejanza de su posición en el F.C. Barcelona (y como recordó el periodista Franco Pinotti, “cuidado, que podemos perder al mejor “4” de Europa, junto a Alexander Volkov, por una posición táctica de la que no se le saca el máximo rendimiento”). La idea de los 4 bases convocados parecía gustar a Díaz Miguel (Rafa Jofresa, Antúnez, Pepe Arcega y Montero), donde parecía que Arcega sería su hombre de confianza en la dirección y donde Montero pudiera jugar minutos como escolta. No era algo tan descabellado bien utilizado. Y Villacampa, nuestro máximo puntal ofensivo. Jordi estaba de dulce en aquellos años y era el mejor exponente de aquel juego que España proponía, de correr y correr en respuesta a los poco sólidos sistemas en estático que aún se tenían. Villacampa (el de 1990 hubiese tenido perfectamente cabida en la Selección Española 2014), no solamente era un fenómeno físico entrando a canasta y tirando, sino que era el mejor pasador en velocidad de todos los presentes. En sus manos y en los contragolpes, se basaban las aspiraciones de los aficionados españoles. Estrategia bastante frágil. Pero como era rigor en la época, nos debíamos ilusionar con algo, que para eso era nuestro Equipo Nacional.

- Estados Unidos, en casa, no lograron quedar campeones. Perdieron la final con Yugoslavia (algo lógico pensándolo hoy día) en, eso sí, un gran enfrentamiento final a cara de perro, donde realizaron una apuesta interesante de optimizar las virtudes individuales de sus jugadores por el bien del equipo. Alonzo Mourning (que tuvo una bronca monumental el primer día, ante Puerto Rico) y el pequeño Kenny Anderson, eran sus puntales. Se ganaron enormes críticas en su país tras caer derrotados ante la URSS (que viajó con más segundones de lo habitual, tras la renuncia de cualquier jugador lituano a defender los colores de la Unión Soviética). Pero había algo que llamaba poderosamente la atención en este combinado de jóvenes estadounidenses: no tenían supremacía física. Algo que contando con su bisoñez, en otros torneos era lo que les dio el éxito o competir por él, con perros de presa y grandes defensas, no era así en esta ocasión. El no haber convocado a los tres jugadores más destacados de los campeones universitarios, Nevada Las Vegas (Greg Anthony, Stacey Augmon y Larry Johnson), les hacía no ser un equipo dominante por su excelencia física. Y aunque fuese un pipiolo que pocas cosas sabía hacer aún, los 2.15 de Shaquille O’Neal pudieran haber venido muy bien a esta selección, al menos para intimidar bajo los aros.

- Y para acabar, Yugoslavia. Repetimos: sin Drazen ni Divac. Dino Radja -sensacional-, Zarko Paspalj usado como ala-pívot y Velimir Perasovic eran quienes intentaban suplir la aportación de estos dos astros. Perasovic tenía, mostrándose importante en el equipo, lucía una facilidad pasmosas para anotar. Y a eso se unía Juri Zdovc, que aún siendo el base titular, si tenía que anotar, se podía convertir en un estilete de primera, sobre todo entrando a canasta. ¡Qué capacidad! Un tipo discreto que podía dinamitar encuentros y todo con enorme facilidad. Aceleraban el juego y lo ralentizaban a su gusto, con Kukoc jugando a lo que él quisiera, con Dino Radja como dueño y señor de las zonas. Y vale que no está Divac, pero se le dio importancia a Zoran Savic, por primera vez convocado en un torneo con la absoluta y un angelito desconocido para el gran público, un tal Radisav Curcic, que parecía el mismo Ursus sacado de “Qvo Vadis?”. Mostraron un gran espectáculo, fueron aplaudidos y minimizó el amargo sabor del aficionado estadounidense al ver que “con estos, no podemos”.

Y una anotación que particularmente me llamó la atención: los arbitrajes. Salvo en algunas excepciones (el ya “afamado” Manuel Reynoso*, bastante meticuloso cuando nos tocó), los arbitrajes me llamaron la atención por ser muy correctos y muy coherentes en sus decisiones. Eran intransigentes con lo que tenían que ser y permisivos en lo que podían serlo. Un ejemplo, a Fernando Romay le permitieron colocar hasta ¡6 tapones! en el último partido frente a Italia. Y si había contacto en el choque con el cuerpo del rival, no tenía por qué ser falta, sino simplemente contacto. Por ello pudo taponar hasta seis veces y no un tapón y cinco faltas como por desgracía solía ser habitual. Si esto de los Goodwill Games era una preparación para los que van al Mundobasket, ojalá fuera así para los árbitros y tengamos una notable actuación en ellos. Todos -y Romay aún más-, saldríamos ganando.

Y con Yugoslavia como campeones, unos tristes chavales USA y la URSS descafeinada como bronce, finalizó este atractivo torneo que contó con dos ediciones más (San Petersburgo’94 y New York’98), porque lo del 2001 en tierras australianas, fue tan poco seguido, tan desnatado, que ni merece apenas reseña. Con estas, se viajaba a Argentina, donde los pabellones no tenían el halo de magnificencia como en Seattle, ni mucho menos, donde el público era otro, donde fue todo distinto…menos una cosa: YUGOSLAVIA.

Foto 1: Drazen Petrovic y Toni Kukoc se felicitan durante el Mundobasket Argentina’90.

Foto 2: Sandro Dellagnello combatiendo en la zona frente a los españoles durante los Goodwill Games de Seattle.

Foto 3: Davide Cantarello lanza un gancho ante Romay y Zapata en los Goodwill Games.

Foto 4: Juri Zdovc entra a canasta ante la oposición de Mourning en la final de los Goodwill Games.