ARTÍCULO: CUENTOS ALREDEDOR DE UN ARO

ARTÍCULO: CUENTOS ALREDEDOR DE UN ARO

Antonio Rodríguez

Cuenta Javier Ortiz en su última columna en “Jugadores que han hecho historia”, que al bueno de Ken Austin se le acabó conociendo por el “rompetableros”. Un poco el dicho de “por un perro que maté…”. El caso es que sobre eso, sobre ver tableros rotos, no estábamos nada acostumbrados en España. Es más, no habíamos visto muchos de nosotros, ningún tablero roto en nuestra vida. Nadie tras un mate, se colgaba con tal virulencia como para convertir ese tablero de aspecto férreo, en añicos. Eso sí, como la moda que parece que surgió, poco más de un mes después Sabonis hizo famoso a Alfonso del Corral en una instantánea cuando rompió el de la Ciudad Deportiva del Real Madrid en el torneo de Navidad de 1984 y tiempo después, en un spot televisivo, nos asombramos de la animalada de Darryl “Baby Gorilla” Dawkins destrozando tales tableros en la NBA.

La ACB, en su búsqueda de recursos y calidad del juego, en el verano de 1985, decretó que los aros de toda la liga se iban a cambiar por dos razones: primero, por buscar con el nuevo aro retráctil el poder agarrarte con libertad como en la NBA con la espectacularidad que ello conlleva (antes, colgarse y que la acción fuese visible, era castigado con falta técnica, precisamente por el temor a la integridad del tablero) y sobre todo, porque todos los pabellones tuviesen el mismo aro homologado. Las escenas como la de Austin, rascándose el cogote tras ver miles de fragmentos de pequeños cristales esparcidos por el parquet, en teoría no se iban a volver a repetir.

Siguiente torneo de Navidad del Real Madrid, en 1985. Sin tan siquiera comenzar el primer partido del club blanco frente uno de aquellos combinados estadounidenses apellidados “Winston All Stars”, en la rueda de calentamiento, el americano Bobby Lee Hurt volvió a destrozar uno de los tableros y quien no viviese esa época, les hago saber que la reposición del mismo en aquel tiempo, pudiera llegar a durar unos 45 minutos aproximadamente. Los operarios del club madridista echaron el grito en el cielo, puesto que este era ya el cuarto tablero que se había roto, que la mayoría sucedieron en la pretemporada con el festín por “celebrar” esos nuevos aros. Y que ya estaban muy hartos de tal “desfile”. Que en esa santa casa el único tablero que se había roto hasta la fecha, había sido el del afamado brazo ejecutor de Sabonis, y que con la gracia de estos nuevos aros, era peor el remedio que la enfermedad.

¿Cuál era el motivo que esta nueva modalidad fuese más frágil? Como podéis ver en la fotografía de la entrada de Pedro Ansa y la forma de los antiguos aros, si uno se agarraba con fuerza de su parte anterior, hacía un efecto palanca sobre la parte anclada al tablero, que lo hacía estallar. Con los nuevos aros retráctiles, no era ningún problema agarrar del aro, puesto que los muelles que tienen dentro del cajetín, amortiguaban el efecto. El problema vino cuando el jugador se soltaba del aro y el impacto que producía al volver a su posición original era tan violento, que estallaba el cristal. Los antiguos tableros no servían y debían ser unos acondicionados a las nuevas tecnologías. Hoy día, soportan lo que haga falta y estas historias suenan al Paleolítico. Pero sucedieron y forman parte de la evolución de nuestro deporte.

Lo más curioso sucedió en 1989, 4 años después, cuando esta polémica estaba totalmente olvidada, llegó el Eurobasket de Zagreb, aquel en el que Drazen Petrovic quiso darse un homenaje en casa. Allí la FIBA decretó que los aros debían ser los fijos de toda la vida. La Selección Española debutaba en Holanda y José Antonio Montero, en la rueda de calentamiento previa al partido, en un liviano mate, hizo estallar el tablero, cayendo la lluvia de cortantes cristales sobre el bueno de Quique Andreu. De repente, los organizadores empiezan a ponerse muy, pero que muy nerviosos. Confiesan que es primer día de campeonato, el segundo partido y que ya se habían roto tres tableros, que este era el cuarto, y que tan sólo les quedaba uno más para el resto del campeonato. Tan nerviosos, que al delegado de la Selección Española, Roberto Outeriño, le llegaron a pedir su importe, que aquí, “quien rompe, paga”. Rascando un poquito, llegaron a descubrir que fue Arvydas Sabonis (¿quién si no?) el responsable del primer tablero roto en un entrenamiento el día anterior, y a partir de ahí fueron cayendo en sucesión. El motivo era que se dejaron algunas pequeñas astillas de cristal incorporadas tras la “obra” de Sabonis, y que al poner los nuevos, hacían efecto palanca como para que a nada que se tocase el aro, hacían estallar la tabla en mil pedazos. Por supuesto, que la Federación Española no pagó nada. Y solventado el problema, Stojan Vrankovic, Radja y el propio Sabonis pudieron volver a maltratar los aros a su antojo sin ninguna sorpresa, pero con algún otro rezo que otro.

Foto 2: Ken Austin, pensativo, a modo de disculpa, mientras ve los pequeños fragmentos del aro desperdigados por el parquet y la operaria de la mopa que tiene que limpiar, detrás de él.

Foto 3: Pedro César Ansa entra a canasta en una instantánea de la temporada 84-85. Se ve con claridad el diseño de los aros antiguos.

Foto 4: La tecnología hoy día con los aros retráctiles y la fortaleza de los tableros, hace que aguanten incluso los “ataques” de Lebron James.