Granollers, la 'casa' de Chichi Creus (5ª parte)

Granollers, la 'casa' de Chichi Creus (5ª parte)

Antonio Rodríguez

Era triste ver el Palacio de los Deportes barcelonés vacío. El equipo jugaba bien, tenía un puñado de los mejores jóvenes que había en España haciendo un baloncesto fresco y divertido, liderados además por una reciente incorporación, el veinteañero Ferrán Martínez. Y por si fuera poco, ganaban. Ganaban mucho más de lo previsto. Y sin embargo, las gradas seguían vacías. El entrenador en la banda, Moncho Monsalve, terco e ilusionado con el grupo que tenía entre manos, parecía aislarse de todo lo que no fuese la pista. Ajeno incluso, a la preocupación de la directiva de un club, el Grupo IFA, que no calaba entre el aficionado de la Ciudad Condal.

El Espanyol, tras dos horribles años en los que jugó playoffs para no descender, consiguió ahuyentar al fiel seguidor de las gradas del Palacio de Montjuic. La empresa Unipublic compró sus derechos para desvincularlo del club de fútbol, algo que celebraron sus directivos, que veían el baloncesto como una carga para sus arcas. Y el IFA Espanyol quedó tan solo en Grupo IFA. De aquella espontánea generación de maravillosos jugadores que afloraron de la cantera españolista (Manel Bosch, Eduardo Piñero y Oscar Cervantes, toda vez que Santi Abad estaba cedido al F.C. Barcelona, en “canje” por el mencionado Ferrán Martínez) se fue alimentando el equipo, dirigidos por Albert Illa, junto a dos americanos veteranos y consolidados, Claude Riley y Dale Solomon. Deportivamente, la temporada 88/89 fue un rotundo éxito, llegando a cuartos de final en aquella loca liga de 24 equipos, en la que arrancaron desde sus catacumbas. En sus despachos, había tanta agitación como en la pista.

Caminos entrelazados

En los primeros meses de 1989, a Manel Comas, entrenador del Cacaolat Granollers, se le pide un encargo: si tuviera que formar un solo equipo con las plantillas de su Cacaolat y Grupo IFA, ¿a quién elegiría y a quién descartaría? Efectivamente, se estaba fraguando una fusión entre ambos clubs. Unipublic, afincado en Madrid, tirando la toalla en su voluntad por echar raíces en Barcelona, quiere hacerse con los derechos de otra plaza en ACB, preferentemente en Cataluña. La gran mayoría de sus jugadores eran de allí y ello contaba, aún recibiendo alguna propuesta desde Madrid (Collado Villalba).

Llegó el verano y se produjo tal fusión. Unipublic, empresa gestora de derechos comerciales y deportivos, de reconocido peso financiero, sería el nuevo propietario del Cacaolat, dando la bienvenida desde ese momento al Grupo IFA Granollers, proyecto ambicioso, tanto a nivel deportivo como económico. ¿Y la plaza en liga del Cacaolat? Pues fue vendida al Valvi Girona, descendido en aquella 88/89, con lo que se mantendría en ACB a cambio de un montante de 150 millones de pesetas, directos a las arcas de Granollers. Lo curioso es que, tal plaza llevaba adjunta la participación europea de Copa Korac, inherente a la sexta posición liguera de los vallesanos. Con tales beneficios, pagaron deudas y compraron la parte que les restaba del pabellón Les Franqueses, para acabar siendo sus propietarios.

El recién creado Grupo IFA con Worthy entre ellos. De pie, de izquierda a derecha: Santi Abad, Mike Davis, James Worthy, Claude Riley y Xavier Cargol. Agachados: Joan Creus, Manel Bosch, Oscar Cervantes, Ferrán Heras, Javier Mendiburu y Oscar Moglia.

James Worthy vestía el uniforme del Grupo IFA Granollers en el verano de 1989. Una estrella rutilante de la NBA, el MVP de las finales del 88 con los Lakers, evolucionaba por el parquet vallesano en un encuentro de exhibición, cuando todo parecía iluminado. “Les he dicho a los directivos del club, que en los próximos años vamos a estar en todas las semifinales de liga” se arrancaba a confesar su entrenador, Manel Comas, ante lo que se avecinaba. “Es un reto, ya que mi situación en Granollers cambia por completo. Antes, yo podía exigir a la directiva que me consiguiesen un equipo competitivo. Ahora es la directiva la que puede exigirme a mí buenos resultados, estando en su perfecto derecho de pasarme las cuentas en caso contrario”. Expectativas enormes. Nadie, pero nadie, pudiera intuir que estos eran pasos hacia el fin del equipo.

Junto con el indiscutible líder, nuestro Joan Creus, columna vertebral de este serial, el equipo estaría compuesto por Ferrán Heras como base; Oscar Cervantes, Manel Bosch y Santi Abad como aleros (a la espera de la nacionalización del uruguayo Oscar Moglia); Claude Riley, Javier Mendiburu y Julián Ortiz como pívots. “La decisión del base ha sido muy difícil” intentaba excusarse Manel Comas de una elección dura para él. “Albert Illa es un jugador de gran talento y decantarme finalmente por Ferrán Heras, me costó. Lo mismo sucedió en el caso de Cervantes y Piñero. Aunque a este último, espero tenerle de vuelta el año que viene”.

Manel Comas, feliz con su nuevo proyecto. 

Faltaba la contratación de un segundo americano. La mentalidad en nuestra liga iba cambiando, se iba madurando. Y veíamos tan importante un hombre interior que fuese capaz de anotar 20 puntos y capturar 10 rebotes, como contar con alguien que los defendiese y redujese considerablemente del rival. Y corrió una vertiente de búsqueda del pívot defensivo. Centímetros, intensidad atrás e intimidación eran una panacea a la que se agarraron algunos. CAI Zaragoza, por ejemplo, echó el ojo al ex azulgrana Granville Waiters, que finalmente recaló en Cajabilbao. Y tras no poder llegar al acuerdo con el yugoslavo Stojan Vrankovic, José Luis Rubio, en uno de los viajes más rocambolescos del presidente caísta, a Kiev, donde “allí comían y cerraban los acuerdos a golpe de vodka”, pudo fichar al soviético Aleksander Belostenny. Manel Comas pretendía algo parecido y fueron filtrando que, el interés lo ponía en su viejo conocido, Eugene McDowell. Llegaron a dar hasta una fecha para su presentación. Y cuando todos esperaban la llegada de Eugene, quien apareció resultó ser el pívot Mike Davis. Sí, el mismo de la archiconocida pelea con Iturriaga en la final del 84. Sancionado por la ACB con 11 encuentros tras dar un puñetazo en los vestuarios a Josep María Margall un año después del incidente con Itu, nadie se atrevía a su contratación, porque nadie estaba dispuesto a acarrear su sanción. “En aquel momento, asumí toda la responsabilidad sobre ese incidente, pero creo que todo fue muy exagerado. Aunque estoy arrepentido, me sigue pareciendo muy exagerado” comentaba muy a toro pasado, en su nueva venida. “Me encanta España y ha sido muy duro no poder jugar en su liga todos estos años”. ¿En Granollers estaban dispuestos a correr con su sanción? Definitivamente, no. Pero este tipo de sanciones, tenían letra pequeña: prescribían a los tres años. En Granollers estuvieron astutos y se trajeron a su pívot defensivo, recién máximo reboteador en la liga italiana.

Manel Comas estaba feliz. “A mí me va la marcha. Se podrá pensar que estoy soñando, cuando planteo el objetivo de las semifinales. Creo que tendremos nivel para aspirar a ello”. De hecho, en navidades, se le firmó 2 años más -hasta 1992- para que diera rienda suelta al proyecto. ¿No les recuerda esto al momento de euforia que tres años antes se vivía en la ciudad, con la que abrimos el capítulo anterior? El caso es que juegan la final de la Lliga Catalana, tras derrotar al RAM Joventut (80-76). El prometedor alero Manel Bosch, una de las joyas del plantel junto a Santi Abad, no rehuía en sus deberes. “Los más jóvenes estamos acostumbrados a asumir responsabilidades, porque llevamos ya varios años haciéndolo”. De hecho, Manel disputó el Mundobasket argentino al siguiente verano.

 

El principio del fin

Grupo IFA Granollers debuta en Liga Endesa con todas las luces de TVE, con derrota en casa, ante Cajabilbao (75-77). Pierden a continuación -también en casa- ante Valvi Girona y CAI Zaragoza, hasta un récord de 1-4. El ambiente se enrarece. Previo al encuentro ante el Valvi y camino del pabellón, a Santi Abad se le para su vehículo al repostar gasolina y, averiado, no consigue arrancarlo. Por tal motivo llegó con el partido ya iniciado, soportando la bronca de un más que enfadado Manel. Durante la semana posterior, Abad se entera que ha sido multado, a petición de su entrenador, con veinte mil pesetas. Furioso, el alero fue a pedirle explicaciones con fuertes acusaciones y altisonantes palabras entre ambos, con lo que la multa ascendió a cuarenta mil pesetas no jugar en el siguiente encuentro ante el CAI. A Santi Abad, a lo largo de casi toda la liga, se le obligó a jugar como ala-pívot y su incomodidad crecía, cuando la evolución natural del jugador parecía que iba abocada a ser el ejemplo del próximo “3” grande en España. Una versión joven de Andrés Jiménez. Y por otra parte, Manel Bosch, ante la falta tiro exterior en la plantilla, es ubicado como escolta. Mientras que en ataque podía optimizar su fortaleza física jugando al poste (tampoco él era un excelso tirador), en defensa lo pasaba bastante mal con rivales más rápidos.

Y ante la sorpresa de todos... apareció Mike Davis.

Al menos, la alegría llegó cuando se elimina al pujante Estudiantes en Copa del Rey en cruce a ida y vuelta (desde que entró la liga de 24 equipos en vigor, primero se disputaban dos rondas previas, hasta llegar a los últimos ocho de la fase final). En el partido de vuelta que también vencieron (80-86), Manel Comas prometió que si pasaban, se afeitaría el bigote, marca personal desde siempre. Y esa pinta tan rara en él, pareció funcionar como amuleto, porque ganaron los siguientes 5 encuentros ligueros, incluyendo triunfos ante el RAM Joventut (91-103), el emergente Taugrés (100-97), ante el Barça en su Palau Blaugrana (93-101) -plagado de lesiones, todo hay que decirlo- y como mayor éxito, romper la imbatibilidad a la gran sorpresa de aquel campeonato, el Caja de Ronda de Joe Arlauckas y Rickey Brown (96-88), que solamente conocían victorias hasta esa jornada 10.

Aun con esa racha, desesperaban al más pintado. Capaces de ganar a los mejores y perder de forma penosa encuentros asequibles, tras la derrota en casa ante el recién ascendido Caja San Fernando (86-88), Comas acusó a su plantilla. “Mis jugadores son como niños. Pero a la hora de cobrar, todos se apuntan a la cola”. Mike Davis, como veterano, no perdía los papeles. “Este año es muy importante para todos y en el Grupo IFA, debemos insistir para lograr los éxitos que perseguimos. Esa es la palabra: insistir. Una y otra vez, hasta que las cosas salgan bien”.

Claude Riley era apartado por no dar lo que el equipo pretendía. Curioso, cuando era el máximo anotador vallesano (19,3 puntos). Lo que no cuadraba era el excedente de pívots (Davis, Riley, Ortiz y Mendiburu), con la inclusión de Abad como ala-pívot, faltando realmente tiradores. Esa fue la cruz del equipo: el tiro exterior. Oscar Cervantes -finalista en el concurso de triples del All Star-, era aún muy joven y tan solo Joan Creus (que se erigió como el mejor jugador una vez más, con 17,8 puntos de promedio) se sostenía como el único tirador fiable.

 

La única alegría del año: la Copa del Rey

Creus en la Copa del Rey'90, culminando la gran sorpresa: ganar al Barça. 

Finalmente, Claude Riley fue suplido por alguien que se ajustaba más a las necesidades de tal plantilla. El alero Carey Scurry, un jugador elegante con experiencia en NBA, daría un gran rendimiento por su calidad en el tiro exterior y sobre todo, enorme facilidad para el pase. Scurry llegó en el sitio y momento oportunos para el club. Febrero se presenta y con él, la Copa del Rey en el Centro Insular de Deportes de Gran Canaria. Y lo que parecía iba a ser la Copa del reciente fichaje del Real Madrid, José “Piculín” Ortiz, se transformó desde su primer partido en el torneo de las sorpresas, comenzando con la eliminación del F.C. Barcelona. Ese día, Grupo IFA Granollers fue grande.

En un encuentro duro, tenso, donde casi siempre mandaron los vallesanos ante un Barça al fin a tono -pasado página a todos los problemas y lesiones iniciales-, la mayor agresividad daría y quitaría razones, aunque los árbitros enloquecieron con el silbato (señalizaron 63 faltas). Mike Davis batalló como nunca bajo los aros ante algunos de sus ex compañeros (16 puntos y 9 rebotes) y los múltiples recursos interiores de Aíto. Un último y desesperado intento de remontada barcelonista, logró un empate a 75 al final del tiempo reglamentario. Y sorprendentemente en la prórroga, los jóvenes jugadores de Comas, con Creus a la cabeza y ahora sí Scurry (19 puntos), lograron la gran sorpresa (85-83). El “se puede llegar a la final” de Comas quedó en ese intento. El Joventut les derrotó en semifinales (93-81) y volvieron para casa con la satisfacción de saber competir -y ganar- a los grandes.

La mala suerte tuvo que ver también en el transcurso de la temporada. Carey Scurry sufrió un grave accidente de tráfico, con dislocación de tres de sus vértebras (por suerte, sin ningún daño en la médula espinal), cuando las cosas iban yendo más o menos rodadas. Nueva búsqueda en el mercado y otra vez se acertó con la contratación: el veterano Elston Turner, tras ocho años en NBA, llegaba a Europa con un porte de profesional intachable. Tanto que, a los pocos días de aterrizar, llegó a jugar un decisivo encuentro ante Magia Huesca (con victoria 86-81) para aspirar al Playoff, a pesar de que horas antes fue informado del fallecimiento de su padre. A continuación, regresó a Estados Unidos. Grupo IFA llegó a cuartos de final, perdiendo 2-0 ante el F.C. Barcelona (101-64 y 85-88), como había sucedido en 3 de los últimos 4 años. Acabaron el ejercicio octavo clasificados, pero con una sensación amarga, sin cumplir previsiones. No clasificarse en el grupo de cabeza para la segunda fase, sonó a decepción.

Adiós con efecto dominó

Primeramente, hay que despedirse de alguien ilustre con todos los honores. Javier Mendiburu anuncia en el verano de 1990, que no continuaría en el equipo, que a los 34 años, era el momento de dejarlo. Fundamental e histórico en esta historia que les contamos, por sus escasos minutos (17 de promedio) y cada vez más escasa aportación a lo largo de esta temporada, decía adiós a la ACB. “Mendi” era un jugador de otra época, en la que se podía vivir sin mucho físico ni estatura, pero sí con clases maestras de cómo jugar bajo los aros. Los físicos iban cambiando a una velocidad vertiginosa y quizás, su tiempo había pasado. Pero siempre recordaremos aquel bailarín de las zonas, de recursos infinitos alrededor de las canastas, expresión de su particular baloncesto.

Durante toda la temporada 89/90, la que acabamos de tratar, se produjeron importantes desavenencias entre el dúo que tantos años habían trabajado juntos en pos del Areslux-Cacaolat-Grupo IFA. Antonio Novoa tomó la decisión de dejar fuera del Granollers Esportiù Basquet a Ángel Palmi, ejerciendo ya tan sólo de gerente del Granollers Unipublic. O sea, que seguía ostentando el mismo cargo… mientras Unipublic fuese dueño del club. No había inicialmente visos que tal combo se rompiera. A Palmi no le gustó la decisión y Novoa intentó aclararlo a los medios, provocando el efecto contrario: más dudas aún. Poco tiempo después y ante las crecientes diferencias, Ángel Palmi abandonó el club, trasladándose a Manresa. Los acontecimientos posteriores, clarifican la estrategia.

Santi Abad avasalla a Ferrán Martínez en el Playoff de 1990.

El dueño del club, Enrique Franco (o sea, Unipublic), operando desde Madrid, cada vez que tenía que tomar decisiones deportivas, acudía a Ángel Palmi, que en realidad era el director deportivo (llamado gerente entonces por no ser un cargo muy perfilado) y al propio Manel Comas. ¿En qué posición dejaba eso al presidente, Antonio Novoa? En aquel tiempo, cierto es, un presidente tenía que presidir, dirigir, ser general manager y casi entrenador. Eran funambulistas, economistas y quijotes, si se terciaba. Tocaban todos los palos y más un hombre como él, icónico en la historia de nuestra liga. Enrique Franco, como nuevo dueño, con una mentalidad más moderna, entendía que las decisiones empresariales las tomaba él y las deportivas, a los expertos en cuestiones deportivas: Palmi y Comas. De hecho, hubo feas discusiones entre Madrid y Granollers (Franco y Novoa), declarando desde la capital que se sintieron engañados (suponemos que el sentimiento era mutuo).

A principios del mes de agosto, todo llevó al cisma de la ruptura Unipublic-Granollers. Antonio Novoa movió hilos para que la familia Camp, Joan Camp e hijos (quienes crearon y alzaron el emporio de los detergentes, con “Colón” por bandera), compraran el club. Un montante de 300 millones de pesetas fue el resultado final, asegurándose el mantenimiento del sponsor Grupo IFA, para seguir mostrando cierta continuidad al proyecto. Esto puso en una peligrosa situación a Manel Comas. Hombre impulsivo, se decantó por “oír” más a los dueños de Unipublic que a su presidente Novoa. Comas intuía que con la empresa madrileña, tendrían durante años recursos económicos añadidos a la buena gestión. Todo eso quedó en un vacío bajo sus pies desde el momento en que desaparecieron del club. El detonante fue el alero Manel Bosch.

Bosch se había convertido en uno de los jóvenes más apetecibles del mercado, sobre todo tras jugar este verano el Mundial con la Selección Española. Tuvo, por lo tanto, ofertas del Real Madrid y sobre todo (la más firme), del F.C. Barcelona. La directiva, o sea, Antonio Novoa, no veía con malos ojos en absoluto el traspaso del jugador, sobre todo tras la fuerte inversión por la compra del club. “Estaba desorientado. Al levantarme por la mañana, no sabía si dentro de unas horas, yo iba a estar en un equipo o en otro”. Hubo negociaciones que no llegaron a nada y el canterano del Espanyol se quedó. “Fichar por el Barça, sonaba a riesgo excesivo”. Sin embargo, esto sirvió para que Comas montara en cólera, pues no fue informado de tales negociaciones y por contrato, todas las decisiones deportivas debían pasar por él. Mandó una carta con acuse de recibo tanto a la secretaría del club, como a la Asociación de Entrenadores y a la propia ACB, exponiendo el trato improcedente hacia su cargo.

Así, un 6 de septiembre, en vísperas del inicio de la liga, a Comas le presentan la carta de despido, en mitad de una atmósfera que había tornado en insostenible. Curioso al menos, cuando él planificó la plantilla (con los únicos retoques de la vuelta de Eduardo Piñero y el regreso, una vez más, del americano Tom Sheehey). “Con Manel Comas el equipo tenía muchas ilusiones puestas en esta campaña” afirmaba Manel Bosch. “Fue un momento difícil. La plantilla estaba muy unida y funcionando bien. Y como no entendíamos el cambio, nos mostramos un poco desorientados, pues nosotros no veíamos las cosas igual que la directiva”. El club se movió rápido y el elegido para el banquillo fue el estadounidense Jack Schrader, viejo conocido de la afición española por su exitosa etapa como jugador del Cotonificio, que acabó sus días en nuestro baloncesto como entrenador-jugador en el Joventut en 1983. Con Schrader, se empezó la liga a las carreras y poca planificación. Y se pagó.

 

El desplome

Acrobacias de Creus para mantener el nivel en el equipo. 

Se empezó mal (2 victorias y 5 derrotas) y aunque hubo buenos momentos puntuales a lo largo de la temporada, se acabó también mal. En las eliminatorias de Copa del Rey previas a su fase final, fueron dejados en la cuneta por el recién ascendido Elosúa León (que les ganó los dos partidos) y alternaban rachas de victorias consecutivas con otras, a continuación, del mismo número de derrotas. Cuando vinieron mal dadas, allá por diciembre, con 6 reveses consecutivos, se decide prescindir de Tom Sheehey (¿?) que, sin estar tan cómodo como dos años atrás, promediaba 15,2 puntos y aun era importante en el equipo. La excusa era eso tan injusto y manido de “buscar un revulsivo”. El ‘protocolo’ de la época, mandaba que ante esta tesitura, o entrenador destituido o americano relevado. Y tocó lo segundo, porque dando plena confianza a Jack Schrader, se le renovó dos años más.

El elegido para sustituir a Sheehey fue un alero bajito, pero corpulento, llamado Winston Crite. Recomendado por el asistente en el Joventut, Randy Knowles, de la misma universidad que él (Texas A&M), no era un gran anotador, pero sí aportaría más intensidad. La casualidad quiso que debutara sustituyendo al pívot Mike Davis, que se fracturó una mano a los pocos días de la contratación de Crite. Y con el dúo Crite-Sheehey, corto en centímetros, resultó que pegaron un buen ‘meneo’ al Taugrés (88-68). Con tal combinación extranjera, salieron de la racha perdedora. Pero la decisión está tomada y a Crite le acompañaría el repuesto temporal de Davis, Reggie Cross, un pívot bajito y fuerte, que se ganó la continuidad hasta final de temporada.

Acabaron la liga regular con un registro de 14 victorias y 20 derrotas, novenos en su grupo de doce y decimonovenos en el cómputo de la clasificación global. Bajaron once puestos nada menos del curso anterior. Ello significaba disputar en post temporada, algo que en Granollers no conocieron jamás: el Playoff de descenso (que con aquel sistema de competición, abarcaba los 8 últimos equipos). Tras la primera derrota ante el OAR Ferrol en casa (63-64), los nervios se acrecentaron de tal manera, que Jack Schrader fue destituido de su cargo de entrenador. Schrader no llegó a pedir indemnización por su cese. “No sería justo reclamarlo, ante tales circunstancias. Mi compromiso moral era continuar si el equipo se clasificaba entre los ocho primeros”. Todo un caballero. Pero dejó un dardo a este baloncesto nuestro que crecía, no siempre de la mejor manera. “Parece que cesar técnicos es ya algo frecuente en la liga española”. El sustituto fue su asistente Josep María Oleart, ayudante del entrenador desde la época de Manel Comas y que fue capaz de remontar la eliminatoria con tres victorias consecutivas, las dos últimas en Ferrol, dando al club la tranquilidad de la salvación. ¿Buscar una noticia buena? Pues la renovación de Joan Creus, pretendido por otros equipos, ahora que acababa contrato. Alguien como él, cada día se cotizaba más. En el peor año, Creus realizó una campaña extraordinaria. Sobresalientes fueron los ¡38 minutos! que llegó a promediar, de lejos el hombre con más tiempo en pista de toda la liga, más 16,6 puntos por partido y un 45% en triples. Contaba con 35 años. Asombroso.

 

Sobrevivir

Se echa el cerrojazo a la temporada… y a más cosas. Grupo IFA no sigue patrocinando al club y en Granollers, otean el precipicio económico. Buscan desesperadamente un sponsor que no encuentran, con lo que empiezan -y acaban- la campaña 91/92 sin nada que llevarse a las camisetas y siendo Granollers Esportiù Basquet. Granollers, a secas. Precisamente, el año en el que cambiaban de pabellón, afincándose en el Palau d’Esports, con capacidad para 6.500 espectadores, escenario de reciente construcción de cara a los Juegos Olímpicos de Barcelona -donde se disputó el torneo de balonmano-. Su idea que fuese un reclamo para las casas comerciales, no fue compartida. 

Ahora sí que es obligatorio vender. Tras largas negociaciones en varios frentes, Manel Bosch se decide por CAI Zaragoza frente al F.C. Barcelona, porque el ambicioso proyecto caísta de Rubio le garantiza minutos -y contar con Manel Comas-. En compensación y para que el montante no sea tan excesivo, consiguen a cambio los servicios del prometedor alero maño José Miguel Hernández. Santi Abad también hace las maletas hacia la estepa alavesa, fichando por Taugrés. La plantilla mengua de efectivos. Creus y Julián Ortiz son los únicos veteranos y toca dar minutos y oportunidades a los jóvenes canteranos Jordi Millera, Rafael Talaverón, Edu Piñero y Oscar Cervantes. ¿Eso era suficiente? Ya podían acertar con los americanos, ya.

Del primero, el objetivo -logrado a los primeros calores veraniegos- estaba claro. El ala-pívot John Ebeling, que había salvado casi él solo al Puleva Granada de un descenso asegurado (remontaron por primera vez en un Playoff un 2-0 en contra), continuó en Granollers con un rendimiento notabilísimo. Su problema es que estuvo muy solo en ocasiones. De su compatriota Mike Henderson, pívot de 2,05 procedente de la CBA, se tenían más dudas. Y era lógico. Tras no cuajar con los fichajes de Ben Coleman (fichó por el Barça) ni “Piculín” Ortiz (que tampoco se tenía clara su continuidad azulgrana. Posteriormente se confirmó), Henderson firmó un contrato temporal de un par de meses, que ni tan siquiera cumplió. Cinco partidos -y una sola victoria- fueron suficientes como para comprobar se necesitaba un interior con más puntos. Porque el problema del pobre arranque en los hombres de Josep María Oleart (que continuó en el cargo de entrenador), era la falta de puntos. Tocaba reacción. De repente, desde Estados Unidos les ofrecen un jugador que, tras 5 años en los New York Knicks -algunos como titular-, Pat Riley, su nuevo entrenador, decide que ya no le necesitan. Kenny Walker, el ganador del concurso de mates del All Star NBA en Houston’89, resultó ser uno de los mayores alicientes que dio la ACB en este curso 91/92. Y con inusitada expectación en Granollers y en toda España, aterrizó en nuestra liga.

 

Volar con Kenny Walker

Walker, con 2,03 de estatura y originariamente alero tanto en Kentucky como en los Knicks, le tocó oficiar como hombre interior. El equipo necesitaba un pívot nato, pero fue tal la intensidad que puso, el ansia por agradar y el deseo de sacar de los puestos de cola a Granollers, que este tipo saltarín -con la rémora de su nulo tiro exterior-, se ganó las simpatías de su público rápidamente. Removió mentalidades e hizo creer a sus compañeros, al mismo nivel que volvió locos a todos sus rivales (20,7 puntos por partido, 59% en tiros de campo y 8,3 rebotes, jugando nada menos que 36 minutos por envite).

Kenny Walker, todo un espectáculo para nuestra liga. 

El evento en Madrid del All Star ACB fue una festín vallesano, pues si Oscar Cervantes logró el concurso de triples, “Skywalker” ganó el mejor concurso de mates visto en España, superando a Henry Turner -excelso igualmente- en la final. A esta alegría para el club se unió que, en los primeros días de 1992, el afamado torneo juvenil de Hospitalet (por aquel entonces, para juveniles. O sea, sub-17) lo ganó Granollers Esportiú Basquet, por delante del CAI Zaragoza, F.C. Barcelona, Joventut, Sant Josep, Real Madrid, Estudiantes o Manresa. Su estrella, el escolta Xavi Sánchez Bernat, con tan solo 16 años, fue decisivo en la final ante el CAI Zaragoza, con 31 puntos anotados.

Kenny Walker no desfallecía y de un crítico récord de 7 victorias y 14 derrotas, al borde de los puestos por el descenso, se echó el equipo a sus espaldas. En la derrota ante Júver Murcia (93-100) hizo todo lo posible, con 30 puntos y ¡6 tapones! Lograron cuatro triunfos del tirón, el último ante Mayoral Maristas (94-78), el día que toda la mala suerte del mundo se cebó con ellos. José Miguel Hernández se rompió un tendón del hombro, siendo baja para los próximos tres meses. Pero lo peor fue la rotura del tendón de Aquiles de Walker en sus últimos compases. Esa sí que fue una herida que atravesó el corazón de toda la plantilla, que agrietó el Palau entero y pareció hacer sangrar a los casi 3.000 aficionados de unas llagas que, a base de victorias, parecían ir cicatrizando. Kenny, tipo que se acopló perfectamente en Granollers, que se hartó de visitar niños en escuelas y guarderías, siempre con la mejor de sus sonrisas, participando incluso en un programa de radio de una emisora local, confesó en su despedida “mi estancia ha sido muy positiva y no descarto volver a jugar en el equipo la próxima temporada. De todas formas, estaré en Granollers a finales de esta temporada para apoyar a mis compañeros. Hasta el 30 de junio tengo contrato con el club”. Otro señor, que cumplió con su palabra.

Eso sí, cuando regresó, su equipo estaba salvado. El espíritu que contagió a sus compañeros, dejó poso. Si José Miguel Hernández comenzó a florecer en la segunda vuelta de la liga, hasta su lesión (14,4 puntos en sus últimos 9 partidos), Oscar Cervantes cogió el relevo en su ausencia y se tornó en fundamental (15,3 puntos en 11 partidos). Ya no eran Creus junto al dúo yanqui, quienes anotaban casi con exclusividad. Para sustituir a Kenny Walker, Novoa pensó en grande, a la par que barato. Tocó puertas tan curiosas como, pedir prestado a Audie Norris al F.C. Barcelona durante dos meses, mientras iba cogiendo forma tras su lesión (denegado) o Mike Smith al Montigalá Joventut, que permanecía sin jugar todo el año, por no tener aún el pasaporte que le autorizaría a hacerlo como español (y nunca llegó en aquel curso, disputando el Playof con la Penya tras una lesión de Harold Pressley). Lo que sí fructificó fue el reclamo a un viejo conocido. Victor Anger, volviendo al club seis años después de su marcha -jugando en España los más años desde entonces-, harto de los atrasos en los pagos del Hospitalet, en 1ª B.

No era Anger una estrella, pero sí ayudó a que el equipo acabase en la 14ª plaza, con unas más que dignas 16 victorias y 18 derrotas, pudiendo enfrentarse al Real Madrid en octavos de final. En el primer partido de Playoff en Madrid, a punto estuvieron de dar la campanada (92-90), con un John Ebeling soberbio (30 puntos). El adiós, en casa, fue un poco más duro (65-92), poniendo punto y final a una temporada donde se procuró salvar los muebles y hubo más sonrisas de las esperadas, donde los hombres de Oleart mostraron carácter, un gran Ebeling (18,3 puntos y 8,2 rebotes en 36 minutos), un maravilloso Creus (38 minutos nuevamente. 15,5 puntos y 43% en triples) y un carro de mates y espectáculo del fenómeno “Skywalker”.

 

El final del cuento

En el verano del 92, los Juegos Olímpicos de Barcelona acapararon todas las atenciones. La inenarrable fiesta del Dream Team hizo olvidar la huelga de jugadores y en parte, el fracaso de la Selección Española de baloncesto. Todo fue tan inestable que, los clubs fichaban el tercer extranjero finalmente aceptado, sin saber si se jugaría con el sistema de “tres por dos” (solamente dos en pista) o que ejerciesen libremente, como finalmente sucedió. Por todo ello y en muchos casos, fichar un tercer extranjero era, sin desmerecer, casi un “relleno”.

Thomas Jordan y Greg Stewart, los últimos americanos. 

En Granollers eran fechas de verdadera angustia, más pendientes de su propia existencia que de fichar. El agujero económico era insostenible y a falta de confirmación, la idea era no jugar la Liga Endesa, lo que significaba su casi segura desaparición de la élite. Las negociaciones por parte del presidente Ramón Valls y el gerente Josep María Guiu, sobre la venta de la plaza ACB al Prohaci Mallorca, estaban muy avanzadas. Sin embargo, dos aspectos hicieron cambiar de opinión y ponerse en marcha: haber encontrado sponsor (la empresa estadounidense de reciclaje BFI) más la puesta a la venta de las acciones del club que poseían el Ayuntamiento y la Generalitat y que cedieron gratuitamente. Con un presupuesto ajustadísimo, compitieron.

Y lo hicieron irregulares, como en las últimas temporadas. Fue interesante ver los primeros pasos de Thomas Jordan, sus rebotes y tapones en nuestra liga. Cómo Joan Creus batía récord de minutos y robos de balón. Fascinante ver las últimas evoluciones en ACB de Greg Stewart, porque lento y pesado, era aún capaz de ganar posiciones, anotar y dar lecciones. Y observar que los Cervantes, Hernández o Millera seguían creciendo. Decimocuartos en la clasificación final, con 13 victorias y 18 derrotas, sin peligrar en los puestos de descenso y cayendo tras dos encuentros igualados en octavos de final ante el F.C. Barcelona (94-85 y 73-74), fue el resumen de su temporada.

Sobre ellos recayó durante todo el curso, el yugo de la incertidumbre sobre sus futuros. “Tanto como mis compañeros como yo estamos mentalizados”, afirmaba Joan Creus. “Llevo muchos años aquí y para mí sería un palo muy fuerte si el baloncesto de élite en Granollers desapareciera”. Se intentaron vender las acciones por valor de 237 millones durante todo el año, pero las ventas no pasaron de 100. El sponsor BFI, a la finalización de la temporada, anuncia que no continuaría, lo que supuso la estocada final. En una rueda de prensa, Ramón Valls dio las gracias a todos por sostener estos 16 años el baloncesto de Granollers en la élite. La plaza fue comprada por Júver Murcia, que acababa de descender.

             

Eterno Creus

Y así acabó la historia en Granollers en la máxima categoría de nuestro baloncesto. Dieciséis años que hemos intentado en Endesa Basket Lover plasmarles, con todas sus glorias, expectativas y sinsabores. Un club que nunca quedó campeón, que tan solo jugó un año en Europa, pero perteneció a la nobleza de la ACB. El maestro que manejó la batuta, se vio obligado a acabar la sinfonía. Joan Creus fue un tipo fiel a tales colores 14 de sus 16 años en Liga Nacional y ACB. “Debía tener 7 años cuando empecé en el colegio San Esteban, donde estudiaba en Ripollet. Mi padre había sido jugador y en mi casa había una canasta”. Joan Creus jugó como junior en 2ª División (actual LEB Oro) en Ripollet “pero el equipo se disolvió y tuve que jugar en Hospitalet, donde permanecí dos años”. De ahí a Granollers. La curiosa paradoja es que, tras acabar esta prolongada etapa, fichó por TDK Manresa para suplir al base manresano que se retiraba: su hermano menor Jordi.

Los acordes dejaron de sonar en Granollers. Para nuestro recuerdo quedarán las carracas como acústica en el viejo recinto, aficionados apelotonados en sus gradas combatiendo el frío, expectación por ver a un tipo de 1,76 batallando ante gigantes, arrastrando a todos hacia su cruzada, con la sabiduría que da el baloncesto bien hecho. Areslux, Cacaolat, Grupo IFA. Granollers y Joan “Chichi” Creus. Un homenaje a todo lo que amamos alrededor de una canasta. ¡Gracias!

Granollers, la casa de “Chichi” Creus (Capítulo 1)

Granollers, la casa de “Chichi” Creus (Capítulo 2)

Granollers, la casa de “Chichi” Creus (Capítulo 3)

Granollers, la casa de “Chichi” Creus (Capítulo 4)

La eterna batalla contra los gigantes.