Hace 25 años... Joventut, campeón de Europa: 'Llegar a Navidad en un montaña rusa' (Cap 3)

Hace 25 años... Joventut, campeón de Europa: 'Llegar a Navidad en un montaña rusa' (Cap 3)
Corny Thompson, defendido por Roy Tarpley en la final.

Antonio Rodríguez

Dani Pérez representaba la esencia de la Penya, la esencia del baloncesto en Badalona. Junto a las estrellas Villacampa, Ferrán y los hermanos Jofresa, la veteranía del líder consagrado en la figura de Corny “papi” Thompson, Dani Pérez era como el sello de distinción respecto a otros clubs. Jugadores de la casa, salidos de las pistas de Badalona, mantenían el nivel a la hora de profundizar en un plantel, como una privilegiada clase media. Pérez, jugador con una técnica individual depuradísima, gran tiro exterior, excelentes piernas y un dominio de balón acorde al resto de virtudes para rondar los dos metros, era como el chico del póster del básquet en Badalona. Ser uno más entre una familia multitudinaria. Un producto perfecto, como otros muchos allí.

Zeljko Obradovic apreciaba el talento que atesoraba esta ciudad. Vio jóvenes como Dani García o Iván Corrales, con hambre, a los que con 18 años subió al primer equipo. Si había algo parecido a su tierra en ese aspecto, era Badalona. Dani Pérez tuvo sus partidos importantes. Anotó 6 de 6 en triples en la victoria ante el Natwest Zaragoza en la jornada 11 (91-62) y tuvo un papel fundamental dos semanas después en la victoria de Liga Europea ante la Cibona de Zagreb (75-60), con 16 puntos en momentos importantes. Pequeños pasos para estar entre los grandes. 

El boceto del 7Up Joventut viene muy bien ejemplarizada por esos números Dani Pérez. Como ya hemos contando, Obradovic utilizaba más jugadores en su rotación que su predecesor. Lo que el Lolo Sainz era el máximo exponente de la belleza en el juego dando rienda suelta al talento individual, al instinto, sobre todo corriendo contragolpes, con Zeljko era todo controlado. No más controlado, sino todo controlado. El baloncesto europeo estaba cambiando ante nuestros ojos. Lo que pudiera ser un ejercicio de mercadotecnia al más puro estilo NBA que pudo darse en los ochenta y principios de los noventa, ensalzando estampas de tipos como Petrovic, Sabonis, Epi, Martín, Kukoc o Antonello Riva, ahora se estaba trasladando a guerra de estrategias. Desde el banco hacia la pista. No era tan sólo la muestra de Maljkovic para proclamarse campeón de Europa con Limoges. En Grecia, poniendo el ejemplo de Olympiakos como caso puntero, nadie se salía del guion marcado por su entrenador Ioannis Ioannidis. Tipos de ilimitado talento, pero en horas bajas a nivel físico, como Roy Tarpley o un fumador empedernidos como Zarko Paspalj, tenían perfecta cabida en el conjunto del Pireo, porque sus transiciones eran exasperantemente lentas y sus tiros a partir de los 25 segundos de posesión (recordemos que faltaban aún 7 años para cambiar el reloj a los 24 de hoy día). Efes Pilsen, la gran revelación hasta ese momento de la Liga Europea, estaba liderado en pista por Petar Naumoski. Con el macedonio dirigiendo la orquesta, se subía literalmente andando. Bloqueos para tiradores, carretones, opciones de dos contra dos…todo estaba medido al milímetro. Su título de Recopa ante el Aris Salónica un año antes, con un 50-49 como resultado final, define a la perfección lo que hablamos. Limoges seguía por el mismo cauce del río, cuyas aguas le dieron el máximo título europeo. Los que mandaban, se subieron al carro de una moda por la ”optimización de cada posesión” hasta niveles exagerados.

Mike Smith, protagonista de la polémica con Obradovic.

Con Zeljko Obradovic, el bosquejo de la Penya había cambiado. A juego liberado, abierto y de contragolpe que siempre han tenido ocasión de ver en su parroquia desde los tiempos de Marcelino Maneja, Buscató o Slavnic (el “huracán verdinegro”, ya saben), el técnico serbio buscaba en cada posesión un buen puñado de opciones para el tiro, encerrados en sistemas de muchos pases. Los tiradores tenían la virtud de beneficiarse de gran cantidad de pantallas, los pívots recibían en poste bajo tras un bloqueo y continuación y unos cuantos pases previos. Todo para mover la defensa y crear desventajas paso a paso. Rafa Jofresa se convirtió en el mariscal en pista perfecto para Zeljko. Disciplinado e inteligente, era una extensión del serbio sin cortapisas.

En defensa, se cargaba mucho sobre el lado balón, contando con la ventaja de buenos atletas desde el perímetro y con un Corny Thompson con mucha más movilidad de lo que en apariencia ofrecía su aspecto de gordito. Estaba atento a todo el tránsito de la zona. Un amplio entramado de movimientos que los jugadores reconocieron que les costó asumir inicialmente. En las 13 primeras jornadas, hubo hasta 6 partidos en los que no se llegó a los 70 puntos en anotación. Eso sí: el 7Up Joventut representaba la mejor defensa de la Liga Endesa. En su primera vuelta, tras 15 jornadas, encajaron un promedio de 69.9 puntos. Ese rigor defensivo, les daba triunfos, sobre todo, en Europa.

7Up Joventut comenzó su travesía europea con victoria en Cantú (87-95). El equipo, entonces entrenado por Díaz Miguel, no pasaba por su mejor época. Escaso talento y rotación corta. De hecho, aquella derrota aceleró su despido en el club. La temporada se encargó de mostrar que no era cuestión del entrenador. Cantú, histórico club, perdió la categoría. Estuvieron los badaloneses brillantes en el partido ante la Buckler Bolonia (80-66), aunque con algo de amargor final, puesto que no se les remató cuando pudieron salir apalizados del Olimpic. Dos semanas de inactividad por el parón para el All Star y las ventanas FIBA de cara al Eurobasket’95 -lo que aprovechó Obradovic para concentrarse con su selección en calidad de asistente- y en el siguiente compromiso, 75-60 a la Cibona de Zagreb, con tangana final incluida.

Tomás Jofresa, fundamental a lo largo de toda la temporada.

Los verdinegros sacaban pecho. Real Madrid y F.C. Barcelona iban a base de trompicones. En las primeras cuatro jornadas, los blancos perdieron tres encuentros (destacando el traspiés en cancha del Racing Malinas y Limoges) y el F.C. Barcelona dos, con mayor sonrojo aún el claudicar en casa ante Bayer Leverkusen (64-90), en un Sant Jordi medio vacío. Tampoco es que los aficionados acudiesen en masa en Badalona. “No entiendo cómo les interesa menos la Liga Europea que la ACB” se preguntaba Obradovic. “Frente a la Buckler, vinieron a vernos siete mil personas y frente a casi cualquier rival de Liga ACB, suelen ir unos diez mil”.

Quizás fuese aquel parón para el All Star (donde se enfrentaban un combinado de la ACB frente a otro de la Lega, en un pacto entre ambas ligas que duró dos ediciones), con las dos semanas de distanciamiento en mitad del trabajo diario. El caso es que, a la vuelta, la Penya no hilaba tan fino, entre otras razones porque las lesiones les seguían martilleando. Ahora el turno le tocaba a Juan Antonio Morales y Tomás Jofresa. Y lo del menor de los Jofresa llegó a ser preocupante, porque unas descalcificaciones en el tobillo, producto de sobrecargas y no dejar descansar el pie, le hicieron tener una inactividad prolongada.

Ante la ausencia del base de rotación, la directiva se decantó por fichar el tercer extranjero para la liga. Tercer extranjero que no quiso fichar en pretemporada para no retocar la dinámica habitual del plantel. Con Corny Thompson y Tony Dawson (y Mike Smith en Europa, que seguía siendo extranjero a efectos FIBA), se bastaban. Una antigua estrella de la universidad de Seton Hall, John Morton, finalista de la NCAA en 1989, fue un elegido que aterrizaba en España por primera vez.

En clave liga, los badaloneses sufrieron una inesperada derrota en casa ante Estudiantes (68-69), continuando otra en Sevilla (92-87) ante Caja San Fernando y la exhibición de Brian Jackson (32 puntos y para los amantes de la valoración, 44). Lo más doloroso vino en Europa. Los hombres de Obradovic se sumieron en el desastre colectivo en su visita ala pequeña cancha de 3000 del Panathinaikos (el futuro OAKA, aún estaba en obras). En aquel recinto, en una primera mitad sin lucha, sin convicción de nada, ni en defensa ni en ataque, fueron vapuleados al descanso (49-27), para finalizar con un 85-61, en lo que Villacampa calificó como “hemos hecho el ridículo más espantoso”. Nikos Gallis en uno de sus últimos “cantos del cisne” (30 puntos), les acribilló. Lograron sumar una importante victoria en pista de un Pau Orthez con muchas bajas (82-92) y donde pudieron reencontrarse con su ex compañero Harold Pressley.

Y el año se cerró -en lo que Europa se refiere-, en el Palau Olimpic ante el Benfica. Unos portugueses que llevaban ocho meses sin cobrar, que por recibir la última mensualidad seguían jugando, pero que ante tales adversidades, ya habían sido capaces de derrotar a la Cibona Zagreb y a la Buckler Bolonia de Pedrag Danilovic. En sus filas, Jean Jacques Conceiçao, sí, el máximo artífice del “angolazo” año y medio antes en aquella misma cancha, volvió a llorar de la emoción tras anotar 21 puntos y capturar 17 rebotes. Y lo más importante, dar el triunfo a los suyos en la prórroga (76-79), dejando atónito a la semivacía presencia del Palau Olimpic. Conceiçao no estuvo solo. “Sabíamos que Santos era un buen triplista -anotó 29 puntos-. No me preocupa que anote 7 triples. Lo que los jugadores me deben explicar es por qué se le dejó lanzar 22 lanzamientos de 3”.Zeljko Obradovic estaba enfadado como una mona.

La curiosidad de aquel enfrentamiento vino en la no alineación de Mike Smith. El nacionalizado español no jugó ni un segundo, tras una fuerte discusión previa al encuentro, donde en teoría Obradovic, le criticó falta de aplicación para asimilar los sistemas de juego. La batalla venía de atrás. Mike Smith era de los jugadores más sorprendidos -apenas le conocía- de los métodos de Zeljko. Era capaz de aportar en muchas áreas, hasta el punto de hacerlo jugar como “4” en varios momentos. Era el jugador más rápido en la serie de sprints, privilegiado físicamente. Ese plus hizo que Obradovic lo llevaba a la mayor exigencia, siguiéndole con lupa en todas las sesiones de entrenamiento. Una lupa que molestaba enormemente al estadounidense. La cosa explotó en ese mismo momento, aunque se solventó ese mismo fin de semana, previo a la disputa del exigente partido liguero ante el F.C. Barcelona. 1993 finalizó para la Penya con una meritoria victoria ante los azulgranas (104-80), en una gran exhibición de Mike Smith, atrás polémicas, capaz de anotar 18 puntos y capturar 14 rebotes, junto al primer gran encuentro de Tony Dawson (20 puntos) y sobre todo, sobre todo, los 27 puntos de Ferrán Martínez. Era el pico de una montaña rusa que volvió a descender tras una derrota en Valencia (89-76).

A propósito, una curiosidad: la solicitud de Obradovic a su junta directiva, tras el horrible partido ante el Benfica, de multar a la plantilla, con él incluido, en caso de no clasificarse para los cuartos de final.1994 abría sus puertas. Con peticiones de multas de por medio, nadie se imaginaba lo que depararía en aquella santa casa.

Capítulo 1: 'A new kid in town'

Capítulo 2: 'Tiempo muerto'

Capítulo 3: 'Llegar a Navidad en un montaña rusa'

Capítulo 4: 'Tocando fondo'

Capítulo 5: 'Una Copa que no sirvió pero ayudó'

Capítulo 6: 'La primera machada'

Capítulo 7: 'La segunda machada'

Capítulo 8: 'De bombarderos y una zona'

Capítulo 9: 'Campeones'

Capítulo 10: 'El epílogo'