Granollers, la 'casa' de Chichi Creus (4ª parte)

Granollers, la 'casa' de Chichi Creus (4ª parte)

Antonio Rodríguez

Del rosa al amarillo. De la primavera al otoño, sublimando el verano incluso. El baloncesto en España parecía floreado. En el verano de 1986 llegaría la cita baloncestística que más promoción había disfrutado a lo largo de su historia: el Mundobasket España’86. Tras los cuatro goles de Emilio Butragueño a Dinamarca y el escozor por perder frente a Bélgica en la tanda de penaltis en el Mundial mexicano, el baloncesto ocuparía las portadas de los diarios (que no es por decir. La información cestista, desde aquel 5 al 20 de julio, pasaba a cubrir toda la primera mitad del periódico, sustituyendo el espacio reservado al fútbol, que iba a continuación). Todo era rosa y buenos deseos para nuestra Selección Española. Sin embargo, un 3/14 en triples el día decisivo ante Brasil y el arbitraje rencoroso de Ivan Mainini cuando nos enfrentamos a la URSS, nos trasladó al quinto puesto, que nos dejó con caras de saber a muy poco.

Aún con los ecos del mate de Sabonis sobre Robinson, las galopadas de Tyrone Bogues o los triples de Oscar Schmidt, los equipos ya correteaban por los montes durante sus pretemporadas. Y el Cacaolat, con la incorporación de su internacional Joan Creus, que vivió en primera persona la cita mundialista, partía desde muy, muy arriba. “No imaginé que nos reforzáramos tanto” eran declaraciones de convencimiento por parte de Chus Codina, entrenador en su sexta temporada ya con los de Granollers. Cacaolat fue el club que más “ruido” creó en verano junto a F.C. Barcelona. Si los azulgranas de Aíto García Reneses se hicieron con los servicios de dos ‘primadonnas’ del baloncesto español, Quim Costa y Andrés Jiménez, nuestros protagonistas se movieron de forma ambiciosa en pos de un puesto en el cuadro de honor. “Depende de muchas cosas. Pero nuestra aspiración es ser terceros”.

Wayne Robinson, una estrella aterriza en Granollers

Wayne Robinson, la gran atracción del Cacaolat.

Y es que la llegada de Wayne Robinson arrastró mucho revuelo. “Si hubiese llegado un jugador desde los Lakers, no habría causado tanto impacto en el aficionado”, afirmaba en tono, entre jocoso y orgulloso el propio Codina. El caso es que con Robinson, se aseguraban una de las estrellas de nuestra competición, tras tres temporadas en el Real Madrid en el que había conseguido tres ligas, dos Copas del Rey y una Recopa de Europa. Pero del que no salió nada bien, por otra parte. “No entiendo su comportamiento al final” confesaba su ex compañero Juanma López Iturriaga más de veinte años después. “Supongo que ya habría fichado por el Cacaolat, porque no le veo explicación”.

Robinson, siendo aún jugador del Real Madrid, tuvo una entrevista allá por el mes de abril de 1986 con el periodista Sixto Miguel Serrano. En ella confesaba abiertamente que el plantel había perdido su carácter ganador, que con Fernando Martín no se entendía en la pista, jugando mejor sin él y que el entrenador Lolo Sainz, buena persona, al que le debía y agradecía la confianza y paciencia que tuvo con él, estaba anticuado. Es curiosa la intrahistoria de esta entrevista en “Gigantes del basket”, que cayó como una bomba en el seno blanco, tras haber sido incluso retocada (pues el jugador pidió matizar y suavizar algunos comentarios al día siguiente de realizarla, cuando la publicación ya estaba en máquinas). Con ella, obviamente, cortaba de raíz cualquier posibilidad de continuar en el club. “Desde el día que salió a la luz, recibí llamadas de todos los equipos de ACB. De todos. Sí, incluyendo el F.C. Barcelona, con el que no hubo oferta, pero sí interés. No me parecía lógico, tras tres años en Madrid, firmar por ellos. Con el Cacaolat tenía lo que pretendía: una buena oferta económica y sobre todo, la seguridad de una vinculación por tres años”.

No llegó solo. Como dijimos en el anterior capítulo, la nacionalización del pívot estadounidense Matt White cristalizaba al fin, añadiendo además bajo los tableros la contratación de uno de los pívots nacionales más cotizados, Miquel Ángel Pou, procedente del recién descendido Licor 43, que con la continuidad de Javier Mendiburu (que hubo momentos en que dudó. Por ello el fichaje de Pou) automáticamente se convertía en una de las plantillas más poderosas bajo tableros. En la posición de alero, uno de los jóvenes del F.C. Barcelona, Ángel Heredero, también aterrizaba en el Vallés, como el veterano base formado en la Penya, Tato Abadía, que en el mismo caso que Pou, vivió la hiel del descenso con el Claret (actual Gran Canaria) el curso anterior. Abadía sería un sustituto consistente de Creus. Y para completar un quinteto de fichajes de lujo, el alero estadounidense Craig Dykema, uno de los mejores tiradores de larga distancia de nuestro baloncesto, mostrado sobradamente tras una permanencia de dos años, que pretendía olvidar el terrible ejercicio anterior con el Cajamadrid -otro que descendió-.

El Cacaolat Granollers, club del que hemos escrito hasta la saciedad en este serial sobre su falta de efectivos, enmarcaba así todos los deseos de sus aficionados, para mayor gloria del nuevo recinto en Les Franqueses. Chus Codina se ubicaba ante el nuevo reto. “Antonio Novoa -el presidente- me dice ‘demuestra ahora que eres tan bueno’, porque es verdad que puedo contar con nueve jugadores de calidad. Aunque la experiencia me dice que no siempre los resultados al principio, tienen por qué ser positivos. Todos necesitarán un acoplamiento”.

Nuevo escenario previo, nuevo escenario posterior

Como ya era habitual, la primera puesta a punto se brindaba con la presencia en la Lliga Catalana, donde podrían exhibir este nuevo músculo en jugadores. Una vez allí, no pudieron ni con el F.C. Barcelona ni con el Ron Negrita Joventut. Las dudas llegaron cuando perdieron en casa ante APD Mataró (que militaba en 1ª B), por 91-96, con una soberbia actuación de estadounidense mataronés Mike Zeno, capaz de anotar 46 puntos -y 9 triples-. Vale que era pretemporada, pero… Lo que sí es cierto que la final de tal Lliga, donde soñaban estar en la final por jugarse en Les Franqueses, las gradas vieron una nueva entrega del Barça-Joventut.

Wayne Robinson no debutó en liga por ciertas molestias y fue hasta lógico perder en el Palau Blaugrana (121-97). El problema fue que, a continuación, cuando ganaban, no convencían (78-74 al Clesa Ferrol) y tras la derrota ante el recién ascendido C.B. Canarias (113-81), donde les pusieron “de vuelta y media”, Chus Codina empezó a perder los nervios en la derrota ante CAI Zaragoza (102-77), siendo superados en todas las áreas del juego. Otra derrota más, en la prórroga, en campo del Espanyol, llamado aquel año Gin MG Sarriá (99-93) y acaban la primera vuelta del grupo con 3 victorias y 4 derrotas, con el “aderezo” de la visita del inaccesible Barça (86-91), ampliando el récord a 3-5 y malos augurios para clasificarse entre los cuatro primeros que daban acceso a la A-1. En menos de un mes, las esperanzas se convirtieron en desesperos.

“Ahora mismo, salvo Creus, nadie está actuando a su nivel. Los jugadores son muy conscientes tras los partidos, que se ha jugado mal. Incluso algún jugador, como el caso de Robinson, ha llegado a pedir perdón a sus compañeros por su floja actuación”. Codina repasaba un amargo balance, continuando con el ex madridista. “Si él hubiera venido al Cacaolat directo de Estados Unidos, dudaríamos de su calidad e incluso de su futuro en el equipo. Lo que ocurre que lo hemos visto jugar en el Madrid y conocemos de su valía”. Craig Dykema también estaba actuando “muy flojo” para lo que se esperaba de él. El caso es que, exceptuando el sempiterno Joan Creus y Joan Ramón Fernández, los demás dejaban muy fría a la concurrencia. Lo dicho: una expectación previa que nunca se había conocido y unos primeros resultados que tampoco, muy distantes a lo previsto.

La tarea se ponía cuesta arriba, pues habían de ganar casi todos los partidos si querían evitar el auténtico desastre que sería no meterse en la A-1. Y curiosamente, la suerte que les faltó por momentos en la primera vuelta, les sonrió en la segunda. Un tiro fallado por Carmelo Cabrera y el posterior palmeo de Mike Harper, anotado fuera de tiempo, les dio la victoria ante los tinerfeños (99-97). Así como un robo de Wayne Robinson y posterior mate a la última jugada del TDK, hicieron sumar el triunfo en Manresa (85-89). Convencieron ante el CAI Zaragoza (88-85) con 26 puntos y 12 rebotes de Robinson y aunque pincharon en su visita al Oximesa en Albolote (98-95), se aseguraron el paso a la A-1 (y a la Copa del Rey, donde por primera vez se daba el formato actual de ocho clubs) venciendo al Gin MG Sarriá (80-75).

Codina dice adiós

Llega el Real Madrid a Les Franqueses. Y esa cosa que tenía el madridista Larry Spriggs, de lanzarse tiros decisivos en las peores opciones posibles. Mucha clase, pero con tres defensores punteando un tiro de por sí muy forzado y empate a 86 a falta de segundos, no encontró su objetivo. El rebote fue para Matt White que lo pasó a Joan Creus para que iniciar la transición. Viendo que Wayne Robinson era marcado por Fernando Romay, le pasó el balón abierto a seis metros de aro. Robinson, se arrancó inicialmente y se clavó a cuatro metros del aro donde Romay no pudiera llegar, anotando una suspensión sobre la bocina que daba, primero el triunfo al Cacaolat sobre los blancos (88-86), a él, calmar una sensación de -llamémosle- venganza y al público, lleno de júbilo, dar saltos en las gradas, reclamando de nuevo la salida de sus héroes -aquel día- de los vestuarios.

Secuencia de la canasta de Robinson para derrotar al Real Madrid. 

Este fue el momento más brillante y quizás único de Cacaolat a lo largo de toda la segunda fase liguera (englobados en la A-1). Porque su juego ramplón fue continuado. No consiguieron ganar a nadie supuestamente de los grandes, excepto la victoria comentada ante el Real Madrid. Ni al F.C. Barcelona en los dos enfrenamientos, ni al Ron Negrita Joventut, ni al CAI Zaragoza ni al Estudiantes Caja Postal -cuya plantilla, era claramente inferior-. Por el contrario, perdieron en su casa frente a Cajabilbao (102-105) y acabaron esta fase con un 3 victorias y 11 derrotas, con 8 derrotas consecutivas para echar el cerrojazo, en un momento en el que Chus Codina, ya sabía que no continuaría en el club, tras no haber sabido manejar este nuevo escenario, ni unas expectativas tan altas en contraste con unos resultados tan bajos.

“Cacaolat no hizo nada bien. A saber: flojeó en defensa, fue dominado en el rebote bajo ambos tableros, no encontró su ritmo de juego, tiró sin seleccionar, circuló mal el balón y actuó con precipitación, sin ninguna convicción”. Este es un extracto de la crónica que hizo el periodista Sixto Miguel Serrano de la derrota que sufrieron en Magariños ante Estudiantes (94-82), que perfectamente puede ser válida para toda esta segunda fase. Sí, la rotación era de ocho jugadores. Pero exceptuando Chichi Creus y Wayne Robinson (y no siempre), los demás anduvieron muy por debajo de su nivel. Craig Dykema, por ejemplo, se quedó en 15,2 puntos de promedio, que no está mal, difuminado en un paupérrimo 29% en triples. “En los dos años que llevaba en España, los jugadores nacionales siempre trabajaban para que la mayoría de los tiros fuesen de los americanos. Me ha faltado acoplamiento, porque aquí tiraba quien se suponía encontraba mejor posición”

Quizás fuese esa mentalidad -extendida en los americanos entonces- uno de los errores de Dykema, que le llevó a tener problemas y algún que otro choque con Codina. Un tipo, el estadounidense, que “el año que lo tuve en Licor 43, nunca tuve ningún problema” en palabras de Manel Comas, al que ya vamos dando entrada en esta historia. Porque Manel, entrenador del CAI Zaragoza, en la rueda de prensa tras victoria (99-77) que cerraba la liga regular, confesaba que “les veo tristes. Sobre todo a Creus”, en una dinámica perdedora que los hacía salir y jugar una decente primera mitad y desvanecerse en la segunda, casi como una maldición continuada, una y otra vez.

Tras necesitar tres partidos para derrotar en octavos de final a un crecido TDK Manresa, los vallesanos fueron vapuleados en dos encuentros ante el F.C. Barcelona en cuartos de final de Liga Endesa (99-79 y 76-101). El mismo rival con el que se toparon y perdieron en navidades en cuartos de la Copa del Rey (104-90). Es cierto que los hombres de Aíto García Reneses fueron inexpugnables aquel curso, pero la imagen final del Cacaolat distó tanto, tanto, de las previsiones iniciales... Codina, según sus palabras un año antes, “como de la familia ya en Granollers” hizo las maletas y se volvió a Madrid, donde los cheques hicieron olvidar que Cajamadrid estuviese en 1ª B, porque claramente su objetivo era el ascenso y pusieron todos los medios para ello. Cinco años y medio de relación entre Cacaolat y su entrenador más longevo en la máxima categoría, acabaron así.

Y ahora, ¿qué?

Justo en la rueda de prensa en el último partido de liga, tras ser eliminados en el Playoff, Antonio Novoa, presidente del club, adelantaba que la decisión de Codina aún no estaba tomada (porque el entrenador del Cajamadrid en aquel momento, Rafa Peyró, tenía una cláusula de continuidad en caso que el equipo ascendiera a ACB. No se cumplió), al mismo tiempo que confirmaba las ‘no renovaciones’ de Tato Abadía y Craig Dykema, llenando la plaza vigente de extranjero ocupada por este último, con la vuelta de Charles Bradley -noticia que también anunció-, como apuesta personal del presidente, tras un año jugando en la CBA. “Nunca debió irse” espetó Novoa. El alero se convenció que, al calor de la Liga Endesa, se vivía mucho mejor.

Gary Plummer defendido por Robinson, en la derrota ante el Caja de Ronda. 

Se pretendía trabajar en el verano del 87 con todo el sosiego de tener construida la plantilla lo antes posible y poder ejercitarla con la tranquilidad que no se tuvo un año antes. En la gerencia apostaron por la continuidad de estilo en el banquillo. Al adiós de Codina, pusieron a su lugarteniente Guillermo Eldracher, nuevo en los banquillos ACB. Las dudas que se cernían sobre él, pasaban por su edad: 27 años. Pero eso parecía ser cosa de la prensa y en el club estaban seguros. “Los jugadores estábamos muy contentos con él” confesaba Wayne Robinson. “En los entrenamientos, hacíamos muchas cosas y prueba de ello fue que en la pretemporada ganamos casi todos los partidos. En Lliga Catalana, perdimos tan solo contra el Barça y por pocos puntos”.

Tras la quinta jornada liguera y con una derrota inesperada (y casi indigna) ante el Caja de Ronda (87-88), porque fue la única victoria de los malagueños en toda la liga regular, -récord aún en la historia de la Liga Endesa-, a Eldracher se le despide de su cargo, porque con 1-4, aquello no tenía visos de funcionar. Era el cuarto entrenador en la liga cesado en su primer mes. “Mira, yo creo mucho en Novoa -continúa Wayne Robinson-. Para mí es un buen presidente, pero sinceramente, no entiendo esta decisión. Tampoco entiendo los casos del Espanyol, Caja de Ronda y Oximesa. A los entrenadores jóvenes, no se les da la oportunidad de trabajar en ACB. Es un problema general de este país y creo que es un error”. Su sustituto, Manel Comas, en aquel momento comentarista televisivo tras abandonar el CAI Zaragoza, con buena relación con Antonio Novoa y con el que conversó previamente en un aeropuerto, exponiéndole el presidente sus temores, comenzó a trabajar para sacar de una deriva peligrosa al equipo. Porque todo ello estuvo aderezado por el cambio de estadounidense en la primera jornada, cuando Charles Bradley le soltó un puñetazo tan tremendo al caísta José Luis “Indio” Díaz, que lo tuvieron que mandar al hospital inconsciente, historia que ya contamos en “Momentos épicos” y os recomendamos.

De las 300.000 pesetas de multa, se hizo cargo el jugador. Pero el club, de lo que no podía prescindir, era de un americano en los 4 encuentros de sanción que le impuso el Comité de competición. Total, que se le dio el pasaje de vuelta y en su lugar, llegó otro escolta muy anotador, de semejantes características a las de Bradley, llamado Joe Ward. Este Ward pasaba por ser el típico caso de jugador estadounidense hambriento por hacer números y un nombre. Y aunque fueron buenos (20,5 puntos y un 38% en triples), él buscaba más protagonismo, por lo que la confrontación con Manel Comas, que pretendía un juego de equipo y respetar la jerarquía del líder Wayne Robinson, estaba asegurada. Añadan que un golpe de Ward sufrido ante el Oximesa, le valió una lesión cuyas consecuencias, todo lo que el Cacaolat minimizaba, el jugador amplificaba.

Joe Ward no arregló nada. .

En un grupo muy abierto, con el sorprendente Fórum Filatélico primero, con F.C. Barcelona y Estudiantes Todagrés (que iba creciendo a cada temporada) en los tres primeros puestos, CAI Zaragoza, Cacaolat y Cajabilbao se jugaban la última plaza para la A-1. El día clave fue en la 12ª jornada, cuando recibieron al Fórum en Les Franqueses. Llenazo, apoyo de toda la afición, deseos de olvidar todos los males con una victoria… que se toparon con los 38 puntos de Michael Young (79-84). Si no obraba un milagro, que pasaba por vencer en el Palau al Barça, Cacaolat, por primera vez en su historia, conocería las revueltas y saladas aguas de la A-2. Unos azulgranas furiosos por su mala marcha en Copa de Europa, quisieron dar una alegría a los suyos, arrasando a los de Granollers (124-86). 6 victorias y 8 derrotas finales. Estar en el grupo de los ocho últimos, ya era un hecho. CAI Zaragoza se llevó el premio.De la segunda parte de la liga, lo mejor que les sucedió fue el descubrimiento de su nuevo estadounidense, Tom Sheehey. Comas se hartó de Ward y para el arranque de esta A-2, optó por un alero, ala-pívot, que cumplía con todas las exigencias que el coach y el equipo necesitaban. Vale que los rivales a partir de ahora no eran los grandes. Los Madrid, Barça, Penya o CAI, se suplían por Oximesa, Bancobao Villalba, Caja de Álava, OAR o Breogán. Pero Wayne Robinson, al fin, jugó al nivel que se  esperaba (20 puntos y 11 rebotes firmó en esta fase), Javi Mendiburu recuperó sensaciones anteriores y quien seguía imperturbable ante los males, era Joan Creus. Hubo más agresividad en defensa, sin necesidad de buscar anotadores compulsivos. Todo se equilibró, mejoró y esta redención de la A-2 sirvió para autoafirmar una confianza perdida durante casi dos años. Manel Comas iniciaba un proyecto en Granollers y, si este era el peaje, bienvenido sea.

Cacaolat, con dinámica ganadora de la A-2, despachó en octavos de final al Magia Huesca (que sí se clasificó para la A-1 y en cambio, se acostumbró a perder), por dos victorias a cero, regresando a los cuartos de final. Por tercera vez consecutiva, viéndose las caras contra el F.C. Barcelona. Solo que esta vez, por un camino diferente. Y al menos, la sensación fue distinta, pues si fueron vapuleados en el Palau Blaugrana (116-85), en Granollers se vio un excelente partido, en el que Robinson (19 puntos), Sheehey (18) y Creus (17) dieron la cara y debió ser Nacho Solozábal, con una canasta en el último segundo, quien puso fin a la temporada vallesana (75-77). Séptimos en su conclusión, iniciarían una nueva andadura, intentando mantener lo bueno que habían conseguido.

Pero una mañana de miércoles, 17 de agosto, Wayne Robinson, tras regresar a Estados Unidos para reincorporarse a la disciplina del equipo, da una rueda de prensa, dejando helados a todos: anuncia que debe retirarse de la práctica del baloncesto. Unas deficiencias cardíacas llamadas “fibrilación auricular del corazón” detectadas por médicos en su estancia veraniega en USA, le obligaron a ingresar en un hospital, hasta que dieron con el diagnóstico. Leyendo un comunicado entre lágrimas, “Estoy realmente roto, porque deseaba continuar en activo varias temporadas más. Quería seguir luchando en todas las pistas y concretamente para esta temporada, tenía muchas ilusiones depositadas. Durante mi estancia en Europa, me he ganado por lo menos, un prestigio como persona. Eso es para mí lo más importante”.

El proyecto ejecutado por Manel Comas

Manel Comas acababa de regresar del Eurobasket Junior, donde fue el seleccionador, para estar presente en la rueda de prensa de Wayne. Tras el shock inicial, se piensa que el proyecto se daña, pero no se resquebraja. Aun sin las pretensiones económicas de dos años atrás, se tiene fe en que es bastante sólido. El núcleo se ha retocado, pero está más que asentado. De la “Santísima Trinidad” nacional que sostuvo al equipo durante años, Joan Ramón Fernández firmó por el recién ascendido Gran Canaria, continuando Creus y Mediburu, junto a Ángel Heredero. Matt White decidió irse a Granada por una buena cantidad de dinero, aprovechando su condición de nacional. Y llegaron los jóvenes aleros Josep Blanch y José Manuel Lara junto al base Ferrán Heras y el pívot ex azulgrana Julián Ortiz, tras disfrutar el curso anterior de muchos minutos en Manresa. 

Mike Phillips, un seguro de vida. 

Doce días después al anuncio de retirada de Wayne Robinson, llegaba desde Estados Unidos, quien inicialmente sería su compañero: el veterano Mike Phillips. Pívot icónico de nuestra liga con 2,08 de estatura, Comas ya lo entrenó durante dos etapas, a su llegada a España con el Tempus en 1979 y otra con el Licor 43, entre 1983 y 1985. Siempre habló maravillas sobre él y aunque los años no pasaban en balde, parecía tener el toque del éxito intrínseco, en cualquier club en el que recalaba, ya sean los licoreros (semifinalistas en 1985), el Espanyol (sextos un año después o el Fórum Filatélico (entre los cuatro primeros en la primera fase de la liga en 1988). Y en su sueldo, 170.000 dólares de la época -el quinto extranjero mejor pagado- iban adjuntos tales éxitos.

Con la baja de Robinson, en Granollers jugaron la baza segura y recuperaron a Tom Sheehey y que pudiera alternar en dos posiciones, puesto que gracia tenía jugando en ambas. Gran tipo, disciplinado, sin ser sobresaliente en nada, atesoraba talento para hacer de todo. Manel Comas estaba encantado con él. “No encuentras muchos como Tom, que sabe jugar en cualquier puesto. Para nuestro equipo es un jugador fundamental, porque podemos utilizarlo de escolta, de alero y de pívot. Rompe desde todas las distancias”. Con todas estas credenciales, se afrontaría esta loca Liga Endesa que había sido ampliada a 24 equipos nada menos. Ya no habría grupo par e impar, sino desde un principio, los doce mejores jugarían en la A-1 y el resto, en la A-2. Así hasta que su finalización, les abocaría a ser intercalados en tres grupos posteriores, siguiendo la liga regular con 12 jornadas más. (un lío de sistema de competición, del que había que estudiar casi un peritaje).

Fue una liga que tardó en iniciarse, puesto que había que esperar a que terminasen las convulsiones en nuestro deporte: en los Juegos de Seúl, el reinado olímpico de Estados Unidos había finalizado, a manos de los soviéticos. Todo ello sucedió en los primeros días de octubre. Fue la liga de Drazen Petrovic, que aterrizó directo de Seúl a la capital de España para, sin deshacer la maleta, jugar ya el Torneo de la Comunidad, días antes del inicio liguero, con el Real Madrid. Todo comprimido hasta el extremo. Porque piensen que los clubs, empezando la liga un 15 de octubre, jugarían 36 jornadas de liga regular más Playoffs, contando ventanas FIBA, con el añadido que debían acabar lo suficientemente pronto como para que Antonio Díaz Miguel pudiese tener tiempo para preparar a la Selección Española, que iniciaba su andadura en el Eurobasket el 20 de junio. Nunca antes se conocieron tantas dobles jornadas de liga en una semana y hasta triples, como hoy día vivimos con la suma de jornada doble de Euroliga más Liga Endesa. Y así pasó: nunca antes hubo tantas bajas por lesiones y sobrecargas en el Equipo Nacional.

En toda esta vorágine que se avecinaba, Cacaolat Granollers supo ser sólido, en una competición que se había reforzado una enormidad. Las fichas de los americanos se dispararon y no solamente entre los grandes. Pensad que los extranjeros más caros, procedían del Caja de Ronda malagueño (Rickey Brown) y del Cajacanarias (Kurt Nimphius), con 300.000 dólares cada ficha. La gran mayoría acertaron en contratar calidad. Alternativas como Taugrés Baskonia, Clesa Ferrol, Caja de Ronda, BBV Villalba, Cajacanarias o incluso un recién ascendido como Pamesa Valencia, deseaban ya pensar en grande. Y dieron pasos para ello.

Tom Sheehey, un virtuoso. 

Lo que el nuevo cuadro de Manel Comas muestra, es más intensidad. Y lo hacen haciéndose respetar en casa. De los primeros 7 encuentros en Les Franqueses, tan solo cedieron ante el CAI Zaragoza (93-98) y a causa de una lesión que sufrió Creus en los primeros minutos. Aunque a estos en particular, les devolvieron tal moneda en la capital aragonesa (76-79). Vale que no pueden ni con Real Madrid ni con F.C. Barcelona, pero sí vencen los dos partidos de esta 1ª fase a los terceros en discordia, RAM Joventut. “Chichi” Creus sigue anotando (17,1 puntos) y dirigiendo de forma fantástica. Y Mike Phillips agradece que el pequeño base le ponga los balones donde el roqueño americano se los pide (19,5 puntos y 9,7 rebotes), siendo ambos la espina dorsal del plantel. Tom Sheehey, que empezó acertado, pero asumiendo los galones del resto de estrellas, con cierta “timidez” en sus primeros 7 encuentros (19 puntos de promedio), se dispara en los siguientes 11 partidos, promediando 24,6 puntos. Y de ese carro, poco ya se bajó. Sin embargo, quien dio la sorpresa fue el joven base Ferrán Heras. Una de las lacras que siempre arrastró Cacaolat fue no tener un suplente de solvencia para Creus. Este chico resultó tan descarado, tan seguro, que hasta su operación por una rotura de ligamentos a primeros de febrero, no solamente daba descanso a Joan, compartía pista con él.

Hubo curiosidades en aquel ejercicio, como la que sufrieron en la visita al Palau Blaugrana (perdieron por 93-76 ante el Barça) en el que un chaparrón como no se recordaba en la Ciudad Condal, provocó que algunos jugadores -que iban en sus coches particulares-, Sheehey, Creus y Lara en concreto, se vieron envueltos en un atasco de tal calibre en la carretera, que aparecieron en el recinto a falta de 5 minutos para el descanso. También que el presidente, Antonio Novoa, dedicado full time al club, fue el primer presidente en la liga que se auto otorgó un sueldo (hablaban de seis millones de pesetas al año). En general, fue campaña muy lineal, sin altos ni bajos (13 victorias y 9 derrotas en la 1ª fase), acabando en 5ª posición. En la 2ª fase, compitiendo en un grupo con los 6 primeros de la liga, más Clesa Ferrol y Caja de Ronda (los líderes de la A-2), decayeron con 5 victorias y 9 derrotas, pero siguieron siendo competitivos. Porque si recibían un correctivo en Málaga ante el Caja de Ronda (102-72), tenían el orgullo para vencer 3 de los siguientes 4 encuentros. La conjunción y confianza entre el entrenador y los jugadores, era enorme.

La mala suerte quiso que, en la última jornada de liga regular, precisamente ante Caja de Ronda (71-68), a falta de cuatro minutos para la finalización, Rickey Brown cayó encima de la rodilla de Mike Phillips en la lucha por un rebote, con lo que salió lesionado de gravedad. “Sentí que me había roto. Noté que la rodilla cedía considerablemente”. De esa forma, se cercenaba la carrera ACB de Mike de manera drástica, tras 9 temporadas en la máxima categoría de nuestro baloncesto. La gran mayoría de ellas, bajo el influjo de Manel Comas. “Es un gran amigo y uno de los mejores entrenadores de España. Siempre me ha comprendido muy bien. Hace muchos años que nos conocemos”.

Para suplir tal ausencia en los playoffs, el club pensó en Russell Cross, un dramático caso de jugador que fue elegido el nº 6 en la primera ronda del draft de 1983, pero una gravísima lesión en la rodilla, de la que ya nunca se recuperaría, le hizo 5 años después ganarse la vida en pistas españolas (el Júver Murcia el año anterior). Enorme calidad técnica, pero muy lastrado de su rodilla maltrecha. “Está más despistado que una vaca en un garaje” confesaba de forma socarrona, al estilo Comas, su entrenador tras el primer entrenamiento. “Pero ha de ayudarnos en momentos puntuales. Creo que lo hará”. Los momentos puntuales fueron dos encuentros ante el RAM Joventut, que les superó (99-79 y 82-85) dando por finiquitada la temporada vallesana.

Más que satisfechos tras acabar con un calendario sin altos ni bajos, siempre entre los grandes, sintiéndose como tal. Así llegó el verano de 1989, del que daremos buena cuenta en el próximo y último capítulo. En mayo se comentaba que había un sponsor con más dineros a ofrecer que la empresa Cacaolat. Bueno, sí y no. Uno de los equipos que lo bordó este curso, el Grupo IFA (ya sin ser Espanyol, tras la desvinculación del club de fútbol), propiedad de la empresa Unipublic, buscaba comprador. Y en un cambalache, resultó que ambos equipos se fusionaron, naciendo así el Grupo IFA Granollers. Y con la puesta de largo de James Worthy vistiendo su elástica. Pero de todo ello hablaremos la semana que viene, que hay que poner un bonito broche a todo esto.

Granollers, la casa de “Chichi” Creus (Capítulo 1)

Granollers, la casa de “Chichi” Creus (Capítulo 2)

Granollers, la casa de “Chichi” Creus (Capítulo 3)

Granollers, la casa de “Chichi” Creus (Capítulo 5)

Mendiburu luchando con Biriukov por un rebote.