Hace 25 años... Joventut, campeón de Europa: 'La primera machada' (Cap 6)

Hace 25 años... Joventut, campeón de Europa: 'La primera machada' (Cap 6)
Ferran Martínez, inconmensurable en la final, pugna con Fassoulas.

Antonio Rodríguez

La tristeza desde Córdoba, era evidente. El Joventut regresó cabizbajo y con pocos argumentos tras la Copa del Rey. Seis días, seis, para recuperar la fe en sus posibilidades y sobre todo, la identidad de la Penya, la de siempre. En un cruce al mejor de tres partidos y comenzando en Badalona, recibirían al Real Madrid, el ogro y máximo favorito continental. Inabordables durante enero y febrero, en Europa se les derrotaba con golfadas griegas (como el partido en El Pireo ante Olympiakos) o no había forma. Sin embargo, tenían el deseo de resarcirse con los verdinegros por lo que no consiguieron en Sevilla, tras ser eliminados por el F.C. Barcelona en semifinales: la Copa del Rey.

Lo visto en el Olimpic de Badalona aquella tarde de miércoles 9 de marzo de 1994, con estos precedentes, fueron los 40 minutos más sorprendentes en una de las exhibiciones más inesperadas de toda la temporada del 7Up Joventut. Sobre todo, para sus aficionados, que tardaron incluso en llegar al recinto, como perezosos por una derrota que intuían. Tras unos primeros parciales titubeantes de ambos equipos e igualado marcador, en la Penya ya se apreciaba que tenía más decisión. Un rebote ofensivo, otro rebote y otro y otro a los desaciertos verdinegros fueron una tónica que no encajaba en el guion del Real Madrid, mirándose unos a otros, buscando justificaciones a balones que no capturaban. Arvydas Sabonis fusilaba con la mirada a unos compañeros incapaces de atrapar cualquier rechace que se escapara de la zona. Los más de ellos, por cierto, porque la mayoría venían de tiros exteriores. Era una sucesión de verdinegros volando alrededor del aro blanco. ¿Pudo ser la primera y única ocasión en la que el gigante lituano acabara con cero rebotes un partido? Estamos casi seguros de ello.

Ismael Santos comete una rápida tercera falta sobre Jordi Villacampa, en un arbitraje marcadamente europeo (que hace 20 años, eran mucho más estrictos y rigurosos que en ACB) y la defensa blanca comenzó a desmoronarse desde el exterior, pues sin Santos, apenas pueden detener los uno contra uno hacia el aro. Rafa Jofresa salía con más ventaja de los bloqueos, Villacampa podía arrancarse sin oposición y aunque estaba la estampa de Sabonis delante, doblar balones para suspensiones de Ferrán Martínez, también era también una solución muy efectiva. Era como una paleta con toda la gama de tonalidades y colores por la que Zeljko Obradovic había insistido a lo largo de todo el año con su trabajo, sus críticas -y la de otros-. Este era el resultado deseado.

Pero lo peor para los madridistas, no fue el exaspero del lituano ante ese escenario, sino el desastre en ataque. Sin Rimas Kurtinaitis -el extranjero dado de baja para Europa, donde solamente se podía inscribir a dos-, la plantilla de Clifford Luyk era, lógicamente, menos fiable en el tiro exterior. Obradovic lo sabía y orquestó una defensa muy inteligente donde el mérito más que la agresividad en sí, fue su entramado para denegar de forma permanente líneas de pase hacia Sabonis y Arlauckas

El gigante lituano pedía balones que, o recibía mal y tenía que vérselas en un dos contra uno o directamente, no los recibía. Así que abandonaba su posición y se iba a ganarla al otro lado de la zona, donde se topaba en el mismo sitio de Joe Arlauckas. Arlauckas, sin espacios, sin posibilidad de hacer daño en la zona, se diluyó entre suspensiones exteriores aquella tarde (4 de 9 en tiros de campo). Un desajuste colectivo permanente, cuyo resultado más notorio fueron los balones perdidos, catorce. A cada cambio táctico de Luyk, más confusión. A cada variante, peores resultados. Decide poner a sus tres grandes en pista, Sabonis-Antonio Martín-Arlauckas y aprecian cómo Mike Smith lanzaba totalmente solo desde la línea de 6.25, mientras Arlauckas, bajo canasta, gritaba de quién era ese hombre, para darse cuenta un segundo después, que era el suyo. Su falta de costumbre de jugar como alero, daba tales quebraderos de cabeza y ahondar en el caos blanco. Y es que, en aquella tarde-noche, si algo frustró a los jugadores del Real Madrid, fue Mike Smith.

Todas, absolutamente todas las virtudes expuestos por el 7Up Joventut, pasaban por Mike Smith. ¿El rebote ofensivo? Smith, volando por encima de todos. ¿Desajustes defensivos? Provocados por su movilidad en la mayoría de casos. ¿Borrachera de triples? Anotó 3 de 4 -en una distancia en la que para nada es su especialidad-, que ayudaron a una escalofriante racha de 7 de 8 de los verdinegros en la primera mitad. Y es que siendo uno de los jugadores más atléticos del país, marcado por Biriukov desde el salto inicial, la diferencia física con el escolta blanco -que había sufrido pequeñas lesiones a lo largo del año- llegó a ser determinante. 

Su actuación en números, da una idea: 28 puntos, 7/8 en tiros de 2, más los mencionados 3/4 en triples, 5/6 en tiros libres, aderezados con 12 rebotes. Luyk llegó a probar incluso un quinteto cargado de altura (Sabonis, Martín, Arlauckas y Pep Cargol, junto a Lasa, de largo el base más acertado), para cerrar vías de escape de rebote y usar el máximo de talento físico entre sus jugadores. Fue en vano. No era una cuestión de altura, sino de querer el balón más que el rival.

En la reanudación, tras un 43-31 certificado con un triple de Smith sobre la bocina, salió el Real Madrid más centrado de todo el partido. Por primera vez buscaban opciones claras a Sabonis, que por primera vez también, recibía con cierta constancia. Tras verse inoperante durante muchos minutos, superaba a sus pares en uno contra uno y les forzó innumerables faltas (cuatro a Ferrán Martínez y cinco a Juanan Morales, nada menos). En defensa utilizaron una zona 1-3-1 presionando desde el saque, que sacó por momentos del partido a los verdinegros y rebajaron la contienda (43-36). Fue ficticio. Sabonis se empecinó en decidir siempre en ataque y comenzó a ofuscarse lanzando tiros ante dos y tres rivales, asumiendo el mal día de sus compañeros, hasta que Clifford Luyk decidió darle un descanso hasta que se calmase. Era el minuto 29.

Este fue el inicio de un parcial de 16-0 para el 7Up Joventut, de 5 minutos sin el que Real Madrid anotase un solo punto, para que el partido se convirtiese en un rosario de pérdidas de balón y contragolpes verdinegros y los aficionados se frotaran los ojos incrédulos ante lo que estaban viendo.  Para que Mike Smith llegase por detrás desde la estratosfera y hundiese el balón en un palmeo precioso con el brazo extendido. 

Para que, en definitiva, los hombres de Zeljko Obradovic llegaran a ganar hasta por 30 puntos (74-44) entre un paroxismo colectivo no visto a lo largo de la temporada, que fue maquillado con algunas canastas de Antúnez entre el naufragio blanco. Con estos acontecimientos, Sabonis no volvió a saltar a pista. Lo que parecía ser unos instantes de enfriamiento mental en el banquillo, se convirtieron en permanentes para no sufrir tal afrenta.

“Es como para que nos echen a todos”, fueron las sentidas y amargas declaraciones de Mariano Jaquotot, director de la sección de baloncesto del Real Madrid. “Vamos a esperar a ver qué pasa al final de esta eliminatoria, pero si no llegamos a Tel Aviv, habrá que tomar medidas”. Ante un rival que había dado más bandazos que otra cosa, acumulando decepciones, una tras otra desde septiembre, tal actuación escoció en la Casa Blanca, como para ser así de tajantes. “Sí, pero en la final que jugamos el año pasado, ellos nos ganaron los tres partidos en Madrid y nosotros los dos de casa”, declaraba Jordi Villacampa a los micrófonos de TVE. “Con lo que quiere decir, que el factor cancha es casi decisivo. Eso sí, tenemos dos oportunidades para ganar alli”.

La semana sería tensa, tensa, en la capital. Si un equipo predestinado a quedar campeón de Europa, cayó un año antes ante el Limoges de la forma más cruel y decepcionante posible, ‘al menos era en Final Four’, pensaban en sus despachos. Ser eliminados en cuartos de final, con la planificación de plantilla que hubo y sus ambiciones, derrumbaría muchos cimientos. En Badalona eran conscientes de ello. Su tranquilidad iba a ser su bandera.

Capítulo 1: 'A new kid in town'

Capítulo 2: 'Tiempo muerto'

Capítulo 3: 'Llegar a Navidad en un montaña rusa'

Capítulo 4: 'Tocando fondo'

Capítulo 5: 'Una Copa que no sirvió pero ayudó'

Capítulo 6: 'La primera machada'

Capítulo 7: 'La segunda machada'

Capítulo 8: 'De bombarderos y una zona'

Capítulo 9: 'Campeones'

Capítulo 10: 'El epílogo'