Granollers, la casa de 'Chichi' Creus (3ª parte)

Granollers, la casa de 'Chichi' Creus (3ª parte)

Antonio Rodríguez

Sonaba el pistoletazo de salida de una nueva era. El nacimiento de la ACB, el contar ya con un buen puñado de jugadores nacionales de excelente calidad, acompañados –al fin- con dos extranjeros por equipo, el nacimiento de los Playoffs para dirimir quién sería el campeón liguero entre los 16 participantes -se amplió en 2 clubs la competición-, daba unos atractivos que, francamente, en septiembre de 1983, no teníamos una idea muy clara de las repercusiones y el impacto futuro en todos nosotros. Digamos que esta liga “del cambio” comenzó a hervir hacia lo que sería el auténtico “boom”.

Quienes menos lo imaginaban eran los propietarios de la empresa de muebles de baño Areslux, fieles patrocinadores del equipo de Granollers durante siete temporadas. Cuando mayores eran los problemas económicos de los vallesanos, ahí estuvieron ellos, aportando sus caudales y dando nombre al club. En la primavera de 1983, ya anunciaron que les era imposible seguir con tal comunión, puesto que los emolumentos destinados a tal causa, superaban con mucho los dineros que sus matemáticas chivaban referentes a gastos en publicidad. Así, tras un prolongado esfuerzo, comunicaron su fin a la vinculación con nuestro deporte. Paradójicamente, en puertas a que todo un país girara la cabeza hacia él.

Joan Creus y Jesús Codina, el secreto del éxito.  

Y comenzó esta temporada 83/84 y Granollers mantenía sus equipaciones de Areslux, mitad modo de homenaje a su apoyo, mitad deseo que un nuevo sponsor apareciera en breve. Efectivamente, a mediados de noviembre, la empresa láctea Cacaolat se presentó para poner 15 millones de -las antiguas- pesetas al club, entre el baloncesto (la mayor parte) y el balonmano, con lo que, exceptuando Cajamadrid (que daba la friolera de 35 millones de pesetas entonces, más del doble que cualquier otro), era de las mayores aportaciones (15 millones, que les equiparaba al compromiso de Zanussi con el Real Madrid, por ejemplo). En el encuentro del 27 de noviembre ante el Joventut badalonés, nacía en nuestras vidas Cacaolat Granollers, el nombre por el que la mayor parte de los aficionados de este país los hemos conocido. Periplo de seis años, que fueron coincidentes con los de mayor tirón en España del baloncesto en toda su historia.

 

La difícil tarea de mantenerse en la élite

Terceros clasificados en la liga anterior, mejor no tocar lo que ya funcionaba, parecía la máxima del club. La base era la misma: Joan Creus, Jordi Puig, Juan Ramón Fernández, Miguel Ángel Lete, Javier Mendiburu y “Slab” Jones  (“No. “Slab” es como “Chichi”: no significa nada”). A ellos, añadieron el alero de La Salle, Paco Dosaula y como plaza de segundo extranjero, Dick Miller, el zurdo alero americano de dos metros, procedente la flojísima liga británica, tras su paso un año por Valladolid (solamente para competición europea), que fue el elegido tras dar “boleto” a un tal George Patterson que estuvo a prueba previamente y no agradó a nadie. Descartados Spà, Góngora y Farfán, aunque corto de plantilla, el equipo seguiría mejorando.

Albert "Slab" Jones, antes valorado, luego defenestrado. 

De hecho, el arranque de esta nueva campaña 83/84 fue fantástico. Si en las navidades de 1979 fue el Real Madrid quien cayó en Granollers, el 21 de septiembre de 1983, el turno le tocaba al F.C. Barcelona, quien hincaba las rodillas en el viejo parquet vallesano (72-71). Chus Codina salió a hombros tras un cardíaco duelo, en el que gestionaron el final como maestros. De esta forma, se auparon en la tercera jornada como líderes del grupo impar, compartido con el Joventut, hasta que éstos les derrotaron por primera vez en la sexta jornada (89-93). En la primera fase, su récord fue fantástico, con 11 victorias y 3 derrotas, cediendo en un decisivo choque en Badalona (87-64) la segunda plaza del grupo, que otorgaba plaza directa a la fase final de la Copa del Rey.

Clasificados para la A-1, donde disputarían una nueva liguilla entre los 8 mejores, debutaban en casa ante Arabatxo Baskonia, o lo que era lo mismo, el regreso de Essie Hollis a Granollers. La ovación al estadounidense en las gradas fue atronadora y aunque no estuvo especialmente brillante (16 de sus 23 puntos fueron en la 1ª mitad), se ganó otra ovación cuando se fue corriendo al otro lado de la pista en claro signo de queja -por no protestar-, lamentando un claro tapón sobre Creus que dieron los colegiados como canasta. Era tal el cariño profesado a este hombre, que el público se arrancó a aplausos hacia él, aun yendo en contra de los intereses de su equipo. Los arbitrajes habían mejorado, conscientes que con dos americanos, se jugaba de otra manera (sobre todo bajo los aros). Las acciones espectaculares de Essie, aún estaban fuera de su radar, por lo que podíamos apreciar.

Capaces de ganar en Zaragoza al equipo y el jugador de moda (CAI Zaragoza y Kevin Magee, días después de su consecución de la Copa del Rey) por 84-87, junto a una derrota muy escasa (79-80) ante el Real Madrid, finiquitaron esta fase entre los mejores, con 7 victorias y 7 derrotas, acabando 4º clasificados, tras Real Madrid, F.C. Barcelona y Cajamadrid (y por delante de Joventut Massana y CAI Zaragoza).

¿Cuál era la clave para que el Cacaolat siguiera cosechando éxitos, en cuarta posición a la finalización de la liga regular? Pues el mismo secreto del ejercicio anterior: el binomio Codina-Creus. Jesús y Joan, tal para cual. Filosofías parejas, trasladadas a la pista. Se corría mucho y bien. Todo tenía la base de la defensa o crear virtudes de los defectos. Mendiburu era un dos metros (“en realidad, no los mido. Pero digo eso, porque queda muy bien”) y “Slab” Jones, con sus 2.02, no era tampoco potente físicamente, debían jugar la carta atrás de la colocación, obstaculizar líneas de pase y defender buscando la anticipación. En uno contra uno no aguantaban a los rivales, eso era claro. Por lo que suponía un buen número de balones robados (casi 10 por encuentro), junto a los provocados por las ayudas de sus compañeros. Y a correr. El ritmo frenético que imprimía Creus levantaba a los aficionados de sus asientos, al ver tales jugadas culminadas por los aleros Fernández, Lete o Miller. Juan Ramón Fernández -quien mejor le conocía, tras coincidir incluso en el F.C. Barcelona-, sabía cuándo arrancar y cuándo cortar hacia canasta. De escuadra y cartabón.

En estático, el dúo Mendi & Jones resultaba fantástico. Se erigieron como los reyes de las fintas, los pivotes, adentrarse por línea de fondo desde el poste bajo y dominando los tiros cortos contra tabla, buscar rapidez en su ejecución. La lesión de Javi Mendiburu al final de la primera fase -que le tuvo apartado mes y medio-, mostró a las claras la falta de banquillo que frenaba a Codina, pues debía improvisar con aleros jugando dentro.

Esa carencia de centímetros, más el discreto rendimiento de su segundo americano, Dick Miller, eran lacras marcadas del conjunto. Miller, que no era un tirador fiable y ante defensas tan cerradas (recuerden, aún no existía la línea de tres puntos), lo pasaba bastante mal, daba para pensar qué sería del equipo con un alero de mayor categoría anotadora.

Aún contando con el factor cancha a favor en el Playoff de cuartos ante el Joventut Massana, los hombres de Aíto García Reneses mostraban más categoría y profundidad a esas alturas de temporada. Tras la derrota en Badalona en el primer round (106-82), la agonía se trasladó en el segundo choque en Granollers. Cacaolat debió remontar un 34-50 que reflejaba el electrónico al descanso. Con mucha entrega y prórroga de por medio (más la expulsión por técnica descalificante a Mendiburu), los locales se hicieron con el triunfo (100-99). Veinticuatro horas después, en un curioso sistema de competición, se disputó el tercer y definitivo envite, también en Granollers. El cansancio, la falta de banquillo y la ausencia de Mendiburu, se aunaron para que, en el día clave, diera como resultado uno de los peores partidos del año. Exceptuando Creus (24 puntos), todos estuvieron desacertados, remarcado con un 24/73 en tiros de campo (32,9%), que les sentenció a caer eliminados (59-74) y decir adiós al curso 83/84.

 

Una temporada que empezó torcida

Lo que parecía sólida unidad en el Cacaolat, quebró el verano del 84, curiosamente cuando todo el baloncesto español se bañó de plata de ley (olímpica, nada menos). Si fueron miles de aficionados los que recibieron en Barajas a la Selección Española a su regreso de Los Angeles, también fueron miles los que varias semanas después quisieron ver en Mahón a sus ídolos, en el torneo de pretemporada en el que se presentaban F.C. Barcelona, Ron Negrita Joventut y Cacaolat, cada uno con sus novedades. La expectación era inusitada. Entre esa atmósfera, al equipo de Chus Codina le tocó la de arena, pues en una caída de Joan Creus ante los azulgranas, se rompió el escafoides en su muñeca, maldiciendo los dos meses que estaría de baja en el equipo, casi toda la primera fase.

Cacaolat volvía a la carga para la 84/85 llena de glamour general, con los mismos jugadores, con la excepción de Dick Miller, que fue relevado por un más polivalente Ron Cornelius, un alero zurdo de 2,06 que también podía jugar como ala-pívot, que tenía buenas credenciales desde el Challans francés. Y fue otro al que le costó encontrar tanto su sitio, como su rol en el equipo. Su irregularidad a veces desesperaba a la parroquia, aunque tuvo buenas actuaciones, como la realizada en Zaragoza (32 puntos en la victoria catalana por 75-87).

Sin embargo, los mayores quebraderos de cabeza pasaban por dos frentes: uno, la ya consabida lesión de Creus. Como sucedió en las dos temporadas en las que el pequeño base de Ripollet no estuvo en el equipo, costaba definir un rumbo en el juego. Era una responsabilidad enorme para los jóvenes Jordi Puig y Luis Fernando De Dios, que se vieron superados por una serie de resultados que tampoco les fue favorable. Y en segundo y más importante si cabe, el bajo estado de forma de Albert “Slab” Jones. Jones, el seguro de vida vallesano en la zona, en su tercera temporada consecutiva en Granollers, se presentó en agosto con exceso de peso y fuera de cualquier condición física, con la promesa que, a la hora de la verdad, estaría en condiciones. Pero esa teórica “puesta a punto” se quedó en la teoría. Y la convivencia aquellos días, tampoco supuso una balsa de aceite en las entrañas de los vallesanos. Chus Codina, desde la pretemporada, puso todas las miras negativas sobre el estadounidense, montando en cólera. Directamente, y ya desde la segunda jornada, lo quería fuera del equipo. “Yo creía que me llevaba bien con Codina” declaraba Jones en aquel momento. “Pero de pronto, se mostró enfadado conmigo en los entrenamientos, siempre recriminándome. Yo ya estoy en buena forma. Nunca me habló de ultimátum o algo parecido. Un buen día me dijo que ya no quería tenerme en el equipo”.

Howard Wood, un recambio que llegó para quedarse. 

Por ser quien era, se le dieron más oportunidades (estamos hablando del mes de septiembre), aunque Codina afirmaba una y otra vez “mi posición sobre el jugador quedó clara en su día y me reafirmo”. La arrancada, con tres derrotas en el inicio liguero amplificaron los problemas, escociendo sobre todo la sufrida en la segunda jornada en campo del recién ascendido Espanyol (79-76) y en la jornada siguiente en su cancha ante el Fórum Filatélico, castigados por una canasta de Samuel Puente sobre la bocina (82-84). Pero donde se tocó fondo fue en la quinta jornada, en casa, ante el Licor 43. Un día negro en todos los sentidos, que llegó a presentar en el electrónico, un sonrojante 36-74, finalizando con un final 55-88. Las seis primeras jornadas vieron tan solo una victoria, con lo que complicaba muy mucho la clasificación para la A-1 (los cuatro primeros del grupo).

 

El 2 de noviembre aterrizó Howard Wood, el sustituto de “Slab” Jones. Un voluminoso alero de 1.98, que también podía oficiar como ala-pívot. Wood tenía una curiosa relación con la NBA, pues siendo elegido por Utah Jazz en 2ª ronda del draft de 1981 (nº 27), llegó a demandar a la propia NBA por lo injusto que suponían las elecciones del draft y verse a expensas de las decisiones de la franquicia que lo eligió, sin ninguna capacidad de maniobra personal por dirigir su suerte y sus preferencias. El caso es que Wood, desde que aterrizó en España, ya no volvió a irse de nuestras fronteras en los 12 siguientes años, hasta su retirada. Se nacionalizó español y llegó a ser uno de los componentes de los famosos “Jackson Five” de Ourense.

Su fortaleza, polivalencia y profesionalidad le valió una buena reputación en Granollers, sustituyendo curiosamente a Ron Cornelius antes que a Jones. Resultó que Cornelius sufrió fuertes fiebres, como consecuencia de un virus, hasta llegar a ser ingresado en un hospital. Por lo extraña de su enfermedad y su larga convalecencia, el club decidió pactar un finiquito con él, para desvincularse de los vallesanos. La misma negociación que intentaron con “Slab” Jones, que el jugador rechazó por parecerle dinero insuficiente, con lo que seguía jugando junto a Wood, conocedor, por supuesto, de su futura sentencia.

Este culebrón finalizó con un pacto final, no sin antes marcarse un excelente último partido con 28 puntos en cancha del Collado Villalba, certificando el pase a la A-1 con la finalización de la 1ª fase. Los primeros días de diciembre trajeron un pívot de 2.08, llamado Dean Marquardt, flojito físicamente, de notable lanzamiento exterior y bastante “urticaria” por pegarse en la zona, que no solventó ningún problema a lo largo del transcurso de la liga. Para este viaje, no hacían falta alforjas. Lo que quedó claro es que, el caso de “Slab” Jones, por los motivos que fuere, Codina lo tomó como algo personal.

 

A un triple de las semifinales

El regreso de “Chichi” Creus fue providencial para el récord final de 6 victorias y 2 derrotas y lograr el billete a la A-1 y con él, la tranquilidad. Participó en 6 de esos últimos 8 encuentros y al menos, la imagen del Cacaolat volvía a parecerse a la de antaño. No así en la 2ª fase liguera, envuelto entre los 8 mejores equipos de la competición, donde con 4 victorias y 10 derrotas, quedaron 6º clasificados. Parecía trascender una idea que, al nivel de sus contrincantes de arriba (Real Madrid, F.C. Barcelona, Ron Negrita Joventut y el sorprendente Licor 43, liderados por Mike Phillips), no llegaba. O al menos, eso parecía.

La sexta plaza valió para jugar los playoffs de octavos de final. En aquella Liga Endesa, todos los 16 clubs, jugaban Playoffs. Los cuatro últimos, el de permanencia (o como llamábamos, el dramático Playoff de descenso). Los clasificados entre el 5º y 12º lugar (los últimos 4 de la A-1 y los 4 primeros de la A-2), disputarían octavos, mientras que los 4 primeros, esperaban rivales de estos choques, para jugar los cuartos. Cacaolat se deshizo en dos enfrentamientos del sorprendente Espanyol (84-81 y 77-102) y volvía a verse las caras, en cuartos de final, ante el Joventut. Olvidando el extraño formato anterior, aquí sí se daba un más lógico 1-1-1, espaciando los encuentros. Comenzando en el recinto de quien había ganado el factor cancha, en Badalona, los de Granollers jugaron su mejor partido de la temporada y dieron el campanazo, venciendo 87-88.

Dean Marquardt no solucionó nada. 

Los aficionados disfrutamos del mejor Creus, que trajo locos a los dos bases verdinegros, Rafa Jofresa y José Montero. Javier Mendiburu se marcó sus típicas clases de ballet, para sacar partido en la zona y anotar. Y Howard Wood fue todo brega en el rebote, formando un tándem interior letal con Mendi en los momentos decisivos. El destino quiso que, a un fallo de Villacampa a falta de 12 segundos (88-87), Mendiburu capturara el rebote y lanzó un pase de béisbol al ver al joven Jordi Puig (el base tan criticado durante la ausencia de Creus en las primeras jornadas), que se escapaba solo hacia canasta, siendo objeto de personal. Puig anotó los dos tiros libres de la victoria. Las semifinales estaban a una victoria en el Municipal de deportes de Granollers.

No pudo ser. Ron Negrita Joventut llevó la delantera siempre, tuvo más sangre fría en momentos clave y aunque la fe aurinegra fue inquebrantable, presionando, capturando desesperados rebotes y teniendo bola para el empate, la suerte pasó por un triple de Mendiburu con 87-90 en los últimos segundos. Tras anotar uno momentos antes, pleno de confianza, lo intentó y esta vez falló. Y con él, las esperanzas de los hombres de Codina (87-92). Porque en el tercer y definitivo choque, no hubo lugar a la sorpresa (94-84), pasando a semifinales la Penya directos en su camino hacia la final.

Para Cacaolat quedó una temporada irregular, con multitud de cambios (un club que no estaba acostumbrado a ellos), con un sexto puesto final y llegar a oler la gloria de semifinales. La evolución y el tirón del baloncesto caminaban a pasos enormes. Si seguían apostando por el bloque nacional que tenían, muy valorado y más que nunca en esta temporada, verdadero termómetro del equipo, había que apostar por unos americanos con más de todo: más atletas, más altos, con más contundencia, con mejor tiro exterior. El verano se planteaba como clave. 

 

Un verano de locos

“Sinceramente, no conseguir fichar a Pedro Ansa fue algo que me desmoralizó bastante. El Cacaolat, por la trayectoria mantenida en los últimos años, debe aspirar a poseer un gran equipo”. Era el sentir de Jesús Codina en declaraciones durante la temporada 85/86. “Llevo cinco años en Granollers donde, por cierto, me siento muy a gusto. El trato de la directiva es formidable, pero a nivel profesional, busco más. Si el club me lo proporciona, me plantearé quedarme”. Codina era un componente más de la familia vallesana. Creador de un estilo de juego agresivo y espectacular, había puesto al equipo en un lugar de honor de nuestro baloncesto, con un tercer puesto en la antigua liga y jugar cuartos de final en las dos últimas campañas. En este curso que se avecinaba, además, competirían en Europa (Copa Korac).

Miguel Ángel Lete causó baja al fichar por el Espanyol, al igual que Jordi Puig (Magia Huesca). Por eso, el internacional ex barcelonista Pedro César Ansa era tan preciado a la hora de cubrir la posición de alero. Al no darse, la aportación de Paco Dosaula crecía exponencialmente. En la posición de base, se confirmó en el primer equipo al joven Ángel Farré, mientras que en el juego interior se tenía la esperanza que otorgasen la nacionalidad española al estadounidense Matt White (que junto a Steve Trumbo y Nate Davis, esperaban pacientemente, los dos primeros sin jugar). White, un center de 2.08, con experiencia en Valladolid y en el Náutico Tenerife, podría solventar los problemas que recambio interior del plantel, tan justito en esas posiciones. Pero la burocracia, lenta en este caso, no llegó en todo el curso. Por lo tanto, con la inclusión de los dos americanos, Codina contaba quizás, con la plantilla más corta de la que había dispuesto hasta ese momento.

Para plazas de americanos, tras los problemas de la liga anterior, había que hilar muy fino, asumiendo que la economía no era muy boyante tampoco. En la posición de alero, inicialmente se intenta con el ex profesional NBA Glen Gondrezik, que olvidados sus problemas con las drogas, pretendía seguir su carrera en Europa tras una estancia en Livorno. Pero no hubo acuerdo. El siguiente intento, vino con otro alero de raza blanca, también ex NBA, Roger Phegley. Phegley, acompañado por su mujer e hijo, se presentaron en El Prat cargados de maletas, hizo declaraciones sobre sus inquietudes y deseos de aportar al Cacaolat… hasta que, una vez en la ciudad y antes de enseñarle su residencia, se pasaron por el pabellón.  Fue ver el pequeño polideportivo -o quizás la ciudad- y casi nervioso y aturdido, le espeta al presidente, Antonio Novoa, un “que no me quedo”. De hecho, en sus hilarantes explicaciones posteriores, llega a comentar que había viajado hasta la ciudad para anunciarles que no firmaba, que su mujer prefería Niza, donde tenían amigos y una oferta para jugar allí. Imaginen las caras de los directivos aurinegros.

Victor Anger, todo lo contrario a Cozell McQueen.

Finalmente, sí ataron a Charles Bradley, un joven escolta recién salido de la universidad, entusiasta y demasiado impetuoso a veces, pero con una zurda que tenía muchos puntos desde larga distancia. Un especialista en el tiro, por fin. Gustó a todos y de hecho, al final de temporada se convirtió en el máximo anotador del equipo, con 23,5 puntos de promedio. Su otro compatriota, buscando un pívot, querían un tipo grande, voluminoso, con el que no tuvieran problemas con la falta de estatura que habían sufrido en las últimas campañas. Y eso trajeron: Cozell McQueen fue el pívot titular de la universidad de North Carolina State, con la que milagrosamente lograron el título NCAA de 1983, de la mano de Jim Valvano. Era un 2,10 con brazos muy largos y poderoso físicamente. Su presencia, claramente intimidaba. Y cumplió con tales credenciales cuando jugó los partidos de Lliga Catalana, en pretemporada. ¿El problema? Se habló que era un tipo muy introvertido, que se mostraba alejado del grupo. Pero la realidad era que McQueen era incapaz de anotar lo que se demandaba de un extranjero, vitales en aquellos años. 43 puntos en los 4 encuentros resultaban insuficientes para las aspiraciones de cualquier club ACB. Con nula habilidad para sumar puntos desde el poste bajo, por muchos rebotes que capturase -que lo hacía-, al club no le servía. Así que, a las carreras y antes de iniciarse la liga, Codina tenía en la retina el gran Playoff que se marcó Victor Anger cuando se enfrentaron en octavos al Espanyol. Era rápido, polivalente y aunque fuese casi más alero que pívot, sí mucho más anotador que McQueen, al margen de ser extrovertido y buen tipo. Así que, a pesar de ser otro de dos metros peladitos (un 2,02 concretamente), lo firmaron.

 

Cortos, muy cortos de efectivos

Así que, con un quinteto bajito, pero muy apañado, saltaron al “ruedo liguero”. Y cuando decimos quinteto, es que eran quienes jugaban. O si no, miren promedios: Joan Creus, 39 minutos. Joan Ramón Fernández, 32 minutos. Charles Bradley, 36; Javier Mendiburu, 35 y Victor Anger, 36. Paco Dosaula y Pep Pujolrás, con 17 y 11 minutos, completaban casi el resto.

Aún con esas, Cacaolat comenzó como un tiro en liga. Llevaban un récord de 6 victorias y 2 derrotas, cuando visitaron la cancha del Real Madrid. Y en una inolvidable tarde de sábado para ellos, se llevaron el triunfo de la Ciudad Deportiva (86-93), con 4 jugadores jugando los 40 minutos y dando una lección maestra a los blancos. Les remitimos a que vean las estadísticas. Con ello, se convirtieron en el equipo de moda de la primera fase. Era casi milagroso cómo optimizaban sus recursos y cómo jugaban. Joan Creus, a excepción de Juan Antonio Corbalán, se le vuelve a considerar entre periodistas especializados, el mejor base de la competición (y de hecho, regresó nuevamente a la Selección Española para el Mundial en España), Lo que era capaz de hacer en la dirección y a base de suspensiones, resultaba maravilloso (acabó la liga con 16,2 puntos de promedio). El único día que no estuvieron a la altura en esta primera mitad de temporada, fue en el Palau Blaugrana (111-81), donde horas antes, Chus Codina se enteró del fallecimiento de su madre. Dirigió el partido y tras él, directamente viajó a Madrid.

En ese grupo impar en el que estaba englobado, acabaron con 8 victorias y 6 derrotas, asumiendo que teniendo al Real Madrid y al F.C. Barcelona, sería casi imposible conseguir alguna de las dos primeras plazas que daban acceso a la Copa del Rey (con cuatro participantes tan solo). La imagen había sido sobresaliente, aunque tras la derrota en el Palau, también fueron superados por el Clesa Ferrol en Granollers (86-98) y en Alcalá de Henares ante el Cajamadrid (69-66). Tales tropiezos dejaban traslucir un claro síntoma: cansancio.

Eliminando al luxemburgués Amicale y al Racing Malinas belga en dos eliminatorias previas, Cacaolat se vio englobado en el grupo D de la Copa Korac, junto a Mobil Girgi Caserta (futuros finalistas), Orthez francés y Partizán Belgrado. Seis enfrentamientos, de los que tan sólo sacaron una muy atractiva victoria ante los yugoslavos de Partizán (100-90) que les tuvo viajando por Europa durante los meses de diciembre y enero. Y eso se notó en el devenir del equipo. En la segunda fase liguera, clasificados en la A-1, entre los grandes, tan sólo cinco hombres soportando casi el 90% de los minutos, sencillamente estaban agotados.

Y resultó tortuosa, amplificándose y de qué manera esa parquedad también de centímetros. La terminaron con una sola victoria y 13 derrotas. Charles Bradley, como líder anotador, bajó sus porcentajes de tiro (de un 51,6% a un 48%), como todos en general. Sin embargo, en Playoffs, vencieron al Caja de Álava en octavos de final por la vía rápida (93-90 en el 1º encuento y 84-96 en 2º), realizando un baloncesto muy efectivo, que hacía tiempo que no disfrutaban. Y todo a pesar de los 32,5 puntos que promedió Abdul Jeelani por los baskonistas. En cuartos, el Real Madrid dispuso de ellos también en dos encuentros (97-84 y 76-87), con un buen tono generalizado, eso sí, en los vallesanos. Remarcar también, que tras la competición liguera, se disputó la Copa Príncipe (entre los componentes de los octavos de final) y llegaron hasta la finalísima, perdiendo ante Estudiantes Caja Postal (89-82). Así ponían el cerrojazo a la temporada.

Hufnagel defiende a Creus. La Korac resultó una losa más.

 

El futuro

En un mal partido de la segunda fase ante Breogán Caixa Galicia (83-97), Cacaolat Granollers se despidió de su pequeño pabellón, con capacidad para 1.500 espectadores, famoso por el frío que se pasaba en invierno y el ruido de las carracas en las gradas. Se daba la bienvenida al nuevo recinto de Las Franquesas, en el término municipal del mismo nombre, inaugurado a la siguiente jornada casera, ante Estudiantes. Más moderno, más acogedor, pero… 3.500 asientos tan solo. Desde su construcción creó cierta polémica, porque parecía evidenciar que con el creciente tirón del baloncesto, antes de su apertura, ya se había quedado pequeño. Los directivos y el ayuntamiento lo admitieron, pero era una ubicación de cómodo acceso para el aficionado y las dimensiones eran las que eran. Sea como fuere, Cacaolat tenía nueva casa.

Nada más acabar la liga, coincidiendo con los últimos días de la primavera de 1986, al fin Matt White conseguía su pasaporte para poder jugar como español -contrajo, al igual que Steve Trumbo, matrimonio con una vallisoletana años atrás-. Desde octubre de 1984, cuando pidió permiso al club para entrenar con ellos -al encontrarse sin equipo- y barajarse su nombre como posible sustituto de “Slab” Jones, había permanecido en la capital vallesana. Chus Codina podría contar con centímetros en la zona, sin tener que gastar plaza de extranjero en ello. Porque Codina renovó con el equipo, a pesar del interés de Cajamadrid por sus servicios (que lo hicieron con toda la honestidad, contactando inicialmente con el propio Cacaolat). Las promesas “para ser grandes” que fueron el aval para su renovación, debían ser reales. Y sí, en los primeros días de junio, saltó la primera gran -y temprana- bomba del mercado veraniego: Wayne Robinson, el pívot del Real Madrid y una de las estrellas de la liga, fichaba por los de Granollers. Y no sería el único refuerzo. Automáticamente, se convertían en un firme aspirante a semifinales.

 

Granollers, la casa de “Chichi” Creus (Capítulo 1)

Granollers, la casa de “Chichi” Creus (Capítulo 2)

Granollers, la casa de “Chichi” Creus (Capítulo 4)

Granollers, la casa de “Chichi” Creus (Capítulo 5)