ARTÍCULO: SARUNAS JASIKEVICIUS, LA DEFINICION DE LA PALABRA GENIO

ARTÍCULO: SARUNAS JASIKEVICIUS, LA DEFINICION DE LA PALABRA GENIO

Antonio Rodríguez

Recuerdo a mi amigo Kiko Martín refiriéndose a Sarunas Jasikevicius como “es que ese tío es un base” en el verano de 1997, cuando fue convocado por primera vez con la selección absoluta lituana. El hecho que fuera más utilizado como escolta en el último Mundobasket junior disputado (aquel de Atenas en 1995), como sobre todo en su equipo, la universidad de Maryland, donde Gary Williams prefería a Terrell Stokes como base titular, nos hacía autoconvencernos de su natural posición de base, que aunque hoy suene hasta ridículo, no lo era “relegado” más al escolta en el citado 1997. Maskoliunas era el point-guard de confianza que movía aquel combinado, hasta que claro está, en 1999, si de tener que dirigir y hacer mover a los Karnisovas, Stombergas, Zukauskas…y Arvydas Sabonis, que buscaba el oro en la cita parisina, no había nadie mejor que Jasikevicius.

Sarunas abandona las pistas. Su manera implacable de instaurar orden en su equipo, sus gritos, su “perrería” a la hora de defender, su maestría tras anotar a la salida de un bloqueo, abandona el pantalón corto, un balón, cuatro compañeros e intentar hacerles llegar al máximo nivel y nos dice adiós. Uno de los mayores genios de los últimos 15 años del baloncesto europeo, declaró la pasada semana que abandonaba la práctica activa de nuestro deporte. Si el mundo cayó asombrado en la década de los 70 por la generación yugoslava, con todo lo que ello conllevaba, no encuentro nadie mejor que recogiera aquel testigo fuera de aquellas fronteras que Jasikevicius. Un jugador ye-ye de los de entonces, en pleno siglo XXI ganándolo todo.

Su lectura era tan clarividente sobre una pista, que muchas ocasiones se exasperaba de sus compañeros. En ocasiones, sus gritos y reprimendas eran injustificadas, sobre todo cuando intentaba con sus broncas tapar alguna de sus deficiencias defensivas. Pero, ¡qué demonios!, a la siguiente jugada te soltaba una genialidad y su compañero tenía que callar, porque mostraba cuan fácil puede resultar este deporte en la mente y manos de un privilegiado. Tomarlo y aceptarlo con todas las consecuencias. Pocas veces hemos visto llevar a la práctica las 385 opciones diversas que puede haber del bloqueo y continuación, con la facilidad con la que él lo hacía y con ese respeto al propio juego del baloncesto. Su tiro exterior, su capacidad para envolver a sus compañeros, sobre todo cuando alrededor tenía tantas estrellas a su altura, arrancaban el aplauso y la sonrisa sincera en la grada. El año del triplete en el F.C. Barcelona, las dos finales europeas consecutivas en el Maccabi o el manejo con brazo de hierro bajo la complicidad de Obradovic que tuvo en Panathinaikos, ahí quedará para los anales.

Sonrisa malévola y carcajada a medio llegar cuando discutía con los árbitros, mostrando esa falsedad que restaba la vehemencia que él deseaba y no ser expulsado, que cuantas veces habrá sido el deseo de tantos colegiados. Genio, por encima de todo. Pero genio porque se bromeaba y se convivía perfectamente en el día a día con él, y en los partidos sacaba el torrente de furia, bajo la condición de respetar el juego. Como lo ha hecho siempre. Lo que le ha servido ganar siempre. Un monstruo, un fenómeno de esto, un jugador que siempre superó y exasperó en las expectativas de cualquiera, aficionados y rivales. Jasikevicius, todo un genio del baloncesto.